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El ruido, el principal enemigo para la salud de los oídos

El ruido constituye el principal factor que puede dañar los oídos a diario, tal y como explica el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología de la SEORL-CCC, en este vídeo. La exposición continua a ruidos en el trabajo, la calle o las zonas de ocio, puede ser determinante para la salud auditiva y puede condicionar la capacidad de audición en el futuro. Incluso puede generar otros problemas de salud. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la exposición al ruido del tráfico es la responsable de la pérdida de 1,5 millones de años de vida saludable por año solo en Europa Occidental, sobre todo en lo relacionado con el deterioro cognitivo y los trastornos del sueño.

De forma especial preocupa la salud auditiva de los jóvenes en relación al ruido, pues, según datos de la OMS, el 50% de las personas entre los 12 y 35 años están expuestos a niveles de ruido perjudiciales a consecuencia del uso de dispositivos de audio y teléfonos inteligentes, y el 40% a ruidos potencialmente nocivos en bares, discotecas y clubes.

La exposición continuada al ruido puede ocasionar pérdida de audición progresiva dependiendo de cada persona, ya que habrá algunas que por diversos factores sean más propensas. Los factores genéticos, las enfermedades crónicas, la toma de determinados medicamentos y la exposición al humo del tabaco pueden incrementar ese riesgo de pérdida auditiva causada por el ruido. Por ello, uno de los consejos para cuidar los oídos a diario es la protección frente a la exposición continuada a ruidos fuertes. En este sentido, en ciertas profesiones será necesario el uso de cascos o tapones para disminuir el impacto del ruido. Además, también es conveniente su uso en conciertos o discotecas.

La exposición a la contaminación, que suele aumentar en épocas de aire seco y frío, ante la ausencia de lluvias, también puede ser un riesgo indirecto para la salud de los oídos, según el doctor Lassaletta. El aire contaminado propicia que la exposición a determinados alérgenos sea mayor por lo que puede afectar a los oídos.

Mitos sobre el cuidado de los oídos

Los otorrinolaringólogos insisten en que lo mejor que se puede hacer para cuidar la salud de los oídos es seguir una serie de medidas de prevención, sobre todo en cuanto a la exposición al ruido, donde señalan la importancia de estar protegidos.

Entre los mitos más extendidos en el cuidado de los oídos es la relación entre la higiene y la producción de cera o cerumen. Esta es una cuestión fisiológica que, por tanto, no está asociada a la limpieza de los oídos. Por ello, los especialistas en otorrinolaringología recomiendan a los pacientes no preocuparse en exceso por la presencia de cera en los oídos y la limpieza de los mismos, pues es el propio oído el que expulsa la cera. Así, en ningún caso deben usarse bastoncillos óticos ni ningún otro objeto para retirarla ya que pueden resultar muy peligrosos, pues al introducirlos en el oído se puede empujar la cera hacia el tímpano y causar lesiones graves. En caso de tapón o acumulo de cera deberá ser un profesional cualificado el que la retire con el instrumental adecuado.

Consejos para cuidar los oídos a diario

Los otorrinolaringólogos recomiendan tomar una serie de medidas para cuidar los oídos a diario y conseguir así mantener una buena salud auditiva:

