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¿Cómo mejora la calidad de vida de las personas sordas con los implantes cocleares?

Los implantes cocleares mejoran la calidad de vida de las personas sordas gracias a los diversos beneficios que aporta al conseguir la recuperación de la audición. Con motivo del Día Internacional de las Personas Sordas, que se celebra el último domingo de septiembre a nivel mundial, la SEORL-CCC recuerda lo importante que es que las familias, autoridades y pacientes en general tomen conciencia del impacto que supone la sordera en la calidad de vida y de qué soluciones pueden ponerle a ello, como es el caso del implante coclear.

Se calcula que hay más de 70 millones de personas en todo el mundo con sordera, definida esta como una pérdida de la capacidad auditiva, lo que conlleva una dificultad para oír, con independencia de la intensidad. La sordera puede ser congénita o adquirida, que puede estar originada por múltiples patologías o a la exposición continua y excesiva a niveles altos de ruido, entre otras. La sordera dificulta la capacidad de la persona para hablar y comunicarse, lo que influye en sus relaciones sociales, laborales y familiares. En el caso de los niños además, puede retrasar su aprendizaje y adquisición del lenguaje. Todo ello puede ocasionar problemas emocionales de baja autoestima, ansiedad, depresión o aislamiento social.

En este sentido, el diagnóstico precoz es fundamental para iniciar un tratamiento adecuado que permita minimizar el impacto sobre la calidad de vida de la persona que la sufre. Por ello, se recomienda estar pendiente de los posibles signos de sospecha de la hipoacusia o sordera, tanto en la etapa infantil como en la adulta. En los niños, será muy importante la realización del cribado neontal, pues el 80% de las hipoacusias están presentes en el nacimiento. Para ello la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH) establece un programa universal seguido por todos los hospitales españoles. En cuanto a la edad adulta, sobre todo en personas mayores, conviene que sus familiares presten atención a las señales de alarma para frenar su evolución, pues puede conllevar aislamiento social y acelerar el deterioro cognitivo.

Las soluciones a la pérdida auditiva pueden ser médicas, quirúrgicas o audioprotésicas. En este sentido, la cirugía de implante coclear ha demostrado buenos resultados y ha permitido una gran evolución en el tratamiento de las personas sordas. El inicio de su tratamiento desde las primeras etapas de la vida ha conseguido que cada vez se encuentren menos personas adultas con sordera congénita.

Los implantes cocleares son unos dispositivos electrónicos que permiten restaurar la función auditiva gracias a que consiguen una estimulación eléctrica de las terminaciones nerviosas del nervio coclear. Así, captan la señal sonora y la transforman en estímulos eléctricos que permiten simular un funcionamiento correcto de la cóclea y que, de esta manera, la persona con discapacidad auditiva pueda oír.

Beneficios del implante coclear

La mayoría de los pacientes muestran mejoras en la percepción del sonido con el implante coclear respecto a la situación anterior en la que empleaban audífonos. Incluso muchos de ellos afirman poder hablar por teléfono o apreciar la música. Sin embargo, no solo proporciona resultados para las habilidades auditivas de la persona, sino que afecta a todos los ámbitos de su vida. Por ello, los cuestionarios sobre la calidad de vida son herramientas fundamentales para evaluar esos resultados.

En este sentido, un estudio publicado en HNO concluye que los implantes cocleares mejoran la calidad de vida relacionada con la salud de personas intervenidas por sordera unilateral, reducen la angustia del tinitus que suelen manifestar y mejoran las comorbilidades psicológicas. Además, resultan beneficiosos para la mejora auditiva, sobre todo en entornos de ruido y en la audición direccional.

Al contrario de lo que se piensa, los implantes cocleares pueden colocarse a cualquier edad, es decir, que las personas mayores pueden ser candidatas a recibirlos, siempre que reúnan las condiciones necesarias. De hecho, se ha comprobado como contribuyen a frenar el desarrollo cognitivo y por tanto la aparición de demencia. Además, les hará recuperar la confianza y les dará más seguridad en sus relaciones sociales, ya que mejora su capacidad de comunicación. Así, una revisión de estudios publicada en Current Opinion in Otolaryngology confirma que la implantación coclear mejora la autonomía y calidad de vida en ancianos. Sus autores advierten de que la edad no debe limitar la toma de decisiones quirúrgicas y que el implante coclear se puede utilizar como una opción de tratamiento eficaz y bien tolerada para la pérdida auditiva de severa a profunda en edades avanzadas.

Pérdida de audición, un problema que afecta al 5% de la población mundial

La sordera es un trastorno al que se enfrenta una gran parte de la sociedad. Existen 360 millones de personas en todo el mundo con pérdida de audición discapacitante, lo que equivale al 5% de la población global, tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ellos, 32 millones son niños y aproximadamente una tercera parte son mayores de 65 años. Cada año, el último sábado del mes de septiembre se celebra el Día Internacional de las Personas Sordas, una efeméride de carácter reivindicativo para sensibilizar a la sociedad sobre este problema y expresar aquellas demandas en cuestión de derechos.

