El vértigo, diferente al mareo o la inestabilidad

El vértigo no es una enfermedad, sino un síntoma que por lo general significa movimiento. Sucede cuando el paciente tiene la sensación de que el ambiente se mueve con relación al sujeto o que el sujeto se mueve con relación al ambiente. Lo habitual en pacientes con trastornos de este tipo es que describan que se mueve el ambiente y lo más normal es que comenten que les giran las cosas alrededor. Lo importante es diferenciarlo de síntomas como la inestabilidad o el mareo, más inespecífico.

El tipo de vértigo más común es el posicional paroxístico benigno, es fugaz pues dura unos segundos y por lo general se asocia a movimientos de la cabeza. Lo que el paciente suele contar es que cuando se tumba en la cama, bien hacia el lado derecho o el izquierdo, nota que la habitación se mueve muy deprisa.

¿Cómo se diagnóstica el vértigo? ¿Se puede tratar? Estas y otras preguntas sobre este problema, frecuente en las consultas de otorrinolaringología, las responde el doctor Luis Lassalleta, presidente de la Comisión de Otoneurología, en el siguiente vídeo.

¿En qué consiste una timpanoplastia?

¿En qué consiste una timpanoplastia?

La timpanoplastia es el tratamiento quirúrgico destinado a tratar el origen o las consecuencias de las infecciones del oído medio, como la otitis media crónica simple, el colesteatoma o las secuelas de otorrea, cuando sea necesaria la cirugía. Se trata de una intervención que consiste en la reparación de la membrana timpánica, con el fin de cerrar la perforación.

El tímpano es el principal protagonista en el proceso de la audición. Se trata de una membrana que se encuentra en el oído medio, separando este del externo, y que, gracias a su vibración, transforma las ondas sonoras que capta el oído externo en impulsos nerviosos que llegan al cerebro a través del oído interno. Pero no solo ejerce esta función auditiva, sino que también actúa como protector de este órgano, ya que forma una barrera que impide la entrada de elementos extraños, como posibles bacterias, por lo que si se produce una perforación de la membrana timpánica, se abre el camino a posibles infecciones. Además, a veces se producen determinadas lesiones crónicas de origen inflamatorio que pueden repercutir en la capacidad auditiva de quien las padece.

El objetivo de la timpanoplastia es reconstruir la membrana timpánica y el mecanismo de transmisión del oído, así como obtener un tímpano estable, móvil y en buena posición, que garantice y mejore la audición, evitando que aparezcan nuevas infecciones. El procedimiento quirúrgico se realiza habitualmente con la ayuda del otomicroscopio, aunque también se puede utilizar el oto-endoscopio. El abordaje depende de cada caso, a veces se realiza a través del conducto auditivo y, en otras ocasiones, a partir de diversas incisiones, siendo la más frecuente la practicada por detrás de la oreja.

En este tipo de operaciones suele utilizarse anestesia general, salvo en determinados casos, en los que se sedará al paciente y se le aplicará anestesia local. Si es posible, los cirujanos de cabeza y cuello utilizan injertos para la reconstrucción del tímpano, siendo la fascia temporal –tejido muy resistente que recubre la parte externa del llamado músculo temporal–, el que prefieren utilizar los otorrinolaringólogos. Aun así, también pueden emplear cartílagos o pericondrio –capa de tejido conjuntivo fibroso que recubre el cartílago de la oreja–, tomados siempre del propio paciente. No obstante, si se considera necesario, también pueden usar prótesis de diferentes tamaños y materiales, con el fin de reconstruir la cadena de huesecillos de la persona que se somete a la operación.

