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Qué afecciones de las cuerdas vocales son benignas

Qué afecciones de las cuerdas vocales son benignas

Las lesiones benignas de las cuerdas vocales son las más frecuentemente diagnosticadas en la población, pero su incidencia desciende según aumenta la edad.

El abordaje terapéutico habitual es conservador, sólo se recurre a la cirugía cuando los aspectos funcionales clave (calidad y función vocal) sigan alterados.

Las más comunes suelen localizarse en el tercio medio de la porción membranosa de la cuerda vocal (nódulos, pólipos, quistes), aunque pueden llegar a afectarla de manera más extensa (pseudoquiste vocal) o hasta en toda su extensión (edema de Reinke).

Nódulos vocales

Se caracterizan por ser lesiones bilaterales, en general simétricas. Se producen en personas que han abusado o han hecho un mal uso de la voz. Afectan en mayor medida a niños y mujeres.

El tratamiento es conservador: terapia vocal, reposo de la voz y abordaje de enfermedades concomitantes, como reflujo faringo-laríngeo y/o alergias. La cirugía se reserva para los casos que presentan una disfonía con limitación funcional, una vez agotadas las opciones terapéuticas no quirúrgicas.

Pólipos vocales

Son lesiones mayoritariamente unilaterales, aunque pueden afectar a ambas cuerdas vocales. A menudo se observa una lesión contralateral más pequeña (lesión de contacto) que surge por el roce repetido con la lesión primaria. Pueden mostrar una coloración rojiza o un aspecto claro que puede llegar a ser translúcido, dependiendo de si contiene sangre en su interior.

El pólipo es una lesión más frecuente en hombres. La presencia de pólipos en mujeres debe de hacernos pensar en la existencia de una alteración estructural de la cuerda vocal (especialmente sulcus, vergeture, puente mucoso). Es frecuente que aparezcan tras un traumatismo vocal agudo.

El tratamiento quirúrgico se recomienda si la disfonía ocasiona limitación funcional y va con una falta de respuesta significativa a los tratamientos conservadores (terapia vocal, tratamiento médico), lo que sucede frecuentemente.

Edema de Reinke

El edema de Reinke afecta a toda la extensión de la cuerda, no como en los nódulos, los pólipos y los pseudoquistes serosos. También es  mayoritariamente bilateral.

Es una alteración de la capa superficial de la lámina propia que causa disfonía, inestabilidad en la fonación, y un descenso en el tono vocal que puede masculinizar la voz a las mujeres.

El edema de Reinke está muy relacionado con el consumo de tabaco: se estima que el 97% de los pacientes son fumadores. Como cofactores suele encontrarse el reflujo faringo-laríngeo y el abuso o mal uso vocal, comunes a las afecciones antes mencionadas.

Las indicaciones quirúrgicas son la obstrucción de la vía aérea, la sospecha de una lesión maligna concomitante o la disfonía sintomática pese al abandono del hábito de fumar, puesto que si el paciente no deja de fumar, podría volver a reproducirse.

La importancia de la voz en la sociedad y el ámbito profesional

La voz es una de las señas de identidad más reconocibles de una persona, un instrumento de comunicación imprescindible, e incluso, una forma de ganarse la vida para algunos trabajadores como puedan ser los actores de doblaje, locutores, periodistas radiofónicos y de TV, e incluso, los profesores y otros oficios donde se pasan largas horas explicando oralmente. Por ello, se deben cuidar las cuerdas vocales, reposándolas, no forzándolas, y se debe evitar el tabaco, ya que fumar, además, puede provocar el aumento del riesgo de cáncer de pulmón, orofaríngeo, y muchas otras enfermedades más.

Los pacientes con cáncer de cabeza y cuello encuentran dificultades para tratar las secuelas

Los pacientes con cáncer de cabeza y cuello encuentran dificultades para tratar las secuelas

Los pacientes con cáncer de cabeza y cuello se encuentran en ocasiones con dificultades para tratar las secuelas de esta enfermedad, sobre todo en función de la localización geográfica. Es uno de los aspectos tratados en el Libro Blanco ‘Estandarización de los resultados en salud para la gestión del cáncer de cabeza y cuello en la práctica habitual’ en el que ha participado la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) junto con otras sociedades científicas, que se dedican al estudio y manejo de este tipo de tumores. Su objetivo es la creación de un registro de resultados de salud en cáncer de cabeza y cuello que tenga en cuenta la opinión y perspectiva de los pacientes para mejorar la calidad asistencial. Los autores del mencionado trabajo han constatado que estos pacientes tienen problemas para acceder a tratamientos de rehabilitación, fisioterapia o logopedia, entre otros, necesarios para revertir las secuelas derivadas del cáncer de cabeza y cuello.

