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¿Qué son los implantes de conducción de vía ósea?

Los implantes de conducción de vía ósea son unos dispositivos que transmiten el sonido por vía ósea directa al oído interno. Se emplean en personas con hipoacusia transmisiva o mixta, así como en personas con hipoacusia neurosensorial profunda con audición normal contralateral, es decir, sordera unilateral, cuando no pueden usar audífonos convencionales por razones médicas o porque no obtienen un buen rendimiento de ellos. También suponen una alternativa para aquellos pacientes en los que han fracasado las cirugías previas. Así se refleja en la Guía clínica sobre implantes de conducción de vía ósea elaborada por la Comisión de Audiología de la SEORL-CCC junto con las de Otología y Otoneurología.

El implante de conducción ósea consta de un procesador externo con un micrófono que capta el sonido y lo transmite al implante, que hace vibrar el hueso del cráneo llegando al oído interno, empleando la capacidad natural del cuerpo para transmitir el sonido a través del tejido óseo. De esta forma evita tanto el oído externo como el oído medio.

Existen diferentes tipos de sistemas de conducción ósea, pudiéndose clasificar en per-cutáneos y transcutáneos, en función de cómo se realice la conexión entre el procesador externo y el implante. Los percutáneos tienen una conexión directa con el implante ya que este atraviesa la piel. En los transcutáneos el procesador externo se comunica con el implante a través de una piel intacta y se mantienen unidos mediante imanes.

La audición por vía ósea permite una percepción clara de los sonidos en la medida en que la función coclear esté conservada. Además, en niños con hipoacusia conductiva unilateral congénita y adquirida ha demostrado resultados altamente positivos. La mejora se observa sobre todo en las situaciones de escucha con un interlocutor en grupo, al escuchar música, escuchando el televisor o la radio y en la mesa del comedor, hablando con la persona que se sienta orientada al oído afectado. Incluso estos niños mejoran sus relaciones sociales y habilidades comunicativas gracias al empleo de estos implantes.

Para asegurar al paciente una asistencia adecuada, y que los sistemas de conducción ósea resulten efectivos, es necesario cumplir con un mínimo de estándares de calidad y contar con un equipo multidisciplinar que trabaje de forma coordinada. Este equipo deberá estar formado por otorrinolaringólogos, que se ocuparán del diagnóstico, cirugía y seguimiento de los pacientes. Por ello, es importante que el cirujano tenga avanzada experiencia y esté especializado en otología y cirugía del oído medio. También deberán formar parte del equipo los audiólogos, que se ocuparán sobre todo de la programación de los implantes. Además, deberá tener acceso a disciplinas como la radiología, la foniatría, la logopedia, la psicología y la psiquiatría.

La hipoacusia transmisiva o mixta

La hipoacusia transmisiva, también llamada de transmisión o de conducción, consiste en la dificultad para transmitir las ondas sonoras desde el exterior al oído interno. Esto puede deberse a obstrucciones del conducto auditivo externo (CAE) o por lesiones en el oído medio que pueden alterarla membrana timpánica, la cadena de huesecillos del oído o ambas estructuras. Por lo general, son hipoacusias consideradas tratables o recuperables mediante tratamiento médico o quirúrgico.

Por su parte, las hipoacusias mixtas se deben a alteraciones simultáneas en la transmisión y en la percepción del sonido en el mismo oído.

Vértigo posicional paroxístico benigno: causas y síntomas

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se produce por el desplazamiento de unas partículas llamadas otoconias. Estas partículas flotan libremente por los canales semicirculares del oído y son responsables de la rotación y movimientos de la cabeza. Es por eso que, ante determinados movimientos o giros, aparece la sensación de mareo. El VPPB es el vértigo más frecuente y tiene una incidencia de en torno al 2 y 3% de la población, sobre todo en mujeres de entre 40 y 60 años. Es el trastorno más frecuentemente diagnosticado en la consulta de Otoneurología.

Un estudio español reciente realizado con más de 7.800 pacientes y publicado en Acta Otorrinolaringológica Española concluye que la incidencia anual de trastornos de equilibrio en Atención Primaria es del 2,2%. Además, más de la mitad de esos pacientes fueron diagnosticados con algún tipo de vértigo posicional.

El paciente que sufre este tipo de vértigo lo describe como un vértigo súbito y de aparición brusca y corta duración (por eso es paroxístico) y tiene un componente postural (posicional). Se considera benigno porque no hay una causa neurológica. El paciente nota una sensación muy desagradable al levantar o agachar la cabeza, o incluso al darse la vuelta en la cama, pues nota un vértigo rotatorio, como si el entorno se moviera de forma brusca en un tiempo de entre 10 y 30 segundos. Además, se puede acompañar de náuseas, vómitos, palidez y sudoración, con una percepción muy incapacitante. No es un problema grave, salvo en personas mayores en las que puede aumentar el riesgo de caídas.

