• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin
Tumores de oído: síntomas y tratamiento

Tumores de oído: síntomas y tratamiento

Los tumores de oído y hueso temporal se clasifican en función de su localización (oído externo, medio, etc), por lo que en cada región del oído y del hueso temporal pueden haber neoplasias con distintas características clínicas. La localización de estos tumores tiene importancia en la medida en que va a influir tanto en el tratamiento como en el pronóstico, debido la compleja anatomía del oído y del hueso temporal. Los tumores del oído y del hueso temporal son sobre todo los malignos pudiendo invadir regiones contiguas, como la base del cráneo. El papel del otorrinolaringólogo es clave por sus amplios conocimientos del hueso temporal y de sus estructuras adyacentes que permitirán un correcto manejo de este tipo de lesiones.

El hueso temporal forma parte de la base del cráneo y es una región relativamente inaccesible, por lo que a menudo los síntomas de los tumores malignos de oído se manifiestan solo después de alcanzar dimensiones significativas o afectar estructuras contiguas como el nervio facial, la parótida o erosionar la base del cráneo. Por su parte, las lesiones benignas que afectan al oído y al hueso temporal, las más frecuentes, dan lugar a hipoacusia, clínica  vestibular y afectación de los pares craneales en forma de disfagia, disfonía, aspiración, paresia del nervio facial y problemas oculares.

Diagnóstico de los tumores de oído

Los tumores de oído tienen a menudo una localización inaccesible a la exploración directa del otorrinolaringólogo, lo que hace que, unido a los síntomas inespecíficos, la exploración radiológica sea una herramienta imprescindible para el diagnóstico, la planificación y el tratamiento. Mediante los estudios radiológicos se puede comprobar la extensión de la neoplasia y la relación de la tumoración con las estructuras vecinas como la base del cráneo o la arteria carótida. Al mismo tiempo, una vez realizada la cirugía, esta prueba deberá realizarse de forma periódica para hacer un seguimiento a medio y largo plazo que permita detectar posibles recidivas.

El estudio radiológico incluirá el uso de técnicas como son la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC es la más accesible, de corta duración, por lo que suele hacerse en primer lugar, y permite la valoración de estructuras óseas. Por su parte, la RM permite una valoración más precisa porque incluye las partes blandas.  Lo correcto es hacer una combinación de ambas pruebas para afinar con el diagnóstico.

Tumores malignos

El carcinoma epidermoide o de células escamosas del conducto auditivo externo (CAE) puede llegar a representar el 80% de los tumores. Tiene una incidencia de 1 a 6 pacientes por cada millón de habitantes al año y es más común en personas entre la quinta y sexta década de vida, con un ligero predominio masculino. Entre los principales factores de riesgo se han identificado la exposición a los rayos ultravioleta, la otorrea crónica de larga evolución, sustancias químicas como los desinfectantes clorados, la predisposición genética o la radioterapia previa.

El primer síntoma suele ser la otorrea o la otorragia y su diagnóstico suele retrasarse porque su sintomatología es similar a la de otros procesos otológicos benignos como las otitis crónicas, el colesteatoma, etc. Este tipo de tumores tienen un crecimiento agresivo y las metástasis regionales son relativamente frecuentes, con una incidencia del 6-20%. Algunos factores asociados a un peor pronóstico son la extensión tumoral a la base del cráneo, la presencia de ganglios positivos, los márgenes positivos y la parálisis facial. Su tratamiento consiste en combinar cirugía y radioterapia, siendo la primera de ellas fundamental y debe ser lo suficientemente radical para eliminar el tumor.

Los tumores malignos que afectan al oído medio son poco frecuentes presentando una incidencia de 6 casos por millón de personas en la población general. Al igual que ocurre en el oído externo, el carcinoma epidermoide es más frecuente en esta localización. La mayor parte de estos pacientes presentan una supuración crónica del oído acompañada de hipoacusia, por lo que al principio es complicado sospechar la presencia de un tumor. En estos casos habrá que tener en cuenta signos de alarma como la otorrea con sangre o la aparición de dolor, lo que suele suceder de forma tardía. La parálisis facial puede llegar a afectar al 50% de los pacientes cuando la enfermedad está avanzada. Se trata de un tumor agresivo con mal pronóstico, ya que su supervivencia global a los 5 años se sitúa alrededor del 30% con una mediana de supervivencia de 18 meses. El tratamiento también se basa en combinar cirugía y radioterapia.

El carcinoma basocelular  es el tumor más frecuente en el oído externo. Suele afecta al pabellón auricular, no al CAE. Su tratamiento consiste en la resección local, haciendo la cirugía lo más agresiva posible para evitar recidivas, ya que a pesar de ser de lento crecimiento y no dar metástasis, conllevan una importante morbilidad. Cuando los tumores no se pueden resecar se empleará radioterapia.

El rabdomiosarcoma de oído medio es un tumor raro que afecta sobre todo a los niños, con más del 50% de los casos diagnosticados en menores de 10 años. También tiene síntomas iniciales poco específicos como la hipoacusia y la otitis media recurrente, lo que hace que se diagnostiquen en etapas tardías. Las metástasis a distancia pueden encontrarse en el 14% de los pacientes, siendo la localización más habitual el pulmón. Suele ser controlable en la mayoría de los niños con enfermedad localizada, con una supervivencia a los 5 años de más del 70%. Las recaídas son frecuentes en pacientes con extensión intracraneal o que tienen enfermedad metastásica en el momento del diagnóstico.

Tratamiento de los tumores de oído

El tratamiento en la mayor parte de los tumores de oído y hueso temporal es quirúrgico y va a depender de sus características histopatológicas, de su localización y de las estructuras afectadas. Por eso el estudio previo y el diagnóstico son claves para tomar una decisión adecuada. Además, el empleo de radioterapia y quimioterapia pueden ser útiles para mejorar el pronóstico.

En el tratamiento es importante contar con técnicas de reconstrucción adecuadas para cada defecto y características del paciente. En este sentido, se emplearan colgajos regionales para pequeños defectos, mientras que para defectos más extensos o casos en los que es necesaria una cirugía previa o radiación se utilizan colgajos libres. La indicación del tipo de colgajo para reconstruir los defectos que ocasionan las cirugías radicales de resecación del tumor deberá ser individualizada para cada paciente y tendrá que estar planificada previamente. Para todo ello es fundamental que el cirujano conozca bien las distintas técnicas de reconstrucción.