• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin

Pruebas y maniobras necesarias para el diagnóstico y tratamiento del vértigo paroxístico benigno

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) es un síndrome vestibular episódico secundario a un trastorno causado por la movilización de otoconias que se desprenden de la membrana otolítica del utrículo y se desplazan hacia los conductos semicirculares. Es un trastorno muy frecuente que provoca un nistagmo característico dependiendo del conducto que presenta el acúmulo de otoconias y que produce un síndrome vestibular episódico de breve duración, por lo general, inferior a un minuto. Suele ocurrir al acostarse, cuando el paciente se gira en la cama o al agachar la cabeza. El sujeto percibe un giro de objetos con los cambios de posición, aunque los de avanzada edad describen inestabilidad. Todo ello puede ir acompañado de náuseas o vómitos.

El diagnóstico del VPPB se basa en la detección de los síntomas característicos descritos y en las pruebas exploratorias. Entre ellas se encuentran la prueba de Dix-Hallpike y la prueba de rotación cefálica o de McClure.  Con ellas se puede determinar el canal afecto y la presencia del problema en uno o dos oídos. A continuación se explica de forma breve cada una de ellas:

  • Prueba de Dix-Hallpike: puede realizarse con las gafas de Frenzel o con un videonistagmógrafo para conseguir ver el nistagmo con más facilidad. Consiste en sentar al paciente en la camilla con las piernas sobre ella, girar su cabeza 45º hacia un lado y tumbarle rápidamente sobre la camilla, de manera que quede colgando por debajo de esta. Se esperarán 30 segundos para ver si aparece crisis de vértigo y nistagmo, y se hará la misma maniobra hacia el lado contrario.
  • Prueba de Mc Clure: si en la maniobra anterior aparece nistagmo en los dos lados o bien hay sospecha de afectación del canal horizontal, se realizará esta maniobra que consiste en poner al paciente en posición de decúbito supino, elevar su cabeza 30º, girar hacia un lado y esperar la aparición de nistagmo. Después se girará hacia el otro lado. Será positiva cuando aparezca nistagmo y vértigo con la rotación hacia ambos lados.

 

Tratamiento del vértigo posicional paroxístico benigno

A la hora de tratar el VPPB el tratamiento médico con sedantes vestibulares no resulta útil. Así, la forma más efectiva de tratamiento son las maniobras de reposición. Además, se puede complementar con una serie de ejercicios de habituación en casa. En aquellas personas en las que no resulten efectivos los tratamientos habituales se contemplará la cirugía.

El tratamiento o maniobra terapéutica dependerá del conducto y canal implicados, siendo necesario indicar el conducto sobre el que se aplica un tratamiento. Las maniobras de reposición se basan en exponer el conducto a la gravedad para provocar el desplazamiento de las partículas hacia el utrículo. Hay que tener en cuenta que no todas las maniobras son eficaces para todos los pacientes, pues va a depender de las características del paciente como la movilidad, la edad, el peso, etc. Entre las maniobras utilizadas se encuentran:

  • Maniobra de Epley: es una maniobra de reposición para el canal posterior de carácter canicular, basada en la canalitiasis, es decir, la aparición de nistagmo en la maniobra hacia ambos lados. El objetivo es conseguir la movilización de las otoconias desde el canal semicircular afecto hasta el utrículo. Para ello el paciente está sentado en la camilla, con las piernas sobre ella, y se le gira la cabeza 45º sobre el lado que se sabe ya que tiene enfermo. Después se le tumba en decúbito supino con la cabeza girada y se le rota 90º hacia el lado sano. A continuación se rotará también el cuerpo hacia el mismo lado, manteniendo el giro de la cabeza (hacia el suelo). Se termina sentando al paciente con la cabeza en la misma posición y después enderezándola.
  • Maniobra de Semont: tiene como objetivo conseguir un desplazamiento brusco de las otoconias desde el conducto semicircular posterior hasta el utrículo. El paciente se sienta en la camilla con las piernas colgando y se le gira la cabeza hacia el lado sano para después tumbarle bruscamente hacia el lado lesionado. Después, sin cambiar la posición de la cabeza se realiza un giro brusco de 180º y se vuelve a la posición inicial.
  • Maniobra de Gufoni: es una maniobra para el canal horizontal. En esta el paciente está sentado en el borde de la camilla y se le tumba sobre el lado sano. Una vez que desaparece el nistagmo o tras 60-90 segundos, se gira la cabeza 45 grados hacia el lado sano. Una vez que cesa el nistagmo o pasado el mismo tiempo, se incorpora al paciente.
  • Maniobra de Lempert: el paciente está en decúbito supino, se gira su cabeza 90º hacia el lado sano, y se van haciendo giros de 90º, acompañando el cuerpo al giro de la cabeza de forma progresiva, en distintas fases marcadas por la aparición de nistagmo o por períodos de 60-90 segundos. Se acabará cuando el paciente está sobre el lado afecto, con un giro de 270º y luego se incorpora.
  • Maniobra de Yacovino: se utiliza cuando está afecto el canal superior. Así, se comienza con el paciente sentado en la camilla, se le tumba con la cabeza suspendida fuera de la camilla, se esperan 30 segundos o la aparición de nistagmo y se flexiona la cabeza hacia adelante hasta que la barbilla toque el pecho. Después, tras 30 segundos o aparición de nistagmo se incorpora al paciente.

