• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin

¿Cuáles son las enfermedades más comunes de la garganta?

Las enfermedades más comunes de la garganta comprenden las infecciones virales como la faringitis o la laringitis. En la mayor parte de las ocasiones estos cuadros se enmarcan dentro del término catarro común, en el que también está presente una rinosinusitis vírica. También son habituales las infecciones bacterianas como las faringoamigdalitis. De todo ello habla el doctor Pedro Cabrera, presidente de la Comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución de la SEORL-CCC.

Entre las patologías más habituales que afectan a la garganta se encuentran la laringitis y la faringitis. La principal diferencia entre ellas es la localización anatómica de la infección que, de forma habitual, suele ser vírica. La principal vía de contagio es a través de la inoculación de gérmenes a través de las llamadas gotitas de Pflügge (son aquellas que se desprenden al toser, hablar o estornudar). A continuación, se detallan los principales síntomas, factores de riesgo y tratamiento de cada una de ellas:

Laringitis

Se trata de una inflamación de la mucosa laríngea, afectándose las cuerdas vocales. A menudo forma parte de un proceso inflamatorio agudo de las vías respiratorias altas con síntomas en la voz, (disfonía), dolor al tragar (odinofagia), o, en algunas ocasiones, dificultad para respirar (disnea). Las más frecuentes son de causa infecciosa y, dentro de ellas, las más habituales son las víricas, siendo la laringitis catarral la más común de todas. En estos casos el tratamiento es sintomático a base de reposo vocal, antitérmicos, analgésicos e hidratación. Entre los factores que pueden predisponer a padecer este tipo de patología se encuentran el tabaco, el alcohol, el sobreesfuerzo vocal, el reflujo gastroesofágico, y factores del entorno como la contaminación. En el caso de las laringitis de causa bacteriana, poco frecuentes, será necesario el uso de antibióticos.

Faringitis

Se trata de la inflamación de la faringe debido a una infección, principalmente, aunque también puede ser por causa alérgica, química o traumática. Las faringitis agudas constituyen una causa frecuente de consulta médica. La faringitis catarral es la causa del dolor de garganta común, siendo debida a un virus en la mayor parte de las ocasiones. Entre los factores que pueden predisponer a esta patología se encuentran el frío, la polución, el ambiente seco o el estrés. Suele ser de inicio brusco, con predominio de sequedad y constricción faríngea, y, en ocasiones, sensación de quemazón, además de carraspeo. En casos graves puede haber fiebre o cefalea. El tratamiento más habitual, en el caso de ser vírica, es el reposo relativo con antiinflamatorios. Si se confirma la presencia bacteriana, se administrará antibiótico.

La amigdalitis aguda, patología común en la infancia

Otra patología común que afecta a la garganta es la amigdalitis aguda, una inflamación aguda de las amígdalas palatinas cuyo origen habitual es infeccioso. Se trata de un proceso muy frecuente, sobre todo en la infancia, con un mayor pico de incidencia entre los 3 y los 15 años. Entre el 30 y el 40% de los casos son debidos a microorganismos bacterianos y más del 50% se deben a virus, que pueden, a su vez, favorecer una infección bacteriana. Entre los síntomas más importantes se encuentran la odinofagia, el malestar general, fiebre, cefalea, mialgias, artralgias, náuseas o vómitos, entre otros. El tratamiento será sintomático al igual que en las anteriores y, en caso de que exista origen bacteriano, antibióticos.

Cuando consultar con un otorrinolaringólogo

Si una vez pasado el periodo habitual de duración de un proceso infeccioso, unas 2 semanas, se mantienen síntomas como el dolor o la dificultad para respirar, hablar o tragar o existe un crecimiento de los ganglios linfáticos del cuello, es importante consultar con el otorrinolaringólogo.

Por otro lado, es importante visitar a este especialista siempre que exista una disfonía que dure más de 2 semanas para que pueda determinar el origen del problema mediante distintas exploraciones de la laringe, más allá de los cuadros infecciosos mencionados.