Los episodios de VPPB pueden aparecer durante algún tiempo y luego volver a aparecer. Si se sufren de forma recurrente y con aparición brusca, es importante consultar con el especialista cualquier signo de vértigo o mareo.

Diagnóstico del VPPB

El concepto de vértigo se define como una alucinación de movimiento, ya que este no existe. Su principal problema a la hora de identificarlo radica en la dificultad del paciente para explicar esa sensación. Por ello, tiende a evitar la postura que desencadena estos episodios. Su diagnóstico, realizado por el otorrinolaringólogo, consiste en una exploración oculomotora, con maniobras de provocación para detectar el canal del oído que provoca estos síntomas. De esta forma se analiza la respuesta oculomotora del paciente junto con la respuesta clínica.

En el diagnóstico se emplean maniobras como la de Dix-Hallpike, por la cual se realizan movimientos de la cabeza del paciente. En ocasiones es recomendable apoyarse del uso de unas gafas o de un videonistagmógrafo para observar con mayor facilidad el nistagmo (movimiento involuntario de los ojos). También se realizan las pruebas de rotación cefálica o de McClure y la maniobra del decúbito lateral.

En cuanto al tratamiento, el otorrinolaringólogo empleará una serie de maniobras encaminadas a la reposición que han demostrado ser un efectivas  para el VPPB, así como ejercicios de habituación para que el paciente realice en casa.

Septorrinoplastia: papel del ORL

Septorrinoplastia: papel del ORL

La nariz es una de las estructuras faciales que mayor relevancia estética tiene y sus alteraciones pueden generar problemas psicológicos a los pacientes. Alguno de estos pacientes podría beneficiarse de una solución quirúrgica a su problema. Cuando existe un problema de desviación del tabique nasal, algo muy frecuente, se producen alteraciones tanto en la forma de la nariz como en su capacidad de respirar, por lo que será necesario que la técnica quirúrgica empleada aborde tanto la estética como la funcionalidad nasal para obtener resultados satisfactorios. Esta técnica es la septorrinoplastia, un procedimiento quirúrgico para el que el otorrinolaringólogo es uno de los profesionales más adecuados por sus conocimientos de la anatomía y función nasal, pero también de los principios de estética.

La desviación el tabique nasal puede causar una serie de problemas respiratorios a la vez que la desviación de la forma de la nariz puede provocar una serie de alteraciones estéticas. Por ello, la septorinoplastia estará indicada en pacientes con obstrucción nasal, con roncopatía o diagnosticados de SAHS, con patología inflamatoria nasosinusal o con cefaleas de región nasal. En todos los casos, la cirugía no solo debe ir encaminada a resolver el problema funcional, sino que la estética y forma de la nariz juegan un papel clave para conseguirlo.

El otorinolaringólogo, formado en estética facial

El otorrinolaringólogo, durante su residencia, recibe formación en cirugía estética de la pirámide nasal, tanto la cirugía integral de la nariz, como las indicaciones y las distintas técnicas de septorrinoplastia. Todo ello le permite tener los medios para evaluar las modificaciones estéticas con las que además puede mejorar la actividad funcional, sobre todo en el caso de las fosas nasales. Por ello, cada vez es mayor el número de otorrinolaringólogos y cirujanos de cabeza y cuello que se dedican a la cirugía plástica facial.

Uno de los papeles clave del otorrinolaringólogo en la septorrinoplastia será en primer lugar la evaluación estética prequirúrgica, donde deberá calcular las proporciones nasales más apropiadas con respecto a las demás estructuras faciales. De esta forma, conseguirá un resultado natural y en armonía con la cara. Para ello es muy importante el análisis fotográfico, con el que el cirujano tomará medidas nasales y faciales del paciente. En este análisis el cirujano debe contemplar factores como la raza, la edad y el sexo, ya que determinan las proporciones faciales.

En la primera visita del paciente a la consulta, además de valorar su historia clínica como paciente de otorrinolaringología, se deberá obtener la máxima información posible sobre lo que quiere y lo que no quiere el paciente.

¿En qué consiste la septorrinoplastia?

La septorrinoplastia es un procedimiento quirúrgico complejo que consiste en reparar la forma externa de la pirámide nasal junto con la remodelación del interior de la fosa nasal, en un mismo acto quirúrgico. Se hará con anestesia general mediante unas incisiones en el interior de la nariz. El número de las mismas dependerá de la magnitud y la localización de las deformaciones que se pretenden corregir. En la intervención puede hacerse necesaria la colocación de una o varias láminas de material sintético sobre el tabique nasal, sujetas mediante sutura, durante unos días. La cirugía será abierta o mínimamente invasiva en función de las correcciones que haya que realizar. En cualquier caso, las cicatrices resultantes son mínimas y apenas se apreciarán pasadas unas semanas.

