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Un CPAP es un dispositivo de presión continua positiva en las vías respiratorias que proporciona aire a una presión predeterminada a través de una mascarilla, y constituye el tratamiento de primera línea del Síndrome de Apnea-Hipopnea Obstructiva del Sueño (SAHOS). Se utiliza para mantener constante la presión en la vía aérea durante todo el ciclo respiratorio. Actúa de manera fisiológica, ajustándose de forma hermética sobre la nariz del paciente, como una férula neumática, evitando el colapso de la vía aérea superior durante la inspiración y la espiración.

La apnea-hipopnea obstructiva del sueño es una alteración común con una prevalencia de aproximadamente el 4% de los hombres y del 2% en las mujeres de edad media. Se han asociado varios factores a un incremento de su prevalencia como la obesidad, edad e hipertensión arterial. Entre sus síntomas se encuentran el colapso recurrente de la vía aérea superior durante el sueño, lo que resulta en episodios repetitivos de disnea y despertares frecuentes, que puede traer consigo somnolencia diurna, disminución de la capacidad de atención y de la calidad de vida, y un aumento en la prevalencia de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, además de un incremento de la resistencia a la insulina.

El tratamiento con CPAP está indicado en aquellos pacientes con un índice de apnea-hipopnea mayor de 30 episodios por hora, con independencia de los síntomas asociados. También está indicado en los que presentan un índice de apnea-hipopnea de 5 a 30 episodios por hora acompañados de síntomas como somnolencia diurna, disminución cognitiva, alteraciones del humor, insomnio o enfermedades cardiovasculares que incluya hipertensión arterial, enfermedad isquémica cardiovascular o accidente cerebrovascular.

Entre los efectos que permite el uso de CPAP para tratar la apnea del sueño se encuentran la disminución de los despertares nocturnos bruscos, mejorando así la calidad del sueño y la actividad cognitiva diurna de los pacientes. No se trata de un tratamiento curativo por lo que debe emplearse a diario y, en este sentido, un mayor cumplimiento del tratamiento contribuirá a una mayor mejoría de los síntomas en estos pacientes. Un estudio publicado en Sleep Disorders confirma que después de dos años de tratamiento solo la mitad de las mujeres estudiadas son adherentes al tratamiento. Otra investigación reciente publicada en HNO advierte de que la adherencia a CPAP es limitada debido a los efectos secundarios y las complicaciones, y que estos pacientes corren el riesgo de desarrollar comorbilidades como la hipertensión arterial, la enfermedad de las arterias coronarias o la diabetes, y están expuestos a un mayor riesgo de sufrir accidentes de tráfico u ocupacionales debido a la somnolencia diurna.

En cualquier caso, el tratamiento del SAOS deberá comprender también una modificación de ciertos hábitos de vida como la pérdida de peso con una dieta sana y equilibrada, practicar ejercicio físico diario, no fumar ni consumir alcohol, ni otras sustancias excitantes, no consumir fármacos sedantes y seguir unas medidas de higiene del sueño en cuanto a tiempo de descanso.

El equipo del CPAP está compuesto de un generador de presión, una mascarilla nasal y un circuito que une estos dos componentes. Una válvula permite eliminar el CO2 retenido en el espacio muerto del circuito. Por su parte, el generador puede aplicar presiones de 2 a 20 cm H2O. Cada paciente va a requerir de una presión en este tipo de terapias por lo que ésta debe ser valorada mediante el estudio polisomnográfico que se realizará al paciente durante la noche del estudio-diagnóstico o en una noche adicional. De esta manera el especialista podrá determinar el nivel máximo de presión óptima que evite los eventos obstructivos, restablezca los niveles de saturación arterial de oxígeno y disminuya la frecuencia de los despertares en los diferentes estadios de sueño.

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