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La disfonía espasmódica es un trastorno de la voz considerado una enfermedad rara ya que afecta a entre 3 y 4 personas de cada 100.000, según datos de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER). Su diagnóstico debe ser muy minucioso por parte del otorrinolaringólogo para que pueda valorar las distintas opciones de tratamiento que hay. Un trabajo reciente publicado en Auris, Nasus, Larynx confirma que afecta en mayor medida a mujeres y con un mayor predominio de iniciarse a una edad joven.

La disfonía espasmódica se caracteriza por unas contracciones involuntarias de la musculatura de las cuerdas vocales que dan lugar a espasmos en las mismas. Es por eso que lo más característico de las personas que lo sufren es la voz entrecortada o quebrada cuando suceden los espasmos. Sin estos, son capaces de emitir su voz de forma normal. Por lo general, supone un gran impacto en su calidad de vida al interferir en su forma de comunicarse con los demás.

El tratamiento de la disfonía espasmódica tiene como objetivo reducir los espasmos para mejorar la calidad de la voz y la comunicación de estas personas. Deberá hacerse de forma individualizada teniendo en cuenta las características del paciente.

En la actualidad el tratamiento que ha mostrado mejores resultados y el que es utilizado en la mayoría de los casos es la toxina botulínica. Consiste en inyectar la toxina en la musculatura de las cuerdas vocales con el objetivo de reducir la intensidad de los espasmos. Se repetirá de nuevo la infiltración en caso de que reaparezcan los espasmos. Se debe acompañar con tratamiento de rehabilitación de voz.

Las infiltraciones con toxina botulínica pueden acompañarse con una rehabilitación o reeducación vocal, en la que se harán una serie de ejercicios de respiración y vocales, que permitirán a las personas con disfonía espasmódica reducir los espasmos y producir el habla de forma normal.

También puede contemplarse el tratamiento psicológico adyuvante, ya que se trata de un trastorno que tiene un componente psicológico. Por un lado, el estrés y la ansiedad de la vida diaria pueden influir en la frecuencia de espasmos que sufre la persona y, al mismo tiempo, los espasmos y el propio trastorno disfónico puede generar situaciones de estrés ante las dificultades de comunicarse con sus relaciones sociales, familiares o personales. En todo caso, la terapia debe ser un complemento al tratamiento de base de la disfonía espasmódica y no llevarse a cabo de forma aislada pues no se obtendrían los resultados deseados.

En cuanto al tratamiento farmacológico, hay que partir de la base de que no existe ningún medicamento que cure la disfonía espasmódica.

Algunos consejos para cuidar la voz

En general, y en particular para las personas con disfonía espasmódica, desde la SEORL-CCC se recomiendan los siguientes consejos para cuidar la voz:

  • No hablar ni forzar la voz, sobre todo si se tiene un catarro o una infección de garganta.
  • Evitar entornos con humos o contaminados, así como el aire acondicionado
  • Evitar el alcohol y el tabaco
  • Hidratar bien las cuerdas vocales tomando mucho líquido, sobre todo agua
  • Hablar de forma articulada y abriendo bien la boca, sin tensionar el cuello
  • Evitar hablar de forma continuada durante un tiempo prolongado
  • Proporcionar a la voz un buen descanso durmiendo el número de horas aconsejado.
  • No automedicarse y acudir al otorrinolaringólogo ante problemas en la voz persistentes.

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