La cirugía dura entre una y dos horas y, tras esta, los cirujanos de cabeza y cuello taponan el conducto y vendan la cabeza. El paciente permanecerá en el hospital desde unas horas hasta cinco o seis días, dependiendo de cada caso. Es aquí cuando la persona que se ha sometido a la operación puede notar ciertas molestias en el oído, mareos, sensación de adormecimiento en la cara o, incluso, alguna leve hemorragia en la zona tratada, algo que siempre debe estar controlado por el especialista. Al cabo de los cinco o siete días, se le retirarán los puntos de sutura. Una vez haya sido dado de alta, deberá seguir las recomendaciones dadas por el otorrinolaringólogo, quien controlará su evolución y su recuperación de forma periódica en su consulta.

Los pólipos y los nódulos, las afecciones más frecuentes en la laringe

Los pólipos y los nódulos, las afecciones más frecuentes en la laringe

La voz es el sonido producido por la vibración de las cuerdas vocales. Para que esto ocurra, el aire que expulsan los pulmones se transforma en sonido cuando sale a través de la laringe y, como consecuencia, se emiten fonemas y palabras en las cavidades de resonancia supraglóticas, es decir, la boca, la cavidad nasal y la faringe. Se trata del instrumento, por excelencia, de la comunicación en el ser humano, gracias al cual se pueden expresar ideas, sentimientos, pensamientos o emociones. Sin embargo, la laringe –que es el órgano de fonación del ser humano– puede sufrir alteraciones si se abusa o no se hace un buen uso de la voz. Y no solo eso, también pueden afectar a la voz factores como el tabaco, la contaminación, el alcohol o, incluso, el reflujo gástrico.

Dos de los problemas más comunes con los que se encuentran los otorrinolaringólogos son los pólipos y los nódulos laríngeos, afecciones que, en numerosas ocasiones, tienen un patrón profesional marcado. Así, es muy frecuente que acudan a la consulta por estos motivos los profesores, cantantes, comunicadores y, en general, cualquier persona que utilice la voz como herramienta principal en su trabajo. Sin embargo, no hace falta ser un profesional de estas características para padecerlas, el hecho de hablar mucho forzando la voz y teniendo malos hábitos puede provocar, en el futuro, que aparezcan.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología define los pólipos como pseudotumores benignos, similares a las ampollas, que aparecen tras un proceso inflamatorio. Suelen crecer en una sola cuerda vocal, aunque se pueden dar en las dos. Por norma general, es más frecuente entre los 30 y los 50 años, sin existir un claro predominio entre hombres o mujeres. Cuando una persona tiene pólipos, tiene dificultad al hablar, voz entrecortada, sequedad, afonía, molestias o dolor de garganta. En ocasiones, algunos pacientes tienen la sensación de tener un cuerpo extraño en la laringe.

En cambio, los nódulos son engrosamientos localizados de la mucosa situados siempre en el punto nodular, es decir, en el borde libre del repliegue vocal. Son parecidos a un callo y suelen crecer de forma simétrica, uno en cada cuerda vocal. Los nódulos son más frecuentes en las mujeres, debido al tamaño de las cuerdas –más cortas que las de los hombres–, entre los 20 y los 50 años. No obstante, también aparecen en la infancia. Según la SEORL, entre un 37% y un 78% de las disfonías infantiles son atribuibles a los nódulos vocales. Además, provocan una disfonía que se agrava de forma progresiva, una alteración de la voz e, incluso, pueden producirse la pérdida de los agudos. Otros síntomas son sequedad, esfuerzo al hablar o afonía.

Ambas patologías se producen a causa de un abuso –como en las profesiones antes mencionadas–, un mal uso vocal –como forzar la voz–, por factores irritantes como el tabaco o en los casos de laringitis crónica. Para diagnosticar tanto los pólipos como los nódulos, se utilizan técnicas como la laringoscopia indirecta, el nasofibroendoscopio y el monitor o la videoestroboscopia, con las que se pueden visualizar qué tipo de lesión tiene el paciente.

