La disfonía espasmódica (DE) se produce por una alteración neurológica a nivel central del procesamiento motor y sensorial laríngeo, caracterizado por la aparición de espasmos musculares laríngeos involuntarios inducidos por la fonación, pero no durante expresiones emocionales como el grito, el llanto o la risa. Afecta sobre todo a mujeres, contando con un 60-85% del total de afectados. En el 65% de los casos hay infecciones previas como sarampión o paperas y un 26% se presentan junto a temblor esencial.

Se caracteriza por una serie de alteraciones en las funciones de las cuerdas vocales que producen espasmos en las mismas. Como consecuencia, estas personas producen una voz quebrada, áspera, temblorosa, ronca, tensa o entrecortada. Cuando el paciente empieza a notar los primeros síntomas, suelen ser leves y aparecen de forma esporádica. Sin embargo, con el tiempo pueden empeorar y hacerse más frecuentes, sobre todo si la persona tiene más situaciones de estrés, está más cansada o tensa.

Los espasmos que se producen se clasifican en aductores, abductores o mixtos, dependiendo de los músculos laríngeos implicados. La disfonía espasmódica en aducción es la que afecta principalmente a los músculos tiroaritenoideos, siendo esta la forma de presentación más frecuente, hasta el 90% de los casos aproximadamente. Se denomina en abducción cuando los espasmos se producen en el músculo cricoaritenoideo posterior.

Diagnóstico 

El diagnóstico de la disfonía espasmódica es considerado difícil por los expertos, y deberá intervenir, además del otorrinolaringólogo como especialista de evaluar el estado de las cuerdas vocales, el neurólogo para detectar posibles problemas neurológicos. El diagnóstico recoge desde los antecedentes personales, la historia actual del paciente y la exploración.

Los métodos diagnósticos se pueden dividir en examen de la voz y examen de la laringe. El examen de la voz es esencial y se divide en perceptual, aerodinámico y acústico de la voz.

En el examen perceptual se hace una valoración subjetiva de la voz del paciente, prestando atención a los típicos signos fonatorios. En la DE aductora se encuentra estrangulamiento de la voz, enganches (interrupciones bruscas durante el discurso), temblor y tensión vocal. En la DE abductora es típico un discurso ligeramente hipofónico, con espasmos abductores, apareciendo golpes de voz aérea en las consonantes no vocálicas. El temblor vocal junto con la DE se encuentra en un 26% de los casos. En las situaciones de una DE mixta, los síntomas abductores y aductores pueden solaparse, lo que dificulta el diagnóstico.

En cuanto al examen de la laringe se puede realizar mediante una exploración directa, como la conseguida en una endoscopia laríngea, en una videoestroboscopia o en una endoscopia de alta velocidad.

La endoscopia laríngea: permite observar los espasmos laríngeos en aducción o abducción. Se le pide al paciente que repita una serie de palabras que puedan provocar el enganche o ruptura del discurso normal del habla y que grite o diga una frase utilizando la voz de falsete, con la consecuente desaparición de estos enganches.

La videoestroboscopia: estudia el ciclo vocal de la onda mucosa. En la DE, a causa de la irregularidad del ciclo, puede aparecer una estroboscopia de baja calidad o interrumpida, debido a las rupturas del ciclo vocal que se producen, así como por los enganches. Esto mismo hará que la estroboscopia sea imposible de realizar en algunos casos severos de DE. Por este motivo, la videoestroboscopia no es la mejor herramienta para el diagnóstico de la DE, pero sí para descartar otras patologías de la vibración, como sulcus o quistes intracordales.

Por otro lado, el examen de la laringe se puede realizar por exploración indirecta a través de la electromiografía laríngea (EMGL) con electrodos de aguja para estudiar el comportamiento electromiográfico de los músculos implicados en la DE.

Tratamiento 

La disfonía espasmódica no tiene un tratamiento curativo y las terapias deberán ir encaminadas a tratar de mejorar la producción de la voz y el habla.

El tratamiento que ha demostrado mejores resultados hasta el momento es la inyección de toxina botulínica en las cuerdas vocales. El empleo de esta técnica ha resultado ser más eficaz que el tratamiento farmacológico, aunque algunos pacientes afirman sentir mejoría con determinados medicamentos como benzodiacepinas, posiblemente porque contribuyen a reducir el estrés.

La inyección de toxina botulínica es un procedimiento que se realiza en consulta y en el que interviene un equipo formado por un otorrinolaringólogo y un neurofisiólogo. La toxina botulínica mejora la calidad de la voz, la fluencia de la misma, la capacidad de comunicación y, por lo tanto, la calidad de vida.

Debido al efecto limitado en el tiempo este tratamiento suele repetirse cuando los síntomas vuelven a ser limitantes. En cualquier caso, el tratamiento debe incluir la rehabilitación de la voz para optimizar el resultado.