Entre las principales secuelas físicas señaladas por los pacientes y recogidas por los autores del Libro Blanco se encuentran la boca seca, la disfonía o ronquera, los problemas sensitivos, las molestias en la cavidad oral y la atrofia de la musculatura del cuello. Además, afirman que la enfermedad impacta en su día a día, sobre todo en aquellas personas que han necesitado de tratamiento quirúrgico y presentan complicaciones derivadas del mismo.

El cáncer de cabeza y cuello, que representa el 5% de todos los cánceres y afecta sobre todo a hombres por encima de los 50 años (aunque la incidencia en mujeres está en claro aumento, debido a su mayor consumo de tabaco), puede repercutir de forma negativa en funciones importantes como la deglución, la fonación, el olfato, el gusto y la respiración. Por ello, aunque el principal objetivo de un cirujano de cabeza y cuello a la hora de tratar estos tumores sea el control de su enfermedad oncológica, también es muy importante preservar, en lo posible, la función de los tejidos y órganos cercanos para ocasionar el menor daño e impacto posibles en la calidad de vida.

Medición de la calidad de vida

Una de las claves para mejorar la atención en cáncer de cabeza y cuello está en comprender y poner en valor las experiencias del paciente a lo largo de su enfermedad. Es lo que se conoce como resultados en salud desde la perspectiva del paciente (PRO, por sus siglas en inglés,) que aportan información valiosa para mejorar la comunicación entre médico y paciente, facilita la detección de problemas no identificados y mejora la monitorización de respuesta a los tratamientos.

En este sentido, para el cáncer de cabeza y cuello este tipo de resultados de salud pueden ofrecer información valiosa en la calidad de vida y estado de ánimo de los pacientes, debido a la afectación sobre funciones importantes. De hecho, se ha evidenciado que la recogida sistemática de los síntomas asociados a este tipo de cáncer y a su tratamiento, permite una mejor actuación para proporcionar asistencia de apoyo, rehabilitación y tratamiento de los síntomas. Para ello, según los autores del Libro Blanco, es necesario dotar a los profesionales sanitarios del tiempo, dispositivos y herramientas para la toma de este tipo de datos.

Enfermedades de la garganta en niños

La llegada del otoño y el inicio de los colegios incrementan las posibilidades de contagio de infecciones en la población infantil. Así, entre las más comunes y conocidas se sitúan las faringoamigdalitis, laringitis o faringitis, pero hay otras patologías que pueden localizarse en esta área en la edad pediátrica. A continuación se ofrecen detalles sobre enfermedades de la garganta en niños.

Faringoamigdalitis

Se trata de una patología frecuente en la edad pediátrica. Las amígdalas linguales, palatinas y nasofaríngeas o adenoides forman el anillo amigdalino de Waldeyer y constituyen la primera línea de defensa contra los patógenos inhalados y/o ingeridos. Se estima que el 50% de los casos tienen un origen viral, en mayor proporción en lactantes; entre ellas están rinovirus, Epstein-Barr, adenovirus y parainfluenza tipo A y B. De origen bacteriano destacan las faringitis agudas producidas por el estreptococo β-hemolítico del grupo A (SBHGA) en el 37% de los casos en niños de 5 años. La prevalencia de esta última varía en función de la edad: un 1,2% en menos de 1 año de edad, 3,9% durante el primer año de edad y 13,0% en el segundo año de edad.

Los principales síntomas que se presentan son dolor de garganta, dificultad para tragar o disfagia, fiebre y adenopatías o inflamaciones cervicales asociados a síntomas más inespecíficos como náuseas, vómitos, cefalea y dolor abdominal en muchos casos.

Su diagnóstico a veces es difícil porque  los pacientes con faringitis no siempre presentan las manifestaciones clásicas. Si hay síntomas  como disfonia, conjuntivitis, estomatitis, aftas, exantema,  y esplenomegalia, serán sospecha de origen viral y, por lo tanto, las pruebas diagnósticas del SBHGA no estarían indicadas. Estas pruebas se realizan cuando existe sospecha de infección bacteriana y consisten en un cultivo de garganta, cuyos resultados se obtienen en 24-48 horas. También se puede realizar un test de antígenos rápido cuyos resultados están disponibles después de entre 4 y 10 minutos de la toma de la muestra. Para que los datos sean fiables, es necesario obtener una muestra faríngea de calidad con hisopo.

Este diagnóstico será clave para la indicación del uso de antibióticos que se hará después de confirmar la presencia de estreptococo por cultivo o test de antígenos. El tratamiento de primera elección es la amoxicilina.