En cuanto al tratamiento, también hay diferencias. En el caso de los pólipos, se recurre a la fonocirugía, con la que se utiliza anestesia general. Esta intervención requiere de reposo vocal durante, al menos, cuatro días y, posteriormente, será necesario reeducar la voz con rehabilitación y la ayuda de logopedas y foniatras. En cuanto a los nódulos, depende del tipo de lesión y de quien la padece. Si es un niño, se trata con reeducación vocal y aprendizaje de una buena higiene bucal. Los adultos, en un principio, deben mantener reposo vocal entre 10 y 15 días. La rehabilitación logopédica es muy recomendable si el paciente no nota mejoría o si, por su actividad profesional, no puede cumplir al completo ese descanso. En el caso de no mejorar con ninguno de estos tratamientos, se recurriría a eliminar los nódulos con cirugía.

Los trastornos del equilibrio, causa frecuente de caídas en mayores de 65 años

Los trastornos del equilibrio, causa frecuente de caídas en mayores de 65 años

Con el paso de los años, las personas van perdiendo movilidad, agilidad y capacidad de mantener la estabilidad. Estos cambios, tal y como indica la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC), conllevan una disminución de los mecanismos de corrección postural y control del equilibrio, lo que supone un aumento de la dificultad para mantener este último, aumentando el riesgo de caída. Algo realmente preocupante si se tiene en cuenta que los mayores de 65 años son quienes sufren más caídas mortales, siendo estas la segunda causa mundial de muerte por lesiones accidentales o no intencionales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las caídas constituyen un problema muy frecuente entre la tercera edad pero, a día de hoy, no se le da la importancia que requieren. Es más, suele pensarse que son consecuencia natural y normal en el proceso de envejecimiento de toda persona. Sin embargo, las caídas pueden enmascarar alguna patología o un posible signo de enfermedad, por lo que es importante no ignorarlas cuando se producen. Entre sus causas se encuentran los trastornos del equilibrio, muy presentes en personas mayores. Estos se caracterizan por la sensación de inestabilidad, mareo, vértigos o aturdimiento, ya que afectan a la postura y a la orientación espacial de la persona. Esto ocurre cuando el cerebro no recibe de forma correcta la información que envían los sentidos de la vista y el oído, como la posición del cuerpo, el entorno y su capacidad de generar y controlar la movilidad. Es entonces cuando se producen estos problemas de equilibrio que pueden provocar tropiezos o caídas.

De hecho, las caídas se están convirtiendo en un grave problema de salud por las consecuencias que estas suponen, tanto físicas como psicológicas. Entre las lesiones físicas más habituales están las fracturas, sobre todo la de cadera, aunque también vertebrales, pélvicas, del codo o de la muñeca. Otras complicaciones que se presentan son  inmovilidad, tromboflebitis, lesiones neurológicas, contusiones y heridas. Mientras, las consecuencias psicológicas o el llamado “síndrome postcaída” son, por ejemplo, la dependencia por el miedo a caerse de nuevo, la pérdida de autonomía –por la sobreprotección de familiares– o el cambio de los hábitos de vida a unos más sedentarios, reduciendo las actividades habituales laborales o de ocio.

En cuanto a cómo tratar esta afección, tal y como indica la SEORL, no existe un tratamiento farmacológico efectivo para las alteraciones del equilibrio que aparecen con el envejecimiento –también llamado presbivértigo–. Es más, la sobremedicación suele ser una de las causas de este tipo de problemas. Lo mejor, para estos casos, es tratar y controlar la enfermedad de base que ha originado los trastornos de equilibrio. Asimismo, es importante advertir al paciente y a sus familiares del riesgo que existe de que se vuelvan a producir nuevas caídas. También es necesario informarles de las estrategias de prevención de las mismas, como evitar espacios con poca luz, suelos demasiado encerados o deslizantes, alfombras gastadas, objetos que obstaculicen el paso o usar el calzado adecuado, entre otras muchas.