Cómo prevenir las infecciones de garganta

Existen una serie de cuidados que pueden contribuir a reducir los factores de riesgo que predisponen a sufrir algunas de las patologías más habituales de la garganta y que, por tanto, sirven como medidas de prevención. Entre ellas se encuentran:

  • Seguimiento de una dieta sana y equilibrada: el aporte de nutrientes ricos en vitaminas y minerales ayudará al sistema inmunológico a estar fortalecido frente al ataque de virus y bacterias causantes de infecciones de garganta.
  • No fumar: el tabaco es un agente irritante de la faringe y la laringe y, por tanto, debilita sus mucosas y las deja más desprotegidas frente a la acción de agentes infecciosos.
  • Abundante hidratación: es importante mantener hidratada la garganta para facilitar la eliminación de gérmenes, además de proteger la mucosa frente a los mismos.
  • Medidas de higiene adecuadas: se recomienda taparse la boca con un pañuelo desechable al estornudar o toser, lavar las manos con frecuencia y no compartir ciertos útiles para evitar el contagio.
  • Evitar el alcohol: al igual que sucede con el tabaco, el alcohol también actúa como irritante de las mucosas de la garganta y por tanto estas son más vulnerables al ataque de virus y bacterias.
  • Procurar un buen descanso: cuando la garganta y las cuerdas vocales descansan y no se fuerza la voz, están protegidas frente a las infecciones.
  • No automedicarse: se debe consultar con un profesional sanitario la conveniencia del tratamiento a seguir en función del origen de la infección.
  • Evitar el estrés: el estrés puede debilitar la garganta y hacerla vulnerable ante procesos infecciosos, por lo que hay que procurar una cierta relajación al organismo. 
Los pólipos y los nódulos, las afecciones más frecuentes en la laringe

Los pólipos y los nódulos, las afecciones más frecuentes en la laringe

La voz se produce por la vibración de las cuerdas vocales. Para que esto ocurra, el aire que procede de los pulmones se transforma en sonido cuando sale a través de la laringe –que es el órgano de fonación del ser humano. Como como consecuencia, mediante la articulación del sonido en las cavidades de resonancia (boca, la cavidad nasal y la faringe) se emiten fonemas y palabras. La voz es el instrumento, por excelencia, de la comunicación en el ser humano, gracias al cual se pueden expresar ideas, sentimientos, pensamientos o emociones. Sin embargo, la laringe puede sufrir alteraciones si se abusa o no se hace un buen uso de la voz. Y no solo eso, también pueden afectar a la voz factores como el tabaco, la contaminación, el alcohol o, incluso, el reflujo gástrico.

Dos de los problemas más comunes con los que se encuentran los otorrinolaringólogos son los pólipos y los nódulos laríngeos, afecciones que, en numerosas ocasiones, tienen un patrón profesional marcado. Así, es muy frecuente que acudan a la consulta por estos motivos los profesores, cantantes, comunicadores y, en general, cualquier persona que utilice la voz como herramienta principal en su trabajo. Sin embargo, no hace falta ser un profesional de estas características para padecerlas, el hecho de tener malos hábitos vocales puede provocar, en el futuro, que aparezcan.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología define los pólipos como pseudotumores benignos, similares a las ampollas, que aparecen tras un proceso inflamatorio. Suelen crecer en una sola cuerda vocal, aunque se pueden dar en las dos. Por norma general, es más frecuente entre los 30 y los 50 años, sin existir un claro predominio entre hombres o mujeres. Cuando una persona tiene pólipos, tiene dificultad al hablar, voz entrecortada, sequedad, afonía, molestias o dolor de garganta. En ocasiones, algunos pacientes tienen la sensación de tener un cuerpo extraño en la laringe.