Laringitis e inflamaciones de la tráquea 

Las inflamaciones e infecciones de la laringe y la tráquea son frecuentes en la edad pediátrica debido a las características anatómicas de los niños, a que su sistema inmunológico aún está en desarrollo y a que tienen una mayor exposición a distintos tipos de patógenos. La laringotraqueitis es la causa más frecuente de obstrucción de la vía aérea superior en pacientes entre 6 meses y 6 años de edad y se estima que entre un 3 y un 5% de los niños tendrá un episodio de laringotraqueítis a lo largo de su infancia y de estos un 5% serán recurrentes. Es más frecuente en niños varones y en invierno. La causa más habitual es el virus parainfluenza tipo 1, 2 y 3.

Sus síntomas más característicos son la disnea o dificultad respiratoria durante la noche junto con tos perruna o en ladridos. La fiebre suele ser moderada y es habitual la aparición de estridor. Para su diagnóstico se hará una exploración mediante fibroscopia y se valorarán los niveles de conciencia, ventilación, estridor, tiraje y cianosis. El tratamiento de elección son los corticoesteroides. Los casos más graves requerirán hospitalización.

Inflamaciones e infecciones cervicales

Las inflamaciones o infecciones de los ganglios cervicales también son frecuentes en la edad pediátrica. Como síntomas locales puede haber presencia de una masa en el cuello, enrojecimiento de la piel, fístulas, asimetrías, etc.  Para su diagnóstico el otorrinolaringólogo realizará una completa exploración en la que se valorará además la edad del niño, los antecedentes personales, el tiempo de evolución de la lesión, su localización,  y la presencia de síntomas generales como fiebre, pérdida de peso, anorexia, escalofríos, sudoración nocturna y cambios de conducta.

Entre las causas habituales de adenopatías que pueden presentarse en el contexto de procesos infecciosos víricos destacan la mononucleosis infecciosa, causada por el virus de Epstein-Barr y que puede provocar malestar general, fiebre, amigdalitis exudativa y adenopatías cervicales bilaterales.

¿Qué pruebas son necesarias para diagnosticar la rinitis alérgica?

El diagnóstico de la rinitis alérgica se inicia tras la presencia de dos o más síntomas nasales que hacen sospechar su presencia. Entre los síntomas más destacados se encuentran el prurito nasal, los estornudos, una rinorrea acuosa y congestión nasal. El otorrinolaringólogo colabora con el alergólogo en el diagnóstico mediante la realización de exploraciones y pruebas que contribuyen a localizar el origen de la sintomatología característica.

Para el diagnóstico es importante en primer lugar disponer de una historia clínica detallada y cuidadosa del paciente que permita evaluar además la posibilidad de exposición a desencadenantes ambientales. Asimismo es importante disponer de los antecedentes familiares y personales, en especial en cuanto a la presencia de enfermedades como el asma, las alergias alimentarias o la dermatitis atópica.

Las pruebas principales para diagnosticar la rinitis alérgica comprenden los estudios de alergia para la búsqueda de biomarcadores válidos y calificados, como la medición de los niveles de IgE sérica total y específica y la eosinofilia sanguínea y nasal. Hay que tener en cuenta que la rinitis alérgica puede cursar sin eosinofilia en sangre periférica, por lo que la determinación de la IgE específica y las pruebas cutáneas son las que permiten el diagnóstico definitivo y etiológico de la rinitis alérgica.

En ocasiones, puede haber pacientes en los que los síntomas de rinitis empeoren como consecuencia de alteraciones anatómicas. Es aquí donde juega un papel destacado el otorrinolaringólogo pues será el encargado de valorarlas. Para ello, hará una rinoscopia o endoscopia con la que podrá visualizar el estado de la mucosa nasal (que suele ser pálida en caso de alergia), el tabique nasal, los cornetes, la presencia de pólipos y el aspecto del moco.

Además, puede ser necesario solicitar pruebas complementarias como el TC de senos paranasales para evaluar la presencia de afectación sinusal, así como pruebas funcionales como la rinomanometría del flujo de aire a través de las fosas nasales para detectar si hay resistencia o no al paso del mismo.

Tras los resultados obtenidos con todas las pruebas, el otorrinolaringólogo podrá valorar la necesidad de realizar o no tratamiento quirúrgico.

Así mismo, el otorrinolaringólogo colabora con el alergólogo en el estudio y diagnóstico de la rinitis alérgica local, caracterizada por la ausencia de atopía sistémica demostrada. Para ello, se realizan estudios de citología de la mucosidad del cornete inferior, estudios rinomanométricos de flujo antes y después de la provocación con alérgenos seleccionados en función de la historia del paciente, valorando los síntomas con cada administración.

