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Anosmia: la pérdida total del sentido del olfato

Anosmia: la pérdida total del sentido del olfato

La anosmia se define como la pérdida total del sentido del olfato y puede deberse a múltiples causas. Si bien es uno de los síntomas en pacientes con COVID-19, sobre todo en jóvenes, mujeres y no hospitalizados, otras infecciones respiratorias, como la del resfriado o la gripe, también pueden hacer perder la capacidad de oler. Así mismo, algunos traumatismos, enfermedades nasales como la rinitis alérgica o la rinosinusitis crónica con o sin poliposis, cirugías nasales previas, determinados fármacos o enfermedades neurodegenerativas como el Párkinson o el Alzheimer pueden causar pérdida de la capacidad olfatoria.

El olfato desempeña un papel clave para la vida diaria de las personas, es considerado, como el gusto, un sentido químico que aporta información esencial del entorno. Influye en la selección de alimentos e ingesta de nutrientes al estar implicado en la regulación del apetito, en las relaciones interpersonales y en la detección de sustancias potencialmente tóxicas y peligrosas, por lo que sirve para alertar sobre determinados riesgos. Por ello, su pérdida puede suponer una frustración para la persona que la sufre al afectar, entre otras, a su capacidad para disfrutar de la comida, para identificar su propio olor personal, etc; lo que se traduce en un impacto significativo en la calidad de vida.

Patologías con alteración del olfato

El sentido del olfato se asocia a la edad, de tal forma que a media que se cumplen años va disminuyendo la capacidad olfatoria. Así, se calcula que esa disfunción está presente en el 20-30% de los individuos mayores de 65 años y puede aumentar hasta el 75% en mayores de 80 años, con mayor incidencia en los hombres. Además se estima que afecta casi el 90% de los pacientes diagnosticados de enfermedad de Alzheimer, Parkinson o algún tipo de demencia.

Más de la mitad de los pacientes con rinitis alérgica manifiestan algún grado de alteración del olfato, mientras la incidencia llega al 80% en los que sufren rinosinusitis crónica. Por su parte, el 7% de los traumatismos craneales se acompañan también de algún tipo de disfunción olfatoria.

A raíz de la pandemia de COVID-19 causada por el virus SARS-CoV-2 se ha visto como un gran número de pacientes sufre pérdida de olfato  y gusto debido a que el virus se sitúa en las vías respiratorias afectando al neuroepitelio olfativo. Además, se ha observado que puede causar manifestaciones neurológicas a través de mecanismos directos o indirectos, incluida la pérdida de olfato por daño del nervio olfatorio.

Tipos de alteraciones del olfato

Se llama normosmia al sentido normal del olfato y entre sus diferentes alteraciones se distinguen:

  • Hiposmia: es la disminución del sentido de olfato
  • Anosmia: es la pérdida total del sentido del olfato. La congénita supone el 3% de los casos y suele detectarse de forma aislada.
  • Parosmia: es cuando se realizan interpretaciones erróneas de la realidad en las que un olor agradable es percibido como desagradable.
  • Cacosmia: es la percepción de un olor desagradable ocasionado por estímulos originados en el organismo sin existencia de moléculas olorosas en el ambiente.
  • Fantosmia: es la percepción de un olor que no existe o que no está presente en el ambiente, como si fuera un olor fantasma de ahí su definición.

Diagnóstico y tratamiento de la anosmia

El otorrinolaringólogo realizará una serie de pruebas para valorar la afectación del sentido del olfato en los pacientes con sospecha. En primer lugar, desarrollará una historia clínica detallada para evaluar los antecedentes posibles de cirugías nasales, traumatismos, intoxicaciones o accidentes laborales.  Así mismo, serán necesarias pruebas de imagen y una endoscopia nasal.

Además, se realizará una olfatometría, un conjunto de pruebas que sirven para medir la capacidad olfativa y que consisten en exponer al paciente a una serie de olores con puntuaciones a distintas escalas para realizar un mapa sensorial. De esta manera el especialista puede evaluar la detección, identificación, discriminación y umbral del olfato. Para que funcione es necesaria la colaboración activa del paciente.

Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento dependerá del origen del problema. Así, se aplicarán glucocorticoides, tanto intranasales tópicos como sistémicos, para pacientes con rinosinusitis crónica. Por su parte, se emplearán antihistamínicos o corticoides tópicos en los afectados por la rinitis alérgica. También puede ser útil la vitamina A intranasal en la pérdida del olfato post infecciosa.