En cambio, los nódulos son engrosamientos localizados de la mucosa situados siempre en el punto nodular, es decir, en el borde libre del repliegue vocal. Se producen a causa de un abuso –como en las profesiones antes mencionadas–, o un mal uso vocal. Son parecidos a un callo y suelen crecer de forma simétrica, uno en cada cuerda vocal. Los nódulos son más frecuentes en las mujeres, debido al tamaño de las cuerdas –más cortas que las de los hombres–, entre los 20 y los 50 años. No obstante, también aparecen en la infancia. Según la SEORL, entre un 37% y un 78% de las disfonías infantiles son atribuibles a los nódulos vocales. Además, provocan una disfonía que se agrava de forma progresiva, y suele afectar más a los agudos. Otros síntomas son sequedad, esfuerzo al hablar o afonía.

Para diagnosticar tanto los pólipos como los nódulos, se utilizan técnicas como la laringoscopia indirecta, el nasofibroendoscopio y el monitor o la videoestroboscopia, con las que se pueden visualizar qué tipo de lesión tiene el paciente.

En cuanto al tratamiento, también hay diferencias. En el caso de los pólipos, se recurre a la fonocirugía, con la que se utiliza anestesia general. Antes de la cirugía se suele hacer terapia logopédica y después de la intervención se requiere reposo vocal durante, al menos, cuatro días. Posteriormente, será necesario reeducar la voz con rehabilitación y la ayuda de logopedas y foniatras. En cuanto a los nódulos, depende del tipo de lesión y de quien la padece. Si es un niño, se trata con reeducación vocal y aprendizaje de una buena técnica vocal. Los adultos, en un principio, deben mantener reposo vocal entre 10 y 15 días y, si el paciente no nota mejoría o si, por su actividad profesional, no puede cumplir al completo ese descanso se acompaña de rehabilitación logipédica. En el caso de no mejorar con el reposo ni con la logopedia, se recurriría a eliminar los nódulos con fonocirugía.

 

¿Qué tipos de laringitis existen?

¿Qué tipos de laringitis existen?

La laringitis aguda es la inflamación de la mucosa laríngea que dura un corto período de tiempo, horas o días, y cuyo síntoma principal en los adultos es la disfonía. Entre los factores que más puede predisponer a tener una afección de este tipo se encuentran el tabaquismo, el alcohol, el sobreesfuerzo vocal, el reflujo gastroesofágico, factores del entorno (polución, vapores irritantes, variaciones bruscas de temperatura, etc.). Además, de la disfonía, como consecuencia de la inflamación aguda de las vías respiratorias altas, también puede aparecer sensación de cuerpo extraño faríngeo, carraspeo, exceso de mucosidad en la garganta, dolor de garganta o de oídos, así como disnea o dificultad para respirar en grados variables.

Debido a la diversidad de causas, existen también distintos tipos de laringitis para las cuales habrá que seguir un tratamiento adecuado. Las laringitis pueden ser infecciosas o no infecciosas, siendo las más frecuentes las primeras y, dentro de ellas, las víricas. Estas suelen ir asociadas a una afección de las vías respiratorias superiores con síntomas como el malestar general, fiebre, rinorrea y tos. Las de origen bacteriano suelen aparecer como consecuencia de una laringitis viral sobreinfectada. En estos casos la sintomatología es similar a las de origen vírico, pero mucho más intensa.

También pueden aparecer laringitis no infecciosas por hipersensibilidad alérgica que consiste en una inflamación de las cuerdas vocales y del resto de la mucosa laríngea, con o sin secreción mucosa. Se produce por exposición a alérgenos inhalados, como los pólenes, aunque también puede darse por picaduras de insecto, ingestión alimentaria, ingestión medicamentosa, etc. Se caracterizan por la instauración brusca de un edema laríngeo y genera síntomas variables que van desde un cosquilleo laríngeo, carraspera irreprimible, etc., hasta la obstrucción respiratoria severa que necesita tratamiento urgente.

Otras causas no infecciosas de la laringitis aguda son las causadas por reflujo laringo-faríngeo, aquellas debidas a la inhalación de ciertos productos como el ácido clorhídrico, el ácido fluorhídrico, el cloro, el amoniaco o la gasolina.

