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Pruebas y maniobras necesarias para el diagnóstico y tratamiento del vértigo paroxístico benigno

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) es un síndrome vestibular episódico secundario a un trastorno causado por la movilización de otoconias que se desprenden de la membrana otolítica del utrículo y se desplazan hacia los conductos semicirculares. Es un trastorno muy frecuente que provoca un nistagmo característico dependiendo del conducto que presenta el acúmulo de otoconias y que produce un síndrome vestibular episódico de breve duración, por lo general, inferior a un minuto. Suele ocurrir al acostarse, cuando el paciente se gira en la cama o al agachar la cabeza. El sujeto percibe un giro de objetos con los cambios de posición, aunque los de avanzada edad describen inestabilidad. Todo ello puede ir acompañado de náuseas o vómitos.

El diagnóstico del VPPB se basa en la detección de los síntomas característicos descritos y en las pruebas exploratorias. Entre ellas se encuentran la prueba de Dix-Hallpike y la prueba de rotación cefálica o de McClure.  Con ellas se puede determinar el canal afecto y la presencia del problema en uno o dos oídos. A continuación se explica de forma breve cada una de ellas:

  • Prueba de Dix-Hallpike: puede realizarse con las gafas de Frenzel o con un videonistagmógrafo para conseguir ver el nistagmo con más facilidad. Consiste en sentar al paciente en la camilla con las piernas sobre ella, girar su cabeza 45º hacia un lado y tumbarle rápidamente sobre la camilla, de manera que quede colgando por debajo de esta. Se esperarán 30 segundos para ver si aparece crisis de vértigo y nistagmo, y se hará la misma maniobra hacia el lado contrario.
  • Prueba de Mc Clure: si en la maniobra anterior aparece nistagmo en los dos lados o bien hay sospecha de afectación del canal horizontal, se realizará esta maniobra que consiste en poner al paciente en posición de decúbito supino, elevar su cabeza 30º, girar hacia un lado y esperar la aparición de nistagmo. Después se girará hacia el otro lado. Será positiva cuando aparezca nistagmo y vértigo con la rotación hacia ambos lados.

 

Tratamiento del vértigo posicional paroxístico benigno

A la hora de tratar el VPPB el tratamiento médico con sedantes vestibulares no resulta útil. Así, la forma más efectiva de tratamiento son las maniobras de reposición. Además, se puede complementar con una serie de ejercicios de habituación en casa. En aquellas personas en las que no resulten efectivos los tratamientos habituales se contemplará la cirugía.

El tratamiento o maniobra terapéutica dependerá del conducto y canal implicados, siendo necesario indicar el conducto sobre el que se aplica un tratamiento. Las maniobras de reposición se basan en exponer el conducto a la gravedad para provocar el desplazamiento de las partículas hacia el utrículo. Hay que tener en cuenta que no todas las maniobras son eficaces para todos los pacientes, pues va a depender de las características del paciente como la movilidad, la edad, el peso, etc. Entre las maniobras utilizadas se encuentran:

  • Maniobra de Epley: es una maniobra de reposición para el canal posterior de carácter canicular, basada en la canalitiasis, es decir, la aparición de nistagmo en la maniobra hacia ambos lados. El objetivo es conseguir la movilización de las otoconias desde el canal semicircular afecto hasta el utrículo. Para ello el paciente está sentado en la camilla, con las piernas sobre ella, y se le gira la cabeza 45º sobre el lado que se sabe ya que tiene enfermo. Después se le tumba en decúbito supino con la cabeza girada y se le rota 90º hacia el lado sano. A continuación se rotará también el cuerpo hacia el mismo lado, manteniendo el giro de la cabeza (hacia el suelo). Se termina sentando al paciente con la cabeza en la misma posición y después enderezándola.
  • Maniobra de Semont: tiene como objetivo conseguir un desplazamiento brusco de las otoconias desde el conducto semicircular posterior hasta el utrículo. El paciente se sienta en la camilla con las piernas colgando y se le gira la cabeza hacia el lado sano para después tumbarle bruscamente hacia el lado lesionado. Después, sin cambiar la posición de la cabeza se realiza un giro brusco de 180º y se vuelve a la posición inicial.
  • Maniobra de Gufoni: es una maniobra para el canal horizontal. En esta el paciente está sentado en el borde de la camilla y se le tumba sobre el lado sano. Una vez que desaparece el nistagmo o tras 60-90 segundos, se gira la cabeza 45 grados hacia el lado sano. Una vez que cesa el nistagmo o pasado el mismo tiempo, se incorpora al paciente.
  • Maniobra de Lempert: el paciente está en decúbito supino, se gira su cabeza 90º hacia el lado sano, y se van haciendo giros de 90º, acompañando el cuerpo al giro de la cabeza de forma progresiva, en distintas fases marcadas por la aparición de nistagmo o por períodos de 60-90 segundos. Se acabará cuando el paciente está sobre el lado afecto, con un giro de 270º y luego se incorpora.
  • Maniobra de Yacovino: se utiliza cuando está afecto el canal superior. Así, se comienza con el paciente sentado en la camilla, se le tumba con la cabeza suspendida fuera de la camilla, se esperan 30 segundos o la aparición de nistagmo y se flexiona la cabeza hacia adelante hasta que la barbilla toque el pecho. Después, tras 30 segundos o aparición de nistagmo se incorpora al paciente.