 

El VPPB se considera resuelto cuando no se observa nistagmo en la prueba de provocación correspondiente.

Más información en: https://seorl.net/wp-content/uploads/2016/05/Gu%C3%ADa-VPPB.pdf

Vértigo posicional paroxístico benigno: causas y síntomas

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se produce por el desplazamiento de unas partículas llamadas otoconias. Estas partículas flotan libremente por los canales semicirculares del oído y son responsables de la rotación y movimientos de la cabeza. Es por eso que, ante determinados movimientos o giros, aparece la sensación de mareo. El VPPB es el vértigo más frecuente y tiene una incidencia de en torno al 2 y 3% de la población, sobre todo en mujeres de entre 40 y 60 años. Es el trastorno más frecuentemente diagnosticado en la consulta de Otoneurología.

Un estudio español reciente realizado con más de 7.800 pacientes y publicado en Acta Otorrinolaringológica Española concluye que la incidencia anual de trastornos de equilibrio en Atención Primaria es del 2,2%. Además, más de la mitad de esos pacientes fueron diagnosticados con algún tipo de vértigo posicional.

El paciente que sufre este tipo de vértigo lo describe como un vértigo súbito y de aparición brusca y corta duración (por eso es paroxístico) y tiene un componente postural (posicional). Se considera benigno porque no hay una causa neurológica. El paciente nota una sensación muy desagradable al levantar o agachar la cabeza, o incluso al darse la vuelta en la cama, pues nota un vértigo rotatorio, como si el entorno se moviera de forma brusca en un tiempo de entre 10 y 30 segundos. Además, se puede acompañar de náuseas, vómitos, palidez y sudoración, con una percepción muy incapacitante. No es un problema grave, salvo en personas mayores en las que puede aumentar el riesgo de caídas.

Los episodios de VPPB pueden aparecer durante algún tiempo y luego volver a aparecer. Si se sufren de forma recurrente y con aparición brusca, es importante consultar con el especialista cualquier signo de vértigo o mareo.

Diagnóstico del VPPB

El concepto de vértigo se define como una alucinación de movimiento, ya que este no existe. Su principal problema a la hora de identificarlo radica en la dificultad del paciente para explicar esa sensación. Por ello, tiende a evitar la postura que desencadena estos episodios. Su diagnóstico, realizado por el otorrinolaringólogo, consiste en una exploración oculomotora, con maniobras de provocación para detectar el canal del oído que provoca estos síntomas. De esta forma se analiza la respuesta oculomotora del paciente junto con la respuesta clínica.

En el diagnóstico se emplean maniobras como la de Dix-Hallpike, por la cual se realizan movimientos de la cabeza del paciente. En ocasiones es recomendable apoyarse del uso de unas gafas o de un videonistagmógrafo para observar con mayor facilidad el nistagmo (movimiento involuntario de los ojos). También se realizan las pruebas de rotación cefálica o de McClure y la maniobra del decúbito lateral.

En cuanto al tratamiento, el otorrinolaringólogo empleará una serie de maniobras encaminadas a la reposición que han demostrado ser un efectivas  para el VPPB, así como ejercicios de habituación para que el paciente realice en casa.

¿Cómo afecta la laringectomía a la calidad de vida de los pacientes con cáncer de laringe?

La laringectomía es una intervención que consiste en la extirpación completa de la laringe con el objetivo de extirpar un tumor maligno originado en la misma o en estructuras cercanas como la hipofaringe o el tiroides. Se trata del tratamiento convencional del cáncer localmente avanzado de laringe e hipofaringe y el que aporta una mayor supervivencia. El 1 de marzo se celebra el Día Nacional del Paciente Laringectomizado, con el objetivo de concienciar sobre la importancia que supone esta intervención en los pacientes. El paciente laringectomizado experimenta una serie de cambios tras la cirugía entre los que destacan la pérdida de la voz laríngea, los cambios en la respiración, la alteración del olfato o de la imagen corporal y estética. Todo ello impacta de manera notable en su calidad de vida lo que hace necesario llevar a cabo una rehabilitación integral que aborde todos estos aspectos. Así se recoge en las Recomendaciones del paciente laringectomizado de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

Una de las consecuencias vinculadas a la laringectomía es la presencia de un traqueostoma definitiva para la respiración, siendo necesario el uso de una cánula en determinadas circunstancias. Esto lleva consigo unos cuidados y el adiestramiento para un uso correcto de la misma y adaptarse a una nueva forma de respirar y hablar, etc. El paciente laringectomizado respira por el estoma por lo que su respiración fisiológica por la nariz se pierde en su totalidad, lo que afecta no sólo al olfato sino al gusto.

