• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin

La disfonía espasmódica, un trastorno más común en mujeres

La disfonía espasmódica es un trastorno de la voz incluido en el grupo de distonía focal que afecta sobre todo a mujeres en edades comprendidas de entre 30 y 50 años. Se caracteriza por contracciones involuntarias de la musculatura de las cuerdas vocales que producen espasmos en las mismas. Como consecuencia estas personas producen una voz característicamente quebrada, o entrecortada, en ocasiones ronca, tensa durante los espasmos, pero tienen una voz normal cuando éstos no están presentes.  Aunque es un trastorno poco frecuente puede afectar de manera notable a la calidad de vida al influir en la capacidad para comunicarse. En el siguiente enlace puedes escuchar cómo suena una voz con disfonía espasmódica.

Según la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) la disfonía espasmódica afecta a 3-4 personas por cada 100.000 habitantes y se estima que en España puede haber entre 15.000 y 20.000 pacientes. Estas personas experimentan contracciones involuntarias de los músculos de la laringe, y en algunos casos, presentan dolor. Como consecuencia de esas contracciones, la persona puede experimentar, además de los síntomas señalados, sensación de esfuerzo vocal, cambios bruscos en el tono de voz o  timbre nasal, entre otros. Las distonías pueden presentarse también en otras regiones del cuerpo, como contracturas en el abdomen o dolor durante la deglución.

Cuando el paciente empieza a notar los primeros síntomas, estos suelen ser leves y aparecen de forma esporádica. Sin embargo, con el tiempo pueden empeorar y hacerse más frecuentes, sobre todo si la persona tiene más situaciones de estrés, está más cansada o tensa. De igual forma, puede mejorar si la persona ríe o llora.

Causas de la disfonía espasmódica

Las causas de la disfonía espasmódica aún se desconocen. En ciertos casos se ha manifestado una posible coincidencia con infecciones de las vías respiratorias superiores, períodos de uso excesivo de la voz o estrés. Se ha relacionado con alteraciones en las regiones cerebrales encargadas del control de los movimientos.

El diagnóstico de la disfonía espasmódica es considerado difícil por los expertos y debe ser realizado por un especialista en voz, como el otorrinolaringólogo, que se ocupará de evaluar el estado de las cuerdas vocales y detectar posibles alteraciones en la voz y el habla. Además, conviene que intervengan especialistas en neurología, cuando además de síntomas vocales, presente alteración en otras regiones.

Tratamiento de la disfonía espasmódica

La disfonía espasmódica no tiene en la actualidad un tratamiento curativo, por lo que las terapias van encaminadas a la mejoría en la producción de voz y del habla. En cualquier caso, debe ser individualizado y acorde con las necesidades del paciente.

En ese sentido, la inyección de toxina botulínica en las cuerdas vocales es el tratamiento que ha demostrado mejores resultados en la actualidad, por encima del tratamiento farmacológico.

La toxina botulínica disminuye la contracción del músculo, reduciendo así el número e intensidad de los espasmos, mejora la calidad de la voz, y por lo tanto la calidad de vida. Éste tratamiento debe ser realizado por un laringólogo con experiencia y bajo neuro-monitorización. Lo ideal es que este tratamiento vaya unido a la rehabilitación de voz para optimizar el resultado, sobre todo en aquellos casos en los que el trastorno pueda afectar a la situación laboral de la persona que lo padece. Las técnicas de reeducación vocal ayudarán a mejorar la fonación y disminuir los síntomas. Por otro lado, también puede ser conveniente recibir atención psicológica.

¿Cómo se clasifica la disfonía espasmódica?

Según la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) la disfonía espasmódica afecta a 3-4 personas por cada 100.000 habitantes y se estima que en España puede haber entre 15.000 y 20.000 pacientes. Sus causas aún son desconocidas pero se cree que puede haber una relación con alteraciones en los ganglios basales o por una coincidencia con infecciones de las vías respiratorias superiores, períodos de uso excesivo de la voz o estrés.