Pruebas para el diagnóstico de la rinitis alérgica

Las pruebas realizadas por el otorrinolaringólogo para el diagnóstico de la rinitis alérgica comprenden:

  • Rinoscopia y endoscopia: la primera de ellas se hace con el rinoscopio y con la luz frontal se consigue visualizar la zona anterior de la fosa nasal. Con el fibroscopio o endoscopio se visualiza la totalidad de la fosa nasal. Con esta exploración se describe la posición del septo nasal, las características de los cornetes y otros hallazgos que puedan apoyar un diagnóstico diferencial (pólipos, tumores, costras, cuerpos extraños, perforación septal, etc.).
  • Citología nasal: permite conocer el patrón inflamatorio y orientar el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con rinitis. Se toma muestra del moco de la cara medial del cornete inferior. La muestra se envía  a anatomía patológica para el estudio celular pre y post provocación con alergenos.
  • Rinomanometría de flujo: mide la relación entre la presión y el flujo al pasar el aire por la cavidad nasal durante la respiración. Es la técnica estándar para la valoración de la resistencia y la permeabilidad nasal.
  • Pruebas de provocación nasal con alérgenos: implican la aplicación de alérgenos sospechosos de ser la causa de la rinitis a la mucosa nasal. Se realizan mediante administración (puff) dentro de la nariz de concentraciones crecientes del alergeno elegido. Se mide el score de síntomas (obstrucción nasal, picor de nariz, ojos, estornudos, rinorrea líquida), y se comprueba esa obstrucción mediante rinomanometria.

Tumores de oído: tipos, síntomas y tratamiento

Los tumores del oído o tumores del hueso temporal, que es el hueso que aloja las distintas partes del oído (oído externo, oído medio y oído interno), se clasifican en categorías en función de la localización y de la estirpe tumoral. La localización es un factor determinante en el tratamiento y pronóstico del tumor, debido a la complejidad anatómica de las estructuras del oído.

En función de la localización, se pueden encontrar distintos tipos de tumores. En el oído externo pueden aparecer tumores malignos, como los carcinomas basocelulares, relacionados con la exposición al sol, y carcinomas epidermoides del conducto auditivo externo. En el oído medio es muy común el paraganglioma, que es un tumor vascular. En el oído interno, en relación con el nervio auditivo y nervio del equilibrio, son muy frecuentes los neurinomas del acústico, afectando a 1 de cada 100.000 habitantes.

Uno de los síntomas más comunes de presentación de los tumores de oído, independientemente de su localización, es la pérdida de audición. En el caso de los tumores del oído externo y oído medio, puede aparecer además salida de sangre, conocida como otorragia, supuración, sensación de taponamiento y dolor. El dolor intenso y refractario a analgésicos es un síntoma muy típico de malignidad. Los tumores del oído interno, por su parte, además de pérdida de audición, suelen producir pitido en el oído e inestabilidad. En el caso de que crezcan a través del conducto auditivo interno y presionen las estructuras cerebrales puede haber también afectación neurológica importante. Además, algunos tumores del oído pueden producir debilidad o incluso parálisis en la musculatura de la cara debido a afectación del nervio facial, que discurre a través del oído.

Diagnóstico de los tumores del oído

El papel del otorrinolaringólogo es fundamental en el diagnóstico de los tumores del oído ya que la mayoría de los pacientes van a consultar por pérdida de audición y otros síntomas relacionados. El especialista verá el tipo de pérdida de audición y explorará el aspecto del conducto auditivo externo y de la membrana timpánica. Tanto la historia clínica como la exploración física son fundamentales para iniciar la sospecha de la presencia de un tumor y orientar el diagnóstico.

El estudio diagnóstico será dirigido en función de la sospecha clínica.

Las pruebas radiológicas, que permiten visualizar tanto las estructuras óseas como las partes blandas, juegan un papel clave en la caracterización de los tumores del oído y en el tratamiento quirúrgico a seguir, pues proporcionan al otorrinolaringólogo precisión en cuanto a la localización, extensión y afectación de las distintas estructuras del oído.

Las pruebas de imagen mas habituales son la tomografía computarizada (TAC) y la resonancia magnética (RM). Según el tipo de tumor pueden ser necesarias otras pruebas  radiológicas menos habituales como la arteriografía o la tomografía por emisión de positrones (PET).

En la gran parte de los casos, debe tomarse una biopsia de la lesión, si esta es accesible, para determinar la estirpe tumoral y planificar el tratamiento más adecuado.

Además,  deberá realizarse una audiometría para cuantificar el grado y tipo de pérdida auditiva, y en algunos casos será conveniente estudiar la función del equilibrio mediante pruebas vestibulares.

Tratamiento de los tumores de oído

El tratamiento de los tumores del oído depende de si se trata de lesiones malignas o benignas, de la estirpe concreta del tumor y de su localización. En caso de las lesiones malignas, el tratamiento más importante es el quirúrgico, con el objetivo de conseguir su resección completa, y en ocasiones se podrá complementar con quimioterapia o radioterapia. Es primordial contar con unos conocimientos extensos del hueso temporal y de sus estructuras adyacentes para un correcto manejo de estos tumores que permitan la mejor solución para el paciente. La técnica quirúrgica dependerá de la localización y la extensión del tumor.