La laringectomía implica una pérdida de la voz laríngea. Esto requiere una rehabilitación de la voz en la que el equipo de rehabilitación y las técnicas logopédicas juegan un papel fundamental.  Existen diversas técnicas de rehabilitación de la voz.  La más frecuente es la llamada voz erigmofónica, por la cual introduce aire en el esófago y luego lo expulsan de forma controlada por la boca, articulando las palabras, La voz de mejor calidad se consigue a través del uso de prótesis fonatorias mediante las cuales el aire pulmonar es guiado al esófago y luego es expulsado por la boca generando la voz. Finalmente existe la llamada laringe electrónica o laringófono que es un dispositivo que genera una voz metálica a través de la vibración del os tejidos del suelo de la cavidad oral

Por otro lado, se ve afectada la capacidad la normal fisiología de las vías aerodigestivas superiores. Esto puede conllevar alteraciones en la deglución y dificultades para una nutrición adecuada.

También se ve afectada la función de fijación torácica al perder la función del esfínter glótico, lo que puede genera dificultades a la hora de levantar pesos, realizar deposiciones o durante el parto, en el caso de las mujeres fértiles.

Por último, pero no menos importante, uno de los mayores inconvenientes de la laringectomía es el miedo que después desarrollan los pacientes a sufrir rechazo por la nueva forma de producción de voz, lo que les puede generar ansiedad y, a su vez, problemas para el aprendizaje y la adaptación a su nueva condición. También tienen miedo a ser estigmatizados por su imagen física y les genera estrés su vuelta a la vida laboral.

Cómo afecta la laringectomía a los jóvenes

Cada vez se ven pacientes más jóvenes con cáncer de laringe debido a que, al iniciarse pronto en el consumo de tabaco, acumulan años como fumadores a edades más tempranas. Así, cuanto más joven es la persona más dificultades tendrá para superar las secuelas de la larningectomía, sobre todo por lo que implica para su trayectoria profesional. Un estudio publicado por Kotake K et al. en European Archives of Otorhinolaryngology confirma, de hecho, que las personas de mayor edad muestran una mejor adaptación social tras la laringectomía. Además, según los autores, en lo que se refiere a la ocupación profesional, el 30% de los pacientes laringectomizados tuvo que dejar el trabajo por la pérdida de la voz.

Cómo afecta la laringectomía a las mujeres

Aunque el cáncer de laringe afecta en mayor medida a los hombres, cada vez es más habitual diagnosticarlo en mujeres, ya que su consumo de tabaco también ha ido en aumento. La voz erigmofónica resultante de una laringectomía conlleva la producción de voz con tonos graves que, en el caso de las mujeres, va a marcar bastante la diferencia con su voz anterior a la cirugía, lo que va a dificultar aún más su adaptación social. De hecho, un trabajo publicado por van Sluis KE et al. en International Journal of Language & Communication Disorders en el que realizaron entrevistas a mujeres laringectomizadas concluye que experimentan problemas al regresar al trabajo, en el desempeño de sus trabajos de cuidados, en la relación conyugal, en la intimidad y en la interacción social debido a la estigmatización. En este sentido, los autores de este análisis concluyen que el asesoramiento médico previo al tratamiento y los programas de rehabilitación multidisciplinares deberían ayudar a los pacientes a formar expectativas realistas y prepararlos para los cambios a los que se enfrentarán. Además, deben incorporar a la pareja y ofrecer apoyo psicosocial a las mujeres que siguen una laringectomía total para que vuelvan a sus roles anteriores en la vida familiar, la vida social y las actividades relacionadas con el trabajo.

 

¿Cómo se trata el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière es una entidad fluctuante y crónica que tiene crisis en racimos, por lo que se caracteriza por la aparición de grandes crisis y por periodos asintomáticos. Por ello, su tratamiento tiene el doble objetivo de aliviar los síntomas durante las crisis y mejorar la evolución de la enfermedad para evitar nuevas crisis. Para ello es necesario controlar la función vestibular y coclear, y emplear una escala terapéutica o protocolo diferentes en función de cada caso. Todo ello lo explica el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

Cómo tratar una crisis aguda y los periodos intercrisis

En caso de crisis aguda se recomienda que el paciente permanezca en reposo, si fuese necesario en la cama, y en silencio, sin realizar ninguna actividad, ni movimientos o cambios bruscos de posición, ya que pueden empeorar la sintomatología. En estos casos, se pueden emplear sedantes vestibulares o antieméticos para reducir las posibles náuseas o vómitos.

