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¿Cómo se trata el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière es una entidad fluctuante y crónica que tiene crisis en racimos, por lo que se caracteriza por la aparición de grandes crisis y por periodos asintomáticos. Por ello, su tratamiento tiene el doble objetivo de aliviar los síntomas durante las crisis y mejorar la evolución de la enfermedad para evitar nuevas crisis. Para ello es necesario controlar la función vestibular y coclear, y emplear una escala terapéutica o protocolo diferentes en función de cada caso. Todo ello lo explica el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

Cómo tratar una crisis aguda y los periodos intercrisis

En caso de crisis aguda se recomienda que el paciente permanezca en reposo, si fuese necesario en la cama, y en silencio, sin realizar ninguna actividad, ni movimientos o cambios bruscos de posición, ya que pueden empeorar la sintomatología. En estos casos, se pueden emplear sedantes vestibulares o antieméticos para reducir las posibles náuseas o vómitos.

Por otro lado, también existen periodos intercrisis en los que se recomienda seguir un llamado tratamiento de mantenimiento. Se aconsejará al paciente la restricción de la sal, para controlar la presión del oído interno, así como una serie de medidas higiénico dietéticas como evitar el consumo de tóxicos como el alcohol o el tabaco, reducir el consumo de cafeína, practicar ejercicio físico o la pérdida de peso.

Habrá casos en los que se recomiende la toma de diuréticos, que favorecen el equilibrio de los líquidos laberínticos al eliminar la sobrecarga hídrica y, por tanto, contribuyen a la mejora del vértigo.

Uno de los fármacos de elección a la hora de administrar un tratamiento farmacólogico a los pacientes con síndrome de Ménière es la betahistina, que provoca la vasodilatación de la estría vascular al suprimir el espasmo de los esfínteres precapilares. Esta resulta eficaz para la eliminación del vértigo y del desequilibrio.

Se pueden emplear trimatazidina, por su acción antiisquémica celular; o los antagonistas del calcio, como vasodilatadores.

Además, el otorrinolaringólogo contemplará también la opción de tratamiento intratimpánico, que consiste en la introducción de fármacos en el oído medio para reducir las crisis de vértigo. Desde la aplicación de corticoides a la instilación de gentamicina, un ototóxico, que genera una sub-ablación vestibular, se puede lograr el mínimo daño necesario con el máximo éxito terapéutico. Si el paciente tuviera buen resto auditivo, se pasaría a la neurectomía vestibular, mediante la cual se seccionan las raíces vestibulares del nervio estato-acústico, con el objetivo de evitar o mejorar el vértigo.

En los casos en los que el tratamiento farmacológico no funcione se puede valorar la cirugía para tratar esos vértigos. Se calcula que cerca del 10% de los casos de síndrome de Ménière son susceptibles de cirugía.

¿Cómo se diagnostica el Síndrome de Ménière?

¿Cómo se diagnostica el Síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière se caracteriza por episodios de vértigo espontáneo que se presenta de forma habitual con hipoacusia neursosensorial  unilateral (HNS) fluctuante, acúfenos y plenitud ótica. Las crisis de vértigo suelen ser más frecuentes en los primeros años de la enfermedad pero la hipoacusia y la hipofunción vestibular presentan una gran variabilidad entre los pacientes. Algunos pacientes presentan otras enfermedades asociadas tales como migraña o enfermedades autoinmunes. Ademas, el síndrome de Ménière presenta una agregación familiar y se estima que casi el 10% de los casos son familiares, habiéndose observado un patrón de herencia autosómica dominante con penetrancia incompleta y expresividad variable. De ahí la dificultad para establecer un diagnóstico preciso y la necesidad de hacer una clasificación del síndrome de Ménière, así como definir subtipos que ayuden al otorrinolaringólogo a categorizar a los pacientes.