Por otro lado, el tratamiento se puede complementar con sesiones de fisioterapia, con el fin de que el paciente mejore la coordinación y pueda acostumbrarse a tolerar sus propios movimientos. No hay que olvidar, por supuesto, la práctica de ejercicio físico con moderación. Con todo ello, la persona con este tipo de trastornos no va a conseguir la agilidad y el equilibrio que tenía cuando era joven, pero sí mejorar su estabilidad para evitar la dependencia de terceros, ganar confianza en sí mismo y aumentar su autoestima.

Uvas, frutos secos y juguetes, los más frecuentes en los atragantamientos de niños

Uvas, frutos secos y juguetes, los más frecuentes en los atragantamientos de niños

La Navidad es una época de celebraciones, comidas con la familia, reencuentros, regalos y felicidad, pero también son las fechas en las que más atragantamientos se producen, puesto que se ingieren determinados alimentos que, durante el resto del año, no suelen comerse. Los más susceptibles de sufrir una crisis de sofocación son los mayores y, sobre todo, los niños, por su tendencia a llevarse a la boca cualquier objeto o alimento que les llame la atención y porque sus vías respiratorias y tubo digestivo no están completamente desarrollados. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística sitúa la aspiración de cuerpos extraños en el cuarto lugar de los accidentes infantiles.

Ya sea por los polvorones, el turrón o, incluso, las doce uvas para dar la bienvenida al nuevo año, el caso es que hay que tener especial cuidado estos días. Algo muy a tener en cuenta de cara a la cercana cena de Nochevieja. Según un estudio reciente publicado en la revista Nurs Child Young People, las uvas consumidas enteras (con piel y con pepitas) son la tercera causa de asfixia relacionada con la comida en menores de cinco años.

Esta fruta es uno de los productos con los que más se atragantan los niños, pero no el único. Las salchichas y los caramelos, que gustan tanto a estos miembros de la familia, son especialmente peligrosos. Ambos ejemplos tienen un tamaño similar al de las vías respiratorias, por lo que es más fácil que se atasquen en la hipofaringe de un niño y obstruyan el conducto.

Otro de los alimentos que más preocupan son los frutos secos, muy presentes en las comidas y cenas navideñas, sobre todo en los dulces. Es más, la Asociación Española de Pediatría señala que no deben darse nunca frutos secos sin moler antes de los tres años de edad, debido al alto riesgo de atragantamiento y crisis de sofocación y sería recomendable no hacerlo hasta los seis o siete años. Esto se debe a que los niños no son capaces de masticar ni triturar como lo hace un adulto, por lo que el fruto seco puede aspirarse por accidente hasta el pulmón, obstruyendo la respiración o, incluso, provocando patologías como una neumonía o algo más grave.

Las manzanas, zanahorias crudas, semillas, palomitas de maíz, trozos grandes de carne, cacahuetes o chicles, entre otros, son otros alimentos con los que los niños pueden asfixiarse por aspiración. Sin embargo, estos episodios no solo pasan con la comida. También con las piezas pequeñas de los juguetes, por ejemplo.

A la hora de regalarles a los más pequeños de la casa, es necesario tener en cuenta, en primer lugar, el rango de edades por juguete, es decir, si es apto para el niño según su edad y acorde a sus necesidades. Por otro lado, es fundamental que el juego sea seguro, que no contenga piezas extraíbles o muy pequeñas, puntiagudas o de materiales como el metal o el vidrio, que pueden ocasionar accidentes. Hay que prestar atención a los que incluyen pilas, puesto que estas pueden soltar sustancias tóxicas que pueden producir, incluso, perforaciones, en el caso de ser ingeridas.