Tras la operación, el cirujano colocará una pequeña férula sobre el dorso de la nariz, y suele colocarse un taponamiento nasal que puede ocasionar molestias, que se aliviaran con tratamiento sintomático, incluso antibiótico para evitar infecciones. También en el postoperatorio puede haber dolor en la fosa nasal o hematomas en la cara.

Es importante que el cirujano encargado de realizar la septorrinoplastia conozca con precisión la función y forma de la nariz y domine su anatomía para poder resolver tanto los problemas funcionales como estéticos del paciente y las posibles complicaciones que puedan surgir durante la cirugía.

¿Cuál es la relación entre el reflujo gastroesofágico y la otorrinolaringología?

¿Cuál es la relación entre el reflujo gastroesofágico y la otorrinolaringología?

Se estima que alrededor del 10% de los pacientes atendidos por patologías de otorrinolaringología tienen síntomas relacionados con reflujo gastroesofágico (RGE), según datos de la SEORL-CCC. El reflujo gastroesofágico, producido por el ascenso del contenido ácido del estómago hacia el esófago, puede producir una serie de manifestaciones extraesofágicas cuando esas sustancias pasan hacia la vía aérea superior. Esto puede dar lugar a otro tipo de patologías como, laringitis crónica, o, menos frecuentemente, rinosinusitis u otitis.

El RGE y las patologías ORL pueden interaccionar en un círculo vicioso, pues no sólo el primero puede provocar patologías en las vías aerodigestivas superiores, sino que, en ocasiones, un obstáculo en las vías respiratorias superiores (laringe o tráquea) puede aumentar las posibilidades de RGE. Esto es debido a que, a la hora de espirar, para combatir esa obstrucción, puede ser necesario aumentar la presión intraandominal y, como consecuencia, el ascenso de reflujo con contenido gástrico hacia el esófago.

Los efectos que el RGE puede causar en las vías respiratorias superiores pueden ser por 2 vías. Por un lado, a través del contacto directo del contenido gástrico con la mucosa laríngea y, faríngea y, por otro lado, el RGE puede dar lugar a una activación del reflejo esófago-bronquial –laríngeo, por el que se producirían una serie de síntomas como tos o asma debido a la irritación de la parte inferior del esófago.

Síntomas del RGE

Los síntomas digestivos propios del RGE son la pirosis, que es la sensación de ardor o quemazón ascendente retroesternal, y la regurgitación, que es el paso de contenido gástrico o esofágico hasta la boca. Además, pueden aparecer hemorragias digestivas altas o dolor torácico.

En cuanto a la parte extradigestiva, los síntomas relacionados con el área de la otorrinolaringología más manifiestos son la tos, la sensación de cuerpo extraño, la necesidad de aclaramiento faríngeo constante, dolor faríngeo, presencia de moco excesivo en la garganta, goteo nasal posterior, congestión nasal, halitosis, e incluso sinusitis y otitis media.

Dolor de garganta y RGE

Uno de los síntomas más frecuentes en los pacientes con reflujo es el dolor de garganta inespecífico y persistente, que pueden estar presentes hasta en el 60% de ellos, según algunas estadísticas. Las lesiones que más se han visto implicadas en este sentido son: edema, eritema y engrosamiento de la mucosa de la región posterior de la laringe, la región interaritenoidea y el tercio posterior de las cuerdas vocales.

El laringoespasmo paroxístico también se puede presentar por reflujo. Se trata de una contracción excesiva, prolongada y mantenida de las cuerdas vocales dando como resultado el cierre glótico y la obstrucción de la vía aérea.

Tos y reflujo

El RGE es la tercera causa de tos crónica, por detrás del asma y los problemas sinusales, afectando a un 20% de los pacientes. Se trata de una tos seca debido a la inflamación de la mucosa traqueal.

Diagnóstico y tratamiento del reflujo

La prueba principal para el diagnóstico del reflujo es la pHmetría de 24 horas para monitorizar el pH del paciente. Sin embargo, existen casos que presentan signos y síntomas compatibles con ERGE y Phmetría normal.

En cuanto al tratamiento, este se basa en cambios de dieta, modificaciones de vida y fármacos. En la dieta se deberían evitar los productos que contengan cafeína, el alcohol, el chocolate y la menta, pues favorecen la apertura del esfínter esofágico inferior. En cuanto a las modificaciones en el estilo de vida, conviene no consumir tabaco, no practicar deportes vigorosos después de comer, no hacer comidas copiosas y procurar no tumbarse después de comer. El tratamiento farmacológico de elección consiste en inhibidores de la bomba de protones, a doble dosis, durante al menos 3-4 meses.

