Informe FACME: Impacto de la COVID-19 en lo NO-COVID

La Federación de Asociaciones Científicos Médicas Españolas (FACME) ha elaborado un documento con estrategias e intervenciones para “repriorizar” la atención NO-COVID en el Sistema Nacional de Salud titulado: Impacto de la COVID-19 en lo NO-COVID.

El resumen ejecutivo de este plan de acción se divide en dos grandes bloques:

  • El impacto de la COVID-19 en lo No-COVID. El documento analiza cómo la pandemia ha elevado la morbi-mortalidad de todas las enfermedades. En el documento se recogen algunos ejemplos de cáncer, salud mental, enfermedad cardiovascular y cronicidad.
  • Las estrategias e intervenciones para “re-priorizar” la atención No-COVID en el SNS con la reivindicación de que los profesionales sanitarios sean considerados codecisores del modelo asistencial.

Puede leer el informe completo aquí: https://seorl.net/wp-content/uploads/2021/11/Resumen-Ejecutivo-Proyecto-FACME-Impacto-de-la-COVID-19-en-lo-No-COVID.pdf

La SEORL-CCC analizará las consecuencias faringolaríngeas en pacientes intubados por COVID-19

La pandemia de COVID-19 ha aumentado de manera exponencial el número de intubaciones orotraqueales (IOT) prolongadas y la necesidad de traqueotomías debido a las consecuencias que la enfermedad implica para la función respiratoria. Por ello, desde SEORL-CCC, a través de su Comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución, se ha puesto en marcha un registro nacional, multicéntrico, de casos con lesiones faringolaríngeas secundarios a intubación por COVID-19 y las secuelas crónicas relacionados con estas lesiones desde marzo de 2020, y de forma prospectiva hasta el final de la pandemia por SARS-CoV-2. Las investigadoras principales son las doctoras María Estefanía Hernández García, Rosa Hernández Sandemetrio y Ana Quintana Sanjuás.

Cuando las intubaciones son prolongadas y tienen una duración mayor de 7 días se pueden producir lesiones laríngeas como edema, granulomas, úlceras o alteración de la movilidad. Estas lesiones a su vez pueden generar efectos crónicos entre los que se incluyen la estenosis de las vías respiratorias, secuelas de cicatrización en las cuerdas vocales, así como fijación de la articulación cricoaritenoidea. Todas ellas requieren de una solución quirúrgica que puede resultar muy compleja. Todos estos efectos se pueden evitar mediante la realización de una traqueotomía precoz. Sin embargo, la presión asistencial hace que a menudo esta alternativa sea demorada, lo que puede hacer aumentar las lesiones laríngeas.  Un trabajo reciente publicado en Laringoscope realizado con 41 pacientes, revelan una alta incidencia de lesiónes laríngeas entre los pacientes sometidos a intubación e inserción de traqueotomía durante la pandemia.

Además, en cuanto a las lesiones relacionadas con la voz, se ha podido observar que el neurotropismo del SARS-COV-2 también puede provocar alteraciones en la movilidad y sensibilidad vocal. Por ello, los otorrinolaringólogos considera interesante conocer cuál puede ser la incidencia real y los detalles de los casos para determinar las posibles causas de disfonía y disfagia tras la infección por COVID-19.

La paresia vocal leve puede provocar clínica de fatiga de voz y problemas de rango vocal muy apreciables en la voz cantada. Las presentaciones más comunes de la neuropatía sensorial laríngea son la tos crónica y la disfunción de la deglución, aunque aún no se dispone de mucha información sobre esta afección. Un estudio reciente publicado en The Journal of Voice concluye que la disfonía es un síntoma muy prevalente y de larga duración en personas afectados por COVID-19, tras un análisis a 160 pacientes en el que el 43% informó disfonía y el 26% fatiga de voz.

El virus SARS-CoV-2 podría dañar el nervio auditivo

La sordera súbita podría ser una complicación excepcional del COVID-19, debido al daño que puede provocar el virus SARS-CoV-2   sobre el nervio auditivo. Es una de las conclusiones de una revisión bibliográfica realizada por varios miembros de la SEORL-CCC sobre los casos de sordera súbita registrados vinculados al COVID-19. Hasta el momento se han localizado 12 en todo el mundo, aunque se desconoce si la incidencia puede ser mayor. Por ello, la SEORL-CCC ha puesto en marcha un estudio retrospectivo y prospectivo para registrar los casos de sordera súbita relacionados con el virus SARS-CoV-2  detectados en España en 2020 y 2021.