 

El VPPB se considera resuelto cuando no se observa nistagmo en la prueba de provocación correspondiente.

Más información en: https://seorl.net/wp-content/uploads/2016/05/Gu%C3%ADa-VPPB.pdf

Vértigo posicional paroxístico benigno: causas y síntomas

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se produce por el desplazamiento de unas partículas llamadas otoconias. Estas partículas flotan libremente por los canales semicirculares del oído y son responsables de la rotación y movimientos de la cabeza. Es por eso que, ante determinados movimientos o giros, aparece la sensación de mareo. El VPPB es el vértigo más frecuente y tiene una incidencia de en torno al 2 y 3% de la población, sobre todo en mujeres de entre 40 y 60 años. Es el trastorno más frecuentemente diagnosticado en la consulta de Otoneurología.

Un estudio español reciente realizado con más de 7.800 pacientes y publicado en Acta Otorrinolaringológica Española concluye que la incidencia anual de trastornos de equilibrio en Atención Primaria es del 2,2%. Además, más de la mitad de esos pacientes fueron diagnosticados con algún tipo de vértigo posicional.

El paciente que sufre este tipo de vértigo lo describe como un vértigo súbito y de aparición brusca y corta duración (por eso es paroxístico) y tiene un componente postural (posicional). Se considera benigno porque no hay una causa neurológica. El paciente nota una sensación muy desagradable al levantar o agachar la cabeza, o incluso al darse la vuelta en la cama, pues nota un vértigo rotatorio, como si el entorno se moviera de forma brusca en un tiempo de entre 10 y 30 segundos. Además, se puede acompañar de náuseas, vómitos, palidez y sudoración, con una percepción muy incapacitante. No es un problema grave, salvo en personas mayores en las que puede aumentar el riesgo de caídas.

Los episodios de VPPB pueden aparecer durante algún tiempo y luego volver a aparecer. Si se sufren de forma recurrente y con aparición brusca, es importante consultar con el especialista cualquier signo de vértigo o mareo.

Diagnóstico del VPPB

El concepto de vértigo se define como una alucinación de movimiento, ya que este no existe. Su principal problema a la hora de identificarlo radica en la dificultad del paciente para explicar esa sensación. Por ello, tiende a evitar la postura que desencadena estos episodios. Su diagnóstico, realizado por el otorrinolaringólogo, consiste en una exploración oculomotora, con maniobras de provocación para detectar el canal del oído que provoca estos síntomas. De esta forma se analiza la respuesta oculomotora del paciente junto con la respuesta clínica.

En el diagnóstico se emplean maniobras como la de Dix-Hallpike, por la cual se realizan movimientos de la cabeza del paciente. En ocasiones es recomendable apoyarse del uso de unas gafas o de un videonistagmógrafo para observar con mayor facilidad el nistagmo (movimiento involuntario de los ojos). También se realizan las pruebas de rotación cefálica o de McClure y la maniobra del decúbito lateral.

En cuanto al tratamiento, el otorrinolaringólogo empleará una serie de maniobras encaminadas a la reposición que han demostrado ser un efectivas  para el VPPB, así como ejercicios de habituación para que el paciente realice en casa.