Por otro lado, también existen periodos intercrisis en los que se recomienda seguir un llamado tratamiento de mantenimiento. Se aconsejará al paciente la restricción de la sal, para controlar la presión del oído interno, así como una serie de medidas higiénico dietéticas como evitar el consumo de tóxicos como el alcohol o el tabaco, reducir el consumo de cafeína, practicar ejercicio físico o la pérdida de peso.

Habrá casos en los que se recomiende la toma de diuréticos, que favorecen el equilibrio de los líquidos laberínticos al eliminar la sobrecarga hídrica y, por tanto, contribuyen a la mejora del vértigo.

Uno de los fármacos de elección a la hora de administrar un tratamiento farmacólogico a los pacientes con síndrome de Ménière es la betahistina, que provoca la vasodilatación de la estría vascular al suprimir el espasmo de los esfínteres precapilares. Esta resulta eficaz para la eliminación del vértigo y del desequilibrio.

Se pueden emplear trimatazidina, por su acción antiisquémica celular; o los antagonistas del calcio, como vasodilatadores.

Además, el otorrinolaringólogo contemplará también la opción de tratamiento intratimpánico, que consiste en la introducción de fármacos en el oído medio para reducir las crisis de vértigo. Desde la aplicación de corticoides a la instilación de gentamicina, un ototóxico, que genera una sub-ablación vestibular, se puede lograr el mínimo daño necesario con el máximo éxito terapéutico. Si el paciente tuviera buen resto auditivo, se pasaría a la neurectomía vestibular, mediante la cual se seccionan las raíces vestibulares del nervio estato-acústico, con el objetivo de evitar o mejorar el vértigo.

En los casos en los que el tratamiento farmacológico no funcione se puede valorar la cirugía para tratar esos vértigos. Se calcula que cerca del 10% de los casos de síndrome de Ménière son susceptibles de cirugía.

¿Qué pruebas se realizan para diagnosticar el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière es la asociación de 3 grandes síntomas: episodios de vértigo espontáneo, hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias y síntomas auditivos fluctuantes, como hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica. Supone el tercer diagnóstico más frecuente en las consultas de otoneurología y requiere de una especialización en las pruebas diagnósticas y del conocimiento exhaustivo del oído interno para ser abordado de forma adecuada, por lo que el otorrinolaringólogo juega un papel muy importante en la valoración de los pacientes con este trastorno.

La presencia de estos 3 síntomas en pacientes con síndrome de Ménière puede acompañarse de fuertes dolores de cabeza y, náuseas y vómitos, lo que genera malestar y puede conducir a situaciones de ansiedad o estrés. De hecho, un trabajo reciente de Ahmadzai et al.  publicado en Systematic reviews confirma que la depresión afecta a entre el 40 y el 60% de pacientes con este trastorno.

Estos síntomas pueden aparecer de forma aguda en lo que se conoce como crisis. Ante esta situación, se recomienda que el paciente esté en reposo, a ser posible, tumbado en la cama, en silencio y sin realizar ningún tipo de movimiento ni cambio brusco de postura. Estas crisis pueden aparecer a raíz de situaciones de estrés, fatiga, problemas laborales o familiares, que generan en el paciente una serie de estímulos que le conducen a padecer este tipo de episodios.

Diagnóstico del síndrome de Ménière

El diagnóstico del síndrome de Ménière puede ser sencillo ya que se basa en la descripción por parte del paciente de los síntomas mencionados; pérdida auditiva con aumento de acúfeno, taponamiento ótico y crisis de vértigo espontáneo. Sin embargo, muchos pacientes no presentan esta triada completa por lo que será necesario que el otorrinolaringólogo preste atención a las pruebas auditivas y vestibulares, tal y como comenta el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

En primer lugar, será necesaria una audiometría. Se trata de una herramienta sencilla que va a mostrar un perfil característico auditivo del paciente. Generalmente mostrará una hipoacusia neurosensorial de predominio en frecuencias graves.