La sordera súbita (SS) presenta una gran variabilidad entre diferentes países, así como una incidencia relativamente baja (<100 casos por cada 100.000 habitantes/año). Consiste en la aparición de una hipoacusia neurosensorial de al menos 30 dB en tres o más frecuencias consecutivas en la audiometría tonal que se instaura en menos de 72 horas. Aunque en la mayoría de los casos su causa es desconocida, se sabe que puede estar originada por una infección viral, oclusión vascular o mecanismos inmunológicos. Su consecuencia más evidente es el deterioro auditivo que puede ser persistente, pudiendo asociarse a tinnitus y vértigo, afectando a la calidad de vida de algunos pacientes de forma muy negativa.

El virus SARS-CoV-2 puede afectar a múltiples órganos, incluyendo el sistema nervioso central y periférico. Por un lado, provoca la liberación de citoquinas y puede inducir daño auditivo, endotelitis y afectación de la función microcirculatoria. Por otro, puede invadir el nervio coclear, causando una neuritis, o afectar a los tejidos blandos de la cóclea causando cocleitis. Así los explican en la revisión bibliográfica sus autores: los doctores Mª José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la SEORL-CCC , Carmelo Morales, Guillermo Plaza y Pablo Parente, estos últimos miembros de la Comisión Delegada de la SEORL-CCC. Además, la infección por el SARS-CoV-2 se ha asociado con complicaciones trombóticas, tanto arteriales como venosas (sobre todo estas últimas) que podrían contribuir al desarrollo de hipoacusia neurosensorial en algunos casos.

La revisión bibliográfica realizada por miembros de la SEORL-CCC permite concluir que la presencia de hipoacusia súbita en pacientes con COVID-10 es excepcional. Aunque no se puede descartar que los casos descritos estén enmarcados en una asociación al azar, dados los aspectos fisiopatológicos de la infección por el virus SARS-CoV-2,  la edad de los pacientes descritos hasta el momento y la forma de presentación en algunos de ellos, es probable que tengan relación con la propia enfermedad. Del total de artículos revisados, se han encontrado 12 pacientes con sordera súbita  e infección por el virus SARS-CoV-2. La mitad de los casos eran mujeres y no se ha encontrado relación entre la aparición de la sordera súbita y la gravedad  de la  COVID-19.

Registro de casos de sordera súbita en España

La SEORL-CCC ha puesto en marcha un registro español de casos de sordera súbita vinculados a COVID-19.  La propuesta es que a toda persona que entre en urgencias con una hipoacusia súbita  se le haga una PCR para descartar que tenga asociación con el virus SARS-CoV-2. Esto nos va a servir para afinar más en la etiología del registro de casos y para anotar los que estén asociados o no al COVID-19. De esta forma, además, también se proponen determinar la incidencia de sordera súbita en España, lo que les permitirá conocer mejor la enfermedad y poder analizar y comparar la respuesta a los diferentes tratamientos empleados.

Este estudio se  inició en los Servicios de Otorrinolaringología de cuatro hospitales españoles: H. Universitario de Fuenlabrada (Madrid), H. Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza), H. Marqués de Valdecilla (Santander) y H. Universitario de A Coruña. En la actualidad hay 70 hospitales españoles participando en el estudio aunque, desde la SEORL-CCC, se invita a participar a todos los hospitales del ámbito nacional.

Anosmia: la pérdida total del sentido del olfato

La anosmia se define como la pérdida total del sentido del olfato y puede deberse a múltiples causas. Si bien es uno de los síntomas en pacientes con COVID-19, sobre todo en jóvenes, mujeres y no hospitalizados, otras infecciones respiratorias, como la del resfriado o la gripe, también pueden hacer perder la capacidad de oler. Así mismo, algunos traumatismos, enfermedades nasales como la rinitis alérgica o la rinosinusitis crónica con o sin poliposis, cirugías nasales previas, determinados fármacos o enfermedades neurodegenerativas como el Párkinson o el Alzheimer pueden causar pérdida de la capacidad olfatoria.