¿Cómo se trata el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière es una entidad fluctuante y crónica que tiene crisis en racimos, por lo que se caracteriza por la aparición de grandes crisis y por periodos asintomáticos. Por ello, su tratamiento tiene el doble objetivo de aliviar los síntomas durante las crisis y mejorar la evolución de la enfermedad para evitar nuevas crisis. Para ello es necesario controlar la función vestibular y coclear, y emplear una escala terapéutica o protocolo diferentes en función de cada caso. Todo ello lo explica el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

Cómo tratar una crisis aguda y los periodos intercrisis

En caso de crisis aguda se recomienda que el paciente permanezca en reposo, si fuese necesario en la cama, y en silencio, sin realizar ninguna actividad, ni movimientos o cambios bruscos de posición, ya que pueden empeorar la sintomatología. En estos casos, se pueden emplear sedantes vestibulares o antieméticos para reducir las posibles náuseas o vómitos.

Por otro lado, también existen periodos intercrisis en los que se recomienda seguir un llamado tratamiento de mantenimiento. Se aconsejará al paciente la restricción de la sal, para controlar la presión del oído interno, así como una serie de medidas higiénico dietéticas como evitar el consumo de tóxicos como el alcohol o el tabaco, reducir el consumo de cafeína, practicar ejercicio físico o la pérdida de peso.

Habrá casos en los que se recomiende la toma de diuréticos, que favorecen el equilibrio de los líquidos laberínticos al eliminar la sobrecarga hídrica y, por tanto, contribuyen a la mejora del vértigo.

Uno de los fármacos de elección a la hora de administrar un tratamiento farmacólogico a los pacientes con síndrome de Ménière es la betahistina, que provoca la vasodilatación de la estría vascular al suprimir el espasmo de los esfínteres precapilares. Esta resulta eficaz para la eliminación del vértigo y del desequilibrio.

Se pueden emplear trimatazidina, por su acción antiisquémica celular; o los antagonistas del calcio, como vasodilatadores.

Además, el otorrinolaringólogo contemplará también la opción de tratamiento intratimpánico, que consiste en la introducción de fármacos en el oído medio para reducir las crisis de vértigo. Desde la aplicación de corticoides a la instilación de gentamicina, un ototóxico, que genera una sub-ablación vestibular, se puede lograr el mínimo daño necesario con el máximo éxito terapéutico. Si el paciente tuviera buen resto auditivo, se pasaría a la neurectomía vestibular, mediante la cual se seccionan las raíces vestibulares del nervio estato-acústico, con el objetivo de evitar o mejorar el vértigo.

En los casos en los que el tratamiento farmacológico no funcione se puede valorar la cirugía para tratar esos vértigos. Se calcula que cerca del 10% de los casos de síndrome de Ménière son susceptibles de cirugía.

¿Cómo diagnosticar la migraña vestibular?

Según el documento de consenso sobre la migraña vestibular de la Bárány Society y la International Headache Society, la migraña vestibular es uno de los trastornos vestibulares más comunes y llega a afectar al 1% de la población general y al 11% de los pacientes que acuden a unidades especializadas en mareo. Se trata de una patología infradiagnosticada debido a su duración variable y la falta de relación temporal con la cefalea migrañosa o el equivalente migrañoso. La mayoría  de los autores consideran que la migraña vestibular es la segunda causa más frecuente de vértigo recurrente, tras el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), y la primera causa de vértigo recurrente espontáneo.

La migraña asociada al vértigo es uno de los trastornos vestibulares más frecuentes en la población. Es habitual que ambos síntomas coincidan en el mismo paciente, por lo que el diagnóstico realizado por el otorrinolaringólogo irá encaminado a determinar cuál es el trastorno que origina esos síntomas. La migraña vestibular puede presentarse solo con vértigo posicional, remedando así un vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) o, en ocasiones puede coexistir con una enfermedad de Menière, por lo que es fundamental hacer un buen diagnóstico diferencial.

Diagnóstico de la migraña

A la hora de diagnosticar la migraña vestibular deberá tenerse en cuenta la historia clínica del paciente y realizar una exploración física. Algunos factores desencadenantes de migraña vestibular en pacientes predispuestos son la toma de alimentos como el queso, chocolate o la comida china; factores ambientales como el cambio de tiempo; la falta de sueño o la tensión premenstrual.

