• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin

Recomiendan tratar los casos complejos de parálisis facial en unidades multidisciplinares

Los casos complejos de parálisis facial deben ser tratados en unidades multidisciplinares formadas por diferentes especialistas y lideradas por un otorrinolaringólogo. Así lo recomienda la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). En la actualidad existen en España dos Unidades de Parálisis Facial de este tipo con una trayectoria consolidada, una en Madrid y otra en Barcelona.

Las unidades multidisciplinares y especializadas evitarían que los pacientes estén varios años sin obtener una solución. La parálisis facial es una lesión del nervio facial que ocasiona la pérdida total o parcial del movimiento muscular voluntario de la cara. Su causa más frecuente es la parálisis de Bell, también llamada idiopática. Es una enfermedad de probable origen vírico, que en la mayoría de los casos se recupera de forma espontánea, en el 30% de los casos, con alguna secuela. Puede aparecer a cualquier edad, afectando por igual a hombres y mujeres. Otras causas pueden ser el virus de la varicela, los accidentes vasculares cerebrales, los tumores de base de cráneo, los tumores que se originan en el nervio facial, los traumatismos craneales con fractura de peñasco, las infecciones del oído o la iatrogenia tras cirugía de oído, de parótida o de base de cráneo.

Una revisión de estudios publicada en Journal of Multidisciplinary Healthcare advierte de que para optimizar el resultado del paciente, los profesionales involucrados en el manejo de parálisis facial deben colaborar dentro de equipos multidisciplinares integrales, debido al impacto funcional y psicosocial de esta patología. Los centros de referencia con equipos multidisciplinares especializados pueden ofrecer al paciente todas las opciones terapéuticas existentes, desde las más sencillas a las más complejas, pasando por el amplio abanico de técnicas complementarias y de rehabilitación. El doctor Luis Lassalleta, anterior presidente de la Comisión de Otoneurología de la SEORL-CCC,  indica que cuando los casos complejos se tratan por parte de especialistas individuales, “estos adaptan la patología a las técnicas que conocen, mientras que el tratamiento en unidades de referencia permite seleccionar la/s técnica/s más adecuadas para cada caso, muchas veces realizadas por diferentes profesionales”. El otorrinolaringólogo debe liderar esas unidades, pues su conocimiento del nervio facial, desde su salida del tronco cerebral hasta sus ramas terminales en la parótida, es clave para poder orientar el diagnóstico y el tratamiento.

Cómo tratar la parálisis facial

Los casos de parálisis de Bell son tratados con corticoides orales y la mayoría recuperan su función facial de forma completa. Por el contrario, una lesión quirúrgica, traumática o infecciosa del nervio facial requiere con frecuencia, una actitud quirúrgica decidida. Cuando se produce una lesión severa del nervio, nunca se restablece completamente la función facial, y el paso del tiempo disminuye las posibilidades de reinervación. De esta manera, si el especialista no tiene el suficiente conocimiento ni experiencia no se enfrentará con el problema y el resultado será mucho peor que si se enfoca correctamente y a tiempo.

Para aquellos pacientes con una musculatura facial aún viable, es decir, con menos de 1 o 2 años de evolución de la parálisis, se reconstruye el nervio facial directamente o bien con un injerto de nervio. Si esto no es posible se recurre a otros nervios donantes como el nervio hipogloso, el nervio maseterino o el nervio facial contralateral. Si la parálisis está establecida, lleva más de 1 o 2 años de evolución y los músculos faciales ya no son viables, se requieren transposiciones musculares o injertos microvascularizados en función de la edad, características y preferencias de cada persona.  En este sentido, lo más novedoso es la combinación de varias técnicas de reinervación, en las que los mejores resultados se obtienen combinando varios nervios, y esto solamente es posible en Unidades Multidisciplinarias de Parálisis Facial.

Por otro lado, un estudio realizado por otorrinolaringólogos de la Universidad de Johns Hopkins y publicado en Plastic Sugery concluye que la técnica de transferencia del tendón temporal mínimamente invasiva ofrece un retorno inmediato, predecible y simétrico de la función de la sonrisa.  Esta técnica es útil en pacientes con parálisis de larga evolución que no pueden beneficiarse de técnicas de reinervación. Además, después de la cirugía, será necesario complementarla con rehabilitación específica de reeducación neuromuscular facial, muchas veces combinada con toxina botulínica. Por otro lado, en la mayoría de los casos se siguen procedimientos complementarios estéticos y sobre el ojo para mejorar el parpadeo y evitar problemas corneales.