Según la OMS, se dice que alguien sufre hipoacusia cuando no le es posible oír de la misma manera que una persona  cuyo sentido del oído es normal, es decir, su umbral de audición –el nivel mínimo de un sonido para ser percibido– es igual o superior a 25 decibelios. Esta pérdida puede ser leve (entre 20 y40 dB), moderada o media (entre 41 y 70 dB), grave o severa (entre 71 y 90 dB) y profunda (la pérdida supera los 90 dB y se sitúa entre 91-100 dB).

La aparición de este trastorno se debe, en ocasiones, a causas congénitas, factores hereditarios o no hereditarios, a complicaciones en el embarazo o en el parto, como la rubeola materna o la sífilis, y el uso inadecuado de ciertos medicamentos, entre otros. Asimismo, se da por causas adquiridas, es decir, perder la audición a cualquier edad. Así, infecciones crónicas del oído, enfermedades como la meningitis, el sarampión, el envejecimiento, la obstrucción del conducto auditivo o los traumatismos craneoencefálicos, entre otros, pueden derivar en algún tipo de sordera.

No obstante, uno de los factores determinantes que causan problemas otológicos suele ser el ruido excesivo, ya sea en el entorno laboral o durante actividades de ocio, como el empleo de auriculares a un elevado volumen o la estancia en lugares con música alta durante largos periodos de tiempo. Por ejemplo, soportar más de 85 dB durante ocho horas o 100 dB durante 15 minutos se consideran niveles perjudiciales, y en bares, discotecas o conciertos se alcanzan los 110 decibelios, superando el límite de 65 dB recomendado por la OMS. Es más, este organismo de Naciones Unidas señala que unos 1.100 millones de jóvenes de entre 12 y 35 años se encuentran en riesgo de padecer hipoacusia debido a su exposición al ruido en estos contextos recreativos.

En los niños, el 60% de las sorderas se podrían evitar, sobre todo los relacionados con infecciones. Así, aplicar las vacunas necesarias como la del sarampión, rubeola o meningitis, prescindir del uso de determinados medicamentos o prevenir enfermedades durante el embarazo son claves para no lamentar en el futuro una posible pérdida de audición. En cualquier caso, es importante cuidar y tener una buena higiene, evitar introducir bastoncillos en los oídos, utilizar los auriculares con un volumen bajo –y no abusar tampoco de ellos–, así como reducir el tiempo de exposición a sonidos demasiado altos, o usar tapones o material aislante en caso de no ser posible, por ejemplo, por motivos laborales.

En definitiva, la detección temprana es primordial. Por eso, los otorrinolaringólogos recomiendan acudir al especialista ante cualquier síntoma o problema auditivo (en el vídeo adjunto se indica cuándo). También conviene realizar revisiones de forma regular, sobre todo aquellos que pertenezcan a grupos de riesgo, como personas mayores o quienes están expuestos continuamente a ruidos elevados en el trabajo.

Factores de riesgo para padecer hipoacusia o sordera

Factores de riesgo para padecer hipoacusia o sordera

En los países desarrollados se llevan a cabo programas de despistaje de la hipoacusia en los recién nacidos que, en algunos casos, son de carácter universal y, en otros, sólo para los neonatos con factores de riesgo. La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) recuerda, con motivo del Día Internacional de las Personas Sordas que se celebra el último domingo de septiembre, la importancia de realizar un cribado que facilite su detección precoz para el pronóstico y la calidad de vida del niño.

En España, la CODEPEH (Comisión para la detección precoz de la hipoacusia infantil) establece una lista con los factores de riesgo de hipoacusia en los que es obligado hacer un estudio audiológico completo después del nacimiento:

  • Historia familiar de hipoacusia neurosensorial congénita o instaurada durante la infancia
  • Infecciones intrauterinas (TORH)
  • Malformaciones craneofaciales
  • Peso al nacimiento inferior de 1’5 Kg
  • Hiperbilurrubinemia grave
  • Hipoxia-isquemia perinatal
  • Ventilación mecánica durante más de cinco días
  • Administración de ototóxicos a la madre durante el embarazo o al niño
  • Meningitis bacteriana
  • Estigmas asociados a síndromes que cursan con hipoacusia
  • Traumatismo craneal con pérdida de conciencia o fractura craneal
  • Otitis media crónica
  • Retraso del lenguaje

En cuanto a los signos de alarma, lo primero que llamará la atención en el lactante sordo es que no se sobresalta con los ruidos intensos. Al poco tiempo se puede ver que no responde a la voz, lo que se hace más evidente cuando se le llama desde atrás, porque no vuelve la cabeza. El balbuceo habitual de los lactantes no existe o desaparece pronto y suele ser sustituido por gritos disarmónicos ya que el bebé no puede modular su voz al no oírla.

A partir del año se observa que no comienza a aprender las primeras palabras y, conforme pasa el tiempo, se observa un retraso grave del lenguaje hablado, por lo que para expresarse usará solamente gestos y sonidos inarticulados. Si no se pone remedio a la hipoacusia antes de los 4-6 años (y mejor sobre los 2 años), el lenguaje hablado se puede ver seriamente limitado.