Las dificultades para diagnosticar la migraña vestibular y la carencia de una definición universal condujeron a la elaboración del mencionado consenso que señala los siguientes criterios diagnósticos de la migraña vestibular:

  • Al menos 5 episodios de síntomas vestibulares (distintos tipos de vértigo o mareo con náuseas) de intensidad moderada o severa, con una duración de entre 5 minutos y 72 horas.
  • Historia actual o previa de migraña con o sin aura según la ICH (International Classification of Headache Disorders). El aura incluye síntomas de vértigo, acúfenos, hipoacusia, diplopía, ataxia, parastesias y/o paresias bilaterales o incluso disminución del nivel de conciencia.
  • Una o más características de migraña en al menos el 50% de los episodios vestibulares:
    • Cefalea con al menos dos de estas características: unilateral, pulsátil, dolor de intensidad moderada o severa, agravamiento con la actividad física rutinaria.
    • Fotofobia y fonofobia.
    • Aura visual.
  • Los síntomas no se atribuyen mejor a otra enfermedad vestibular o a un diagnóstico de la ICHD.

La duración de los episodios que definen la migraña vestibular puede ser variable. El 30% de los pacientes tiene episodios que duran minutos, un 30% sufren ataques de horas y otro 30% padece ataques durante varios días. El 10% restante sufre ataques durante unos segundos.

Tratamiento de la migraña

El tratamiento de la migraña vestibular puede resultar un poco complejo debido a su difícil diagnóstico. En general, deberá comprender medidas higiénico-dietéticas, medicación y terapia física. Entre las medidas de estilo de vida, se incluyen la evitación del alcohol, la mejora del estrés emocional o procurar un buen descanso para reducir los factores desencadenantes.

En cuanto a los fármacos empleados algunos ejemplos son los betabloqueantes, las benzodiacepinas o los antimigrañosos, así como fármacos vasodilatadores como los calcio antagonistas. En cualquiera de los casos, deberá ser el especialista otorrinolaringólogo quien determine el tratamiento a seguir en función de la sintomatología del paciente y su historia clínica.

¿Cómo se diagnostica el Síndrome de Ménière?

¿Cómo se diagnostica el Síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière se caracteriza por episodios de vértigo espontáneo que se presenta de forma habitual con hipoacusia neursosensorial  unilateral (HNS) fluctuante, acúfenos y plenitud ótica. Las crisis de vértigo suelen ser más frecuentes en los primeros años de la enfermedad pero la hipoacusia y la hipofunción vestibular presentan una gran variabilidad entre los pacientes. Algunos pacientes presentan otras enfermedades asociadas tales como migraña o enfermedades autoinmunes. Ademas, el síndrome de Ménière presenta una agregación familiar y se estima que casi el 10% de los casos son familiares, habiéndose observado un patrón de herencia autosómica dominante con penetrancia incompleta y expresividad variable. De ahí la dificultad para establecer un diagnóstico preciso y la necesidad de hacer una clasificación del síndrome de Ménière, así como definir subtipos que ayuden al otorrinolaringólogo a categorizar a los pacientes.

Con el objetivo de establecer unos criterios diagnósticos con carácter internacional, el Comité de Clasificación de los Trastornos Vestibulares de la Bárány Society, la Japan Society for Equilibrium Research, la European Academy of Otology and Neurotology (EAONO), el Comité de Equilibrio de American Academy of Otolaryngology-Head and Neck Surgery (AAO-HNS) y la Korean Balance Society, han elaborado un documento de consenso, publicado en Journal of Vestibular Research y el Acta Otorrinolaringológica Española y coordinado por el doctor Antonio López Escamez, presidente de la Comisión de Investigación de la SEORL-CCC.

