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disfonía

La tiroides es una glándula endocrina que tiene una importante función en la salud. A través de la secreción de sus hormonas, contribuye a que todos los órganos funcionen correctamente, ya que controla y regula funciones metabólicas, del crecimiento, reproductivas…, etc. Cuando esta glándula incrementa su tamaño, se produce lo que se conoce como bocio, una de las alteraciones más comunes de la tiroides. Este aumento es, a menudo, visible y palpable, aunque no todos los tipos tienen el mismo tamaño. De hecho, existen varios grados, que van desde el grado 0 o ausencia de bocio, hasta grado 4 o bocio gigante. Es importante señalar que bocio no es sinónimo de alteración de la función tiroidea, es más, la mayoría de los casos de bocio cursan con función normal de la glándula tiroides. No obstante hay casos de bocio que cursan con hipotiroidismo o con hipertiroidismo.

Una de las causas más importantes de esta afección es la deficiencia de yodo, nutriente esencial en el organismo para producir la hormona tiroidea. Para prevenir la aparición de bocio, es necesario llevar una dieta adecuada en la que se incluya el yodo. Según la Organización Mundial de la Salud, la cantidad diaria recomendada de este mineral está en torno los 150 microgramos. En el caso de las embarazadas o que estén en periodo de lactancia, aconsejan aumentar la ingesta hasta los 200 microgramos al día, puesto que las mujeres en gestación son más propensas a padecer esta patología. Los alimentos ricos en esta sustancia son el pescado, la leche o la sal yodada, que funciona igual que la común y puede usarse de la misma forma y en las mismas cantidades.

Otras veces, se trata de factores ambientales externos, como ciertos medicamentos, el tabaco o algunas infecciones. También, algunas enfermedades pueden provocar bocio como la enfermedad de Graves-Basedow o la tiroiditis de Hashimoto.

Frecuentemente la gente que padece esta patología no presenta ningún síntoma más que un aumento del perímetro en la zona del cuello donde se encuentra la glándula tiroides. No obstante, se pueden dar otros signos, como la dificultad al respirar o tragar, tos irritativa, ronquera, dolor, etc., aunque estas manifestaciones no son muy frecuentes.

En cuanto al tratamiento, todo depende de la evolución del bocio, las causas que lo originaron y los síntomas. Normalmente, se realiza un seguimiento al paciente para controlar el tamaño del bocio y la aparición de síntomas de disfunción o de compresión de estructuras próximas. En los casos de hipofunción tiroidea es necesario el reemplazo de la hormona tiroidea con levotiroxina. Para el hipertiroidismo, pueden ser necesarios medicamentos antitiroideos para normalizar los niveles hormonales. En el caso de que el bocio adquiera un tamaño considerable y provoque problemas de compresión de las estructuras de la vía aerodigestiva superior, si la hiperfunción tiroidea no se puede controlar con tratamiento médico, hay sospecha de malignidad sospecha de malignidad (cáncer de tiroides), o, simplemente, por una cuestión estética, la intervención quirúrgica para la resección de la mitad o de todo el tiroides es la solución. El otorrinolaringólogo es el especialista encargado de llevar a cabo esta cirugía.

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