En aquellos casos en los que el diagnóstico no esté claro son necesarias las pruebas vestibulares. Entre ellas las más importantes son:

  • VHIT (Video head impulse test): consiste en una gafa que contiene un acelerómetro y una cámara de alta velocidad. Mientras el otorrinolaringólogo hace impulsos en la cabeza del paciente, de baja amplitud, pero con alta velocidad, el sistema registra la velocidad de esos movimientos de la cabeza en relación con la de los ojos. De esta forma se mide el reflejo oculovestibular.
  • Pruebas calóricas con videonistagmografía: se mide el nistagmo o movimiento ocular involuntario ante la irrigación del oído externo con agua a distintas temperaturas.. El sistema informático calculará la cantidad y amplitud del movimiento para comparar la respuesta de los 2 oídos. El oído enfermo tiene menor respuesta ocular que el oído sano. Es una prueba importante porque el síndrome de Ménière avanzado se caracteriza por un daño moderado-grave del oído según la respuesta calórica.
  • Electrococleografía: es una prueba que mide el grado de hidrops del oído interno para valorar si hay una afectación unilateral, o bilateral, así como monitorizar el tratamiento.
  • Posturografía dinámica computarizada: mide el centro de gravedad del paciente ante distintas situaciones de dificultad variable, desde estar solo de pie, hasta permanecer en un entorno visual móvil, etc. De esta forma se detecta el desequilibrio y su origen en un problema vestibular, ocular o somatosensorial.
  • VEMPs (potenciales evocados miogénicos vestibulares): mediante una estimulación auditiva se estimula el músculo esternocleidomastoideo del paciente. El síndrome de Ménière se caracteriza por una afectación de este órgano en estadios iniciales, resulta de ayuda en diagnósticos precoces.

Las consultas de otoneurología deberían disponer de todas las herramientas necesarias para el diagnóstico y tratamiento del Síndrome de Ménière, de ahí la importancia de buscar ayuda de profesionales especializados, como los otorrinolaringólogos.

El ruido, el principal enemigo para la salud de los oídos

El ruido constituye el principal factor que puede dañar los oídos a diario, tal y como explica el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología de la SEORL-CCC, en este vídeo. La exposición continua a ruidos en el trabajo, la calle o las zonas de ocio, puede ser determinante para la salud auditiva y puede condicionar la capacidad de audición en el futuro. Incluso puede generar otros problemas de salud. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la exposición al ruido del tráfico es la responsable de la pérdida de 1,5 millones de años de vida saludable por año solo en Europa Occidental, sobre todo en lo relacionado con el deterioro cognitivo y los trastornos del sueño.

De forma especial preocupa la salud auditiva de los jóvenes en relación al ruido, pues, según datos de la OMS, el 50% de las personas entre los 12 y 35 años están expuestos a niveles de ruido perjudiciales a consecuencia del uso de dispositivos de audio y teléfonos inteligentes, y el 40% a ruidos potencialmente nocivos en bares, discotecas y clubes.

La exposición continuada al ruido puede ocasionar pérdida de audición progresiva dependiendo de cada persona, ya que habrá algunas que por diversos factores sean más propensas. Los factores genéticos, las enfermedades crónicas, la toma de determinados medicamentos y la exposición al humo del tabaco pueden incrementar ese riesgo de pérdida auditiva causada por el ruido. Por ello, uno de los consejos para cuidar los oídos a diario es la protección frente a la exposición continuada a ruidos fuertes. En este sentido, en ciertas profesiones será necesario el uso de cascos o tapones para disminuir el impacto del ruido. Además, también es conveniente su uso en conciertos o discotecas.

La exposición a la contaminación, que suele aumentar en épocas de aire seco y frío, ante la ausencia de lluvias, también puede ser un riesgo indirecto para la salud de los oídos, según el doctor Lassaletta. El aire contaminado propicia que la exposición a determinados alérgenos sea mayor por lo que puede afectar a los oídos.

Mitos sobre el cuidado de los oídos

Los otorrinolaringólogos insisten en que lo mejor que se puede hacer para cuidar la salud de los oídos es seguir una serie de medidas de prevención, sobre todo en cuanto a la exposición al ruido, donde señalan la importancia de estar protegidos.

Entre los mitos más extendidos en el cuidado de los oídos es la relación entre la higiene y la producción de cera o cerumen. Esta es una cuestión fisiológica que, por tanto, no está asociada a la limpieza de los oídos. Por ello, los especialistas en otorrinolaringología recomiendan a los pacientes no preocuparse en exceso por la presencia de cera en los oídos y la limpieza de los mismos, pues es el propio oído el que expulsa la cera. Así, en ningún caso deben usarse bastoncillos óticos ni ningún otro objeto para retirarla ya que pueden resultar muy peligrosos, pues al introducirlos en el oído se puede empujar la cera hacia el tímpano y causar lesiones graves. En caso de tapón o acumulo de cera deberá ser un profesional cualificado el que la retire con el instrumental adecuado.