Miaestenia gravis: síntomas y tratamiento

Miaestenia gravis: síntomas y tratamiento

La miastenia gravis es una enfermedad autoinmune neurológica crónica caracterizada por la debilidad muscular que se acentúa por el movimiento repetitivo y que mejora con el reposo. El sistema inmunitario genera unos anticuerpos que dañan los receptores de acetilcolina de los músculos. Debido a esto no existe una buena conexión con las terminaciones nerviosas y los músculos se vuelven más débiles. Los músculos que suelen verse más afectados son los oculares, pero también pueden verse involucrados los músculos de la laringe, tanto de forma aislada como en conjunto con otros grupos musculares. Afecta sobre todo a mujeres de entre 20 y 30 años y a hombres de entre 60 y 70 años y según la Asociación Miastenia de España (AMES) afecta a 15.000 españoles. El 2 de junio se celebra el Día Internacional de la Miastenia, con el objetivo de concienciar y dar visibilidad a esta enfermedad de origen desconocido..

Síntomas de la miastenia gravis

Como ya se ha comentado, la manifestación más frecuente de la miastenia gravis es la ocular, que provoca síntomas como visión doble o ptosis, que es la caída o descenso del párpado superior.

Cuando la miastenia gravis afecta a la laringe, se considera miastenia gravis bulbar, ya que afecta a los músculos bulbares que son los responsables de la expresión facial, la masticación y la deglución. Sus síntomas más característicos son una anormal fatiga vocal ante determinadas tareas repetitivas, que suele asociarse con disartria (dificultad para articular palabras y sonidos) y disfagia (dificultad para la deglución) de severidad variable. Las personas afectadas de miastenia gravis suelen alternar períodos de debilidad muscular con períodos con síntomas leves o sin ellos.

Además, la miastenia puede ser generalizada cuando aparece debilidad muscular esquelética.

Si el paciente sufre otro tipo de patologías, toma determinados medicamentos o vive situaciones de estrés y cansancio extremo los síntomas pueden empeorar.

Diagnóstico y tratamiento de la miastenia gravis

El diagnóstico de la miastenia gravis comprende la realización de una prueba electrofisológica y un análisis de sangre para la detección de anticuerpos anormales relacionados con la enfermedad. Además, se hará un examen neurológico.

El tratamiento irá encaminado a resolver los síntomas y para ello se utilizarán fármacos anticolinesterásicos, que ayudarán a mejorar el funcionamiento de los músculos en pacientes con miastenia gravis. También se pueden utilizar medicamentos inmunomoduladores, de forma crónica para favorecer el correcto funcionamiento del sistema inmune. Por su parte, hay otros inmunomoduladores de acción rápida, como las inmunoglobulinas intravenosas, que consiguen una mejora rápida en pacientes graves o refractarios a otros tratamientos.

También existe la posibilidad de realizar tratamiento quirúrgico cuando existe la presencia de timomas, unos tumores benignos que aparecen en relación a la miastenia gravis. Su extirpación permite un mejor control de la enfermedad.

La edad de inicio del consumo de tabaco determina el riesgo de cáncer de cabeza y cuello

La edad de inicio del consumo de tabaco determina el riesgo de cáncer de cabeza y cuello

El riesgo de cáncer de cabeza y cuello va asociado al consumo de tabaco y al tiempo acumulado como fumador, por lo que una edad más temprana en el inicio del hábito tabáquico se asocia con un mayor riesgo de este tipo de tumores en personas fumadoras. Así lo confirma Un estudio reciente publicado en Cancer Epidemiology realizado por INHANCE (Consorcio Internacional de epidemiología del cáncer de cabeza y cuello). Por ello, la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) advierte, con motivo del Día Mundial del Tabaco que se celebra el 31 de mayo, de la importancia de concienciar a los niños y adolescentes de los efectos que puede tener su consumo.

La SEORL-CCC se suma así a la iniciativa lanzada este año por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tiene como objetivo la protección de los jóvenes para evitar que consuman tabaco y nicotina y crear una nueva generación libre de tabaco. Para ello dará a conocer las tácticas utilizadas por la industria para captar su interés y les proporcionará información para detectarlas y poder rechazarlas.

En este sentido, la SEORL-CCC realiza una labor de concienciación en los colegios e institutos con la campaña #PonleUnCeroAlTabaco, ahora paralizada como consecuencia de la pandemia de la COVID-19. Esta campaña busca sensibilizar a los estudiantes de los daños causados por el tabaco mediante el conocimiento de una de sus principales consecuencias para la salud, el cáncer de laringe, la segunda neoplasia más frecuente del tracto respiratorio. Así, los otorrinolaringólogos y cirujanos de cabeza y cuello acuden a los centros educativos para exponer una de las principales consecuencias de este tumor, la laringectomía, y como esta implica un gran impacto en la calidad de vida del paciente. El principal objetivo de la SEORL-CCC es conseguir que los jóvenes españoles no se inicien en el consumo del tabaco y evitar que lo prueben por primera vez. Como parte de esta estrategia, la SEORL-CCC creó el Comité de Prevención del Tabaquismo y entró a formar parte del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo.

