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El ruido, el principal enemigo para la salud de los oídos

El ruido constituye el principal factor que puede dañar los oídos a diario, tal y como explica el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología de la SEORL-CCC, en este vídeo. La exposición continua a ruidos en el trabajo, la calle o las zonas de ocio, puede ser determinante para la salud auditiva y puede condicionar la capacidad de audición en el futuro. Incluso puede generar otros problemas de salud. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la exposición al ruido del tráfico es la responsable de la pérdida de 1,5 millones de años de vida saludable por año solo en Europa Occidental, sobre todo en lo relacionado con el deterioro cognitivo y los trastornos del sueño.

De forma especial preocupa la salud auditiva de los jóvenes en relación al ruido, pues, según datos de la OMS, el 50% de las personas entre los 12 y 35 años están expuestos a niveles de ruido perjudiciales a consecuencia del uso de dispositivos de audio y teléfonos inteligentes, y el 40% a ruidos potencialmente nocivos en bares, discotecas y clubes.

La exposición continuada al ruido puede ocasionar pérdida de audición progresiva dependiendo de cada persona, ya que habrá algunas que por diversos factores sean más propensas. Los factores genéticos, las enfermedades crónicas, la toma de determinados medicamentos y la exposición al humo del tabaco pueden incrementar ese riesgo de pérdida auditiva causada por el ruido. Por ello, uno de los consejos para cuidar los oídos a diario es la protección frente a la exposición continuada a ruidos fuertes. En este sentido, en ciertas profesiones será necesario el uso de cascos o tapones para disminuir el impacto del ruido. Además, también es conveniente su uso en conciertos o discotecas.

La exposición a la contaminación, que suele aumentar en épocas de aire seco y frío, ante la ausencia de lluvias, también puede ser un riesgo indirecto para la salud de los oídos, según el doctor Lassaletta. El aire contaminado propicia que la exposición a determinados alérgenos sea mayor por lo que puede afectar a los oídos.

Mitos sobre el cuidado de los oídos

Los otorrinolaringólogos insisten en que lo mejor que se puede hacer para cuidar la salud de los oídos es seguir una serie de medidas de prevención, sobre todo en cuanto a la exposición al ruido, donde señalan la importancia de estar protegidos.

Entre los mitos más extendidos en el cuidado de los oídos es la relación entre la higiene y la producción de cera o cerumen. Esta es una cuestión fisiológica que, por tanto, no está asociada a la limpieza de los oídos. Por ello, los especialistas en otorrinolaringología recomiendan a los pacientes no preocuparse en exceso por la presencia de cera en los oídos y la limpieza de los mismos, pues es el propio oído el que expulsa la cera. Así, en ningún caso deben usarse bastoncillos óticos ni ningún otro objeto para retirarla ya que pueden resultar muy peligrosos, pues al introducirlos en el oído se puede empujar la cera hacia el tímpano y causar lesiones graves. En caso de tapón o acumulo de cera deberá ser un profesional cualificado el que la retire con el instrumental adecuado.

Consejos para cuidar los oídos a diario

Los otorrinolaringólogos recomiendan tomar una serie de medidas para cuidar los oídos a diario y conseguir así mantener una buena salud auditiva:

  • Evitar la exposición continuada al ruido excesivo y protegerse: es importante mantenerse alejados de las fuentes de ruido, intentar disminuir el ruido que se genera de forma individual y reducir el tiempo de exposición a grandes intensidades de ruido o a ruidos fuertes (altavoces, taladros, cohetes o petardos, etc). En caso de que no sea posible evitarlo, será necesario el uso de protectores auditivos mediante cascos o tapones.
  • No limpiar los oídos en exceso: es recomendable tenerlos limpios, pero basta con el agua de la ducha para mantener una buena higiene. No deben usarse bastoncillos ni ningún otro objeto para extraer la cera o suciedad.
  • Prestar atención a los signos de pérdida auditiva: aunque suele ser más manifiesta conforme avanza la edad, puede aparecer en personas más jóvenes también. De hecho, el uso de auriculares para escuchar música está adelantando la edad de aparición de la presbiacusia o pérdida de audición debida a la edad. La dificultad para oír la televisión o entender conversaciones grupales o a distancia, por ejemplo, así como la presencia de acúfenos, entre otros, pueden ser indicadores de pérdida auditiva. En estos casos es imprescindible acudir a un otorrinolaringólogo para que determine la mejor solución para mejorar la calidad de vida de la persona.
  • Evitar la toma excesiva de medicamentos que favorecen la pérdida auditiva: determinados fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos o analgésicos como el paracetamol son ototóxicos y su consumo habitual puede inducir pérdida de audición.
  • Prevenir las infecciones de las vías respiratorias: sobre todo en el caso de los niños, los catarros y las infecciones de las vías altas, son el principal factor de riesgo de las otitis, por lo que es fundamental seguir unas adecuadas medidas higiénico-dietéticas que eviten el contagio de estas patologías.
  • Acudir al especialista y no automedicarse: es conveniente que ante cualquier problema en el oído se acuda a un otorrinolaringólogo para que realice una exploración y determine el origen del problema y la solución a seguir. No es conveniente automedicarse ante alguna infección o dolor y en ningún caso tomar antibióticos no recetados por el médico.