En este documento se definen dos tipos de síndrome de Ménière y sus criterios diagnósticos. Por un lado, destaca el síndrome de Ménière, basado en criterios clínicos que requiere la observación de un síndrome vestibular episódico asociado con hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias y síntomas auditivos fluctuantes (hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica) en el oído afectado. En concreto, su diagnóstico se basaría en:

  • Dos o más episodios de vértigo espontáneo, con una duración entre 20 min y 12 h. En este sentido el mareo episódico o la inestabilidad no se considerarían criterios para definirlo, aunque estos pacientes puedan describirlos a largo plazo. En cuanto a la duración, se define por el tiempo que el paciente tiene que estar en reposo y no puede moverse. Si los episodios se exceden de las 12 horas, deben ser considerados otros trastornos vestibulares. Mientras que si son más cortos, son habitualmente espontáneos y podrían deberse a otras causas como el VPPB.
  • Hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias documentada con audiometría en un oído, definiendo el oído afectado en al menos una ocasión antes, durante o después de uno de los episodios de vértigo. La hipoacusia fluctúa de forma espontánea en los primeros años de la enfermedad de forma típica. Después de varias crisis, la hipoacusia puede progresar y llegar a ser permanente, con lo que los episodios de vértigo no se asociarían con síntomas auditivos.
  • Síntomas auditivos fluctuantes (hipoacusia, acúfenos o plenitud) en el oído afectado. En los primeros años, es frecuente que el episodio de vértigo se asocie con un aumento de la intensidad del acúfeno o presión ótica en el oído afectado. El acúfeno puede ser persistente una vez que la hipoacusia se ha hecho permanente.
  • No existe otro diagnóstico vestibular que explique mejor los síntomas. El diagnóstico diferencial debería incluir el ataque isquémico transitorio, la migraña vestibular, la paroxismia vestibular, la vestibulopatía recurrente unilateral y otros trastornos vestibulares. La migraña, el vértigo posicional paroxístico benigno y algunas enfermedades sistémicas son consideradas comorbilidades y no explican per se el diagnóstico de síndrome de Ménière.

El otro subtipo hace referencia al síndrome de Ménière probable, un concepto más amplio que se define por síntomas vestibulares episódicos (vértigo o mareo) asociados a síntomas auditivos fluctuantes que ocurren en un período de entre 20 minutos y 24 horas. Los criterios para su diagnóstico son los siguientes:

  • Dos o más episodios de vértigo o mareo, con una duración entre 20min y 24h cada uno.
  • Síntomas auditivos fluctuantes (hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica) en el oído afectado. Estos síntomas se deben observar durante los episodios de vértigo. Generalmente se aprecia una HNS, aunque durante los primeros años de la enfermedad puede encontrarse también una hipoacusia de transmisión o mixta. En los primeros años es habitual que se asocie con el episodio de vértigo un aumento de la intensidad del acúfeno o la plenitud ótica en el oído afectado.
  • No existe otro diagnóstico vestibular que explique mejor los síntomas. El diagnóstico diferencial debería incluir accidente isquémico transitorio, migraña vestibular y otros trastornos vestibulares. La migraña, el vértigo posicional paroxístico benigno y algunas enfermedades sistémicas son consideradas comorbilidades y no explican per se el diagnóstico de síndrome de Ménière (ver comentarios para la discusión del diagnóstico diferencial específico).

El documento también hace referencia al síndrome de Ménière familiar que debe considerarse si al menos existe un familiar en primer o segundo grado que cumple los criterios de síndrome de Ménière definitivo o probable. Suele afectar a entre el 8 y 9% de los casos esporádicos en poblaciones de origen europeo, como Reino Unido, Brasil, Suecia, Finlandia, Alemania y España.

La prevalencia de síndrome de Ménière es aproximadamente de entre 34 y 190 casos/100.000. La edad de inicio se sitúa entre la tercera y la séptima décadas de la vida con un pequeño predominio en mujeres. El riesgo es mayor en individuos mayores, de raza blanca y obesidad severa. Además, se asocia con varias enfermedades como artritis, psoriasis, reflujo gastroesofágico, síndrome de intestino irritable y migraña. Se caracteriza por un curso clínico bastante variable y, en algunos individuos, el desarrollo de síntomas cocleares y vestibulares puede llevar varios años.

Top 5 de los artículos más descargados de la revista de la SEORL

Top 5 de los artículos más descargados de la revista de la SEORL

Acta Otorrinolaringológica Española es la revista oficial de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) y de la Academia Iberoamericana de Otorrinolaringología. En esta revista se comparten los progresos científicos del área ORL, lo que la convierte en la publicación más relevante sobre esta especialidad en lengua española. A continuación se refleja un resumen de los 5 artículos más descargados de dicha revista en los últimos tres meses.