El diagnóstico que deberá realizar el otorrinolaringólogo se basará en una laringoscopia indirecta o una nasofibroscopia, que revelará la presencia de signos inflamatorios en la mucosa faríngea, sobre todo de las cuerdas vocales, que suelen presentarse rojas y con algo de mucosidad.

Su tratamiento será sintomático y comprenderá reposo vocal, antitérmicos, analgésicos e hidratación. En los casos de sobreinfección bacteriana, deberá indicarse el tratamiento con antibióticos y además deberán seguirse las medidas conservadoras y el tratamiento sintomático como en los casos anteriores.

En cualquier caso, el tratamiento básico de las laringitis agudas comprende lo siguiente:

  • Reposo relativo de la voz (voz de pasillo de hotel)
  • Ambiente cálido y húmedo
  • Hidratación abundante
  • Suprimir los factores irritantes (tabaco, alcohol, vapores tóxicos).
  • Antiinflamatorios no esteroideos o AINE por vía sistémica y, si es necesario, analgésicos y antitusígenos.
  • Se puede administrar 2-3 veces al día, durante 10 minutos, con una mezcla de suero y mucolíticos. Se pueden añadir corticoides. La adicción de antibióticos y productos mentolados debe evitarse.

 

Pautas para prevenir los primeros resfriados del otoño

Pautas para prevenir los primeros resfriados del otoño

El otoño está a la vuelta de la esquina y, con él, los temidos resfriados. La bajada de temperaturas, una mayor humedad en el ambiente y los cambios térmicos repentinos conforman un cóctel que favorece la transmisión de infecciones respiratorias. El resfriado o catarro es, quizá, la más frecuente de las enfermedades entre la población general, y consiste en una infección de origen viral del sistema respiratorio, que produce congestión y dificultad para respirar, dolor de garganta, estornudos o secreciones nasales, entre otros síntomas. Es bastante contagiosa y afecta a todas las edades, aunque lo cierto es que se trata de una afección leve y su recuperación es rápida, durando aproximadamente una o dos semanas.

El comienzo del curso escolar suele ser el que marca la temporada de los catarros, puesto que los niños, al estar en continuo contacto con otros menores, tienen más posibilidades de contagiarse, trayéndose los gérmenes a casa. Con el objetivo de evitar caer en las redes de estos virus, los otorrinolaringólogos recomiendan seguir una serie de pautas o consejos:

  • Uno de los más importantes es el de lavarse las manos con jabón. Parece obvio, pero no debe olvidarse. Las personas están a menudo tocando cosas, animales, alimentos, dinero, van al baño, etc., por lo que están expuestas a multitud de microorganismos y gérmenes que no se ven, pero que pueden causar enfermedades. De hecho, tal y como indican en la organización Lavado de Manos, son más de 200 las patologías que pueden contagiarse a través de las manos, si éstas no están limpias, como la gripe A, neumonía, bronquiolitis, tosferina o el resfriado común.
  • Es necesario utilizar siempre pañuelos desechables, taparse con ellos la boca al estornudar, para impedir esparcir los microbios; evitar el contacto con otras personas enfermas y no tocarse la cara, puesto que la nariz, los ojos y la boca son las partes del cuerpo más sensibles para la entrada de organismos nocivos.
  • Cuidado con los espacios cerrados. Son lugares en los que suele haber mucha gente, por lo que la posibilidad de contagio es mayor. Lo mejor es permanecer en lugares abiertos o bien ventilados, aunque evitando los cambios bruscos de temperatura, protegiéndose del frío. También debe airearse las habitaciones de la casa.
  • Recargar la vitamina D. Al exponerse al sol, las personas producen en su cuerpo esta vitamina, algo que no ocurre con tanta frecuencia en otoño e invierno, debido al menor número de horas de luz. Por ello, es importante buscar ese aporte en alimentos como los pescados azules, los champiñones o el queso. Además, cuidando una alimentación rica en vegetales, omega 3 y productos naturales, así como aquellos que tienen propiedades antibióticas, como la cebolla o el ajo, se protegerá al sistema inmune de cualquier infección.
  • Evita el estrés. Los nervios y los estados de ansiedad y estrés pueden contribuir a que el sistema inmunológico se debilite, bajen las defensas y, por tanto, haya vía libre para la entrada de infecciones. Por tanto, es importante el descanso, estar relajado y dormir entre siete u ocho horas, así como realizar ejercicio físico de forma habitual.
  • No automedicarse. Según el estudio “Percepción y hábitos de la población española en torno al resfriado y gripe”, avalado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), más de la mitad de los españoles se automedica (un 55%). Hay que recordar que los antibióticos se utilizan para acabar con las bacterias, no con los virus, y su uso indebido provoca que el organismo se haga resistente a ellos.
  • Evitar el alcohol y el tabaco. Ambos debilitan el sistema inmune, lo que hace que haya más posibilidades de resfriarse. Además, si ya se tiene el catarro y se sigue fumando, este agrava aún más los síntomas, puesto que resecan las vías respiratorias y puede inflamarse la garganta.