Consejos para cuidar los oídos a diario

Los otorrinolaringólogos recomiendan tomar una serie de medidas para cuidar los oídos a diario y conseguir así mantener una buena salud auditiva:

  • Evitar la exposición continuada al ruido excesivo y protegerse: es importante mantenerse alejados de las fuentes de ruido, intentar disminuir el ruido que se genera de forma individual y reducir el tiempo de exposición a grandes intensidades de ruido o a ruidos fuertes (altavoces, taladros, cohetes o petardos, etc). En caso de que no sea posible evitarlo, será necesario el uso de protectores auditivos mediante cascos o tapones.
  • No limpiar los oídos en exceso: es recomendable tenerlos limpios, pero basta con el agua de la ducha para mantener una buena higiene. No deben usarse bastoncillos ni ningún otro objeto para extraer la cera o suciedad.
  • Prestar atención a los signos de pérdida auditiva: aunque suele ser más manifiesta conforme avanza la edad, puede aparecer en personas más jóvenes también. De hecho, el uso de auriculares para escuchar música está adelantando la edad de aparición de la presbiacusia o pérdida de audición debida a la edad. La dificultad para oír la televisión o entender conversaciones grupales o a distancia, por ejemplo, así como la presencia de acúfenos, entre otros, pueden ser indicadores de pérdida auditiva. En estos casos es imprescindible acudir a un otorrinolaringólogo para que determine la mejor solución para mejorar la calidad de vida de la persona.
  • Evitar la toma excesiva de medicamentos que favorecen la pérdida auditiva: determinados fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos o analgésicos como el paracetamol son ototóxicos y su consumo habitual puede inducir pérdida de audición.
  • Prevenir las infecciones de las vías respiratorias: sobre todo en el caso de los niños, los catarros y las infecciones de las vías altas, son el principal factor de riesgo de las otitis, por lo que es fundamental seguir unas adecuadas medidas higiénico-dietéticas que eviten el contagio de estas patologías.
  • Acudir al especialista y no automedicarse: es conveniente que ante cualquier problema en el oído se acuda a un otorrinolaringólogo para que realice una exploración y determine el origen del problema y la solución a seguir. No es conveniente automedicarse ante alguna infección o dolor y en ningún caso tomar antibióticos no recetados por el médico.

¿Cuáles son las enfermedades más comunes de la garganta?

Las enfermedades más comunes de la garganta comprenden las infecciones virales como la faringitis o la laringitis. En la mayor parte de las ocasiones estos cuadros se enmarcan dentro del término catarro común, en el que también está presente una rinosinusitis vírica. También son habituales las infecciones bacterianas como las faringoamigdalitis. De todo ello habla el doctor Pedro Cabrera, presidente de la Comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución de la SEORL-CCC.

Entre las patologías más habituales que afectan a la garganta se encuentran la laringitis y la faringitis. La principal diferencia entre ellas es la localización anatómica de la infección que, de forma habitual, suele ser vírica. La principal vía de contagio es a través de la inoculación de gérmenes a través de las llamadas gotitas de Pflügge (son aquellas que se desprenden al toser, hablar o estornudar). A continuación, se detallan los principales síntomas, factores de riesgo y tratamiento de cada una de ellas:

Laringitis

Se trata de una inflamación de la mucosa laríngea, afectándose las cuerdas vocales. A menudo forma parte de un proceso inflamatorio agudo de las vías respiratorias altas con síntomas en la voz, (disfonía), dolor al tragar (odinofagia), o, en algunas ocasiones, dificultad para respirar (disnea). Las más frecuentes son de causa infecciosa y, dentro de ellas, las más habituales son las víricas, siendo la laringitis catarral la más común de todas. En estos casos el tratamiento es sintomático a base de reposo vocal, antitérmicos, analgésicos e hidratación. Entre los factores que pueden predisponer a padecer este tipo de patología se encuentran el tabaco, el alcohol, el sobreesfuerzo vocal, el reflujo gastroesofágico, y factores del entorno como la contaminación. En el caso de las laringitis de causa bacteriana, poco frecuentes, será necesario el uso de antibióticos.

Faringitis

Se trata de la inflamación de la faringe debido a una infección, principalmente, aunque también puede ser por causa alérgica, química o traumática. Las faringitis agudas constituyen una causa frecuente de consulta médica. La faringitis catarral es la causa del dolor de garganta común, siendo debida a un virus en la mayor parte de las ocasiones. Entre los factores que pueden predisponer a esta patología se encuentran el frío, la polución, el ambiente seco o el estrés. Suele ser de inicio brusco, con predominio de sequedad y constricción faríngea, y, en ocasiones, sensación de quemazón, además de carraspeo. En casos graves puede haber fiebre o cefalea. El tratamiento más habitual, en el caso de ser vírica, es el reposo relativo con antiinflamatorios. Si se confirma la presencia bacteriana, se administrará antibiótico.