  • Evitar la exposición continuada al ruido excesivo y protegerse: es importante mantenerse alejados de las fuentes de ruido, intentar disminuir el ruido que se genera de forma individual y reducir el tiempo de exposición a grandes intensidades de ruido o a ruidos fuertes (altavoces, taladros, cohetes o petardos, etc). En caso de que no sea posible evitarlo, será necesario el uso de protectores auditivos mediante cascos o tapones.
  • No limpiar los oídos en exceso: es recomendable tenerlos limpios, pero basta con el agua de la ducha para mantener una buena higiene. No deben usarse bastoncillos ni ningún otro objeto para extraer la cera o suciedad.
  • Prestar atención a los signos de pérdida auditiva: aunque suele ser más manifiesta conforme avanza la edad, puede aparecer en personas más jóvenes también. De hecho, el uso de auriculares para escuchar música está adelantando la edad de aparición de la presbiacusia o pérdida de audición debida a la edad. La dificultad para oír la televisión o entender conversaciones grupales o a distancia, por ejemplo, así como la presencia de acúfenos, entre otros, pueden ser indicadores de pérdida auditiva. En estos casos es imprescindible acudir a un otorrinolaringólogo para que determine la mejor solución para mejorar la calidad de vida de la persona.
  • Evitar la toma excesiva de medicamentos que favorecen la pérdida auditiva: determinados fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos o analgésicos como el paracetamol son ototóxicos y su consumo habitual puede inducir pérdida de audición.
  • Prevenir las infecciones de las vías respiratorias: sobre todo en el caso de los niños, los catarros y las infecciones de las vías altas, son el principal factor de riesgo de las otitis, por lo que es fundamental seguir unas adecuadas medidas higiénico-dietéticas que eviten el contagio de estas patologías.
  • Acudir al especialista y no automedicarse: es conveniente que ante cualquier problema en el oído se acuda a un otorrinolaringólogo para que realice una exploración y determine el origen del problema y la solución a seguir. No es conveniente automedicarse ante alguna infección o dolor y en ningún caso tomar antibióticos no recetados por el médico.
Cómo saber si tengo un tapón de cera en el oído

Cómo saber si tengo un tapón de cera en el oído

La cera de los oídos, también llamada cerumen, es una secreción de las glándulas del conducto auditivo externo, que sirve como mecanismo de autolimpieza del oído. Además, tiene propiedades antibacterianas y ayuda a evitar infecciones como la otitis. Esta cera suele eliminarse de forma natural, desplazándose por el conducto auditivo hasta el exterior.

Sin embargo, en ocasiones el mecanismo de autolimpieza falla y la cera se acumula, originando los llamados tapones de cera, una obstrucción que puede ser parcial o total y que suele suponer una pérdida de audición, perjudicando sobre todo a personas que ya sufren hipoacusia.

Entre los factores que impiden la expulsión normal de la cera están: la presencia de abundantes pelos en el canal auditivo, algunas enfermedades dermatológicas, el uso de audífonos o la excesiva limpieza del oído con bastoncillos de algodón, que empujan el cerumen contra el tímpano y favorecen su acumulación.

Para saber identificar cuándo se tiene un tapón en los oídos es importante entender la sintomatología, que puede variar en función del tipo de acumulación del cerumen y de las condiciones anatómicas del conducto y el tímpano de cada persona.

Principales síntomas de los tapones de oídos

El síntoma más común es la sensación de taponamiento dentro del oído, que se modifica con la masticación y al mover el pabellón auricular. También puede ser un signo de que el conducto auditivo está taponado el hecho de tener acúfenos -un zumbido constante en los oídos- o autofonía -cuando la persona nota que escucha su propia voz al hablar-.

Otro de los síntomas comunes es la pérdida de audición. Si bien, en ocasiones aunque el tapón sea grande y compacto, existe una pequeña apertura por la que pasa el sonido, y la pérdida auditiva es mínima. Es característico en las épocas de verano, con los primeros baños, que estos tapones al mojarse aumenten su tamaño y provoquen una pérdida de audición repentina. Por otra parte, los tapones que obstruyen el conducto auditivo también pueden generar sensación de mareo, picor o molestias leves en el oído, causados por la acumulación de cera.

Ante la presencia de estos síntomas, lo más aconsejable es acudir a un médico especialista, que realizará una otoscopia, que es la prueba diagnóstica que se utiliza para aclarar si se trata o no de una obstrucción en el oído y, en su caso, indicará el tratamiento más adecuado.

Diferentes tratamientos de los tapones de oídos

Hay diversas formas de quitar los tapones de cerumen del oído, aunque es importante que sea un profesional sanitario el que realice la extracción de la cera, para evitar posibles daños en el conducto auditivo.

