implante-coclear

Los implantes cocleares son dispositivos electrónicos que permiten restaurar la función auditiva mediante la estimulación eléctrica de las terminaciones nerviosas del nervio coclear. Se colocan mediante una intervención quirúrgica y permiten a un paciente completamente sordo de ambos oídos obtener sensación auditiva. Lo pueden utilizar los pacientes que padezcan una pérdida auditiva profunda de ambos oídos y se deban a alteraciones del oído interno, en concreto de la cóclea (caracol).

Se pueden colocar tanto en niños que han nacido sordos como en adultos que han perdido la audición a lo largo de su vida. Dentro de la cobertura del sistema nacional de salud, están incluidos tanto el estudio como el tratamiento quirúrgico de estos pacientes, siempre y cuando se realice en uno de los centros acreditados a tal efecto.

Los resultados son extraordinariamente satisfactorios dado que la gran mayoría de los pacientes implantados, tras un periodo variable, tienen sensación auditiva que les permite desarrollar una vida que en muchos casos es equiparable a la de una persona normoyente.

Funcionamiento de un implante coclear

Consta de una parte externa conocida como procesador de voz que dispone de un micrófono para captar la señal sonora, una unidad de baterías para alimentar el dispositivo, una bobina y la electrónica necesaria para procesar la señal. La bobina contiene un imán y un transmisor de radiofrecuencia para comunicarse con la parte interna. La electrónica de la parte externa analiza la señal acústica y la codifica en forma de estímulos eléctricos, es decir, hace las funciones de transductor mecano-eléctrico que fisiológicamente lleva a cabo la cóclea.

La parte interna actúa como receptor o estimulador y es la que se introduce en el paciente mediante un acto quirúrgico por lo que queda aislada del exterior. Se compone de una carcasa que se fija sobre el cráneo del paciente, una guía de electrodos que se aloja en la rampa timpánica de la cóclea y, en algunos modelos, un electrodo de referencia que se coloca debajo del músculo temporal.

Los imanes de la bobina y del receptor-estimulador mantienen unidas ambas partes: el receptor-estimulador queda anclado al hueso y la bobina del procesador de voz queda al otro lado de la piel sujeta por la fuerza del imán. La comunicación entre una y otra parte se realiza mediante ondas de radio que atraviesan la piel, sin que exista ningún contacto físico entre ambas. Estas ondas de radio transportan la energía para la parte interna (que carece de unidad de baterías propia) y los datos procesados por la parte externa. La parte interna genera los pulsos eléctricos codificados en los datos que recibe del procesador de voz y los transmite a las terminaciones nerviosas del nervio auditivo a través de la guía de electrodos.

 

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