  1. Utilidad y versatilidad del colgajo en isla de la arteria supraclavicular en reconstrucción de cabeza y cuello

En la resección de tumores de cabeza y cuello, el colgajo supraclavicular en isla ha demostrado ser una de las mejores opciones en aquellos pacientes en los que una reconstrucción con una colgajo libre microvascularizadao no sea posible o sea una opción poco aconsejable.

Los resultados presentados por González García y colaboradores en los 5 casos en los que se aplicó esta técnica demostraron que utilizar este tipo de colgajo resulta muy versátil en intervenciones de cabeza y cuello. Su realización no es compleja y, además, se logra reducir el tiempo de intervención en pacientes con riesgo.

  1. Guía de Práctica Clínica Para el Diagnóstico y Tratamiento del Vértigo Posicional Paroxístico Benigno.

El Vértigo Posicional Paroxítico Benigno (VPPB) es una de las causas más frecuentes del vértigo periférico episódico. Esta guía práctica, elaborada por la Comisión de Otoneurología de la SEORL, tiene como objetivo servir en la práctica clínica diaria ayudando a un correcto manejo de los casos de vértigo.

En ella se pueden encontrar las pruebas diagnósticas necesarias, los tratamientos más adecuados según las variantes establecidas y un apartado exclusivo sobre los aspectos clave en el manejo de los pacientes de VPPB.

  1. Cirugía de implante de estimulador de nervio hipogloso en el síndrome de apnea obstructiva del sueño: nuestra experiencia preliminar

La apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno del sueño que, además de generar somnolencia diurna al paciente debido a un mal descanso nocturno, puede suponer un importante factor de riesgo cardiovascular. Este síndrome provoca que la respiración se interrumpa, de manera involuntaria, mientras se duerme en repetidas ocasiones, impidiendo así que entre el oxígeno necesario.

El equipo de investigadores liderado por el Dr. Baptista presentó los resultados preliminares en la cirugía de estimulación de la vía aérea mediante el implante de estimulador de nervio hipogloso para el síndrome de apnea obstructiva del sueño. . En los cuatro pacientes intervenidos, los resultados mostraron una mejora de los síntomas; la saturación de oxígeno obtuvo mejores valores y la intensidad de los ronquidos también mejoró tras la activación del implante.

  1. Precisión de la PAAF (punción aspiración con aguja fina) y la TAC (tomografía axial computerizada) en la diferenciación de tumores benignos y malignos de parótida en una serie de casos

Existe una gran variedad de tumores de parótida, los cuáles son histológicamente complejos y, en función de si el diagnóstico es benigno o maligno, el manejo será distinto. En este artículo de Gavín-Clavero y colaboradores  se ha analizado la Punción de Aspiración con Aguja Fina (PAAF) como herramienta de diagnóstico en este tipo de tumores.

Los resultados han demostrado que, pese a que la sensibilidad de la PAAF es baja, de un 50%, su especificidad alcanza cifras del 98,7%. Esta prueba ofrece una fiabilidad elevada para la diferenciación de tumores malignos, pero, tal y como explican los investigadores, si el diagnóstico es no concluyente o benigno distinto de adenoma pleomorfo o tumor de Whartin, el nivel de fiabilidad disminuye. Por tanto, aunque la especificidad es alta, debido a su nivel de sensibilidad, no se puede excluir otras pruebas diagnósticas. A pesar de ello sigue siendo una herramienta de utilidad que ayuda a tomar decisiones quirúrgicas.

  1. Aplicación de la biopsia por endoscopia flexible en el diagnóstico de la patología tumoral en otorrinolaringología

En el artículo de Saga y colaboradores, se evaluaron los resultados  obtenidos en las biopsias realizadas mediante endoscopia flexible a 30 pacientes con sospecha de patología maligna de la vía aerodigestiva superior. Se estudiaron la tolerancia, la eficacia y el número posible de complicaciones.

Este tipo de endoscopia permite actuar de forma que el paciente tenga menos molestias, se consiga una mayor eficacia y los costes se reduzcan al poderse realizar en consulta y con anestesia local. Los niveles obtenidos con esta fórmula fueron de un 73% de sensibilidad y de un 100% de especificidad, no se produjeron complicaciones y los costes se lograron reducir en un 80%. Por ello, la endoscopia flexible aporta más ventajas sobre la laringoscopia directa.