El método más habitual es el lavado por irrigación. Éste consiste en utilizar una jeringa con agua para introducir abundante líquido en el oído con el fin de extraer el tapón. Sin embargo, este procedimiento está contraindicado para personas que han sido intervenidas del oído o con sospecha de perforaciones en el tímpano. Otra forma de eliminar los tapones de cera y restablecer por completo la audición es la succión mediante un instrumento aspirativo o la extracción manual usando pinzas. Con cualquiera de las técnicas empleadas, es recomendable reblandecer previamente el tapón de cera con la aplicación de gotas de agua oxigenada o ceruminolíticos varios días antes de la extracción. Algunos de estos productos incluyen aceite de oliva o de almendras. La finalidad de estos agentes es lubricar el conducto auditivo para reblandecer el cerumen y permitir su disolución y extracción de forma natural.

Falsos mitos para eliminar tapones de cera

Más allá de los tratamientos descritos para eliminar la acumulación de cerumen en el conducto auditivo externo, existen otras falsas creencias y remedios caseros que deben evitarse, puesto que no tienen una base científica sólida y podrían poner en peligro la salud del paciente.

Uno de los bulos en este ámbito es el de usar bastoncillos de algodón para limpiar el oído. Sin embargo, se trata de un error, puesto que el hisopo introduce la cera en el oído en lugar de sacarla, lo que provoca el efecto contrario al pretendido y aumenta el riesgo de que el tapón se endurezca y vaya a peor. Además de correr el riesgo de generar lesiones en el conducto auditivo externo o incluso lesiones en la membrana timpánica.

Por otro lado, la llamada conoterapia, es decir, recurrir a velas para limpiar los oídos, también es un error, que puede provocar quemaduras en la cara del paciente o incluso perforaciones en el tímpano y que no tiene ninguna utilidad a la hora de extraer un tapón en el oído.

Para evitar complicaciones en el canal auditivo, los otorrinolaringólogos recomiendan realizar revisiones periódicas de los oídos, ya que en ellas se pueden detectar dolencias que a veces se confunden con los síntomas de los tapones de oídos.

Consejos para cuidar los oídos en verano

Consejos para cuidar los oídos en verano

Llega el verano, época de baños, fiestas y festivales musicales, vuelos…Todo ello puede hacer mella en los oídos si no seguimos una serie de cuidados y precauciones. Especial atención merecen los niños, pues son los más vulnerables a sufrir episodios de otitis externa como consecuencia de la humedad generada en piscinas y playas. Para prevenir estos problemas se recomiendan los siguientes consejos:

  • Tener precaución a la hora de bañarse: deberán evitarse los baños en aguas contaminadas, reducir el tiempo de inmersión, sobre todo en niños, y secar la parte externa del oído y la entrada al conducto auditivo al salir del agua. En principio no es necesario utilizar tapones salvo que se padezca alguna enfermedad del oído o tendencia a las otitis con la entrada del agua.
  • Proteger los oídos de la música alta: la exposición a ruidos fuertes, como los de conciertos, fiestas populares o festivales, puede tener un efecto perjudicial que va a depender de la intensidad del ruido y del tiempo durante el que se esté expuesto. La exposición prolongada a un ruido por encima de los 80 decibelios, puede ser dañino y generar tanto disminución en la capacidad auditiva como acúfenos. Se recomienda evitar situarse próximo a las fuentes de sonido como altavoces y orquestas, y protegerse con tapones. En caso de molestias o síntomas será necesario acudir al otorrinolaringólogo.
  • Prestar atención a los cambios de presión al bucear: en actividades de riesgo como el submarinismo o el paracaidismo el oído sufre cambios de presión. Lo aconsejable es compensar de forma eficiente esos cambios mediante la función de la trompa de Eustaquio y no practicar estos deportes si se padece un catarro o se tiene alguna patología del oído.
  • Practicar maniobras para evitar taponamientos en viajes: la sensación de taponamiento es habitual con los cambios de presión atmosférica que se producen al viajar en avión, en AVE o al subir o bajar un puerto de montaña. En principio, sino existe una infección respiratoria ni problemas en el oído, con realizar maniobras sencillas que permitan abrir la trompa de Eustaquio puede ser suficiente. Entre ellas se encuentran tragar saliva, mascar chicle o chupar caramelos.