Pérdida de audición, un problema que afecta al 5% de la población mundial

La sordera es un trastorno al que se enfrenta una gran parte de la sociedad. Existen 360 millones de personas en todo el mundo con pérdida de audición discapacitante, lo que equivale al 5% de la población global, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ellos, 32 millones son niños y aproximadamente una tercera parte son mayores de 65 años. Cada año, el último sábado del mes de septiembre se celebra el Día Internacional de las Personas Sordas, una efeméride de carácter reivindicativo para sensibilizar a la sociedad sobre este problema y expresar aquellas demandas en cuestión de derechos.

Según la OMS, se dice que alguien sufre hipoacusia cuando no le es posible oír de la misma manera que una persona  cuyo sentido del oído es normal, es decir, su umbral de audición –el nivel mínimo de un sonido para ser percibido– es igual o superior a 25 decibelios. Esta pérdida puede ser leve (entre 20 y40 dB), moderada o media (entre 41 y 70 dB), grave o severa (entre 71 y 90 dB) y profunda (la pérdida supera los 90 dB y se sitúa entre 91-100 dB).

La aparición de este trastorno se debe, en ocasiones, a causas congénitas, factores hereditarios o no hereditarios, a complicaciones en el embarazo o en el parto, como la rubeola materna o la sífilis, y el uso inadecuado de ciertos medicamentos, entre otros. Asimismo, se da por causas adquiridas, es decir, perder la audición a cualquier edad. Así, infecciones crónicas del oído, enfermedades como la meningitis, el sarampión, el envejecimiento, la obstrucción del conducto auditivo o los traumatismos craneoencefálicos, entre otros, pueden derivar en algún tipo de sordera.

No obstante, uno de los factores determinantes que causan problemas otológicos suele ser el ruido excesivo, ya sea en el entorno laboral o durante actividades de ocio, como el empleo de auriculares a un elevado volumen o la estancia en lugares con música alta durante largos periodos de tiempo. Por ejemplo, soportar más de 85 dB durante ocho horas o 100 dB durante 15 minutos se consideran niveles perjudiciales, y en bares, discotecas o conciertos se alcanzan los 110 decibelios, superando el límite de 65 dB recomendado por la OMS. Es más, este organismo de Naciones Unidas señala que unos 1.100 millones de jóvenes de entre 12 y 35 años se encuentran en riesgo de padecer hipoacusia debido a su exposición al ruido en estos contextos recreativos.

En los niños, el 60% de las sorderas se podrían evitar, sobre todo los relacionados con infecciones. Así, aplicar las vacunas necesarias como la del sarampión, rubeola o meningitis, prescindir del uso de determinados medicamentos o prevenir enfermedades durante el embarazo son claves para no lamentar en el futuro una posible pérdida de audición. En cualquier caso, es importante cuidar y tener una buena higiene, evitar introducir bastoncillos en los oídos, utilizar los auriculares con un volumen bajo –y no abusar tampoco de ellos–, así como reducir el tiempo de exposición a sonidos demasiado altos, o usar tapones o material aislante en caso de no ser posible, por ejemplo, por motivos laborales.

En definitiva, la detección temprana es primordial. Por eso, los otorrinolaringólogos recomiendan acudir al especialista ante cualquier síntoma o problema auditivo (en el vídeo adjunto se indica cuándo). También conviene realizar revisiones de forma regular, sobre todo aquellos que pertenezcan a grupos de riesgo, como personas mayores o quienes están expuestos continuamente a ruidos elevados en el trabajo.

¿Cuáles son los ruidos más dañinos?

El último miércoles de abril se celebra el Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido. Por este motivo, la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), quiere incidir sobre el daño que las principales fuentes de ruido intenso pueden causar en la audición. En la actualidad, esas fuentes proceden del hábito de escuchar música con auriculares, junto con la asistencia a conciertos y lugares de ocio, así como el tráfico rodado en las grandes ciudades. Así, en bares, conciertos y discotecas se pueden superar los 110 dB lo que supera bastante el límite seguro de 65 dB recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La doctora Lavilla explica en el vídeo que mostramos a continuación cómo influyen estos ruidos en la salud auditiva de los jóvenes.