Con el objetivo de establecer unos criterios diagnósticos con carácter internacional, el Comité de Clasificación de los Trastornos Vestibulares de la Bárány Society, la Japan Society for Equilibrium Research, la European Academy of Otology and Neurotology (EAONO), el Comité de Equilibrio de American Academy of Otolaryngology-Head and Neck Surgery (AAO-HNS) y la Korean Balance Society, han elaborado un documento de consenso, publicado en Journal of Vestibular Research y el Acta Otorrinolaringológica Española y coordinado por el doctor Antonio López Escamez, presidente de la Comisión de Investigación de la SEORL-CCC.

En este documento se definen dos tipos de síndrome de Ménière y sus criterios diagnósticos. Por un lado, destaca el síndrome de Ménière, basado en criterios clínicos que requiere la observación de un síndrome vestibular episódico asociado con hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias y síntomas auditivos fluctuantes (hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica) en el oído afectado. En concreto, su diagnóstico se basaría en:

  • Dos o más episodios de vértigo espontáneo, con una duración entre 20 min y 12 h. En este sentido el mareo episódico o la inestabilidad no se considerarían criterios para definirlo, aunque estos pacientes puedan describirlos a largo plazo. En cuanto a la duración, se define por el tiempo que el paciente tiene que estar en reposo y no puede moverse. Si los episodios se exceden de las 12 horas, deben ser considerados otros trastornos vestibulares. Mientras que si son más cortos, son habitualmente espontáneos y podrían deberse a otras causas como el VPPB.
  • Hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias documentada con audiometría en un oído, definiendo el oído afectado en al menos una ocasión antes, durante o después de uno de los episodios de vértigo. La hipoacusia fluctúa de forma espontánea en los primeros años de la enfermedad de forma típica. Después de varias crisis, la hipoacusia puede progresar y llegar a ser permanente, con lo que los episodios de vértigo no se asociarían con síntomas auditivos.
  • Síntomas auditivos fluctuantes (hipoacusia, acúfenos o plenitud) en el oído afectado. En los primeros años, es frecuente que el episodio de vértigo se asocie con un aumento de la intensidad del acúfeno o presión ótica en el oído afectado. El acúfeno puede ser persistente una vez que la hipoacusia se ha hecho permanente.
  • No existe otro diagnóstico vestibular que explique mejor los síntomas. El diagnóstico diferencial debería incluir el ataque isquémico transitorio, la migraña vestibular, la paroxismia vestibular, la vestibulopatía recurrente unilateral y otros trastornos vestibulares. La migraña, el vértigo posicional paroxístico benigno y algunas enfermedades sistémicas son consideradas comorbilidades y no explican per se el diagnóstico de síndrome de Ménière.

El otro subtipo hace referencia al síndrome de Ménière probable, un concepto más amplio que se define por síntomas vestibulares episódicos (vértigo o mareo) asociados a síntomas auditivos fluctuantes que ocurren en un período de entre 20 minutos y 24 horas. Los criterios para su diagnóstico son los siguientes:

  • Dos o más episodios de vértigo o mareo, con una duración entre 20min y 24h cada uno.
  • Síntomas auditivos fluctuantes (hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica) en el oído afectado. Estos síntomas se deben observar durante los episodios de vértigo. Generalmente se aprecia una HNS, aunque durante los primeros años de la enfermedad puede encontrarse también una hipoacusia de transmisión o mixta. En los primeros años es habitual que se asocie con el episodio de vértigo un aumento de la intensidad del acúfeno o la plenitud ótica en el oído afectado.
  • No existe otro diagnóstico vestibular que explique mejor los síntomas. El diagnóstico diferencial debería incluir accidente isquémico transitorio, migraña vestibular y otros trastornos vestibulares. La migraña, el vértigo posicional paroxístico benigno y algunas enfermedades sistémicas son consideradas comorbilidades y no explican per se el diagnóstico de síndrome de Ménière (ver comentarios para la discusión del diagnóstico diferencial específico).

