Los otorrinolaringólogos alertan que la pérdida auditiva es cada vez más prematura. Se están detectando casos graves en personas de entre 40 o 50 años, cuando lo habitual era que apareciesen a los 70 u 80.

De hecho, la OMS prevé que para el 2050, unos 2.500 millones de personas en el mundo, es decir, una de cada cuatro tendrá algún grado de pérdida auditiva.

Aunque las cifras en aumento se deben principalmente a los cambios demográficos, como el crecimiento mundial de la población en edad avanzada, hay otros factores que influyen en la salud auditiva de una persona a lo largo de su vida. Un agente principal es, precisamente, el ruido excesivo.

En la actualidad los ruidos más dañinos provienen del tráfico, de los transportes en general y también de las nuevas fuentes de ocio: bares conciertos y discotecas.

Años atrás, los ruidos más peligrosos y dañinos provenían fundamentalmente del ambiente laboral. Muchos individuos estaban sometidos a más de 80 decibelios en las industrias durante 8 horas al día y de ahí surgió que la ley regulará esta protección, pero en los últimos años, las fuentes de ruido tienen otro origen y se relacional mucho con los hábitos de vida. El escuchar música con auriculares, junto con la asistencia a conciertos y locales de ocio con música alta, es en la actualidad la principal causa de trastornos provocados por el ruido.

Por lo común, someterse a una intensidad sonora de más de 80 decibelios durante períodos superiores a 40 horas a la semana puede dañar irremediablemente las células sensoriales del oído interno.El problema de los auriculares reside, principalmente, en dos factores: el uso prolongado que se hace de estos en entornos ya de por sí muy ruidosos, como por ejemplo las calles atestadas de gente y coches y la falta de distancia entre el emisor y el canal auditivo.

Por ello, el daño no solo reside en la intensidad, también en el tiempo de exposición. Esto es importante de tal manera que si escuchamos a 3 decibelios por encima de esos 80 tenemos que reducir el tiempo de exposición a la mitad para evitar ese daño.