Además, el otorrinolaringólogo deberá ocuparse de la rehabilitación de las posibles secuelas derivadas de las cirugías, así como de la pérdida de audición secundaria al tumor o al tratamiento del mismo. Por lo general, para reconstruir los defectos cutáneos se recomiendan colgajos regionales, de tal manera que se consiga la mínima morbilidad del sitio donante y se puedan reducir los tiempos quirúrgicos y las estancias hospitalarias. En el caso de defectos o secuelas más extensas, reintervenciones o casos radiados, se prefieren colgajos libres.

En el caso de los tumores benignos existe una tendencia a reducir la agresividad en su tratamiento. Algunas lesiones requerirán cirugía pero otras pueden ser controladas con pruebas de imagen sin ser necesario llegar al tratamiento quirúrgico.

Rinosinusitis crónica con poliposis nasal: síntomas y diagnóstico

La rinosinusitis crónica con poliposis nasal (RSCcPN) es una enfermedad crónica inflamatoria de las fosas nasales y senos paranasales que caracteriza por la presencia de pólipos en la cavidad nasal. Se considera crónica porque la presencia de dos o más síntomas se prolonga durante más de 12 semanas. Afecta a entre un 4 y un 5% de la población general, sobre todo a varones, de entre 40 y 50 años, y supone un gran impacto para la calidad de vida de quienes la sufren.

Los síntomas más característicos de la RSCcPN son obstrucción nasal, rinorrea, alteración del olfato y dolor o presión facial. Además, puede producir sintomatología en otras partes del cuerpo debido a que es debido a una alteración de la vía inflamatoria tipo 2, de ahí que pueda aparecer asma, dermatitis atópica, esofagitis eosinofílica o intolerancia a algunos antiinflamatorios. Asimismo todo esto puede derivar en síntomas óticos y alteraciones del sueño y el descanso, siendo una causa importante de insomnio. La pérdida de olfato puede estar presente en entre el 60 y el 80% de los pacientes.

El impacto en la calidad de vida de la RSCcPN se ha llegado a comparar con otras enfermedades debilitantes como la insuficiencia cardíaca, el dolor de espalda crónico o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Esta patología supone además un gran consumo de recursos sanitarios, tanto ambulatorios como hospitalarios y un elevado coste indirecto en términos de productividad laboral. Un estudio reciente publicado en la revista Rhinology demostró que los costes directos de la poliposis nasal fueron de 1501€ por paciente/año, principalmente debido a las visitas al servicio ambulatorio y la hospitalización. Los costes indirectos fueron de 5659 € por paciente/año, con pérdidas de productividad como gasto de coste principal.

A pesar de todos los avances científicos realizados sobre esta patología, las causas aún son tema de controversia. Algunos autores proponen que pueden deberse a hongos, virus, alérgenos y/o toxinas producidas por stafilococcus aureus.

Diagnóstico de la rinosinusitis crónica con poliposis nasal

El diagnóstico de la RSCcPN implica una primera sospecha en pacientes con congestión nasal mantenida y habitual, acompañada de cefaleas y alteraciones del olfato. Una vez que el médico de Atención Primaria ha detectado toda esta sintomatología, lo derivará al otorrinolaringólogo cirujano de cabeza y cuello, que analizará de forma más exhaustiva todos estos síntomas para localizar su origen y podrá realizar una endoscopia nasal en la consulta. Se trata de una herramienta fundamental para la exploración rinológica. Con ella comprobará la presencia de pólipos en ambas fosas nasales, ya que debe haber presencia bilateral de los mismos. Si solo está presente en una de las fosas nasales puede tratarse de otro tipo de patologías. En este sentido es clave el papel del otorrinolaringólogo.

Además, el diagnóstico se completará con una prueba de olfato. La olfatometría puede resultar de gran utilidad tanto para el diagnóstico inicial como para evaluar la evolución del paciente y la eficacia de los tratamientos aplicados. Mediante la misma, se podrán identificar y discriminar los umbrales olfativos del paciente.

También pueden ser necesarias otras pruebas para evaluar la obstrucción nasal, como la de pico-flujo inspiratorio nasal (PFIN), la rinomanometría anterior activa y la rinometría acústica.

¿Qué avances han permitido las técnicas de cirugía endoscópica en el área de rinología?