Los otorrinolaringólogos recomiendan que, ante cualquier problema en el oído o en las vías respiratorias altas, se consulte con el especialista antes de ir de vacaciones, sobre todo si existe previsión de practicar alguna actividad que comprometa a los oídos.

¿Cómo cuidar el oído de los niños?

La audición y los oídos de los niños deben cuidarse de forma preventiva para evitar la aparición de problemas. Así lo explica el doctor Javier Cervera, vocal de la Comisión de Otorrinolaringología Pediátrica de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

Una de las medidas más importantes, según este especialista, es retrasar en la medida de lo posible el inicio de la incorporación a la guardería, ya que al ser pequeños tienen menos desarrollado el sistema de defensas. Hay que tener en cuenta que el 90% de los menores de un año tienen al menos un episodio de otitis media aguda que se desarrolla fundamentalmente por infecciones en las vías respiratorias altas, muy contagiosas en estos centros.

Otro factor a evitar es el tabaquismo familiar, puesto que también está demostrada su vinculación con las infecciones de vías respiratorias altas, como catarros o bronquitis, así como con las otitis.

Además, conviene alargar en la medida de lo posible la duración de la lactancia materna porque contribuye a un correcto desarrollo del sistema inmunológico y fortalece las defensas, al transmitir las inmunoglobinas de la madre.

Por otro lado, de cara al verano también hay que tener en cuenta que son frecuentes las otitis externas en los niños, debido a que pasan muchas horas en el agua, lo que genera humedad en el oído y propicia la aparición de estas infecciones.

Los niños con déficit auditivo tienen más problemas de aprendizaje

Los niños con déficit auditivo tienen más problemas de aprendizaje

Los niños con dificultades auditivas tienen más problemas de atención y rendimiento académico, lo que redunda en una peor calidad de vida. La SEORL-CCC advierte, con motivo del Día Internacional del Cuidado del Oído y la Audición que se celebra el 3 de marzo, que es importante prestar atención a los signos de sospecha de este tipo de dificultades y pide la realización del cribado auditivo a nivel universal para la detección de hipoacusias o sorderas al nacimiento. Así mismo, la Comisión de Audiología recomienda el siguiente Decálogo de Cuidados del Oído para niños.

La realización de un cribado que facilite la detección precoz de la hipoacusia es importante para el diagnóstico y la calidad de vida del niño. Un trabajo reciente publicado en The Journal of International Advanced Otology afirma que los trastornos auditivos pueden tener un impacto negativo en el desarrollo de los niños y en su calidad de vida si no se diagnostican a tiempo. Incluso los que son diagnosticados con pérdida leve a moderada pueden presentar trastornos del aprendizaje o del lenguaje verbal.

La pérdida de audición, tanto si es transitoria como permanente, puede tener un impacto enorme en el desarrollo de la población infantil pues influye en su aprendizaje, así como en la adquisición de destrezas de comunicación, lenguaje y socialización. Por lo tanto, cuanto más temprano se detecte y se atienda al niño, mayor será la probabilidad de que alcance todo su potencial.

Por todo esto, los otorrinolaringólogos consideran fundamental tener en cuenta los signos de sospecha en cada etapa y acudir a su consulta lo antes posible para realizar un diagnóstico y poner tratamiento a tiempo si fuera necesario.