El olfato desempeña un papel clave para la vida diaria de las personas, es considerado, como el gusto, un sentido químico que aporta información esencial del entorno. Influye en la selección de alimentos e ingesta de nutrientes al estar implicado en la regulación del apetito, en las relaciones interpersonales y en la detección de sustancias potencialmente tóxicas y peligrosas, por lo que sirve para alertar sobre determinados riesgos. Por ello, su pérdida puede suponer una frustración para la persona que la sufre al afectar, entre otras, a su capacidad para disfrutar de la comida, para identificar su propio olor personal, etc; lo que se traduce en un impacto significativo en la calidad de vida.

Patologías con alteración del olfato

El sentido del olfato se asocia a la edad, de tal forma que a media que se cumplen años va disminuyendo la capacidad olfatoria. Así, se calcula que esa disfunción está presente en el 20-30% de los individuos mayores de 65 años y puede aumentar hasta el 75% en mayores de 80 años, con mayor incidencia en los hombres. Además se estima que afecta casi el 90% de los pacientes diagnosticados de enfermedad de Alzheimer, Parkinson o algún tipo de demencia.

Más de la mitad de los pacientes con rinitis alérgica manifiestan algún grado de alteración del olfato, mientras la incidencia llega al 80% en los que sufren rinosinusitis crónica. Por su parte, el 7% de los traumatismos craneales se acompañan también de algún tipo de disfunción olfatoria.

A raíz de la pandemia de COVID-19 causada por el virus SARS-CoV-2 se ha visto como un gran número de pacientes sufre pérdida de olfato  y gusto debido a que el virus se sitúa en las vías respiratorias afectando al neuroepitelio olfativo. Además, se ha observado que puede causar manifestaciones neurológicas a través de mecanismos directos o indirectos, incluida la pérdida de olfato por daño del nervio olfatorio.

Tipos de alteraciones del olfato

Se llama normosmia al sentido normal del olfato y entre sus diferentes alteraciones se distinguen:

  • Hiposmia: es la disminución del sentido de olfato
  • Anosmia: es la pérdida total del sentido del olfato. La congénita supone el 3% de los casos y suele detectarse de forma aislada.
  • Parosmia: es cuando se realizan interpretaciones erróneas de la realidad en las que un olor agradable es percibido como desagradable.
  • Cacosmia: es la percepción de un olor desagradable ocasionado por estímulos originados en el organismo sin existencia de moléculas olorosas en el ambiente.
  • Fantosmia: es la percepción de un olor que no existe o que no está presente en el ambiente, como si fuera un olor fantasma de ahí su definición.

Diagnóstico y tratamiento de la anosmia

El otorrinolaringólogo realizará una serie de pruebas para valorar la afectación del sentido del olfato en los pacientes con sospecha. En primer lugar, desarrollará una historia clínica detallada para evaluar los antecedentes posibles de cirugías nasales, traumatismos, intoxicaciones o accidentes laborales.  Así mismo, serán necesarias pruebas de imagen y una endoscopia nasal.

Además, se realizará una olfatometría, un conjunto de pruebas que sirven para medir la capacidad olfativa y que consisten en exponer al paciente a una serie de olores con puntuaciones a distintas escalas para realizar un mapa sensorial. De esta manera el especialista puede evaluar la detección, identificación, discriminación y umbral del olfato. Para que funcione es necesaria la colaboración activa del paciente.

Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento dependerá del origen del problema. Así, se aplicarán glucocorticoides, tanto intranasales tópicos como sistémicos, para pacientes con rinosinusitis crónica. Por su parte, se emplearán antihistamínicos o corticoides tópicos en los afectados por la rinitis alérgica. También puede ser útil la vitamina A intranasal en la pérdida del olfato post infecciosa.

En pacientes con anosmia tras un proceso infeccioso o traumatismo en los que el problema persiste, la capacidad olfativa puede mejroar con la exposición repetida a diferentes odorantes.  A esta técnica se le  llama entrenamiento olfativo, un procedimiento seguro, con evidencia científica contrastada que permite obtener buenos resultados en aquellas personas con anosmia post viral.

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