Por tanto, lo más importante es no dejar al alcance de los niños ningún objeto que pueda llevárselo a la boca. Para ello, la recomendación por antonomasia es que los pequeños no deben manipular ningún objeto, alimento o juguete más pequeño que el diámetro de un rollo de papel higiénico (es decir, que no quepan por su interior). Tampoco deben correr, jugar o hablar mientras están comiendo y deben masticar bien. En cuanto a qué alimentos pueden ingerir, deben evitarse los pequeños y duros –con el fin de que no sean respirados–, así como los de consistencia gomosa, como es el caso de las uvas, puesto que estos productos no se deshacen ni con saliva ni con agua. En caso de hacerlo, es importante modificar su forma, cortándolos en varios trozos y quitándole la piel, en caso de tenerla.

Tinnitus o acúfenos: los molestos zumbidos en el oído

Existen personas para las que el silencio no existe. Escuchan a diario zumbidos, soplos, pitidos, murmullos o silbidos en el interior de su oído, pero sin que estos sonidos se produzcan en realidad. Son los llamados acúfenos o tinnitus, una afección que, a pesar de no ser muy conocida, la sufren cuatro millones de españoles.

Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), un acúfeno o tinnitus es la percepción de un sonido no engendrado por una vibración del mundo exterior e inaudible para otras personas. Es decir, perciben sonidos, con mayor o menos intensidad, pero son ruidos que no se emiten de forma real. Sin embargo, no es una enfermedad en sí misma, sino que es un síntoma de que la actividad en la vía auditiva no funciona de forma correcta. Por norma general, es más frecuente a partir de los 50 años, de similar incidencia entre hombres y mujeres.

No siempre se averigua la causa que lo provoca. De hecho, en el 50% de los casos no es posible conocer la razón por la cual se producen estos tinnitus. Cuando los otorrinolaringólogos sí dan con ello, las causas pueden ser genéticas, vasculares, neurológicas o farmacológicas. Asimismo, los acúfenos pueden derivar de cualquier lesión del aparato auditivo, como una infección o inflamación, un tapón de cera, la presencia de un tumor, la sobreexposición a ruidos muy fuertes o, incluso, otras patologías, como problemas de tiroides o la enfermedad de Ménière.

Cuando la presencia de estos sonidos es leve, no afectan demasiado a la rutina diaria, puesto que los ruidos del día a día terminan disfrazando la percepción de los acúfenos. Pero si son de alta intensidad o muy repetitivos, puede llegar a provocar graves molestias, como falta de concentración, alteraciones en el sueño o la capacidad de descanso, ya que los sonidos no cesan durante la noche. Incluso, estas situaciones pueden aumentar el malestar psicológico, por la obsesión de querer frenarlos y la impotencia de no conseguirlo y, en algunos casos, terminan teniendo trastornos como estrés, ansiedad o depresión. Es más, según la SEORL-CCC, el tinnitus es el tercer síntoma más incapacitante que puede sufrir un individuo, después del dolor intenso y de los trastornos de equilibrio.

La principal solución hasta el momento para este problema se centra en aliviar esa percepción de ruidos enmascarándolos. Para ello, se utiliza una terapia de reentrenamiento para el tinnitus, con la que se pretende conseguir que el paciente no sea consciente de la presencia de estos ruidos. Así, el afectado se habituará a otros ruidos –como los de la naturaleza–, con el fin de que los acúfenos pasen a un segundo plano y se dispersen con otros sonidos.

Comenzar el tratamiento es clave para que la lesión no empeore y, sobre todo, es imprescindible que el médico aconseje al paciente siempre con un mensaje positivo, puesto que para que el afectado aprenda a bloquear su tinnitus, es necesario tener un buen estado emocional. En ocasiones, también se recurre a los fármacos, como vasodilatadores, antihistamínicos o corticoides, para atajar este problema. En cualquier caso, lo más importante es cuidar los oídos para prevenir, en un futuro, cualquier problema de salud en ellos.

 

¿Qué tipos de laringitis existen?

¿Qué tipos de laringitis existen?