  1. Bebés:
  • No se sobresalta con los ruidos fuertes.
  • Sigue durmiendo aun cuando usted habla fuertemente cerca de él o ella
  • Ha dejado de balbucear (después de los 9 meses de edad)
  • No voltea la cabeza hacia la fuente de un sonido después de los 6 meses de edad.
  • No dice palabras sencillas como “mamá” o “papá” cuando tiene 1 año.
  • Voltea la cabeza cuando lo ve a usted, pero no lo hace si solo lo llama por su nombre. A veces se piensa equivocadamente que se trata de falta de atención o que el niño simplemente ignora a la otra persona, pero puede ser el resultado de una pérdida auditiva parcial o total.
  • Parece escuchar algunos sonidos pero no otros.
  1. Niños:
  • Tarda en hablar.
  • No habla en forma clara.
  • Se distrae mucho.
  • No sigue instrucciones A veces se piensa equivocadamente que se trata de falta de atención o que el niño simplemente ignora a la otra persona, pero puede ser el resultado de una pérdida auditiva parcial o total.
  • A menudo dice “¿qué?”
  • Sube demasiado el volumen de la televisión.
  • No sabe por dónde le vienen los sonidos
  1. Adolescentes:
  • Comienza a escuchar un ruido en el oído (acúfeno). Puede comenzar a escucharlo al salir de un concierto, discoteca o al haber estado escuchando música con los auriculares muy altos. Debe consultar aunque este ruido desapareciera
  • Tiene problemas para entender a los que están a su alrededor al salir de un concierto, discoteca o tras escuchar música. Debe consultar aunque mejore la sintomatología.
  • Oye, pero no entiende, sobre todo en el colegio, instituto o cuando hay varias personas hablando a la vez.

 

 

Decálogo de Cuidados del Oído para Niños

Decálogo de Cuidados del Oído para Niños

La Comisión de Audiología de la SEORL-CCC, sensibilizada en el Día Internacional del Cuidado del Oído y la Audición que se celebra el 3 de marzo,  y con el objetivo de concienciar a la población, ha elaborado el siguiente Decálogo de Cuidados del Oído para Niños:

  1. Someter al bebé al cribado auditivo neonatal, que se realiza en una primera fase a todos los niños, en el mismo hospital, los primeros días después del nacimiento. Es importante acudir a completar las siguientes fases de estudio si así se requiere, y seguir las recomendaciones de seguimiento y tratamiento que marque el especialista. Con este cribado se detectarán, diagnosticarán y tratarán las sorderas acaecidas en el momento del tratamiento, del tipo y de grado que sean.
  2. Estar alerta de los signos de sospecha de problemas auditivos:. Habrá casos en los que el niño nazca oyendo bien, y debute o  la pérdida auditiva posteriormente. Si el bebé no se sobresalta ante sonidos fuertes, no emite  sonido o no gira la cabeza cuando le hablan o grita con alta frecuencia, no balbucea o detiene el balbuceo previamente existente,  pueden ser signos de sospecha antes del primer año de vida. Más adelante, retrasos de adquisición del lenguaje, dificultades de atención,  dificultades para mantener la concentración por cansancio, preguntar frecuentemente ¿qué?, volumen del televisor elevado, dificultad para leer, entender conversaciones y contenidos y timidez-aislamiento, pueden servir a los padres para sospechar. En estos casos se debe acudir al otorrinolaringólogo a la mayor brevedad para evaluar el origen del problema.
  3. Evitar la exposición continua al ruido: existen ciertos entornos que exponen a los niños a intensidades muy altas de ruido durante un tiempo prolongado (conciertos, fiestas populares, etc,) por lo que es fundamental incidir en el uso de protectores. Se recomienda evitar los ruidos impulsivos (petardos, disparo…), alejarse de las fuentes de ruido, disminuir el ruido que generamos y reducir el tiempo de exposición a sonidos de alta intensidad.
  4. Protegerles del frío: conviene prevenir las infecciones de las vías respiratorias en los niños más pequeños pues son el principal factor de riesgo para las otitis. Por eso es aconsejable evitar los cambios bruscos de temperatura, ponerles gorros para salir a la calle y lavar con frecuencia las manos para reducir las posibilidades de contagio de catarros o gripes.
  5. Acudir al especialista: los otorrinolaringólogos recomiendan consultar en caso de inflamación, dolor, taponamiento, zumbidos, secreción de oído, ya que pueden derivar en problemas de la audición. Por otra parte, es recomendable consultar en cuanto se note o sospeche deficiencia auditiva, aunque mínima. Por otro lado, es recomendable acudir a revisión  de manera periódica, al menos una vez al año, si existe tendencia a padecer otitis factores de riesgo como antecedentes familiares u otros advertidos por el especialista en la fase de cribado.
  6. No introducir objetos o sustancias extrañas: se deben utilizar sólo productos indicados para el oído y siempre bajo consejo médico por lo que hay que evitar el uso de aceites, soluciones salinas, gotas, agua oxigenada, bastoncillos u otros objetos, ya que éstos últimos, pueden empujar la cera hacia adentro y dañar el tímpano.
  7. Limpiar los oídos con cuidado: los oídos de los bebés son muy delicados y el hecho de que produzcan cerumen no significa que estén sucios ya que tiene un efecto protector. La limpieza debe ser externa y conviene hacerla durante el baño o utilizando una toalla o gasa. No debe introducirse ningún objeto (por ejemplo bastoncillos) ni intentar sacar la cera pues puede ser que consigamos el efecto contrario y que la introduzcamos hacia adentro.
  8. No abusar de los antibióticos: es importante saber que el uso indiscriminado de medicamentos, tanto de uso tópico como por vía oral, puede ser perjudicial para los oídos ya que algunos pueden ser ototóxicos y además, en el caso de los antibióticos, se pueden generar resistencias, sobre todo en el caso de los niños que tienen su sistema inmunológico en pleno desarrollo.
  9. Recomendaciones durante el baño: el agua de baños públicos, ya sea de mar, pantanos o piscinas, puede estar contaminada, y los niños son los más vulnerables a sufrir infecciones en los oídos como consecuencia de ello. Por cumplir unas normas de higiene y limpieza  básicas antes y durante el baño (ducha y el uso de aseos).  Conviene secar suavemente los oídos después del baño con el uso de una toalla o secador e incluso, si son muy propensos, se podría consultar con el especialista la conveniencia de usar tapones o gorros para evitar la entrada de agua. Los niños con tendencia a los catarros deben de  evitar el buceo y en caso de otitis no deben de mojarse los oídos.
  10. Tratar de manera adecuada las otitis. En caso de sospecha de pérdida auditiva en un niño por parte de padres y profesores se recomienda acudir al especialista, ya que aun en ausencia de dolor, fiebre o secreción, puede existir una otitis serosa, que de no ser bien tratada puede cronificarse  y derivar en hipoacusia y otitis media crónica.
¿Qué secuelas puede provocar una otitis?

