• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin
¡Cuidado con el aire acondicionado!

¡Cuidado con el aire acondicionado!

El uso del aire acondicionado puede incrementar los problemas de garganta en verano, según advierte la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Las variaciones bruscas de temperatura y humedad, por el contraste entre recintos cerrados con aire frío y las altas temperaturas de la calle, son las responsables de dichos problemas, que se detallan a continuación.

El aire frío y seco que expulsan este tipo de máquinas provoca una serie de alteraciones en los sistemas de defensa naturales de la nariz y la garganta. Así, los cilios pierden movilidad y la circulación normal de la mucosa se vuelve más lenta o incluso cesa, lo que también puede dar lugar a la aparición de sinusitis y otitis.

Por otro lado, también se genera un ambiente seco que aumenta el daño en estos mecanismos de defensa. Por el mismo mecanismo de aire seco y frío tiene lugar una inflamación del tejido faríngeo y da lugar a la denominada faringitis.

Los principales síntomas son la sequedad y constricción faríngea, a veces, sensación de quemazón, así como carraspeo y exudado que desencadena una tos pertinaz. Por otro lado, los cambios bruscos de temperatura pueden ocasionar inflamación de la mucosa laríngea y provocar laringitis, cuyos síntomas principales son la disfonía y la odinofagia.

Las medidas recomendadas por los otorrinolaringólogos para prevenir problemas de garganta durante el verano pasan por evitar el uso prolongado del aire acondicionado y los cambios bruscos de temperatura. Además, será preciso llevar a cabo una adecuada y constante hidratación, para hacer frente a la sequedad del ambiente y, si es posible, usar humidificadores. Por otro lado, también es importante el seguimiento de una dieta equilibrada y seguir medidas higiénicas para evitar los contagios, como el lavado de manos.

 

Los baños en playas y piscinas incrementan el riesgo de otitis en verano

Los baños en playas y piscinas incrementan el riesgo de otitis en verano

Los baños en playas y piscinas, unidos al calor, incrementan el riesgo de otitis externa como consecuencia de la humedad, según advierte la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Las personas con sudoración excesiva y que pasan más tiempo en el agua, como la población infantil, son las más vulnerables. “Además, los niños tienen los conductos del oído más pequeños, lo que facilita en ocasiones la retención del agua”, destaca el doctor Manuel Manrique, director del Departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Universitaria de Navarra y expresidente de la Comisión de Otología de la SEORL.

Este tipo de patologías se conocen también como la otitis del nadador. “Son muy frecuentes durante el verano y consisten en la infección e inflamación del epitelio que recubre el conducto auditivo externo”, comenta el doctor Manrique. Este epitelio o piel, que protege de la infección de bacterias y hongos, añade, “sufre una maceración como consecuencia de la humedad y el calor, lo que facilita la actuación de los gérmenes”.

Los principales síntomas derivados de este tipo de otitis son: dolor, molestias al masticar o bostezar, picor, sensación de taponamiento, una leve pérdida de audición y percepción de humedad en el oído, a veces en forma de supuración. La ausencia de cerumen puede favorecer su aparición ya que éste actúa como protector del conducto auditivo, “de ahí que lo recomendable sea no extraerlo de forma sistemática. En aquellos casos en los que la persona tiene tendencia a formar tapones que ocluyen de cera o queratina de forma completa el conducto, es importante que la limpieza sea realizada por un profesional sanitario antes de la llegada del verano”, explica el doctor Manrique. El uso de bastoncillos u otros objetos tampoco se aconseja porque pueden irritar la piel y hacer que la cera quede impactada en la parte más profunda del oído, desprotegiendo la zona, “lo que complica aún más el problema”, insiste.

Otros factores de riesgo son las dermatitis alérgicas, el estrés, los ambientes polvorientos, así como la contaminación bacteriana o química de las aguas. Además, las personas con antecedentes de dermatitis, exostosis del conducto, perforaciones timpánicas, cirugías previas sobre los oídos, diabetes o inmunodeficiencia deben tener especial cuidado e incluso utilizar tapones óticos, cintas o gorros de baño, para reducir la posibilidad de entrada de agua en los oídos.

El tratamiento de las otitis externas difusas en fases iniciales puede ser aplicando localmente gotas antibióticas-corticosteroideas y antinflamatorios por vía oral. En algunos casos más avanzados en su evolución, “será preciso utilizar antibióticos por vía oral”, afirma este experto. Una vez curada, “será necesario advertir al paciente de la posibilidad de futuros brotes ya que suele haber personas muy susceptibles a padecerlas con más facilidad. De ahí la importancia de la prevención”, indica.