La laringitis aguda es la inflamación de la mucosa laríngea que dura un corto período de tiempo, horas o días, y cuyo síntoma principal en los adultos es la disfonía. Entre los factores que más puede predisponer a tener una afección de este tipo se encuentran el tabaquismo, el alcohol, el sobreesfuerzo vocal, el reflujo gastroesofágico, factores del entorno (polución, vapores irritantes, variaciones bruscas de temperatura, etc.). Debido a la diversidad de causas, existen también distintos tipos de laringitis para las cuales habrá que seguir un tratamiento adecuado.

Además, de la disfonía, como consecuencia de la inflamación aguda de las vías respiratorias altas, también pueden aparecer dolor de garganta o de oídos, así como disnea o dificultad para respirar en grados variables. El diagnóstico que deberá realizar el otorrinolaringólogo se basará en una laringoscopia indirecta o una nasofibroscopia flexible, que revelará la presencia de signos inflamatorios en la mucosa faríngea, sobre todo de las cuerdas vocales, que suelen presentarse rojas y con algo de mucosidad.

Las laringitis pueden ser infecciosas o no infecciosas, siendo las más frecuentes las primeras y, dentro de ellas, las víricas. Las que son debidas a un catarro son las más habituales y suelen ir asociadas a una afección de las vías respiratorias superiores con síntomas como el malestar general, fiebre, rinorrea, tos y disfonía. Su tratamiento será sintomático y comprenderá reposo vocal, antitérmicos, analgésicos e hidratación. También es muy común la causada por la gripe.

Las de origen bacteriano suelen aparecer como consecuencia de una laringitis viral sobreinfectada. En estos casos, el tratamiento con antibióticos deberá indicarse solo cuando exista esta causa y además deberán seguirse las medidas conservadoras y el tratamiento sintomático como en los casos anteriores.

También pueden aparecer laringitis no infecciosas por hipersensibilidad alérgica que consiste en una inflamación de las cuerdas vocales y del resto de la mucosa laríngea, con o sin secreción mucosa. Se produce por exposición a alérgenos inhalados, como los pólenes, aunque también puede darse por picaduras de insecto, ingestión alimentaria, ingestión medicamentosa, etc. Se caracteriza por la instauración brusca de un edema laríngeo y genera síntomas variables que van desde un cosquilleo laríngeo, carraspera irreprimible, etc., hasta la obstrucción respiratoria severa que necesita tratamiento urgente.

Otras causas no infecciosas de la laringitis aguda comprenden las resultantes de un proceso de combustión, sobre todo en grandes quemados, o las causadas por reflujo laringofaríngeo debido a la inhalación de ciertos productos como el ácido clorhídrico, el ácido fluorhídrico, el cloro, el amoniaco o la gasolina.

Las laringitis por trauma o esfuerzo vocal se manifiesta por disfonía, e incluso afonía, de aparición brusca en relación con un episodio de disfunción o sobresfuerzo vocal, por tanto aparece sobre todo en pacientes que tienen que utilizar mucho la voz. El tabaco, el aire acondicionado, los medicamentos que resecan la mucosa, los episodios infecciosos de las vías aéreas superiores, son factores que también favorecen la irritación laríngea. En estos casos, el tratamiento consiste en una humidificación adecuada (ambiente cálido y húmedo) y reposo vocal mínimo de 2 a 3 días.

En cualquier caso, el tratamiento básico de las laringitis agudas comprende lo siguiente:

  • Curas locales, los antiinflamatorios y el reposo de la voz.
  • Ambiente cálido y húmedo.
  • La aerosolterapia es el tratamiento local más eficaz. Se administra dos veces al día durante 10 minutos, con una mezcla de corticoides, antibióticos (aminoglucósidos) y mucofluidificantes, de 6 a 8 días.
  • Espray antiinflamatorio o una inhalación mentolada, en caso de síntomas leves.
  • Antiinflamatorios esteroideos o AINE por vía sistémica y, si es necesario, analgésicos y antitusígenos.
  • Reposo vocal mínimo de dos a tres días.
  • Suprimir los factores irritantes (tabaco, alcohol, vapores tóxicos).

