Más de 2,5 millones de españoles sufren disfagia orofaríngea (DO), un trastorno de la deglución que causa un elevado riesgo de malnutrición y atragantamiento, y el 90% no están diagnosticados ni reciben tratamiento o alimentación adecuada, según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

La disfagia consiste en la alteración en el transporte del alimento desde los labios hasta el esófago. Puede ser por alteración de la eficacia (el bolo no se transporta de una manera eficaz y por lo tanto no nos nutrimos correctamente) o por alteración de la seguridad (el bolo puede ir a vía respiratoria y producir complicaciones graves como las neumonías aspirativas).

Pese a ser más prevalente que otras condiciones relacionadas con la alimentación (más del doble que la celiaquía), solo la tienen diagnosticada 1 de cada 10 pacientes. El resto, más de 2 millones de personas, no reciben ni tratamiento ni alimentos adaptados. Por ello, desde la SEORL-CCC se reclama más concienciación para detectar esta enfermedad y menús adaptados a esta condición. “Casi un tercio de la población de la Tercera Edad padece disfagia orofaríngea, una patología en aumento debido al envejecimiento de la población ya que, entre otras cosas, se produce por una pérdida de masa muscular, y eso ocurre a partir de los 65 años”, indica la doctora Magdalena Pérez Ortín, vocal de la comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución de la SEORL-CCC.

Secuela de enfermedades neurológicas

Los motivos que producen la DO son múltiples. Puede aparecer por enfermedades, cirugías de cabeza y cuello, cirugías que produzcan una alteración estructural, orgánica que vaya a hacer que se produzca un problema puramente mecánico en el paso del alimento. También las enfermedades neurológicas: ictus, párkinson, esclerosis múltiple, las demencias, pueden producir disfagia por una alteración de la coordinación. Afecta entre el 22 y el 65% de los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular; mientras que el 30% de las personas con párkinson tienen clínica de disfagia orofaríngea.

Otra de las causas, que además es una de las que más ocurre por inadvertida, es la pérdida de masa muscular. “Sucede sobre todo en pacientes que han estado hospitalizados durante mucho tiempo y que han necesitado ingresos en UCI prolongados, por ejemplo, en la época del Covid-19. Pacientes que tienen que estar más de 5 días sin alimentarse por boca pueden tener una disfagia orofaríngea, simplemente por la atrofia muscular, por el desuso y la debilidad que produce el reposo absoluto de todo este sistema de coordinación deglutoria”, apunta el doctor Cabrera, vocal de la comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución de la SEORL-CCC.

Entre las múltiples consecuencias de la disfagia está el aumento de la mortalidad. Si el alimento no se transporta correctamente desde la boca al esófago, el paciente sufre desnutrición y deshidratación. Por lo que empeora el estado físico y, en consecuencia, la disfagia. Esto favorece la aparición de neumonías y de problemas de seguridad. Las aspiraciones orofaríngeas ocasionan neumonías en el 50% de los eventos aspirativos. La neumonía aspirativa es la principal causa de muerte en pacientes neurológicos y es la tercera causa de muerte en mayores de 85 años.

Pacientes pediátricos 

Este trastorno de la deglución no solo afecta a personas de mayor edad. Determinados síndromes y patologías que afectan en la edad pediátrica y neonatal conllevan una serie de alteraciones fisiológicas y/o anatómicas que pueden generar disfagia, La incidencia infantil se ha incrementado debido a la mejora de las tasas de supervivencia de niños con afecciones complejas. Así, se estima una prevalencia del 30-80% de disfagia en niños con trastornos del desarrollo, y del 19,2-99,0% en niños con parálisis cerebral.

Desde la SEORL-CCC se indica que el abordaje de la disfagia debe ser multidisciplinar. “Debe abarcar todo lo que es la nutrición y bienestar del paciente, así como la rehabilitación y si hace falta el tratamiento quirúrgico. El tratamiento y la mejoría en estos pacientes depende del origen de la lesión. Dentro de lo más habitual hay modificaciones en la dieta, en las texturas, rehabilitaciones logopédicas, abordajes nutricionales y en casos concretos hay tratamientos quirúrgicos”, explica la doctora Isabel Garcia López, secretaria general de la sociedad.

Adaptación de texturas

La persona con disfagia no se siente segura ya que tiene miedo a atragantarse y eso hace que disminuya su ingesta de alimentos y bebidas. Esa situación afecta de manera negativa al estado de salud de la persona y empeora el curso de la enfermedad. La adaptación de texturas en alimentos y bebidas es de vital importancia para la persona con disfagia, ya que ayuda a garantizar una deglución segura y eficaz.

En nuestro país, las principales guías dietéticas que deben seguirse ante un paciente con disfagia son la guía de la “American Dietetic Association & Psysical Medicine and Rehabilitation”, “The National Dysphagia Diet: Standarization for Optimal Care (NDD)” y la guía de la “British Dietetic Association & Royal College of Speech, Language Therapists”, “National descriptors for texture modifications in adults” (BDA).

Las consistencias de los líquidos (según la NDD y BDA) se dividen en cuatro grupos en referencia a su viscosidad, siendo de más viscosa a menos viscosas: pudin, miel, néctar y agua o líquido fino. Lamentablemente, son escasos los fluidos que de forma natural resultan lo suficientemente viscosos como para evitar las aspiraciones; por esta razón, frecuentemente es necesario el uso de agentes espesantes o fluidos espesados de forma comercial.

  • Líquido fino: agua, sin modificación de viscosidad.
  • Néctar (nivel 1): puede beberse con una pajita o de un vaso. Al decantar el líquido espesado cae formando un hilo. Al resbalar el líquido espesado, éste cae formando un hilo fino.
  • Miel (nivel 2): no puede beberse con una pajita, pero sí de un vaso. Al resbalar deja un residuo grueso. Corresponde a la textura poco espesa. Al cogerlo con una cuchara no mantiene su forma.
  • Pudin (nivel 3): se debe ingerir con una cuchara. No puede beberse en pajita o de un vaso. Corresponde a una textura extremadamente espesa o puré. Al decantar el líquido espesado éste cae en bloques.

La adaptación de la textura de los alimentos sólidos facilita la formación del bolo alimenticio en la boca y por tanto facilita que los alimentos puedan tragarse de una sola vez. Estas modificaciones deben asegurar una correcta ingesta energética y de nutrientes, mantener un adecuado estado nutricional, evitar la aspiración de los alimentos y reducir el riesgo de neumonía por aspiración

Los alimentos sólidos se dividen en diferentes grupos que hacen referencia a su facilidad para ser masticadas.

  • Dieta normal/fácil de masticar: cualquier tipo de alimento y textura. Son alimentos y preparaciones cotidianas, con texturas suaves y tiernas. Requiere habilidad para morder y masticar.
  • Suave y tamaño bocado: es suave y del tamaño de un bocado, tierno y húmedo en todo momento, sin que el líquido de la preparación gotee. Se requiere habilidad para masticar.
  • Picada y húmeda: esta consistencia mantiene su forma en una cuchara. Las preparaciones deben ser pequeños bultos húmedos, por lo que se necesita una capacidad mínima de masticación.
  • Puré: las preparaciones de consistencia puré mantienen su forma en una cuchara y se cae fácilmente si la cuchara se inclina. No se mastica, es suave y sin grumos.
  • Licuada: los alimentos licuados tienen como característica que se puede comer con una cuchara o beber de una taza. No se puede comer con un tenedor porque gotea lentamente.