La mayoría de los casos de cáncer de laringe tienen como causa el tabaco y su tratamiento implica, en ocasiones, la extirpación total del órgano mediante la laringectomía. Tras esta cirugía, el paciente pierde la voz, sufre cambios en su respiración y deglución, puede sufrir alteraciones de gusto y olfato, y ve modificada su imagen corporal y estética. La consecuencia más visible es el traqueostoma, necesario para respirar, para lo que en determinadas circunstancias deberá usarse una cánula. El paciente deberá realizar una rehabilitación integral encaminada al aprendizaje de una nueva forma de hablar, de respirar y de comer. Así mismo, son comunes las dificultades de adaptación social, lo que da lugar a ansiedad por el miedo al rechazo y estrés por la vuelta a la vida laboral, en los casos en los que sea posible, pues un porcentaje de ellos no podrá retomarla.

Consumo de tabaco en cifras

Según datos de la OMS, en el mundo hay 1.300 millones de consumidores de tabaco y su consumo causa el 25% de todas las muertes por cáncer, siendo los jóvenes unos potenciales consumidores para la industria tabacalera. Además, la OMS, advierte que los niños y adolescentes que consumen cigarrillos electrónicos tienen al menos el doble de probabilidades de fumar cigarrillos normales más adelante en su vida.

En España, según datos recopilados por la SEORL-CCC, la edad media de inicio en el consumo de tabaco se produce a los 14 años y el tabaco es la segunda droga más extendida en los estudiantes de 14 a 18 años, después del alcohol. La adolescencia es una etapa especialmente sensible pues hay mayor vulnerabilidad para generar adicciones. De hecho, la adquisición del hábito de fumar a diario se sitúa a los 15 años de edad, lo que supone apenas un año tras el inicio del consumo.

El tabaco no solo afecta a los jóvenes que lo consumen, sino que también a aquellos niños y adolescentes expuestos a su humo. De hecho, casi la mitad de los niños respiran de forma habitual aire contaminado por humo de tabaco en los lugares públicos, según la OMS. Esto conduce a que 65 000 niños fallezcan cada año por enfermedades causadas por este humo.

La mayoría de los fármacos empleados para tratar la COVID-19 no son ototóxicos

La mayoría de los fármacos empleados para tratar la COVID-19 no son ototóxicos

La mayoría de los medicamentos empleados en el tratamiento de la infección del virus SARS-CoV2, causante de la COVID-19, no son ototóxicos, tal y como indica un informe de la Comisión de Otología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Los medicamentos ototóxicos son aquellos que pueden causar daños en el oído. Por lo general, estos suelen aparecer por la administración de dosis elevadas de los mismos, durante periodos de tiempo prolongados. Estos fármacos se emplean en el tratamiento de infecciones graves o enfermedades del corazón y cáncer.

Hasta el momento, en los antivirales utilizados no se ha descrito ototoxicidad in vivo a excepción de lopinavir y ritonavir, de forma transitoria. Por su parte, tanto la azitromicina como la hidroxicloroquina pueden ser ototóxicas. El paracetamol, la metilprednisolona, el metamizol, el remdesivir, el ribavirin, la heparina y el tocilizumad, utilizados también para tratar la COVID-19 no son ototóxicos.

Fármacos habitualmente empleados en el tratamiento de la infección por SARS-CoV2

NO OTOTÓXICOS

PRECAUCIÓN

OTOTÓXICOS

Metilprednisolona

Paracetamol

Metamizol

Remdesivir

Ribavirin

Heparina

Tocilizumab

Paracetamol+Opiode

Lopinavir/Ritonavir

Hidroxicloroquina

Azitromicina

Azitromicina: se trata de un antibiótico de amplio espectro utilizado para tratar infecciones bacterianas como bronquitis, neumonía, otitis media o infecciones de la piel, entre otras. Durante la pandemia actual de COVID-19 se está utilizando en algunos pacientes en combinación con la hidroxicloroquina.

Pertenece al grupo de los macrólidos, los cuáles, en general, pueden producir ototoxicidad por afectación de la cóclea (el nervio auditivo y complejo olivar superior). Además, se piensa que factores como la edad, el deterioro cognitivo previo o alteraciones sistémicas concomitantes como la insuficiencia renal crónica, pueden incrementar la susceptibilidad del oído interno a la penetración de este fármaco. Este efecto es dosis y tiempo dependiente, lo que quiere decir que depende de cuánto y durante cuando se tome, aunque puede aparecer incluso tras tres días de tratamiento. En la mayoría de los casos, la pérdida de audición que produce es transitoria y esta suele recuperarse hasta alcanzar los niveles normales tras finalizar el tratamiento.

Hidroxicloroquina: se trata de un medicamento, con una estructura molecular similar a la quinina, que se utiliza para tratar la malaria, así como para reducir la inflamación en pacientes con artritis reumatoide y lupus. Como se ha señalado antes se está utilizando, por separado o en combinación con la azitromicina, para tratar la infección causada por el virus SARS-CoV2.