La otorrinolaringología, y en especial el área de rinología, ha experimentado una gran evolución gracias a la expansión de las técnicas de cirugía endoscópica nasosinusal. Además de las ventajas propias como cirugía mínimamente invasiva (disminución de la morbilidad, del dolor, de los costes y de la duración del ingreso hospitalario), las técnicas endoscópicas proporcionan un abordaje más fisiológico y, en muchas ocasiones, más eficaz, de las patologías nasosinusales. Entre estas se encuentran enfermedades inflamatorias como la rinosinusitis crónica con o sin poliposis nasal, así como los tumores de las fosas nasales y senos paranasales y de la base del cráneo. El otorrinolaringólogo cirujano de cabeza y cuello dispone del conocimiento anatómico necesario y del entrenamiento adecuado para realizar este tipo de cirugías, que han permitido avanzar hacia las zonas más profundas de la base del cráneo a través de las fosas nasales.

Un estudio reciente demuestra cómo la cirugía endoscópica en pacientes con tumores nasosinusales malignos e invasión cerebral reduce el tiempo quirúrgico una hora y 20 minutos, las necesidades de transfusión 5,5 veces y la hospitalización en 19 días. La endoscopia proporciona al cirujano una herramienta de visualización óptima, con mejor iluminación, que iguala o mejora los resultados de las cirugías abiertas empleadas anteriormente, lo que ha permitido, no solo sustituirlas, sino poder realizar técnicas quirúrgicas que antes no eran posibles mediante el abordaje abierto. Esto es debido a que posibilita el acceso a áreas recónditas o escondidas sobre las que es común el trabajo del otorrinolaringólogo.

Las nuevas tecnologías y el desarrollo de instrumental quirúrgico apropiado han permitido por tanto realizar un abordaje endonasal de nuevas patologías, así como una resección más precisa y menos traumática. Gracias al desarrollo de las técnicas endoscópicas  se ha conseguido evolucionar desde el tratamiento de la patología inflamatoria nasal, como la rinosinusitis crónica, hasta la resección de tumores y lesiones en espacios más profundos y escondidos de la base del cráneo.

Cirugía del seno frontal

La cirugía para tratar la patología inflamatoria en la que mayor beneficio aporta el uso de la endoscopia es la del seno frontal. La cirugía abierta resulta más agresiva y puede ocasionar mayores complicaciones y efectos secundarios. Esta intervención ha sido siempre considerada compleja y con muchos riesgos. Con la cirugía endoscópica se han comprobado mejores resultados en el tratamiento de la sinupatía frontal. Todo esto ha llevado a que la indicación de realizar un abordaje abierto al seno frontal sea muy poco frecuente, aunque, en ocasiones, sigue siendo necesaria.

El abordaje endoscópico del seno frontal se emplea para el tratamiento de enfermedades como la rinosinusitis crónica, los mucoceles frontales o frontoetmoidales, los osteomas, las complicaciones orbitarias de la rinosinusitis aguda, ciertos tumores de la base de cráneo, etc. Para ello la técnica más frecuentemente usada es la técnica de Draf cuyo objetivo es la apertura por vía nasal, de uno o ambos senos frontales para restablecer el drenaje del seno frontal con las fosas nasales.

Tratamiento multidisciplinar

La cirugía endoscópica nasosinusal ha posibilitado la colaboración entre distintas especialidades para abordar determinadas patologías por vía nasal, como son la neurocirugía o la oftalmología. El papel del otorrinolaringólogo en esas intervenciones es fundamental ya que dispone del entrenamiento adecuado para realizarlas y el conocimiento anatómico necesario para ello. La cirugía endoscópica nasosinusal permite realizar resecciones de tumores de hipófisis o de tumores de fosa craneal anterior.  Además, también es el abordaje de elección para el cierre de las fístulas de líquido cefalorraquídeo bien espontáneas, traumáticas o tras una cirugía de la base del cráneo.

Los mitos en cáncer de cabeza y cuello pueden dificultar su prevención y diagnóstico

Los mitos en cáncer de cabeza y cuello pueden dificultar su prevención y diagnóstico

Los mitos sobre cáncer de cabeza y cuello pueden dificultar su prevención y diagnóstico, lo que retrasará su tratamiento, según advierten desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) con motivo del Día Mundial del Cáncer de Cabeza y Cuello que se celebra el 27 de julio.

Cada año se detectan en España alrededor de 10.000 nuevos casos de cáncer de cabeza y cuello, ocasionados sobre todo por el tabaco, el alcohol o, cada vez más, el virus del papiloma humano (VPH). Todos ellos, según insisten los otorrinolaringólogos cirujanos de cabeza y cuello, son causas evitables, lo que hace que una gran mayoría de los tumores de cabeza y cuello se puedan prevenir.

Más del 80% de los pacientes con un cáncer de cabeza y cuello son fumadores y su sinergia con el alcohol puede multiplicar de 10 a 20 veces la posibilidad de desarrollarlo. Así mismo, infecciones causadas por virus, como el del papiloma humano (VPH) y el de Epstein-Barr (VEB), son factores de riesgo para el cáncer de orofaringe y rinofaringe, respectivamente.