El daño que pueden provocar en el oído puede ser irreversible. La pérdida auditiva que aparece de manera inmediata ante un sonido intenso e impulsivo, como por ejemplo un petardo, se conoce como trauma acústico agudo. La que sucede por exposición continua a sonidos fuertes, se llama trauma acústico crónico y se desarrolla de manera gradual.

La OMS estima que la mitad de las personas de entre 12 y 35 años escuchan dispositivos electrónicos (MP3, teléfonos móviles y otros) a niveles inseguros en países de ingresos medios y altos. Un estudio alemán reciente publicado en International Journal of Audiology concluye que el 85% de los estudiantes utiliza reproductores de música, de los cuales un tercio supera el nivel de exposición de 80dB y uno de cada cuatro los 85db, lo que puede ser un factor de riesgo para desarrollar pérdida auditiva inducida por el ruido. La SEORL quiere concienciar sobre la importancia de instaurar medidas que protejan a los jóvenes frente al ruido pues constituye uno de los grupos de riesgo más vulnerables.

Según la OMS, para garantizar una buena salud se recomienda no superar los 65 dB. Una exposición a un sonido superior a 85 dB supone un riesgo de pérdida auditiva si se repite en el tiempo. Se admite que una exposición a 80 dB durante más de 8 horas al día, en el entorno laboral, requiere uso de protección auditiva para no ser lesiva. Por encima de 100 dB existe un riesgo de pérdida inmediata. En concreto, si hay una exposición a 100 dB de escucha, no se debería hacer por más de un cuarto de hora al día para evitar el daño, y si se hace a  110 dB, no se debería permanecer más de 1 minuto. Por último, el ruido llega al umbral del dolor cuando se sobrepasan los 125 dB y puede ser insoportable a los 140 dB.

La Comisión de Audiología de la SEORL ha elaborado el siguiente listado de ruidos con sus correspondientes niveles en dB:

  • Pájaros trinando: 10 dB
  • Rumor de hojas de árboles: 20 dB
  • Murmullo oleaje suave en la costa: 30 dB
  • Zonas residenciales: 40 dB
  • Conversación normal: 50- 60 dB
  • Lavavajillas: 60 dB
  • Aspiradora: 65 dB
  • Conversación acalorada (oficina): pueden ser 80 dB
  • Tráfico rodado en la ciudad: 80-85 dB
  • Claxon de un automóvil: 90 dB
  • Motocicleta: 90 dB (riesgo de lesión auditiva si la exposición se prolonga durante 4 horas)
  • Sierra eléctrica, cascos de música: 95 dB (riesgo de lesión si la exposición se prolonga 2 horas)
  • Discoteca, petardos pirotecnia: 110 dB (riesgo de daño inmediato)
  • Concierto de rock, taladro: 120 dB (riesgo de lesión auditiva si la exposición se prolonga 7 minutos)
  • Sirena de tren, alarma de incendio: 125 dB
  • Martillo neumático: 130 dB
  • Avión despegando: 140 dB
Los acúfenos son más frecuentes a partir de la quinta década de vida

Los acúfenos son más frecuentes a partir de la quinta década de vida

El acúfeno, una percepción de ruido en el oído en ausencia de una fuente sonora, es un síntoma muy frecuente en la práctica clínica otorrinolaringológica. También llamados tinnitus, son más frecuentes a partir de la quinta década de la vida y presentan una incidencia similar en hombres y mujeres, según datos de la Sociedad Española de Otorrinolarinología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Es el resultado de una actividad anómala en la vía auditiva y entre sus causas destacan la sobreexposición a ruidos extremos, explosiones, infecciones de oído, tapones de cera,  o la toma de algunos fármacos.

Produce efectos y consecuencias sobre los pacientes como preocupación, miedo o ansiedad y, de hecho representa el tercer síntoma más incapacitante que puede sufrir un individuo, después del dolor intenso y los trastornos de equilibrio. Genera interferencia en la inteligibilidad del mensaje auditivo, además se acompaña de hipoacusia. Puede alterar el sueño, la capacidad de descanso y de concentración, causar irritabilidad y acompañarse de síntomas como cefalea o inestabilidad.

En cuanto a su tratamiento, el primer paso es prevenir su aparición o progresión. Dada la habitual asociación de hipoacusia y acúfenos es importante mantener un correcto cuidado de los oídos. Puede indicarse tratamiento farmacológico en caso de que el otorrinolaringólogo lo encuentre necesario, así como el uso de audífonos que sirvan como instrumento rehabilitador y de enmascaramiento al amplificar el ruido ambiental.

Un estudio realizado por otorrinolaringólogos españoles y publicado en la revista Acta Otorrinolaringológica Española concluye que la terapia cognitiva conductual debe incluirse siempre en el tratamiento de las personas con tinnitus. En ella se incluyen técnicas de relajación y exposición a situaciones desafiantes para favorecer la habituación del acufeno, reducir el malestar emocional y los problemas de adaptación social.