La mayoría de los cánceres de tiroides no provocan síntomas

La mayoría de los cánceres de tiroides no provocan síntomas. Así lo afirma el secretario general de la SEORL-CCC, el doctor Mario Fernández, en este vídeo sobre el Cáncer de Tiroides. Los tumores de la glándula tiroides suponen alrededor del 1% de todas las neoplasias del organismo y afectan sobre todo a mujeres de mediana edad. Suelen presentarse como un hallazgo casual, en el transcurso de una exploración rutinaria, en forma de nódulo tiroideo solitario, palpable e indoloro.

Por tanto, uno de los signos que pueden hacer sospechar su presencia es la sensación de tener una masa en el cuello, más visible en las personas más delgadas. Esta será la señal para que el paciente acuda a un cirujano de cabeza y cuello y ver si esta lesión es maligna o benigna.

El hecho de que el paciente note que tiene un nódulo tiroideo no significa que tenga que ser maligno, sino al contrario, lo más probable es que sea benigno. De hecho, del 4 al 7 % de la población posee nódulos tiroideos palpables, pero sólo un 5 % de ellos son tumores malignos, según datos de la SEORL-CCC.

Por todo ello, es necesario estudiarlo con las pruebas de imagen y exploraciones adecuadas, para que pueda tratarse de la mejor forma posible. Si es necesario, se podría hacer una punción para así valorar la naturaleza de ese nódulo.

La hemorragia en las cuerdas vocales, una “urgencia vocal”

La hemorragia en las cuerdas vocales, una “urgencia vocal”

Uno de los diagnósticos más comunes entre los profesionales de la voz son las hemorragias en las cuerdas vocales, tal y como le ha sucedido a la cantante Shakira. Se considera una “urgencia vocal” en la que el paciente nota un cambio brusco de la voz tras el uso o abuso vocal, bien por cantar, por hablar en público o por gritar, y se asocia con irritación.

La hemorragia se produce debido al llamado fonotrauma, un choque brusco de las cuerdas vocales de forma repetida, por forzar la voz o por una excesiva carga de trabajo. También se puede producir por utilizar la voz con una garganta previamente inflamada como consecuencia de una infección. Esto hace que el paciente experimente cambios en la voz, ya que la sangre se queda retenida impidiendo la vibración de las cuerdas vocales.

En población general es frecuente en mujeres, sobre todo en la etapa premenstrual, con suplemento hormonal o en el embarazo. Aunque también se presenta en tratamientos con AAS (ácido acetilsalicílico), AINE´s (antiinflamatorios no esteroideos) así como en infecciones del tracto respiratorio superior. El hecho de que sea una patología con mayor prevalencia en los profesionales de la voz puede deberse a que ellos son los que más exploraciones de las cuerdas vocales se realizan.

El tratamiento de la hemorragia en las cuerdas vocales requiere, en primer lugar, reposo vocal de un mínimo de 7 días, aunque lo recomendable para un cantante está entre las tres y las cuatro semanas. Además, será imprescindible someterse a rehabilitación. Si se formara hematoma persistente, podrá ser necesaria la cirugía.

Para los profesionales de la voz, los otorrinolaringólogos recomiendan realizar unos mínimos cuidados que les permitan evitar los trastornos más frecuentes. Es importante no carraspear porque puede irritar las cuerdas vocales y aplicar unas técnicas para aclarar la voz. También es útil la toma de líquidos para tener la garganta hidratada y un buen descanso. En cualquier caso, ante cualquier cambio o alteración de la voz que dure más de dos semanas, lo aconsejable es visitar la consulta del especialista.