A partir del uso de hidroxicloroquina, se han descrito casos de hipoacusia, unilateral y bilateral, tanto reversible como irreversible, sobre todo tras tratamientos prolongados. La cloroquina ejerce unos mecanismos de ototoxicidad que incluyen daño de las células ciliadas, las neuronas, las células de soporte y atrofia de la estría vascular, ubicada en la parte externa del conducto coclear.

Tal y como destaca la Comisión de Otología de la SEORL-CCC en su informe, en el contexto actual de pandemia no es conveniente plantear una exploración audiométrica. Además, según los datos que se manejan, parece poco probable que un paciente presente hipoacusia con el tratamiento que se está administrando (200-400 mg/12h durante 5-10 días). Si esto ocurriera, se recomienda interrumpir el tratamiento y valorar la administración de corticoides. En cualquier caso, parece que la relación riesgo beneficio apoya la administración de hidroxicloroquina en la situación actual, incluso si el paciente tiene hipoacusia previa.

En cuanto al uso del paracetamol en altas dosis, no se ha descrito ototoxicidad en humanos con la utilización del paracetamol de manera aislada pero sí en combinación con opioides. Se piensa que estos fármacos podrían potenciar la toxicidad coclear de paracetamol, ya que estos no han demostrado ototoxicidad como única terapia.

Recomendaciones para los pacientes en las consultas de ORL durante la fase de control de la pandemia de COVID-19

Recomendaciones para los pacientes en las consultas de ORL durante la fase de control de la pandemia de COVID-19

Ante la proximidad de la fase de control de la pandemia, la SEORL-CCC ha elaborado unas recomendaciones para retomar la actividad asistencial en las consultas de otorrinolaringología, dirigida tanto a los otorrinolaringólogos y cirujanos de cabeza y cuello, como a pacientes. Para la elaboración de estas medidas intermedias se han tenido en cuenta los estudios realizados hasta el momento y algunos datos disponibles:

  • Vías de transmisión del virus: las principales vías de transmisión del virus SARS-CoV-2 causante de la COVID-19 son el contacto directo desde las manos o fómites (objetos o prendas) contaminados hacia las mucosas y las gotas de Flügge y las micropartículas que se expulsan de forma inadvertida por la boca y nariz al toser, estornudar, o incluso hablar en voz baja o espirar.
  • Riesgo de contagio de los profesionales sanitarios: los sanitarios representan hasta el 20% de la población general contagiada. Entre ellos destaca el especial riesgo de infección de los otorrinolaringólogos y cirujanos de cabeza y cuello, debido a la cercanía de la vía aérea superior durante su actividad diaria. El 100 % de las exploraciones se efectúan con una separación menor a los 30 cm entre el médico y la vía aérea del paciente.
  • Pacientes asintomáticos: hay pacientes, seguramente la mayoría, que nunca han tenido ningún síntoma y que pueden ser, todavía a día de hoy, potencialmente contagiosos, por lo que no hay aún confirmación de cuántas personas han desarrollado anticuerpos contra el SARS-CoV-2.

 

Medidas para pacientes para la reapertura de consultas ORL

  • Información visual: se procurará incluir las normas de higiene de manos e higiene respiratoria ofrecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en lugares estratégicos mediante carteles o folletos.
  • Uso de mascarilla sin válvula: se recomienda su uso para todos los pacientes y acompañantes, pues pueden ser portadores asintomáticos.
  • Uso de objetos personales: se recomienda evitar el uso de relojes, pulseras, y demás complementos que puedan suponer un foco para el reservorio de virus. También es recomendable acudir a la consulta con el pelo recogido.
  • Higiene y limpieza: se recomienda hacer uso de los dispensadores de solución hidroalcohólica antes y después de la estancia en el centro sanitario. El personal sanitario se ocupará expresamente de supervisar el lavado de manos del paciente dentro de la consulta. Además, deberá extremarse el cuidado con los residuos y hacer uso de los contenedores con pedal para su eliminación.
  • Mantener la distancia de seguridad: será importante mantener la distancia mínima de seguridad de al menos 2 m con las personas más cercanas, sobre todo en pasillos y salas de espera.
  • Acompañamiento: se recomienda que el paciente acuda solo al centro sanitario. En caso de requerir acompañante, solo se permitirá que sea uno y deberá permanecer en la sala de espera, salvo cuando no sea posible. Esto es para menores de edad, pacientes hipoacúsicos o personas dependientes.
  • Cribado: mediante contacto telefónico o antes de que el paciente entre en consulta (siempre manteniendo la distancia de seguridad), se le realizarán una serie de preguntas relacionadas con los síntomas asociados a la COVID-19, sobre todo a aquellas personas que han ido a trabajar o que viven en una residencia de mayores.
  • Ajuste de número de citas y horarios: con el fin de evitar la acumulación de pacientes en salas de espera y consultas, en función del centro sanitario, podría ser necesario readaptar el sistema de citas, reduciendo el número de citaciones simultáneas en consultas ORL e incluso ampliar el horario de atención o facilitar la teleconsulta.
  • Respeto al personal sanitario: será necesario que los pacientes cumplan de forma estricta con las recomendaciones establecidas por el centro sanitario, así como con las instrucciones aportadas por el personal facultativo, sobre todo durante las exploraciones y pruebas diagnósticas.