Estas pautas pueden evitar el contagio, aunque es difícil no caer en un resfriado en esta época. En cualquier caso, cuando se padece un catarro, es importante saber que no existe ninguna vacuna efectiva ni tratamiento etiológico, salvo el uso de analgésicos que ayudan a controlar los síntomas.

 

La tos crónica puede esconder una enfermedad grave

La tos crónica puede esconder una enfermedad grave

Uno de los motivos por el que se acude de forma frecuente al médico es la tos, tanto en Atención Primaria como en consultas de Neumología y Otorrinolaringología. La tos es uno de los principales mecanismos de defensa que poseen las vías respiratorias como protección frente a agentes extraños que irritan las vías respiratorias, como el humo. Frecuentemente estos episodios son de corta duración, en el contexto de un resfriado, sin presentar ninguna otra complicación importante y remitiendo a los pocos días. Sin embargo, cuando la tos se alarga en el tiempo, sí se considera un problema de salud y, pese a no ser una enfermedad en sí misma, puede afectar y mucho a la calidad de vida de una persona.

Cuando la tos dura más de 8 semanas y persiste a pesar de las terapias aplicadas, se denomina tos crónica,  pudiendo dar lugar a trastornos orgánicos secundarios, como un cambio en el ritmo del sueño, provocar un síncope o una fractura costal. Muchos pacientes piensan que una tos de larga duración es debida a un catarro “mal curado” o a la contaminación de las ciudades o el humo del tabaco, y no se le da la importancia que debiera, cuando puede ser un signo de una patología más grave.

Las causas de tos crónica son diversas: el asma, la bronquitis crónica o las alergias, el síndrome de goteo postnasal o el reflujo gastroesofágico son causas frecuentes. Sin embargo enfermedades más graves como las neumonías,  tuberculosis, el cáncer de pulmón o la fibrosis pulmonar también ocasionan tos crónica. La ingesta de algunos fármacos como los  inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), que suelen recetarse para regular la presión arterial alta y la insuficiencia cardíaca, pueden originar una tos crónica.Una vez descartadas las causas más frecuentes, la tos crónica se puede asociar a un trastorno neurosensorial del nervio laríngeo superior.

El principal síntoma es la tos en sí misma, pero también puede asociarse cosquilleo permanente e irritación en la garganta, carraspeo continuo, ardores, ronquera, o gusto extraño en la boca, entre otros.

La tos crónica puede provocar en la persona que la sufre un sentimiento de molestar de forma constante a los demás durante actividades sociales como ir al cine o a un restaurante. Algo que, si se prolonga, puede derivar incluso en ansiedad o depresión.

A pesar de ser algo muy común, muchos son los pacientes que se encuentran con problemas a la hora de recibir un diagnóstico, ya que la tos crónica puede deberse a numerosos factores. Para empezar, es importante descartar cualquier patología importante. Después, es necesario analizar los síntomas y el motivo que los provoca, para profundizar en esa línea, ya sea un fármaco, alergias o alguna infección.

