La deglución de los alimentos tiene como función el transporte del bolo alimentario por el tracto digestivo. El término disfagia se utiliza como dificultad para la deglución. La deglución en el niño presenta unas características evolutivas propias como consecuencia del crecimiento y del desarrollo de las estructuras que componen el aparato de deglución. La deglución es un proceso muy complejo que se divide en tres fases: oral (adquisición del alimento y de succión o masticación), faríngea y esofágica.

Las causas de los trastornos de deglución infantil van a depender de la edad de aparición de esta. Por ello, en los niños pretérmino las causas neurológicas o de malformaciones craneofaciales son las más frecuentes, mientras que un alto porcentaje de disfagia en los niños entre los 8-18 años son secundarias a problemas en la vía digestiva.

¿Cuáles son los signos y síntomas de la disfagia pediátrica?

Aunque los síntomas de la disfagia varían según el niño; en general, el síntoma principal es la incapacidad del niño para tragar correctamente mientras come o bebe. Entre los demás síntomas que pueden manifestarse, se incluyen los siguientes:

Síntomas en los lactantes y niños pequeños (de 1 a 3 años)

  • Espalda arqueada
  • Tos
  • Ahogamiento
  • Dificultad para respirar al comer
  • Llanto excesivo
  • Vómitos
  • Pérdida de peso o ausencia de aumento de peso

Síntomas en los niños de 3 años de edad en adelante 

  • Tos
  • Ahogamiento
  • Dificultad para respirar al comer
  • Babeo
  • Comer lentamente
  • Sensación de que hay comida atascada en la garganta
  • Pérdida de peso o ausencia de aumento de peso
  • La voz suena diferente

Diagnóstico

Estos pacientes necesitan un abordaje multidisciplinar con el objetivo de evaluar, diagnosticar y proporcionar la mejor atención posible al niño. El pediatra, digestólogo infantil u otorrinolaringólogo infantil juega un papel muy destacado, ya que se encargará de manejar y guiar al equipo, así como de implementar las distintas visiones y objetivos del resto de especialistas participantes.

El primer paso en la evaluación del niño con disfagia debe ser una historia clínica dirigida exhaustiva, seguida de una evaluación de la anatomía y función de la cavidad oral, así como del comportamiento general e interacciones con el cuidador antes, durante y después de alimentarse.

La historia clínica debe incluir antecedentes médicos de la madre antes y durante el embarazo (diabetes, hipo o hipertiroidismo, hiperbilirrubinemia, abuso de sustancias tóxicas, etc.), información relacionada con el parto y antecedentes de problemas de deglución en otros miembros de la familia.

Se evaluará si el niño está recibiendo alimentación, y en ese caso si ya lo hace por sí mismo o con ayuda, qué alimentos y líquidos puede manejar sin problemas y cuáles no tolera, así como los instrumentos que utiliza para alimentarse y la postura que adopta cuando se alimenta.

Tras una completa historia clínica se debe proceder a una exploración que se centra en dos aspectos: el examen de la motilidad oral (anatomía, tono, coordinación y función de los labios, lengua, paladar y mandíbula) y la evaluación de los reflejos de la deglución. Además, es importante que el equipo interdisciplinar vea cómo come el niño.

Ninguna de las evaluaciones descritas hasta ahora ofrece información directa y objetiva sobre la seguridad de la deglución, por lo que con frecuencia es necesario realizar una evaluación instrumental de la deglución para verificar las impresiones obtenidas con la evaluación clínica. Sin embargo, el objetivo de la exploración instrumental debe ser obtener nueva información de la anatomía y la fisiología de la deglución en el niño que contribuya al diagnóstico y al plan de tratamiento.

Tratamiento 

El tratamiento debe ser individualizado y requiere de un adecuado manejo especializado para evitar problemas respiratorios, nutricionales y del desarrollo. La clave de todo está en detectar la causa subyacente del problema y el objetivo debe ser conseguir una deglución eficaz y segura. El equipo encargado del tratamiento incluirá pediatras, otorrinolaringólogos, gastroenterólogos infantiles, neurólogos, logopedas y nutricionistas.

En el tratamiento de los niños con disfagia es fundamental proporcionar un entorno cómodo, adecuado y sin distracciones para facilitar la alimentación. Así mismo, requiere de una práctica y esfuerzo diarios por parte del paciente y de su cuidador. Una parte del tratamiento incluye la realización de maniobras o ejercicios específicos para cambiar la fisiología de la deglución y mejorar la protección de las vías respiratorias durante la misma. Requiere que el niño tenga capacidad para comprender instrucciones por lo que tienen una eficacia limitada en ellos.

Por otro lado, se incluirán cambios posturales, terapia oral sensoriomotora, estimulación oral no nutritiva o modificación del bolo alimenticio utilizando diferentes texturas de alimentos y viscosidades de fluidos.