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Los pólipos y los nódulos, las afecciones más frecuentes en la laringe

Los pólipos y los nódulos, las afecciones más frecuentes en la laringe

La voz se produce por la vibración de las cuerdas vocales. Para que esto ocurra, el aire que procede de los pulmones se transforma en sonido cuando sale a través de la laringe –que es el órgano de fonación del ser humano. Como como consecuencia, mediante la articulación del sonido en las cavidades de resonancia (boca, la cavidad nasal y la faringe) se emiten fonemas y palabras. La voz es el instrumento, por excelencia, de la comunicación en el ser humano, gracias al cual se pueden expresar ideas, sentimientos, pensamientos o emociones. Sin embargo, la laringe puede sufrir alteraciones si se abusa o no se hace un buen uso de la voz. Y no solo eso, también pueden afectar a la voz factores como el tabaco, la contaminación, el alcohol o, incluso, el reflujo gástrico.

Dos de los problemas más comunes con los que se encuentran los otorrinolaringólogos son los pólipos y los nódulos laríngeos, afecciones que, en numerosas ocasiones, tienen un patrón profesional marcado. Así, es muy frecuente que acudan a la consulta por estos motivos los profesores, cantantes, comunicadores y, en general, cualquier persona que utilice la voz como herramienta principal en su trabajo. Sin embargo, no hace falta ser un profesional de estas características para padecerlas, el hecho de tener malos hábitos vocales puede provocar, en el futuro, que aparezcan.

La Sociedad Española de Otorrinolaringología define los pólipos como pseudotumores benignos, similares a las ampollas, que aparecen tras un proceso inflamatorio. Suelen crecer en una sola cuerda vocal, aunque se pueden dar en las dos. Por norma general, es más frecuente entre los 30 y los 50 años, sin existir un claro predominio entre hombres o mujeres. Cuando una persona tiene pólipos, tiene dificultad al hablar, voz entrecortada, sequedad, afonía, molestias o dolor de garganta. En ocasiones, algunos pacientes tienen la sensación de tener un cuerpo extraño en la laringe.

En cambio, los nódulos son engrosamientos localizados de la mucosa situados siempre en el punto nodular, es decir, en el borde libre del repliegue vocal. Se producen a causa de un abuso –como en las profesiones antes mencionadas–, o un mal uso vocal. Son parecidos a un callo y suelen crecer de forma simétrica, uno en cada cuerda vocal. Los nódulos son más frecuentes en las mujeres, debido al tamaño de las cuerdas –más cortas que las de los hombres–, entre los 20 y los 50 años. No obstante, también aparecen en la infancia. Según la SEORL, entre un 37% y un 78% de las disfonías infantiles son atribuibles a los nódulos vocales. Además, provocan una disfonía que se agrava de forma progresiva, y suele afectar más a los agudos. Otros síntomas son sequedad, esfuerzo al hablar o afonía.

Para diagnosticar tanto los pólipos como los nódulos, se utilizan técnicas como la laringoscopia indirecta, el nasofibroendoscopio y el monitor o la videoestroboscopia, con las que se pueden visualizar qué tipo de lesión tiene el paciente.

En cuanto al tratamiento, también hay diferencias. En el caso de los pólipos, se recurre a la fonocirugía, con la que se utiliza anestesia general. Antes de la cirugía se suele hacer terapia logopédica y después de la intervención se requiere reposo vocal durante, al menos, cuatro días. Posteriormente, será necesario reeducar la voz con rehabilitación y la ayuda de logopedas y foniatras. En cuanto a los nódulos, depende del tipo de lesión y de quien la padece. Si es un niño, se trata con reeducación vocal y aprendizaje de una buena técnica vocal. Los adultos, en un principio, deben mantener reposo vocal entre 10 y 15 días y, si el paciente no nota mejoría o si, por su actividad profesional, no puede cumplir al completo ese descanso se acompaña de rehabilitación logipédica. En el caso de no mejorar con el reposo ni con la logopedia, se recurriría a eliminar los nódulos con fonocirugía.

 

¿Qué hacer si un niño se traga un cuerpo extraño?

¿Qué hacer si un niño se traga un cuerpo extraño?

La presencia de cuerpo extraño faríngeo o hipogaríngeo es una patología muy frecuente en niños, fácil de diagnosticar y tratar. Los más habituales en la práctica otorrinolaringológica son las espinas o cartílagos de pescado, huesos pequeños, así como objetos metálicos dejados, inadvertidamente o con intención, en los alimentos. Otros menos frecuentes son prótesis dentales, alfileres, monedas…

Si por accidente o por intención, un niño se ha tragado uno de estos cuerpos extraños faríngeos, los síntomas que puede presentar son dolor faríngeo que aumenta con la deglución. Lo importante será acudir al servicio de urgencias más próximo para que sea atendido por un especialista en otorrinolaringología. Para su diagnóstico será preciso evaluar la posible relación de las molestias con la ingesta, el tipo de cuerpo extraño o el tiempo transcurrido desde que se lo ha tragado. Para ello se preguntará al menor o a sus padres sobre la naturaleza del objeto ingerido.

También puede suceder que el cuerpo extraño esté en la zona de nasofaringe a la que pueden llegar por dos vías. Una de ellas es debido a una mala técnica de extracción de cuerpo extraño, al inicio nasal, y la otra es porque se haya impactado como consecuencia de un vómito. También pueden localizarse ahí como resultado de gasas olvidadas después de maniobras de taponamiento para cohibir hemorragias durante la adenoidectomía (la llamada operación de vegetaciones).

Lo importante es que el niño esté tranquilo para facilitar la exploración y la extracción del cuerpo extraño en caso de que sea necesario. El paciente se sentará en el sillón de exploración y deberá no deglutir saliva, además de señalar exactamente el lugar en el que nota el cuerpo extraño para que el especialista se pueda hacer una idea de su localización.

Entre los síntomas que puede presentar, dependiendo de su localización, son dificultad total para tragar o disfagia, mucho dolor, babeo y regurgitación total, si se localiza en el tercio medio del esófago. Si el cuerpo extraño es laríngeo el niño presentará disfonía, accesos de tos y, dependiendo del tamaño y la localización del mismo, puede incluso presentar disnea o dificultad respiratoria.

El especialista realizará la exploración de la cavidad bucal, las fosas amigdalares y la orofaringe. Si fuera necesario explorar la hipofaringe o la laringe, será necesario realizar una laringoscopia.