Las glándulas parótidas, situadas a ambos lados del al cara, delante de las orejas, junto con las glándulas submaxilares y las sublinguales, componen las glándulas salivares mayores. Su función principal es la de producir secreciones serosas, a diferencia de las submandibulares y sublinguales, que excretan una secreción mixta seromucosa y mucosa, respectivamente.

Afecciones más habituales de la glándula parótida

Entre las enfermedades más típicas que afectan a la glándula parótida encontramos las siguientes:

Parotiditis o paperas: Se trata de una infección vírica que cada vez se da menos, dado que, hoy en día, la vacuna triple vírica anula al virus responsable. Este proceso inflamatorio, que aparece generalmente en la edad infantil, consiste en una inflamación dolorosa de ambas glándulas y de los tejidos adyacentes.

Infecciones bacterianas: la parotiditis bacteriana pueden ser causadas por una mala higiene bucal, aunque la obstrucción de los conductos salivares suele ser la causa principal. Suene ser una infección unilateral y aparece en la edad adulta y, sobre todo, en ancianos, en los que las secreciones son más espesas y más proclives a formar cálculos que obstruyen los conductos.

Tumores: Pueden ser tanto benignos como malignos, aunque la mayoría de los tumores de la parótida son benignos.

Entre los síntomas más comunes que presentan las enfermedades citadas anteriormente, destaca una notable tumefacción en la región preauricular. También es frecuente sentir dolor en los oídos, tanto de forma constante como al masticar. Otros síntomas que se pueden presentar son la sequedad y el mal sabor de boca, la fiebre, la dificultad para tragar, la pérdida de apetito, el dolor facial y hasta dificultad para abrir la boca.

Tumores de la glándula parótida

Según los datos de la Sociedades Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) el 80% de los cánceres que se producen en las glándulas salivas se originan en la glándula parótida, y un 15% en la submaxilar. Además, la mayoría de estos tumores, el 80%, son benignos.

En la parótida los tumores pueden tener múltiples orígenes por lo que la histología de estos es muy variada y compleja. Dentro de los tumores benignos, el adenoma pleomorfo y el tumor de Warthin son los más frecuentes. Entre los tumores malignos el carcinoma mucoepidermoide y el adenoide-quísticos suponen más del 50% de los mismos

Los tumores en las parótidas suelen causar una tumoración en la región preauricular más o menos extensa que normalmente no es dolorosa. Cuando el tumor proegresa puede aparecer entumecimiento o parestesias faciales, dolor, parálisis facial,  o trismus, entre otros.

En ocasiones, este tipo de tumores se confunden con lesiones de la piel, con quistes dérmicos, ganglios o lesiones subcutáneas. Para el diagnóstico, el otorrinolaringólogo realizará una palpación completa de las glándulas salivales, realizando a continuación una punción-aspiración (la llamada PAAF), totalmente indolora, y que servirá para extraer y analizar algunas células.Todo ello se completará con un estudio radiológico (TAC, Resonancia Magnética), y si es preciso, una biopsia.

El adenoma pleomorfo es el tumor más frecuente, constituyendo aproximadamente el 65% de todas las neoplasias salivares. El 85% se localizan en la glándula parótida. Son más frecuentes en mujeres, y la edad media de aparición es de 40 años. Presenta un lento crecimiento y la mayoría de las veces es asintomático. En los tumores benignos, como en el adenoma pleomorfo, el tratamiento será siempre la extirpación del tumor. En el caso de los tumores malignos, además de una cirugía radical para extirpar el tumor, en algunas ocasiones se precisa de tratamientos adicionales, como radioterapia y quimioterapia.

Para la exéresis de la glándula parótida, se debe tener especial cuidado para evitar daños a las estructuras cercanas, como el nervio facial que atraviesa la glándula parótida. El nervio facial controla el movimiento facial, por lo que elongar o cauterizar una vaso cerca del nervio puede causar una parálisis parcial o completa de la cara que puede ser temporal o permanente. Si se debe cortar el nervio facial para extirpar todo el tumor, los cirujanos pueden repararlo usando nervios de otras áreas del cuerpo o injertos de nervios procesados de donantes.

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