Además de estas 5 publicaciones, en los últimos 90 días, otros artículos con gran nivel de descargas son la Actualización del consenso sobre el diagnóstico y tratamiento de la sordera súbita idiopática, Miringoplastia con cartílago en alas de mariposa, Guía clínica sobre implantes cocleares o Papiloma invertido de oído medio y hueso temporal, entre algunos de los 24 más descargados de Acta Otorrinolaringológica Española.

 

¿Cuál es la relación entre vértigo y migraña?

¿Cuál es la relación entre vértigo y migraña?

Aunque la relación causal entre el vértigo y la migraña no está descrita, si es cierto que se ha observado con frecuencia que los pacientes con vértigo tienen frecuentes episodios de migraña y viceversa. Ambos son dos cuadros clínicos muy comunes en la población general por lo que es posible que se solapen. Así la migraña tiene una prevalencia que varía entre un 11.2-18.2% en las mujeres y un 4-6.5% en los hombres. Por su parte, un 23%  de la población general sufre algún episodio de mareo a lo largo de su vida. Además, está comprobado que la prevalencia de migrañas es mayor en aquellos pacientes que tienen cuadros de vértigo.

El inicio de la sintomatología asociada a ambas patologías se sitúa en torno a la cuarta década de vida en el caso de los hombres y entre los 30 y 50 años en el caso de las mujeres. En el caso de la migraña los criterios aprobados para su diagnóstico, comprenden sufrir al menos cinco episodios con cefalea de duración entre 4 y 72 horas; que ésta se manifieste con al menos dos de estas formas: unilateral, pulsátil, de intensidad moderada/severa o que empeore con la actividad; y que se acompañe de náuseas y/o vómitos o fotofobia o sonofobia. Además, se añade la exclusión de otros diagnósticos.

Entre los distintos tipos de migraña se sitúan la clásica que se inicia con un aura (visual, vértigo, acúfenos, hipoacusia, diplopía, ataxia, parestesias y/o paresias bilaterales e incluso disminución del nivel de conciencia). Estos síntomas duran entre 15 minutos y una hora y suelen aparecer de forma gradual, si bien en algunos casos aparecen de forma abrupta. La cefalea es generalmente unilateral, y comienza a medida que los síntomas del aura van desapareciendo. Su intensidad puede crecer de forma progresiva hasta llegar a un pico que suele producirse a la hora del inicio. A partir de ahí la intensidad va disminuyendo de forma progresiva en un plazo de entre 4 y 8 horas.

La migraña de fosa posterior es similar a la anterior pero en este caso los síntomas, como vértigo, ataxia, disartria o acúfenos, se sitúan en la fosa posterior, responsable del equilibrio, el movimiento y la coordinación, por lo que se asocia con cuadros de afectación motora y sensitiva. El vértigo de este tipo de migrañas suele ser de inicio brusco y suele durar entre 5 y 60 minutos. La cefalea típica es occipital unilateral pero puede aparecer en cualquier zona.

Dentro de los tipos de migraña también están los equivalentes migrañosos, como el vértigo benigno paroxístico de la infancia y el vértigo benigno recurrente. En el primer caso, aparece antes de los 4 años y tras 2 o 3 años los brotes van haciéndose más infrecuentes hasta desaparecer. Éstos se identifican cuando el niño presenta un comportamiento extraño, asustado, grita, se agarra a sus padres o camina tambaleándose, y puede tener nauseas, vómitos o sudoración. Pasados unos minutos vuelven a su vida normal. En estos casos se ha demostrado que más de la mitad de estos pacientes desarrollarán migrañas.

Por su parte el vértigo benigno recurrente, más frecuente en mujeres, y que puede durar hasta 3 o 4 días, se da con más frecuencia en pacientes migrañosos o con antecedentes importantes de migrañas. Al igual que éstas, se desarrollan por falta de sueño, consumo de alcohol, estrés, etc.

Por último, el vértigo migrañoso es muy variable en síntomas, aunque suele presentarse como cuadro de giro de objetos. Su duración puede durar desde unos segundos a varios días, aunque lo más frecuente es que dure unos minutos o unas horas. Pueden pasar años hasta llegar a vincular los mareos del vértigo con las cefaleas de la migraña. Cuando están asociados, las crisis pueden empezar con cualquiera de los dos síntomas. El mareo en estos pacientes suele ser descrito generalmente como vértigo, con sensación de giro de objetos o bien como cinetosis. Con frecuencia suele ser suficiente el movimiento ocular para desencadenar la sensación de mareo.