La amigdalitis aguda, patología común en la infancia

Otra patología común que afecta a la garganta es la amigdalitis aguda, una inflamación aguda de las amígdalas palatinas cuyo origen habitual es infeccioso. Se trata de un proceso muy frecuente, sobre todo en la infancia, con un mayor pico de incidencia entre los 3 y los 15 años. Entre el 30 y el 40% de los casos son debidos a microorganismos bacterianos y más del 50% se deben a virus, que pueden, a su vez, favorecer una infección bacteriana. Entre los síntomas más importantes se encuentran la odinofagia, el malestar general, fiebre, cefalea, mialgias, artralgias, náuseas o vómitos, entre otros. El tratamiento será sintomático al igual que en las anteriores y, en caso de que exista origen bacteriano, antibióticos.

Cuando consultar con un otorrinolaringólogo

Si una vez pasado el periodo habitual de duración de un proceso infeccioso, unas 2 semanas, se mantienen síntomas como el dolor o la dificultad para respirar, hablar o tragar o existe un crecimiento de los ganglios linfáticos del cuello, es importante consultar con el otorrinolaringólogo.

Por otro lado, es importante visitar a este especialista siempre que exista una disfonía que dure más de 2 semanas para que pueda determinar el origen del problema mediante distintas exploraciones de la laringe, más allá de los cuadros infecciosos mencionados.

Cómo prevenir las infecciones de garganta

Existen una serie de cuidados que pueden contribuir a reducir los factores de riesgo que predisponen a sufrir algunas de las patologías más habituales de la garganta y que, por tanto, sirven como medidas de prevención. Entre ellas se encuentran:

  • Seguimiento de una dieta sana y equilibrada: el aporte de nutrientes ricos en vitaminas y minerales ayudará al sistema inmunológico a estar fortalecido frente al ataque de virus y bacterias causantes de infecciones de garganta.
  • No fumar: el tabaco es un agente irritante de la faringe y la laringe y, por tanto, debilita sus mucosas y las deja más desprotegidas frente a la acción de agentes infecciosos.
  • Abundante hidratación: es importante mantener hidratada la garganta para facilitar la eliminación de gérmenes, además de proteger la mucosa frente a los mismos.
  • Medidas de higiene adecuadas: se recomienda taparse la boca con un pañuelo desechable al estornudar o toser, lavar las manos con frecuencia y no compartir ciertos útiles para evitar el contagio.
  • Evitar el alcohol: al igual que sucede con el tabaco, el alcohol también actúa como irritante de las mucosas de la garganta y por tanto estas son más vulnerables al ataque de virus y bacterias.
  • Procurar un buen descanso: cuando la garganta y las cuerdas vocales descansan y no se fuerza la voz, están protegidas frente a las infecciones.
  • No automedicarse: se debe consultar con un profesional sanitario la conveniencia del tratamiento a seguir en función del origen de la infección.
  • Evitar el estrés: el estrés puede debilitar la garganta y hacerla vulnerable ante procesos infecciosos, por lo que hay que procurar una cierta relajación al organismo. 

Otitis: tipos, síntomas y tratamiento en la edad adulta

La otitis es una inflamación del oído causada, casi siempre, por una infección. El tipo más común en la edad adulta es la otitis media aguda (OMA), que aparece cuando se produce una retención de líquido en la región del oído medio debido a una inflamación de la Trompa de Eustaquio.  Cuando este líquido se infecta, causa dolor en el tímpano e incluso puede producirse una perforación del mismo debido al aumento de presión dentro del oído. La otitis media “secretora” o “serosa” (OMS), se define por la presencia de moco o líquido dentro del oído medio, sin que haya otros síntomas o signos de infección aguda, y en ocasiones precede a la OMA.

Este tipo de afecciones son más comunes en invierno, cuando hay fuertes cambios de temperatura y se multiplican los resfriados. También son habituales en primavera, cuando afloran las alergias.

Existe otro  tipo de otitis, la otitis externa, que constituye una entidad muy diferente de la anterior. En este caso, la infección se produce en la piel del conducto auditivo externo, por fuera de la membrana timpánica, es decir, la infección no se genera por extensión de una causa interna, como pueda ser una infección de la vía aérea superior, si no por un agente externo.

Por ello, la otitis externa se produce con más frecuencia durante el verano, debido a que es una afección relacionada con el contacto con agua, como  piscinas y playas. La Comisión de Otología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL- CCC), cuenta con un listado de consejos para prevenir este tipo de otitis.

Tanto la otitis media aguda como la otitis externa son afecciones muy frecuentes entre la población adulta. Sin embargo, existe un cuadro clínico diferente a estos: la otitis media crónica, que se caracteriza por una supuración constante, generalmente secundaria a una perforación timpánica, y que puede llegar a producir pérdida auditiva.

