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El vértigo, diferente al mareo o la inestabilidad

El vértigo no es una enfermedad, sino un síntoma que por lo general significa movimiento. Sucede cuando el paciente tiene la sensación de que el ambiente se mueve con relación al sujeto o que el sujeto se mueve con relación al ambiente. Lo habitual en pacientes con trastornos de este tipo es que describan que se mueve el ambiente y lo más normal es que comenten que les giran las cosas alrededor. Lo importante es diferenciarlo de síntomas como la inestabilidad o el mareo, más inespecífico.

El tipo de vértigo más común es el posicional paroxístico benigno, es fugaz pues dura unos segundos y por lo general se asocia a movimientos de la cabeza. Lo que el paciente suele contar es que cuando se tumba en la cama, bien hacia el lado derecho o el izquierdo, nota que la habitación se mueve muy deprisa.

¿Cómo se diagnóstica el vértigo? ¿Se puede tratar? Estas y otras preguntas sobre este problema, frecuente en las consultas de otorrinolaringología, las responde el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología, en el siguiente vídeo.

Los trastornos del equilibrio, causa frecuente de caídas en mayores de 65 años

Los trastornos del equilibrio, causa frecuente de caídas en mayores de 65 años

Con el paso de los años, las personas van perdiendo movilidad, agilidad y capacidad de mantener la estabilidad. Estos cambios, tal y como indica la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC), conllevan una disminución de los mecanismos de control y corrección postural , lo que supone un aumento de la dificultad para mantener el equilibrio, aumentando el riesgo de caída. Algo realmente preocupante si se tiene en cuenta que los mayores de 65 años son quienes sufren más caídas mortales, siendo estas la segunda causa mundial de muerte por lesiones accidentales o no intencionales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las caídas constituyen un problema muy frecuente entre la tercera edad pero, a día de hoy, no se les da la importancia que requieren. Es más, suele pensarse que son consecuencia natural y normal en el proceso de envejecimiento de toda persona. Sin embargo, las caídas pueden enmascarar alguna patología o ser signo de alguna enfermedad, por lo que es importante tenerlas en cuenta cuando se producen. Entre sus causas se encuentran los trastornos del equilibrio, muy presentes en personas mayores. Estos se caracterizan por la sensación de inestabilidad, mareo, vértigos o aturdimiento, ya que afectan a la postura y a la orientación espacial de la persona. Esto ocurre cuando el cerebro no recibe de forma correcta la información que envían los sentidos de la vista, el oído y receptores propioceptivos que detectan la posición del cuerpo y la cabeza en el entorno.

Un problema a nivel de cualquiera de estos órganos puede generar un trastorno del equilibrio. Otra posible causa puede ser una enfermedad que  afecte al cerebelo, parte del sistema nervioso central que se encarga de la recepción y elaboración de esta información, y de generar las ordenes que coordinan el mantenimiento de la postura y la movilidad corporal. Además, un gran número de enfermedades neurológicas cursan con trastornos del equilibrio, por lo que se debe estar atento a la aparición de otros síntomas y buscar el consejo médico en caso de dudas.

De hecho, las caídas se están convirtiendo en un grave problema de salud por las consecuencias que estas suponen, tanto físicas como psicológicas. Entre las lesiones físicas más habituales están las fracturas, sobre todo la de cadera, aunque también vertebrales, pélvicas, del codo o de la muñeca. Otras complicaciones que se presentan son  inmovilidad, tromboflebitis, lesiones neurológicas, contusiones y heridas. Mientras, las consecuencias psicológicas o el llamado “síndrome postcaída” son, por ejemplo, la dependencia por el miedo a caerse de nuevo, la pérdida de autonomía –por la sobreprotección de familiares– o el cambio de los hábitos de vida a unos más sedentarios, reduciendo las actividades habituales laborales o de ocio.

En cuanto a cómo tratar esta afección, tal y como indica la SEORL, no existe un tratamiento farmacológico efectivo para las alteraciones del equilibrio que aparecen con el envejecimiento –también llamado presbivértigo–. Es más, la sobremedicación suele ser una de las causas de este tipo de problemas. Lo mejor, para estos casos, es tratar y controlar la enfermedad de base que ha originado los trastornos de equilibrio. Asimismo, es importante advertir al paciente y a sus familiares del riesgo que existe de que se vuelvan a producir nuevas caídas. También es necesario informarles de las estrategias de prevención de las mismas, como evitar espacios con poca luz, suelos demasiado encerados o deslizantes, alfombras gastadas, objetos que obstaculicen el paso o usar el calzado adecuado, entre otras muchas.

Por otro lado, el tratamiento se puede complementar con sesiones de rehabilitación, con el fin de que el paciente mejore la coordinación y pueda acostumbrarse a tolerar sus propios movimientos. No hay que olvidar, por supuesto, la práctica de ejercicio físico con moderación. Con todo ello, la persona con este tipo de trastornos no va a conseguir la agilidad y el equilibrio que tenía cuando era joven, pero sí mejorar su estabilidad para evitar la dependencia de terceros, ganar confianza en sí mismo y aumentar su autoestima.