¿Qué secuelas puede provocar una otitis?

La otitis media es la enfermedad más común en la infancia, sobre todo en niños menores de 3 años, después de las infecciones virales de las vías respiratorias altas. El término “otitis media” hace referencia a una inflamación del oído medio, espacio delimitado lateralmente por la membrana timpánica,  que en condiciones normales contiene aire y la cadena de huesecillos. Podemos distinguir distintos tipo de otitis media. La otitis media “secretora” o “serosa” (OMS), se define por la presencia de moco o líquido dentro del oído medio, sin que haya otros síntomas o signos de infección aguda. En muchas ocasiones este cuadro no produce dolor ni fiebre, y solo se manifiesta por una pérdida de audición transitoria, debido a que el moco dentro del oído disminuye la capacidad de transmisión del sonido. Esta pérdida auditiva puede pasar desapercibida en los niños.

La incidencia de la OMS es muy alta en la infancia, según un artículo de revisión de la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH) publicado en la revista Acta Otorrinolaringológica española. En este trabajo se señala que, “si se hacen reconocimientos escolares en busca de OMS, se encuentra fluido en el oído medio en uno de cada 8 niños de 5 a 6 años de edad”. Esta enfermedad es tan frecuente en niños debido a que el conducto que comunica las fosas nasales con el oído medio, la trompa de Eustaquio, es más ancho, más corto y más horizontal que en los adultos. Determinadas condiciones, como esta inmadurez de la trompa de Eustaquio, , la presencia de tejido adenoideo (comúnmente conocidas como vegetaciones) en la zona de la desembocadura de las trompas o el paladar hendido, favorecen el desarrollo de la OMS. Según la CODEPEH, “la mayoría de los episodios se resuelven espontáneamente a los 3 meses, pero entre el 30% y el 40% de los niños tendrán episodios repetidos y, en el 5-10% de los afectados, la OMS tendrá́ una duración mayor de un año”. El tratamiento de la OMS será necesario en los casos de más de 3 meses de duración, y en niños con otras enfermedades asociadas. El tratamiento incluye diversas medidas, entre ellas, los aerosoles y los lavados nasales. Aunque el tratamiento más eficaz es el drenaje quirúrgico del moco contenido en el oído y la colocación de un pequeño tubo de ventilación temporal en la membrana timpánica (drenaje transtimpánico temporal). Normalmente el tratamiento de la OMS no incluye antibióticos.