El documento también hace referencia al síndrome de Ménière familiar que debe considerarse si al menos existe un familiar en primer o segundo grado que cumple los criterios de síndrome de Ménière definitivo o probable. Suele afectar a entre el 8 y 9% de los casos esporádicos en poblaciones de origen europeo, como Reino Unido, Brasil, Suecia, Finlandia, Alemania y España.

La prevalencia de síndrome de Ménière es aproximadamente de entre 34 y 190 casos/100.000. La edad de inicio se sitúa entre la tercera y la séptima décadas de la vida con un pequeño predominio en mujeres. El riesgo es mayor en individuos mayores, de raza blanca y obesidad severa. Además, se asocia con varias enfermedades como artritis, psoriasis, reflujo gastroesofágico, síndrome de intestino irritable y migraña. Se caracteriza por un curso clínico bastante variable y, en algunos individuos, el desarrollo de síntomas cocleares y vestibulares puede llevar varios años.

7 Curiosidades del Síndrome de Menière

7 Curiosidades del Síndrome de Menière

El Síndrome de Menière es una entidad que afecta tanto a la audición como al equilibrio, de origen desconocido, y que tiene mayor incidencia entre la cuarta y la sexta década de la vida. Su síntoma principal es el vértigo, pero también están presentes los  trastornos como los acúfenos o el tinnitus y la hipoacusia. La Asociación Síndrome de Menière España (ASMES) se propone cada 7 de febrero declarar este día como Día de la Concienciación del Menière. Por ello, desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC), queremos contribuir a que se conozca más sobre esta enfermedad a través de estas curiosidades:

  • Triada clásica: el síndrome de Menière se caracteriza por la triada clásica definida por crisis recurrentes y episódicas de vértigo periférico, acufeno unilateral e hipoacusia. Además puede llevar asociado síntomas de taponamiento, náuseas y vómitos.
  • Crisis vertiginosas de Menière: pueden ser muy variables en intensidad, modo de aparición, duración, y frecuencia. Por lo general, inician con síntomas auditivos diversos como sensación de taponamiento ótico, modificaciones de la audición, así como aparición o empeoramiento del acufeno. Después se inicia una crisis de vértigo rotatorio asociado a importante cortejo neurovegetativo, que puede durar de 20 minutos a unas horas y su frecuencia varía. La hipoacusia al principio se recupera tras la crisis y en fases más avanzadas se estabiliza. En cuanto a los acúfenos son variables, pueden preceder a las crisis y pueden ser constantes e intermitentes.
  • Historia: Prosper Ménière, médico francés, fue el primero en relacionar con el oído interno los síntomas vertiginosos en 1861. Él desmontó la hipótesis aceptada de que el vértigo era una forma de apoplejía cerebral o epilepsia y describió la triada de esta enfermedad caracterizada por vértigo, acúfenos e hipoacusia. Murió en 1862 y diez años después se empezó a usar el nombre de enfermedad de Ménière.
  • Factores asociados a las crisis de Menière: pueden tener relación factores anatómicos, genéticos, inmunológicos, víricos (puede estar vinculado al virus del herpes) o vasculares.
  • Relación con la migraña: parece que existe una prevalencia de migraña en pacientes con síndrome de Menière. La migraña puede dañar irreversiblemente al oído interno debido a los vasoespasmos que podrían desencadenar un hydrops endolinfático.
  • Problemas psicológicos asociados: es frecuente que aparezca en pacientes con personalidad neurótica. El estrés, la fatiga, las complicaciones familiares o laborales, pueden influir en la aparición de crisis de Menière.
  • Personajes históricos y famosos con Menière: diversos personajes conocidos por todo el mundo como Edgar Allan Poe, Jonathan Swift o Friedrich Nietzsche manifestaron síntomas de vértigo, acúfenos o hipoacusia a lo largo de su vida. Sin embargo, nunca se les llegó a diagnosticar Síndrome de Menière. En la actualidad, la actriz y cantante Kristin Chenoweth o la periodista Carme Chaparro han confesado tenerla.