
¿La hipoacusia puede tener un origen genético?
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La hipoacusia (pérdida de audición) puede tener un origen genético, especialmente cuando se presenta desde el nacimiento o en los primeros años de vida. De hecho, la hipoacusia profunda congénita afecta aproximadamente a 1-2 de cada 1.000 recién nacidos. Se estima que cerca de dos tercios de los casos de hipoacusia de inicio temprano se deben a causas genéticas, mientras que el tercio restante estaría relacionado con factores ambientales.
Con los avances en salud pública y en el cuidado médico, las causas ambientales han disminuido progresivamente. Al mismo tiempo, el desarrollo de la biología molecular ha permitido identificar con mayor precisión los genes responsables de la hipoacusia, mejorando así el diagnóstico y el manejo clínico. De hecho, en algunos casos en los que se atribuye la hipoacusia a factores ambientales, como infecciones o exposición a fármacos ototóxicos, se han detectado mutaciones genéticas subyacentes. Esta interacción entre lo genético y lo ambiental puede ser compleja, y cobra especial relevancia a la hora de orientar el diagnóstico y el asesoramiento genético a las familias.
En la actualidad, el estudio genético es una de las herramientas con mayor rendimiento diagnóstico, sobre todo cuando no hay una causa evidente identificable en la historia clínica, tanto en niños como en adultos. Por este motivo, la CODEPEH (Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia) recomienda el estudio genético como primer paso diagnóstico en los casos de hipoacusia neurosensorial no sindrómica.
Las hipoacusias genéticas se clasifican en dos grandes grupos:
- No sindrómicas (70%): la pérdida de audición es el único signo presente.
- Sindrómicas (30%): la hipoacusia se acompaña de otras manifestaciones clínicas, como alteraciones visuales, cardiacas, renales, entre otras. Actualmente se han identificado más de 400 síndromes en los que la hipoacusia forma parte del cuadro clínico.
¿Por qué es útil un estudio genético en la hipoacusia?
Un análisis genético bien realizado puede aportar numerosos beneficios, tanto para el paciente como para sus familiares:
- Permite conocer de forma temprana la causa de la pérdida auditiva.
- Facilita un adecuado asesoramiento genético para la familia.
- Ayuda a evitar pruebas diagnósticas innecesarias, lo que supone una mejora en la eficiencia y el coste del proceso diagnóstico, especialmente en niños.
- En algunos casos, permite predecir la evolución de la hipoacusia.
- Puede evitar un mayor deterioro auditivo en personas con mayor sensibilidad a ciertos factores ambientales.
- Ayuda a prevenir manifestaciones sindrómicas potencialmente graves que podrían pasar desapercibidas en un primer momento.
Finalmente, tiene implicaciones en los tratamientos del futuro, ya que se están desarrollando terapias génicas y celulares dirigidas a mutaciones específicas