La “otitis media aguda” (OMA) se caracteriza por la ocupación del oído medio por secreciones, acompañado de signos como dolor intenso en el oído y fiebre. Las bacterias responsables de esta infección más frecuentes son S. pneumoniae (neumococo), H. influenzae y M. catarrhalis, aunque estos datos pueden variar en función de la tasa de vacunación de la población que se estudie. La secreción infecciosa dentro del oído, puede llegar a perforar la membrana timpánica y salir por el conducto auditivo externo (otitis media aguda supurada), lo que generalmente se acompaña de un dolor intenso en el momento de la perforación timpánica, seguido de una gran mejoría del cuadro clínico.  Esta perforación suele cicatrizar de manera espontánea. Por ello, lo normal es que la otitis media aguda tenga un curso autolimitado, no produzca complicaciones y se cure sin dejar secuelas, de forma espontánea o con el tratamiento antibiótico adecuado. La presencia de síntomas como irritabilidad, somnolencia, cefalea persistente, fiebre alta o vómitos debe hacer sospechar una otitis media aguda complicada.

Existen diversos factores que pueden favorecer la presencia de complicaciones, como la agresividad particular del germen causal, la resistencia bacteriana al tratamiento, no realizar una pauta de tratamiento adecuada o factores de tipo individual, como son determinadas variantes anatómicas y los casos de inmunosupresión. La complicación más frecuente de la OMA es la mastoiditis (destrucción de las celdas del hueso del oído, que se caracteriza por un despegamiento del pabellón auricular). Otras complicaciones menos frecuentes, pero más graves, son la laberintitis (infección del órgano del equilibrio y auditivo que cursa con vértigo agudo e hipoacusia marcada) y la meningitis (infección de las capas de tejido que recubren el cerebro y que cursa con vómitos, rigidez del cuello y disminución del nivel del conciencia). Ante la sospecha de una OMA complicada se debe solicitar inmediatamente la valoración de un médico, quien instaurará el tratamiento adecuado.

La “otitis media crónica” (OMC) es un “cajón de sastre” que engloba diversas condiciones patológicas del oído que se prolongan en el tiempo. Por ejemplo, la presencia de una perforación timpánica puede favorecer las infecciones mantenidas del oído medio, sobre todo si no se extrema el cuidado a la hora de evitar la entrada de agua al conducto auditivo externo.

Otra causa frecuente de OMC en niños es el mal funcionamiento de la Trompa de Eustaquio, que condiciona un trastorno de ventilación en el oído medio: Esto puede producir acúmulo de secreciones dentro del oído, como se ha mencionado anteriormente (OMS de repetición), hundimiento o retracciones de la membrana timpánica (atelectasias)  y, en algunos casos, acúmulo anómalo de piel (colesteatoma), que requiere tratamiento quirúrgico.

Además, como consecuencia de procesos inflamatorios reiterados del oído o la presencia de una inflamación crónica, pueden aparecer secuelas de diferente índole. Entre ellas se incluyen afectación de la mucosa del oído, lesión de los huesecillos del oído y aparición de una perforación timpánica que no cicatrice espontáneamente. Estas secuelas pueden producir diversos grados de hipoacusia.

Otra consecuencia derivada de los procesos inflamatorios es la timpanoesclerosis, que se caracteriza por la presencia de tejido cicatrizal, que bloquea el tímpano y/o los huesecillos e impide una correcta transmisión del sonido.

