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¿Cuál es la relación entre asma y poliposis nasosinusal?

¿Cuál es la relación entre asma y poliposis nasosinusal?

La poliposis nasosinusal es una enfermedad inflamatoria crónica de la mucosa nasal que tiene una mayor prevalencia en aquellos pacientes con asma diagnosticada. De hecho, la mitad de los pacientes con poliposis nasosinusal sufre asma, según datos de la Guía Gema, en la que participa la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). En el Día Mundial del Asma, que se celebra el segundo martes de mayo, la SEORL recuerda la importancia de detectar esta patología ya que se relaciona con un peor control y mayor gravedad del asma.

La poliposis nasal puede aparecer en pacientes asmáticos de entre 30 y 50 años y es una patología benigna y crónica, tanto en sus manifestaciones como en su tratamiento. Se trata de una afección común en la práctica diaria del otorrinolaringólogo, que constituye un subtipo diferenciado de rinosinusitis crónica que se caracteriza por un proceso inflamatorio crónico de la mucosa de las fosas nasales y los senos paranasales, que determina la formación de pólipos edematosos y fibrosos que ocupan las fosas nasales de forma habitualmente bilateral.

La inflamación característica de la poliposis nasal está causada por una degeneración de la mucosa nasal. Esta degeneración de la mucosa conduce a la formación de lesiones polipoides lisas, gelatinosas, translúcidas y piriformes, que de forma progresiva van ocupando los senos hacia las fosas nasales.

Síntomas de la poliposis nasal

La mayoría de los pacientes suelen referir como primer síntoma la insuficiencia respiratoria nasal que puede ser cambiante con el tiempo en función del tamaño de los pólipos.. En una primera fase o en casos leves, la sensación de ocupación nasal no llega a ser completa y en fases más avanzadas o graves la obstrucción nasal puede ser completa y suele ser bilateral y permanente, incrementándose con el decúbito supino. Este síntoma suele ser reflejo de una hiperreactividad nasal propia del proceso inflamatorio. Otro síntoma frecuente es el de la rinorrea, que suele ser bilateral, anterior o posterior, y espesa. También puede aparecer hiposmia, es decir, una reducción parcial del sentido del olfato que puede evolucionar a anosmia. En casos de infección aguda puede aparecer también dolor. Otras manifestaciones pueden ser el prurito, estornudos, cefalea o molestia ocular.

El diagnóstico de la poliposis nasosinusal comprende la historia clínica y la exploración. La exploración debe incluir una rinoscopia anterior y una endoscopia nasal, imprescindible para una correcta  visualización de pólipos bilaterales ocupando las fosas nasales. En el caso de niños, la presencia de pólipos nasales debe alertar sobre la posibilidad de fibrosis quística en los casos bilaterales.

Tratamiento de la poliposis nasal

En cuanto al tratamiento, debe tener como objetivo eliminar la inflamación nasosinusal y los pólipos nasales, restablecer la respiración nasal, restaurar el sentido del olfato y prevenir las recurrencias. Así, consiste en la aplicación glucocorticoides tópicos intranasales (budesónida, mometasona, fluticasona) en dosis elevadas y de forma prolongada, debido a que es una patología crónica.

En caso de no responder al tratamiento o situaciones graves puede ser necesaria la cirugía endoscópica nasosinusal que ofrece seguridad y eficacia. Un correcto tratamiento y control de los síntomas de la poliposis nasosinusal se ha asociado a una mejora de los síntomas del asma.

¿A qué se debe la pérdida de olfato?

Cerca del 5 por ciento de la población padece pérdida parcial del sentido del olfato (hiposmia) o pérdida total (anosmia), según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este trastorno, poco frecuente, impide apreciar cualquier olor, y puede acompañarse de otros síntomas como depresión o falta de apetito. Esta disminución o pérdida de la sensibilidad olfatoria puede estar producida por diversos mecanismos:

  • Conductivo: cuando la pérdida de olfato es debida a una disminución o imposibilidad del acceso del odorante al neuroepitelio olfatorio. Aparecen, en algunos casos, como consecuencia de inflamaciones de la mucosa nasal tal y como sucede en la rinitis alérgica, bacteriana o viral. En otros casos aparecen en relación con anomalías estructurales en la cavidad nasal tales como neoplasias, pólipos y desviaciones del tabique nasal.  En muchas ocasiones, son susceptibles de recuperación o mejoría con el tratamiento adecuado.
  • Sensorial: cuando la causa es una lesión de las células receptoras y de sus células de soporte en el epitelio olfatorio. Las pérdidas olfatorias sensoriales están causadas por la destrucción del neuroepitelio olfatorio como puede ocurrir en las infecciones virales, la inhalación de químicos tóxicos, neoplasias, drogas que afectan al turn-over celular o los tratamientos radioterápicos.
  • Neural: cuando la causa es una lesión de los nervios olfatorios y de las vías centrales olfatorias. Aparecen en neoplasias de la fosa craneal anterior, traumatismos craneales con o sin fractura de la lámina cribiforme, técnicas neuroquirúrgicas, administración de agentes neurotóxicos y desórdenes congénitos como el síndrome de Kallman.

En el caso de las pérdidas de origen sensorial y neural la recuperación es menos frecuente que en las pérdidas conductivas. Las alteraciones de la función olfativa han sido asociadas a diversas enfermedades sistémicas y metabólicas y tienen una gran relación con las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Párkinson.  Sin embargo, la gran mayoría de los pacientes que presentan una disfunción olfativa primaria,  pueden ser incluidos en una de estas cuatro categorías etiológicas: procesos patológicos nasosinusales; infección primaria de vías respiratorias altas; traumatismos craneales o situaciones llamadas idiopáticas.