Las nuevas técnicas de cirugía de cabeza y cuello han reducido el dolor de los pacientes

Las nuevas técnicas de cirugía de cabeza y cuello han reducido el dolor de los pacientes

Los últimos avances en las técnicas de cirugía de cabeza y cuello han permitido reducir el dolor,  las complicaciones y las secuelas de los pacientes. Así ha quedado patente durante el 68 Congreso de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) que se ha celebrado este fin de semana en Madrid. Así, entre otros, se ha presentado un consenso sobre cirugía de cáncer de tiroides y los resultados de las diferentes técnicas de cirugía mínimamente invasiva para glándulas salivales. El papel de los otorrinolaringólogos, especialistas en este tipo de cirugías, ha sido clave para conseguir estas mejoras.

Las técnicas mínimamente invasivas y la aplicación de las nuevas tecnologías permiten realizar procedimientos complejos en la zona de cabeza y cuello, a través de orificios naturales o pequeñas incisiones, con un mínimo daño y unas mínimas secuelas para los pacientes. El cáncer de orofaringe compromete de manera notable la calidad de vida de los pacientes pues genera problemas en la voz y en la deglución. Con técnicas como la cirugía robótica transoral (TORS), con la que el cirujano se ayuda del robot que ofrece imágenes en 3D para extraer los tumores que afectan a la garganta,  se consigue minimizar esas complicaciones. De hecho, un estudio publicado en octubre en Annals of Surgical Oncology, concluye que este tipo de cirugía produce resultados oncológicos favorables y un estado de deglución favorable en los pacientes, incluso con quimioterapia neoadyuvante combinada.

También en los últimos años se ha avanzado gracias a la Cirugía Endoscópica Transoral Ultrasónica (TOUSS) para el tratamiento de cáncer de orofaringe, desarrollada por el otorrinolaringólogo español Mario Fernández, secretario general de la SEORL-CCC. Tiene las mismas indicaciones que la robótica pero es menos costosa y más accesible para los pacientes, instituciones y sistemas sanitarios. En este caso, se utiliza visión endoscópica y un bisturí ultrasónico, y permite extirpar tumores avanzados, incluso la laringe completa, a través de la boca, en lugar de tener que hacerlo por el cuello. Así lo explica el doctor Pablo Parente, presidente de la Comisión de Cirugía de Cabeza y Cuello de la SEORL-CCC:

Consenso en cirugía de tiroides

Una investigación reciente publicada en Molecular and Clinical Oncology confirma que un sistema de monitoreo del nervio laríngeo puede ayudar a asegurar el funcionamiento normal de la cuerda vocal en cirugía tiroidea. Por ello, durante el 68 Congreso de la SEORL-CCC se ha presentado un consenso para la monitorización del nervio laríngeo en cirugía de tiroides en el que se han establecido los puntos clave a tener en cuenta por los cirujanos de cabeza y cuello para disminuir los riesgos de pérdida de voz en personas operadas de bocio o cáncer de tiroides.

En el área de las glándulas salivales también ha habido innovaciones quirúrgicas que han permitido mejorar el postoperatorio. Si antes la única técnica utilizada implicaba la extirpación de la glándula lo que dejaba una cicatriz en la cara o en el cuello, desde hace unos años se están desarrollando técnicas mínimamente invasivas que dejan mínimas secuelas en los pacientes. En patologías como la estenosis o la litiasis, la gran novedad es la introducción de la sialendoscopia, utilizada en el diagnóstico y tratamiento de cálculos o piedras y su extracción mediante la fragmentación mecánica, por láser o por litotricia intracorpórea. Un estudio reciente publicado en Otolaryngology Head and Neck Surgery concluye que es una técnica efectiva pues pocos pacientes necesitan procedimientos adicionales y consigue una tasa de preservación de la glándula del 91%.

En el tratamiento de tumores que afectan a las glándulas salivales también se emplean las técnicas transorales por las que se interviene a través de la boca. También se ha introducido la RAHI, una técnica por la cual se hace una incisión en la línea del pelo y se diseca la piel para llegar a la glándula, y la MIVAS, por la que se realiza una incisión de un solo centímetro.