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Las fracturas del hueso temporal, en el que están localizados los oídos, ocurren en la mayor parte de los casos en pacientes politraumatizados. Se trata de pacientes afectados de un trauma severo, que es una de las principales causas de muerte e incapacidad a nivel mundial, sobre todo en adultos jóvenes. Así, según datos recopilados por la SEORL-CCC, las fracturas craneales se producen en un 4-30% de los traumatismos y afectan al hueso temporal a entre un 14 y un 22% de los casos. En la mayor parte de países desarrollados estos traumatismos están relacionados con accidentes de tráfico o caídas accidentales, aunque también pueden encontrarse casos debido a la violencia interpersonal. La mortalidad por fracturas del hueso temporal oscila entre el 8 y el 12%.

El hueso temporal tiene una serie de particularidades en cuanto a su localización, anatomía y estructuras, que lo convierten en uno de los huesos más complejos. Está formado por la porción timpánica, la porción mastoidea, el peñasco, la escama y la apófisis estiloides. Las uniones entre todas estas partes son importantes ya que en el caso de traumatismos pueden favorecer direcciones preferentes en las líneas de fractura. Así mismo, la fuerza que genera la fractura es de tal magnitud que la probabilidad de que se produzcan lesiones en tejidos blandos intraóseos e intracraneales es alta.

Las fracturas del hueso temporal se clasifican hoy en día en función de si existe o no lesión de la cápsula ótica. Las lesiones con afectación de la cápsula ótica tienen una frecuencia dos veces mayor de afectación del nervio facial  presentan fístulas de líquido cefalorraquídeo (LCR) con frecuencia cuatro veces mayor, hipoacusia neurosensorial severa siete veces más, así como mayor tasa de daños intracraneales.

Cabe destacar también los traumatismos penetrantes debidos a armas de fuego que pueden ser más habituales en determinadas áreas geográficas.

Evaluación del paciente con traumatismo temporal

La evaluación inicial del paciente con traumatismo temporal debe incluir la valoración de lesiones neurológicas, neurovasculares y espinales, que puedan ser potencialmente mortales o vayan a dejar secuelas. Será necesario por tanto valorar la presencia de síntomas asociados como la hipoacusia, acúfeno, vértigo, disfonía, diplopía, hipoestesia o pérdida de consciencia.

La exploración física incluirá una evaluación otológica, de la superficie de lamastoides, ocular, de la audición, del nervio facial y de los pares craneales.

La tomografía computarizada (TC) es la prueba radiológica por elección en estos casos.

¿Qué complicaciones se pueden derivar de un traumatismo de oído?

La clínica más frecuente tras un traumatismo de hueso temporal es la inestabilidad y/o mareo en más de la mitad de los pacientes (62%), pérdida auditiva en algo menos de la mitad (40%) y acúfenos en torno a un cuarto de ellos. El signo más frecuente es la otorragia. En general, las principales complicaciones que pueden derivarse de un traumatismo del hueso temporal, bien  de forma inmediata o bien de forma más tardía son:

  • Lesiones vestibulares: el vértigo posicional paroxístico benigno es la lesión vestibular más frecuente tras un traumatismo. También pueden aparecer contusión laberíntica, fístula perlinfática o disfunción otolítica.
  • Alteraciones del equilibrio de origen no vestibular: lesión cerebral, latigazo cervical o síndrome postcontusional.
  • Fístula de líquido cefalorraquídeo: se produce en el 10-30% de los casos. En el 50% de los casos la fístula se hará patente en las primeras 48 h, y el 70% lo harán durante la primera semana.
  • Hipoacusia: es uno de los síntomas más frecuentes tras una fractura de hueso temporal.
  • Parálisis facial: se presenta en el 5-10% del total de las fracturas temporales.
  • Colesteatomas postraumáticos y estenosis del conducto auditivo externo
  • Lesión vascular aguda