La disfonía espasmódica se clasifica como disfonía espasmódica en aducción, la que afecta principalmente a los músculos tiroaritenoideos, siendo ésta la forma de presentación más frecuente, hasta el 90% de los casos aproximadamente, y en abducción, si los espasmos se producen en el músculo cricoaritenoideo posterior. La afectación puede ser mixta.

La valoración perceptual es básica en el diagnóstico, y se pueden encontrar, entre las características principales, una voz entrecortada, “enganches” vocales, tensión vocal, que puede ser prolongada o intermitente, y sin una frecuencia rítmica, característica que le diferencia de los temblores vocales, de los cuales puede llegar a ser complicado diferenciarlas si no se cuenta con la experiencia adecuada.

También puede tratarse de una voz aérea intermitente, cuando los espasmos producen la abducción de las cuerdas vocales.

Suelen presentar las pausas de voz en sonidos determinados como la “p” y “t” seguidos de alguna vocal, tanto en aducción como en abdución.

Durante la exploración laringoscópica, observaremos los siguientes signos en la disfonía espasmódica:

  • De aducción: aducción glótica brusca, intensa, arrítmica, con cortes de voz.
  • De abducción: abducción glótica nítida, brusca, incongruente, con cortes de voz.

Diagnóstico y tratamiento de la disfonía espasmódica

Su diagnóstico es difícil y debe ser realizado por un especialista en voz, como el otorrinolaringólogo que se encargará de la evaluación de las cuerdas vocales y de detectar posibles alteraciones en la voz y el habla. Por otro lado, cuando además haya presencia de alteraciones en otras regiones puede ser necesaria la intervención de especialistas en neurología.

En la actualidad la disfonía espasmódica no tiene un tratamiento curativo y las terapias deberán ir encaminadas a tratar de mejorar la producción de la voz y el habla. En cualquier caso, el otorrinolaringólogo deberá procurar que el tratamiento sea individualizado y acorde con las necesidades del paciente.

En ese sentido, el tratamiento que ha demostrado mejores resultados hasta el momento es la inyección de toxina botulínica en las cuerdas vocales. El empleo de esta técnica ha resultado ser más eficaz que el tratamiento farmacológico, aunque algunos pacientes afirman sentir mejoría con determinados medicamentos como benzodiacepinas, posiblemente porque contribuyen a reducir el estrés, como ocurre en el caso del alcohol.

La inyección de toxina botulínica es un procedimiento que se realiza en consulta y en el que interviene un equipo formado por un otorri­nolaringólogo y un neurofisiólogo. Con esto se consigue realizar el diagnóstico electromiográfico y el tratamiento en el mismo acto, y de forma más precisa.

Se inyecta a nivel de los músculos tiroaritenoideos en caso de disfonía espasmódica en aducción, y los músculos cricoaritenoideos posteriores en los casos en en los que haya sospecha de una disfonía espasmódica en abducción.

La toxina botulínica produce una denervación química del complejo aductor del tiroaritenoideo-cricoaritenoideo lateral en el caso de las aductoras, y del cricoaritenoideo posterior en las disfonías espasmódicas de abducción, disminuyendo así los el número e intensidad de los espasmos, mejora la calidad de la voz, la fluencia de la misma, la capacidad de comunicación y, por lo tanto, la calidad de vida.

Debido al efecto limitado en el tiempo de la toxina botulínica, éste tratamiento suele repetirse cuando los síntomas vuelven a ser limitantes sobre todo en aquellos casos en los que el trastorno pueda afectar a la situación laboral de la persona que lo padece. El intervalo entre las infiltraciones es variable.

El tratamiento debe incluir la rehabilitación de voz para optimizar el resultado. Las técnicas de reeducación vocal ayudarán a mejorar la fonación y disminuir los síntomas. Por otro lado, también puede ser conveniente recibir atención psicológica.