Mitos más frecuentes sobre cáncer de cabeza y cuello

La SEORL-CCC, junto con el Instituto #SaludsinBulos, ha localizado y desmontado algunos de los mitos más extendidos sobre el cáncer de cabeza y cuello, que tienen que ver con las causas o factores de riesgo. Estos prejuicios pueden hacer que se le quite importancia a la evitación de los verdaderos factores de riesgo, lo que contribuiría a reducir las posibilidades de desarrollar cáncer en un futuro. Además, también se tiende a pensar que el cáncer de cabeza y cuello es una enfermedad de personas mayores, lo cual hace que los posibles signos de alarma puedan pasar desapercibidos, provocando que su detección se haga en estadios más avanzados y tengan un peor pronóstico.

En general, la SEORL-CCC busca que haya más concienciación sobre los factores de riesgo y los signos de alarma del cáncer de cabeza y cuello. Los resultados de una encuesta a más de 1.000 personas publicados en la revista European Journal of Public Health confirman que existe falta de conciencia pública sobre el VPH y su asociación con el cáncer de orofaringe.  Sin embargo, entre los mitos más extendidos relacionados con el cáncer de cabeza y cuello se encuentran los relacionados falsamente con posibles causas. Por ejemplo, las radiaciones que transmiten los móviles o ingerir comida calentada en el microondas.

El cáncer de cabeza y cuello afecta con mayor proporción a hombres que a mujeres, sobre todo entre la quinta y la séptima décadas de la vida, aunque en los últimos años están apareciendo un mayor número de casos en mujeres y en pacientes de menor edad. El aumento del tabaquismo está propiciando que se encuentren cada vez más pacientes jóvenes afectados, en relación también a que el hábito de fumar se adquiere en torno a los 14 años y se acumulan muchos años como fumador a edades más tempranas. La aparición del VPH como factor de riesgo del carcinoma de orofaringe también ha influido en su aparición en jóvenes.

La SEORL-CCC ha elaborado el siguiente listado de mitos sobre el cáncer de cabeza y cuello con el objetivo de desmontar falsas creencias en torno a él. La SEORL-CCC colabora con el Instituto #SaludsinBulos en la lucha contra los bulos y la desinformación en el área de su especialidad.

  1. El cáncer de cabeza y cuello es cosa de mayores. FALSO

Cada año, se detectan 10.000 casos nuevos en España, sobre todo en personas de entre 45 y 65 años de edad. El aumento del consumo de tabaco en jóvenes y el VPH han provocado que en los últimos años haya aumentado la incidencia de este tipo de tumores en personas cada vez más jóvenes. También ha sucedido que, aunque siempre ha sido más común en los hombres, cada vez afecta a más mujeres por el mayor consumo de tabaco.

  1. El cáncer de cabeza y cuello es contagioso. FALSO

El cáncer no es una enfermedad contagiosa y no se puede transmitir por contacto con otra persona ni por ninguna vía de transmisión. Sin embargo, en el caso del cáncer de cabeza y cuello existen una serie de virus causantes de infecciones que pueden incrementar el riesgo de padecer determinados tipos de cáncer.

El VPH puede incrementar el riesgo de cáncer de orofaringe (amígdala, base de lengua), mientras que el VEB se ha relacionado con el cáncer de rinofaringe. Ambos virus son transmisibles pero no siempre provocan cáncer.

  1. Comer comida calentada en microondas puede provocar cáncer de garganta. FALSO

Está muy extendido el mito de que las radiaciones del microondas pueden provocar cáncer, como el de garganta. Sin embargo, esto es completamente falso. Los microondas emiten radiaciones no ionizantes y, por tanto, no causan ningún daño en el material genético de las células. Tampoco modifican la composición de los alimentos.

  1. Las radiaciones de los móviles provocan cáncer de cabeza y cuello. FALSO

No hay ninguna evidencia sólida que demuestre que las radiaciones de telefonía móvil están relacionadas con la aparición de tumores de cabeza y cuello. La radiofrecuencia que emiten estos dispositivos no produce daño en el ADN de las células ya que transmite una radiación electromagnética no ionizante.