Nueva escala de diagnóstico

Uno de los aspectos más controvertidos en el diagnóstico de esta patología es la evaluación del grado de parálisis de cada paciente. La escala más empleada hasta el momento es la de House-Brackmann, que asigna 6 grados desde una función normal (grado 1) hasta una parálisis completa (grado 6). Pero esta escala es muy subjetiva y hace complicado establecer claramente la asignación de los grados intermedios, especialmente diferenciar entre los grados 3 y 4. Para tratar de minimizar la diferencia entre observadores, se está popularizando una nueva escala electrónica (eFACE), descrita por la Unidad de Parálisis Facial de Harvard. Se trata de una escala analógica-visual de 15 ítems que evalúa la cara de cada paciente en reposo y en movimiento. La escala está accesible como app para iphone y android. Los primeros estudios muestran una gran concordancia entre los resultados asignados por distintos evaluadores, y está llamada a convertirse en la herramienta universal para la evaluación de estos pacientes.

 

La parálisis facial, más frecuente en jóvenes

La parálisis facial, más frecuente en jóvenes

Más de 40 músculos tiene el ser humano en la cara y, todos ellos, son los responsables de las expresiones del rostro que se realizan a lo largo del día. Para que esto suceda, es necesario el trabajo del nervio facial, que lleva las órdenes neuronales para mover esa musculatura. Pero si esa señal no llega, ocurre lo que se denomina parálisis facial.

Se trata de una lesión del nervio facial que ocasiona la pérdida total o parcial del movimiento muscular voluntario de la cara. La más frecuente es la periférica idiopática o parálisis de Bell, y puede aparecer a cualquier edad, siendo más frecuente en jóvenes, afectando por igual a hombres y mujeres. Esta afección se manifiesta por la incapacidad de cerrar el ojo o levantar la ceja, problemas al sonreír y, dificultad para comer o beber. Otros síntomas que pueden aparecer son dolores de oído o de cabeza, babeo, sequedad en la boca, sensibilidad al sonido y una dificultad en el parpadeo con la consecuente disminución del lagrimeo, lo que es probable que derive en conjuntivitis o úlceras corneales.

Lo habitual es que la parálisis afecte a sólo uno de los dos lados de la cara, y su origen es, en la mayoría de los casos, desconocido. El más común parece ser el de una infección vírica, por ejemplo, el herpes simple o el virus herpes zoster. En estos casos, se cree que el nervio facial se inflama como reacción a la infección. Otras causas que pueden derivar en esta patología son tumores, infartos cerebrales, la enfermedad de Lyme, afecciones como la sarcoidosis o malformaciones vasculares cerebrales, al igual que los traumatismos craneales con fractura del hueso temporal.

El diagnóstico se basa, en primer lugar, en una revisión del aspecto facial deformado y la incapacidad de mover los músculos del lado afectado del rostro. Se pueden realizar determinadas pruebas, como un electromiograma para comprobar la gravedad de la lesión, su pronóstico y la velocidad de regeneración nerviosa, o un estudio radiológico con el TAC o la resonancia magnética, para descartar la presencia de tumores o fracturas craneales.

El tratamiento más común es el uso de corticosteroides, que reducen la inflamación en torno al nervio facial y mejoran su funcionamiento, del mismo modo que también ayudan a disminuir la intensidad del dolor en caso de que exista. No obstante su uso ha sido motivo de controversia entre especialistas quirúrgicos y no quirúrgicos ya que entre el 73% y el 84% de los pacientes se recupera en poco tiempo, con o sin terapia, por lo que es difícil determinar qué parte de la recuperación es atribuible al tratamiento, y qué parte a la historia natural de la enfermedad. Aún así, la mayoría de los expertos y guías clínicas recomiendan tratarse. Los corticosteroides administrados durante la primera semana después del inicio de la parálisis, así como sesiones de fisioterapia, parecen mejorar el curso de la enfermedad.

Por otro lado, es beneficioso que se proteja el ojo afectado con el uso de gafas, lágrimas artificiales, parches o pomadas protectoras, con el fin de que éste no se reseque y pueda sufrir daños conjuntivales o corneales. Aquellas personas con parálisis que no han tenido una recuperación espontánea a medio o largo plazo, y que tampoco han mejorado con técnicas de rehabilitación facial, son candidatos a optar a un tratamiento quirúrgico. Existen numerosas técnicas quirúrgicas destinadas a mejorar la función facial, entre ellas, las técnias de reparación del nervio facial, los injertos microvascularizados y las transposiciones musculares.

En general, el pronóstico es bueno. Aproximadamente el 85% de los pacientes comienza a mostrar algún grado de recuperación de la movilidad en la cara a las tres semanas de producirse la parálisis, aunque hasta el año no se alcanza el resultado definitivo. No obstante, cuanto más tiempo se tarde en recuperar la función facial, más probabilidad existe de que queden secuelas o fallos en la regeneración nerviosa. Aproximadamente un 30% de los casos pueden presentar secuelas permanentes.