7 Curiosidades del Síndrome de Menière

7 Curiosidades del Síndrome de Menière

El Síndrome de Menière es una entidad que afecta tanto a la audición como al equilibrio, de origen desconocido, y que tiene mayor incidencia entre la cuarta y la sexta década de la vida. Su síntoma principal es el vértigo, pero también están presentes los  trastornos como los acúfenos o el tinnitus y la hipoacusia. La Asociación Síndrome de Menière España (ASMES) se propone cada 7 de febrero declarar este día como Día de la Concienciación del Menière. Por ello, desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC), queremos contribuir a que se conozca más sobre esta enfermedad a través de estas curiosidades:

  • Triada clásica: el síndrome de Menière se caracteriza por la triada clásica definida por crisis recurrentes y episódicas de vértigo periférico, acufeno unilateral e hipoacusia. Además puede llevar asociado síntomas de taponamiento, náuseas y vómitos.
  • Crisis vertiginosas de Menière: pueden ser muy variables en intensidad, modo de aparición, duración, y frecuencia. Por lo general, inician con síntomas auditivos diversos como sensación de taponamiento ótico, modificaciones de la audición, así como aparición o empeoramiento del acufeno. Después se inicia una crisis de vértigo rotatorio asociado a importante cortejo neurovegetativo, que puede durar de 20 minutos a unas horas y su frecuencia varía. La hipoacusia al principio se recupera tras la crisis y en fases más avanzadas se estabiliza. En cuanto a los acúfenos son variables, pueden preceder a las crisis y pueden ser constantes e intermitentes.
  • Historia: Prosper Ménière, médico francés, fue el primero en relacionar con el oído interno los síntomas vertiginosos en 1861. Él desmontó la hipótesis aceptada de que el vértigo era una forma de apoplejía cerebral o epilepsia y describió la triada de esta enfermedad caracterizada por vértigo, acúfenos e hipoacusia. Murió en 1862 y diez años después se empezó a usar el nombre de enfermedad de Ménière.
  • Factores asociados a las crisis de Menière: pueden tener relación factores anatómicos, genéticos, inmunológicos, víricos (puede estar vinculado al virus del herpes) o vasculares.
  • Relación con la migraña: parece que existe una prevalencia de migraña en pacientes con síndrome de Menière. La migraña puede dañar irreversiblemente al oído interno debido a los vasoespasmos que podrían desencadenar un hydrops endolinfático.
  • Problemas psicológicos asociados: es frecuente que aparezca en pacientes con personalidad neurótica. El estrés, la fatiga, las complicaciones familiares o laborales, pueden influir en la aparición de crisis de Menière.
  • Personajes históricos y famosos con Menière: diversos personajes conocidos por todo el mundo como Edgar Allan Poe, Jonathan Swift o Friedrich Nietzsche manifestaron síntomas de vértigo, acúfenos o hipoacusia a lo largo de su vida. Sin embargo, nunca se les llegó a diagnosticar Síndrome de Menière. En la actualidad, la actriz y cantante Kristin Chenoweth o la periodista Carme Chaparro han confesado tenerla.

El vértigo, diferente al mareo o la inestabilidad

El vértigo no es una enfermedad, sino un síntoma que por lo general significa movimiento. Sucede cuando el paciente tiene la sensación de que el ambiente se mueve con relación al sujeto o que el sujeto se mueve con relación al ambiente. Lo habitual en pacientes con trastornos de este tipo es que describan que se mueve el ambiente y lo más normal es que comenten que les giran las cosas alrededor. Lo importante es diferenciarlo de síntomas como la inestabilidad o el mareo, más inespecífico.

El tipo de vértigo más común es el posicional paroxístico benigno, es fugaz pues dura unos segundos y por lo general se asocia a movimientos de la cabeza. Lo que el paciente suele contar es que cuando se tumba en la cama, bien hacia el lado derecho o el izquierdo, nota que la habitación se mueve muy deprisa.

¿Cómo se diagnóstica el vértigo? ¿Se puede tratar? Estas y otras preguntas sobre este problema, frecuente en las consultas de otorrinolaringología, las responde el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología, en el siguiente vídeo.