Actualización permanente: las recomendaciones elaboradas por la SEORL-CCC están sujetas a cambios propios del escenario asistencial, a la disponibilidad de recursos materiales y humanos y a la evidencia científica disponible. Además, serán adaptadas según las directrices aportadas por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social (MSCBS).

Para más información: ESTRATEGIAS PARA EL MANEJO DEL PACIENTE ORL DURANTE LA FASE DE CONTROL DE LA PANDEMIA POR EL COVID19

¿Qué pruebas se realizan para diagnosticar la enfermedad de COVID-19?

¿Qué pruebas se realizan para diagnosticar la enfermedad de COVID-19?

El diagnóstico de la enfermedad COVID-19, provocada por el virus de SARS-CoV-2, es realizado en pacientes que sufren síntomas asociados a la misma (tos, disnea y fiebre, principalmente), mediante la prueba PCR o test rápidos. A continuación, se detalla en qué consisten cada una de ellas.

Pruebas PCR

La PCR que significa (por sus siglas en inglés) ‘Reacción en Cadena de Polimerasa’, es la prueba de referencia y permite detectar el ARN del virus. La prueba será positiva cuando en el análisis se detecte material genético del virus. Si la prueba es negativa pero existe una alta sospecha, será necesario realizar otra prueba que permita detectar la presencia o no del virus. La muestra del paciente se extrae mediante la toma de un exudado nasofaríngeo y los resultados se obtienen al cabo de unas horas.

Es una prueba, con alta especificidad y sensibilidad, que facilita el diagnóstico precoz de la enfermedad ya que permite detectar el virus en las primeras fases de la infección respiratoria.

Test rápidos para la detección de anticuerpos (Ac)

Estos test son más rápidos que el PCR y consisten en detectar los Ac producidos frente al virus, mediante una muestra sanguínea obtenida de la yema del dedo. También pueden detectar las proteínas del virus a través de las muestras respiratorias de los exudados nasofaríngeos. Además de permitir obtener los resultados en 10-15 minutos, son menos sencillas y pueden realizarse fuera del ámbito hospitalario, lo que permite hacerla en el domicilio de un paciente con alta sospecha de COVID-19.

Con el uso de estos test más sencillos se puede reducir la necesidad de pruebas PCR y usar éstas solo para confirmar los casos con Ac positivos y en aquellos pacientes con alta sospecha, que hayan dado negativo en el test de Ac.

Estos test son menos sensibles y específicos que la PCR y permiten conocer si el paciente está pasando la enfermedad (IgM positiva), no la está pasando (IgM e IgG negativas) o ya la ha pasado (IgG positiva).

Los síntomas de la enfermedad pueden a los 5-6 días del contagio, pero la prueba tiene un periodo de ventana de 3 a 7 días desde el contagio (período durante el cual existe un marcador relacionado con la enfermedad, pero aún no se puede detectar). Esto significa que el test puede dar negativo (IgM negativa) estando infectado, incluso con síntomas, si se realiza en ese periodo ventana. El test se va haciendo positivo progresivamente a lo largo de los días y a partir del 7º día del contagio es positivo en el 50%, a partir del 10º día en el 70% y en el 100% a partir de los 14 días. Por tanto, para la detección de la enfermedad, se recomienda su realización a los 5 días del comienzo de los síntomas (lo que corresponde a 10 días desde el contagio).  Si el Test es negativo debe repetirse a los 5 días si el paciente continúa con síntomas.

En la siguiente Tabla se observan las posibles situaciones que se pueden dar:

Resultado Significado clínico
PCR IgM IgG
Negativo
+ Periodo ventana
+ + Estadio precoz de la infección
+ + + Fase activa de la infección
+ + Fase final de la infección
+ Estadio precoz con falso negativo: PCR de confirmación
+ Infección curada y pasada
+ + Enfermedad en evolución: PCR de confirmación de curación

En la actualidad está establecida la realización de test rápidos de Ac en el ámbito hospitalario en pacientes con una alta sospecha, sin PCR o con PCR negativa y varios días de evolución desde la aparición de síntomas. Además, en el ámbito extrahospitalario se realizarían en personal de riesgo: residencias de ancianos, sanitarios, instituciones penitenciarias.