En pacientes con anosmia tras un proceso infeccioso o traumatismo en los que el problema persiste, la capacidad olfativa puede mejroar con la exposición repetida a diferentes odorantes.  A esta técnica se le  llama entrenamiento olfativo, un procedimiento seguro, con evidencia científica contrastada que permite obtener buenos resultados en aquellas personas con anosmia post viral.

¿En qué consiste el entrenamiento olfatorio?

¿En qué consiste el entrenamiento olfatorio?

El entrenamiento olfatorio constituye una técnica empleada en los servicios de otorrinolaringología desde hace más de una década para tratar la pérdida parcial (hiposmia) o total (anosmia) del sentido del olfato. Se trata de una herramienta útil que permite a los pacientes recuperar su capacidad olfatoria, perdida por múltiples causas, siempre que no exista fractura de base de cráneo o sección del nervio olfatorio. Es por tanto una estrategia de tratamiento eficaz, basada en la memoria olfativa, con evidencia científica contrastada, para aquellas personas que sufren estas alteraciones de forma persistente tras haber sufrido infecciones respiratorias agudas, como la provocada por la COVID-19, así como un traumatismo craneal o como consecuencia de otras enfermedades.

El entrenamiento olfatorio consiste en la exposición repetida a diferentes olores concentrados en recipientes individuales, que suelen ser limón, rosa, ahumado, vinagre, anís, clavo y eucalipto, durante unos 20 segundos cada uno, dos veces al día y durante un período aproximado de tres meses. En cualquier caso el especialista valorará los tiempos diarios y la duración total de la terapia en función de los resultados que se vayan obteniendo. Hasta el momento, es la única terapia que ha demostrado tener beneficios en la recuperación del sentido del olfato. De esta forma se consigue que el paciente pueda entrenarse en la discriminación de olores gracias a una rutina que mejora su  capacidad para recordarlos.

La anosmia o pérdida total del sentido del olfato implica una afectación de las células olfatorias, unas neuronas con capacidad para regenerarse a partir de las células basales situadas de forma habitual en la mucosa olfatoria. Si estas últimas no han resultado lesionadas, pueden regenerar el epitelio de la mucosa que ha sido dañado como consecuencia de infecciones o traumatismos. Esta regeneración se ha comprobado que puede incrementarse a partir de la estimulación del sentido olfatorio a través de la exposición repetida a sustancias odorantes.

Antes, durante y después del entrenamiento el otorrinolaringólogo realizará una olfatometría para valorar la capacidad olfatoria del paciente. Con esta prueba se pueden ver qué olores reconoce, si existen interpretaciones de los mismos alteradas o distorsionadas o incluso fantosmia, conocida como alucinación olfativa.

Evidencia científica del entrenamiento olfatorio

El primer autor en demostrar la eficacia y utilidad del entrenamiento olfatorio fue Thomas Hummel en 2009 con un estudio publicado en la revista Laryncoscope. La terapia se aplicó durante 12 semanas en pacientes con pérdida olfativa y consistió en exponerles dos veces al día a cuatro olores intensos de tipo floral, frutal, aromático y resinoso: rosa, eucalipto, clavo y limón. El 30% de ellos experimentaron un aumento de su función olfativa en comparación con los que no realizaron entrenamiento olfativo.

A partir de entonces los expertos han continuado realizando gran número de investigaciones y los especialistas han puesto en práctica la utilidad del entrenamiento olfatorio en sus consultas. Así, en 2013 se publica otro trabajo en la misma revista en la que se prueba el entrenamiento olfatorio, esta vez con una duración de 16 semanas, con los mismos cuatro olores que Hummel, y con mejores resultados: el 67,8% de pacientes postinfecciosos y el 33,2% de los postraumáticos mejoraron su función olfativa.

Ese mismo año se publica un estudio multicéntrico en el que participan 12 centros europeos y 144 pacientes con anosmia postinfecciosa de más de 2 años de duración. Un grupo realizó el entrenamiento con altas concentraciones de olores y otro grupo con bajas concentraciones. En el primero de ellos, la función olfativa mejoró en el 26% de los casos, frente al 15% del segundo.

Un estudio más reciente publicado en junio de 2020  en la revista Clinical and Experimental Otorhinolaryngology confirma la aceptación del entrenamiento olfatorio para tratar la disfunción olfativa y demuestra sus efectos en pacientes con disfunción postinfecciosa.