  1. El sexo oral podría provocar cáncer de garganta. VERDADERO

El VPH, uno de los factores de riesgo de cáncer orofaríngeo, se puede contraer a través del sexo oral o coital desprotegido en cualquier momento de la vida. Se trata de la infección de transmisión sexual más frecuente a nivel mundial. Su detección en cérvix o en orofaringe es indicativa de infección, pero no del desarrollo de un tumor maligno, pues no todos los tipos de VPH tienen capacidad carcinógena, algo que sucede en algunos casos sin conocer aún el motivo. Por lo general, el cáncer de orofaringe relacionado con el VPH se localiza en la amígdala palatina y/o en la base de la lengua y puede generar síntomas como sensación de cuerpo extraño en la garganta,  molestias al tragar, dolor de garganta u oídos, o aumento de tamaño de los ganglios linfáticos. Es importante acudir al especialista otorrinolaringólogo ante la presencia de signos de sospecha para que pueda evaluar cada caso y determinar el origen de los mismos.

  1. Sólo los fumadores y personas que consumen alcohol pueden desarrollar cáncer de cabeza y cuello. FALSO

El tabaco es el principal factor de riesgo para desarrollar un cáncer de cabeza y cuello y, de hecho, la mayor parte de pacientes diagnosticados son fumadores. Sin embargo, esto no significa que solo estas personas puedan ser candidatas a tener un cáncer de cabeza y cuello. Como se ha dicho anteriormente, determinados virus como el VPH también pueden influir. Así mismo, una mala higiene bucal, la exposición a determinadas sustancias o la irradiación, factores genéticos etc. también pueden estar implicados.

El carcinoma nasofaríngeo, el tumor maligno más común de la rinofaringe

En España la incidencia del cáncer de rinofaringe es de aproximadamente un caso por cada 100.000 habitantes al año. Afecta en mayor medida a hombres que a mujeres, con una incidencia de entre 2 y 3 veces superior, que suele ser mayor conforme se incrementa la edad. En países del sudeste asiático y del norte de África tiene una incidencia mucho más elevada. La infección por el virus de Epstein-Barr (VEB) se ha asociado al desarrollo del cáncer de nasofaringe.

Síntomas del cáncer de rinofaringe

La otitis serosa unilateral y la presencia de una masa en el cuello, suponen las manifestaciones clínicas más frecuentes de un cáncer de nasofaringe.

La otitis serosa se produce por una obstrucción provocada por el tumor de la desembocadura de la trompa de Eustaquio. Por otro lado, la elevada tendencia a la diseminación a los ganglios linfáticos del carcinoma nasofaríngeo hace que la presencia de metástasis cervicales que se manifiestan como una masa cervical, sea frecuente al diagnóstico. En estadios avanzados pueden aparecer otros síntomas como obstrucción nasal, sangrado, parálisis de nervios craneales y síntomas oculares,

La otitis media serosa unilateral suele ser el motivo inicial de consulta, encontrándose hasta en el 50% de los pacientes con carcinoma nasofaríngeo. También puede presentarse después del tratamiento con radioterapia en el 15-20% de los pacientes por lo que es importante realizar una exploración otológica continua, antes, durante y después del tratamiento.

Diagnóstico del cáncer de rinofaringe

En la mayoría de los casos, los tumores de nasofaringe se diagnostican en estadios loco-regionalmente avanzados. Esto se debe a que inicialmente los tumores apenas dan síntomas y a que la rinofaringe es un área anatómica poco accesible a la exploración directa, por lo que requiere ser valorada mediante exploración endoscópica realizada por un otorrinolaringólogo – cirujano de cabeza y cuello.

Ante la presencia de una sintomatología compatible y una masa de aspecto tumoral en la rinofaringe, es necesario hacer una confirmación del diagnóstico con la realización de una biopsia. El estudio del virus de Epstein-Barr debe realizarse siempre.

A continuación, se realizarán una serie de pruebas de imagen: la tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética (RM) y la tomografía por emisión de positrones (PET) ayudarán a determinar la extensión del tumor y a planificar el tratamiento.

Tratamiento del cáncer de rinofaringe

El tratamiento estándar del cáncer de rinofaringe es la quimio-radioterapia. La utilización de quimioterapia neo-adyuvante está recomendada a partir de los estadios loco-regionalmetne avanzados. La administración de quimioterapia adyuvante es controvertida. La cirugía se reserva para el tratamiento de las recidivas, demostrando ser más eficaz, menos agresiva, con mayor supervivencia global a 5 años, una mayor calidad de vida y menores complicaciones que el otro tratamiento empleado para estos casos que es la reirradiación.

En la actualidad, con la cirugía endoscópica se consigue una menor morbilidad y una radicalidad similar a los abordajes abiertos tradicionales, gracias a una exposición más directa y con menor manipulación de estructuras neurovasculares.

Las complicaciones más frecuentes debido a la toxicidad de la radioterapia incluyen mucositis, dermatitis, xerostomía y disfagia, y la gran mayoría de ellas mejoran en las semanas posteriores tras terminar el tratamiento. A largo plazo, la radionecrosis de la base del cráneo puede provocar secuelas graves e incluso ser la causa de muerte de estos pacientes.