La mayoría de pacientes con COVID-19 presentan alteraciones de gusto y olfato

La mayoría de pacientes con COVID-19 presentan alteraciones de gusto y olfato

La mayoría de pacientes diagnosticados con COVID-19 con sintomatología leve-moderada presentan alteraciones de olfato y gusto, según ha podido comprobarse en el primer estudio realizado hasta el momento en cuatro países europeos. El estudio ha sido realizado con 417 pacientes de España, Francia, Bélgica e Italia en el que se observó, a diferencia de lo que ocurrió en China, que los síntomas relacionados con el olfato y el gusto eran manifestaciones frecuentes en los pacientes europeos. Los datos se han podido obtener a partir de un cuestionario anónimo realizado a personas diagnosticadas con COVID-19, con el que los investigadores pretenden seguir haciendo un seguimiento para comprobar el tiempo y el grado de recuperación de estos pacientes.

El trabajo, realizado por el grupo de Jóvenes Investigadores de la Federación Internacional de Sociedades de Otorrinolaringología (YO-IFOS), con el apoyo de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) y de otras sociedades europeas, ha sido publicado en la revista European Archives of Oto-Rhino-Laryngology. En concreto se ha observado que cerca del 80% de ellos refiere una pérdida total del olfato y el 88% tiene dificultades para identificar sabores como el dulce, salado o amargo. También ha comprobado que el 79% no presenta síntomas nasales, como obstrucción o rinorrea, síntomas que de forma común suelen ir asociados a la pérdida de gusto y olfato, como lo que sucede en el resfriado común. Por otro lado, concluye también que existe una mayor susceptibilidad de las mujeres a desarrollar estas disfunciones. Por este motivo, los investigadores consideran que estas disfunciones deben ser reconocidas por la comunidad científica internacional como síntomas importantes de la infección por COVID-19.

La enfermedad por COVID-19 apareció en diciembre en Wuhan (China) por primera vez asociada al síndrome respiratorio agudo severo conocido como SARS-CoV-2. Los síntomas más frecuentes, según los primeros estudios clínicos realizados en Asia, comprenden fiebre, tos, disnea, producción de esputo, mialgia, artralgia, dolor de cabeza, diarrea, rinorrea y dolor de garganta. Sin embargo, debido a su alta tasa de transmisión de persona a persona, el virus llegó rápidamente a Europa poniendo de manifiesto una nueva manifestación atípica de la enfermedad: pacientes con disfunciones olfativas y gustativas. Lo cierto es que la asociación de estas alteraciones con las infecciones virales no es nueva en el área de otorrinolaringología, ya que los virus pueden provocar una inflamación de la mucosa de la nariz y rinorrea, lo que ocurre con el rinovirus, el virus de Epstein-Barr, parainfluenza y algunos coronavirus. Sin embargo, en el caso de la enfermedad por COVID-19 parece algo particular, ya que no está asociada a rinorrea o inflamación de la mucosa nasal.

¿Qué son la anosmia y la disgeusia?

La anosmia se define como la anulación de la olfacción debida a cualquier proceso que impida que las moléculas olorosas lleguen al epitelio olfativo. Por lo general, cualquier proceso que produzca una obstrucción de las fosas nasales, siendo la causa más común el resfriado. En algunos casos, sobre todo con enfermedades infecciosas e inflamatorias, el epitelio olfativo puede dañarse convirtiéndose así la anosmia en mixta, con un componente obstructivo (la inflamación de la mucosa) y otro perceptivo (lesión del epitelio receptor). Por su parte, la disgeusia se define como la alteración en la percepción del gusto y la dificultad para identificar los distintos sabores (salado, agrio, dulce y amargo). El sentido del gusto está muy asociado al del olfato, y la pérdida o alteración de ambos puede suponer impactar en la calidad de vida de las personas puesto que ven disminuidas sus ganas de comer.

De momento, los datos recopilados no permiten confirmar con exactitud el origen fisiológico de las alteraciones del olfato y el gusto en pacientes con COVID-19.

Recomendaciones de la SEORL-CCC

La SEORL-CCC ya ha recomendado la inclusión de las alteraciones del gusto y el olfato entre los síntomas de sospecha de infección por COVID-19. De hecho, puede ser uno de los signos para la detección temprana de la enfermedad, pues en el 12% de los pacientes la pérdida total del olfato es el primer síntoma. Por lo tanto, es aconsejable que, teniendo en cuenta estos datos preliminares, si se presentan síntomas relacionados con el gusto y el olfato, estas personas extremen las precauciones de higiene y distancia de seguridad con respecto a los que les rodean, y presten atención a los posibles síntomas adyacentes que puedan aparecer y que sean sugestivos de COVID-19, como la fiebre, la tos o la disnea.

Así mismo, desde la SEORL-CCC se pide colaboración para seguir recopilando datos, ya que los resultados obtenidos hasta el momento no permiten conocer completamente el significado de este síntoma en la enfermedad o el porcentaje de pacientes que lograran recuperarse. Para ello seguirán haciendo el cuestionario mencionado.