Tratamientos y recomendaciones

En adultos, las otitis medias agudas y las otitis externas se tratan con antibióticos, que pueden administrarse por vía oral y/o tópica ótica dependiendo del proceso y su severidad. En las otitis medias agudas se suele añadir descongestionante vía tópica nasal al tratamiento.  

En el caso de las otitis medias crónicas, el tratamiento puede ser algo más complejo y prolongado: una combinación de diferentes antibióticos por vía oral y tópica ótica e incluso hay casos en los que hay que recurrir a una intervención quirúrgica.

La solución quirúrgica en los casos de otitis media crónica es necesaria en pacientes con perforaciones timpánicas de larga duración, sobre todo cuando se complica con la migración de piel del conducto auditivo externo hacia el oído medio, introduciéndose por la perforación. Este cuadro se conoce como colesteatoma. En estos  casos la cirugía es imprescindible, ya que el colesteatoma es una lesión agresiva que puede derivar en complicaciones severas.

La otorrinolaringología ha cambiado de forma muy significativa en los últimos años. De forma gradual, se ha producido una especialización en las diferentes disciplinas y la formación que se recibe de éstas es cada vez más compleja y completa.

La sordera súbita, la pérdida repentina de la audición

La sordera súbita es una enfermedad poco frecuente que afecta a 20 de cada 100.000 pacientes por año, lo que implica unos 2.000 pacientes afectados al año en España. Aparece con mayor frecuencia en pacientes de mediana edad y supone la pérdida repentina de capacidad auditiva. Cuando sucede, si la persona no es tratada de forma precoz, puede implicar la pérdida de audición de manera permanente. Así lo explica en este vídeo el doctor Guillermo Plaza, coordinador del documento Actualización del consenso sobre el diagnóstico y tratamiento de la sordera súbita idiopática, publicado en el último número de la revista Acta Otorrinolaringológica Española.

Este consenso define la sordera súbita como una pérdida auditiva neurosensorial superior a 30 dB HL, en tres o más frecuencias consecutivas, en un tiempo de instauración inferior a las 72 horas. En un 3% de los casos puede ser bilateral. En cuanto a sus factores de riesgo, continúan aún por determinar. No hay predominio de ningún sexo y en algunos casos se propone la dieta pobre en vegetales, niveles de folato bajos, síndrome metabólico y otitis media crónica. El doctor Plaza señala como causas las de índole vascular. También aparece en pacientes con patologías autoinmunes o inflamatorias como la artritis reumatoide o el lupus. Y en cuanto a sus causas, tampoco existe nada confirmado. Aunque se apuesta por la cocleítis viral (herpes virus, influenza), rotura de membranas laberínticas, fenómenos vasculares y autoinmunidad.

La sordera súbita idiopática implica por tanto la pérdida de audición de un oído o incluso de los dos. Por otra parte, el 90% de los pacientes presentan acúfenos y, entre el 20 y el 60%, vértigo. En ambos casos, esto puede suponer importantes consecuencias sociales para las personas que lo sufren.

Consenso para el diagnóstico y tratamiento de la sordera súbita idiopática

Desde la SEORL-CCC se trabaja para que los otorrinolaringólogos tengan información sobre la sordera súbita para que el diagnóstico y su tratamiento sean adecuados. Por ello, han publicado la tercera edición de un consenso donde se plantean las medidas diagnósticas que deben seguir desde el médico de Atención Primaria al especialista otorrinolaringólogo  con la colaboración de los diferentes segmentos de la atención sanitaria.

En este sentido, el papel de Atención Primaria será realizar una otoscopia y acumetría para descartar hipoacusias transmisivas. Por su parte, el otorrinolaringólogo utilizará exploraciones otológicas, pruebas audiológicas o incluso pruebas vestibulares, además de analíticas. Es recomendable también la realización de una resonancia magnética (RM) en todos los casos de sordera súbita, para descartar una causa definida de sordera brusca.

Por último, el documento define los distintos tratamientos que deben utilizarse recalcando la importancia creciente del tratamiento intratimpánico. En la actualidad el tratamiento a seguir para la sordera súbita, que no ha mejorado con corticoides orales, consiste en el uso de corticoides de forma directa al oído interno a través del tímpano. En este sentido, se recomienda una dosis semanal durante 3 semanas y completar las 3 dosis, independientemente de la respuesta inicial del tratamiento.

Será necesario realizar un seguimiento de la evolución del paciente mediante revisiones periódicas. En algunos casos en los que no se consigue recuperar la audición de forma completa puede necesario el uso de audífonos y, cuando estos no resulten adecuados, se valorará la indicación de algún implante auditivo de forma individualizada.