En cualquier caso, si se percibe dificultad al respirar o al tragar, pérdida de peso involuntaria o sudores fríos, tos durante más de 2 semanas, fiebre, expectoración con sangre o flemas, entre otros, es importante acudir al otorrinolaringólogo para que se realicen los exámenes pertinentes, se descarten posibles enfermedades y se establezca el tratamiento adecuado.

San Blas, el patrón de los otorrinolaringólogos

San Blas, el patrón de los otorrinolaringólogos

El 3 de febrero se conmemora la festividad de San Blas, considerado patrón de las enfermedades de la garganta y de los otorrinolaringólogos. San Blas, cuyo nombre es Blas de Sebaste, era médico, obispo de Sebaste (Armenia) y conocido por su don de curación milagrosa.

Su atribución como patrono de los otorrinolaringólogos viene porque, según la tradición, en una ocasión salvó la vida a un niño que estuvo a punto de ahogarse porque se le clavó una espina de pescado en la garganta. Es por este motivo que es costumbre en este día bendecir las gargantas. Las madres de la época solían aclamar a San Blas con “San Blas bendito, que se ahoga el angelito” cuando sus hijos se enfermaban. Otros dichos del refranero popular son “San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito” o “San Blas, San Blas, que se ahoga el animal”.

En España, diversas localidades y pueblos sobre todo en zonas rurales, celebran esta festividad en la que en muchos sitios son los niños los protagonistas. En otros casos, se entra a la Iglesia para bendecir la garganta con un candelabro de dos velas cruzadas y en otros se elaboran panes y rosquillas, que son bendecidos por el santo para proteger y tratar las patologías de la garganta. También es costumbre en algunos lugares hacer hogueras la noche anterior para dar vueltas a su alrededor y poderse proteger de estas enfermedades. Por otro lado, es también patrón de lugares como Colombia o la ciudad de Dubrovnik, en Croacia.

Fue decapitado en el año 316 d.C después de ser torturado. Le detuvieron en el trascurso de la persecución cristiana llevada a cabo por el gobernador de Cappadocia. Le detuvieron cuando estaba orando en su cueva, en cuya entrada estaban esperando muchos animales para ser salvados.

¡Cuidado con el aire acondicionado!

¡Cuidado con el aire acondicionado!

El uso del aire acondicionado puede incrementar los problemas de garganta en verano, según advierte la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Las variaciones bruscas de temperatura y humedad, por el contraste entre recintos cerrados con aire frío y las altas temperaturas de la calle, son las responsables de dichos problemas, que se detallan a continuación.

El aire frío y seco que expulsan este tipo de máquinas provoca una serie de alteraciones en los sistemas de defensa naturales de la nariz y la garganta. Así, los cilios pierden movilidad y la circulación normal de la mucosa se vuelve más lenta o incluso cesa, lo que también puede dar lugar a la aparición de sinusitis y otitis.

Por otro lado, también se genera un ambiente seco que aumenta el daño en estos mecanismos de defensa. Por el mismo mecanismo de aire seco y frío tiene lugar una inflamación del tejido faríngeo y da lugar a la denominada faringitis.

Los principales síntomas son la sequedad y constricción faríngea, a veces, sensación de quemazón, así como carraspeo y exudado que desencadena una tos pertinaz. Por otro lado, los cambios bruscos de temperatura pueden ocasionar inflamación de la mucosa laríngea y provocar laringitis, cuyos síntomas principales son la disfonía y la odinofagia.

Las medidas recomendadas por los otorrinolaringólogos para prevenir problemas de garganta durante el verano pasan por evitar el uso prolongado del aire acondicionado y los cambios bruscos de temperatura. Además, será preciso llevar a cabo una adecuada y constante hidratación, para hacer frente a la sequedad del ambiente y, si es posible, usar humidificadores. Por otro lado, también es importante el seguimiento de una dieta equilibrada y seguir medidas higiénicas para evitar los contagios, como el lavado de manos.