 

 

¿Por qué nos duelen los oídos al volar en avión?

¿Por qué nos duelen los oídos al volar en avión?

Los cambios de presión que se sufren al volar en un avión, en la práctica de buceo o paracaidismo, y en descensos rápidos de puertos y montañas, pueden afectar a las vísceras y cavidades del organismo que contienen aire, como son los oídos, los senos paranasales y los pulmones. Las variaciones de presión ambiental determinan una serie de cambios físicos en el organismo que se conocen en su conjunto como disbarismos o barotraumatismos.

El oído es un órgano que, al estar constituido por una cavidad no compresible con un orificio de drenaje colapsable (trompa de Eustaquio), es muy sensible a los cambios de presión y, por tanto, muy susceptible a sufrir barotraumatismos. Los síntomas principales pueden ser sensación de plenitud ótica, seguida de crisis de dolor intensa, acúfenos, autofonía, ruidos al movilizar la articulación temporomandibular e hipoacusia de transmisión. En algunos casos pueden aparecer alteraciones vestibulares.

El volumen de aire en el oído se expande al subir la presión y se contrae cuando esta desciende. En un vuelo la presión es constante, manteniéndose  entre 1.500 y 2.500 metros de altitud. Durante el ascenso, la presión atmosférica disminuye y el aire del oído se expande y aumenta su volumen. Este exceso de aire sale de manera pasiva a través de la trompa de Eustaquio, por lo que generalmente en el ascenso no se suelen producir batrotraumatismos, siempre que la trompa de Eustaquio funcione de forma correcta. El barotrauma se suele sufrir sobre todo al aterrizar ya que supone un cambio muy brusco en la presión, produciendo la compresión del aire dentro del oído. Para equilibrar las presiones a ambos lados de la membrana timpánica debe pasar aire desde las fosas nasales al oído medio a través de la trompa de Eustaquio. En este caso el aire no entra pasivamente, sino que se requiere un mecanismo activo de apertura de dicha trompa. Si no se equilibran las presiones, el tímpano se desplaza hacia adentro, produciendo sensación de taponamiento ótico y dolor. Además, si no se corrigen las presiones, se produce un derrame seroso o hemático en el oído, pudiendo llegar a perforarse la membrana timpánica o sufrir daños en el oído interno.

Para prevenir los barotraumatismos hay que evitar viajar en avión con infecciones respiratorias y efectuar maniobras que posibiliten la permeabilidad de la trompa, como son la deglución, el bostezo y la masticación. También puede ser útil la maniobra de Valsalva, que consiste en tomar aire, tapar la nariz y la boca y soplar aumentando la presión en la faringe, que ayuda a ventilar el oído, produciendo el paso del aire desde las fosas nasales al oído. Además, es importante mantenerse despiertos pues durante el sueño el mecanismo de deglución se ralentiza, lo que impide regular la presión a ambos lados de la membrana timpánica.

¿Cómo se produce?

La función de la trompa de Eustaquio consiste en equilibrar la presión entre la caja timpánica y la rinofaringe (presión atmosférica del entorno). Cuando existe una hiperpresión en el oído medio, la trompa se abre pasivamente dejando escapar el aire, mientras que en una hipopresión se necesita la acción de los músculos periestafilinos para abrirse activamente dejando entrar aire del cavum.

La Ley de Boyle Mariotte establece que en condiciones de temperatura constante, el volumen de los gases guarda una relación inversa con la presión a la que son sometidos. Así, al ascender a grandes alturas rápidamente la presión atmosférica desciende por lo que según Boyle, produce un aumento del volumen del aire contenido en la caja timpánica proyectándose la membrana timpánica hacia fuera. En condiciones normales, la apertura pasiva de la trompa compensaría esta situación. Por el contrario al descender, la presión aumenta con lo que el aire de la caja timpánica tiende a reducir su volumen, produciéndose una retracción del tímpano hacia la caja. Esta situación precisa de la apertura activa muscular de la trompa para equilibrarse.