• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin

En recuerdo del doctor Daniel Abad Casado


El doctor Ignacio Cobeta dedica unas emotivas líneas al recuerdo del doctor y compañero Daniel Abad Casado 

Ayer, en un accidente de tráfico, falleció nuestro compañero Daniel Abad Casado, Dani. De la incredulidad pasamos al dolor, y con ese sentimiento escribo estas líneas para certificar su presencia en todos nosotros. En su reciente libro “Solo se puede tener fe en la duda” Jorge Wagensber escribe: “La muerte es la más sorprendente de todas las noticias previsibles”, pero en este caso la sorpresa va acompañada de una inmensa parálisis porque nadie imagina tan brusca interrupción en la prometedora vida de un joven otorrinolaringólogo de 39 años, al iniciar su día de trabajo.

Dani hizo su Residencia en el Hospital Universitario Ramón y Cajal, y enseguida vimos en él su alegría profunda por la vida, su gran satisfacción por seguir los pasos de su padre, también médico otorrinolaringólogo, y el enorme compromiso con su formación. Aquel año todos estuvimos de acuerdo en que con la llegada de Dani habíamos tenido una suerte inmensa. Junto con su alegría Dani nos transmitía también su arraigo en Tudela de donde había partido y hacia donde cada día se acercaba más y más. En su caminar hacia Tudela pasó por el Hospital de Torrejón de Ardoz, el Hospital de Soria y el Hospital de Calahorra, donde sus compañeros, igual que los del Ramón y Cajal, intentamos llenar el vacío de su ausencia con puñados de buenos recuerdos. Pero a quien ahora recuerdo con especial emoción y proximidad es a su esposa Elena, a su madre Ana María, y a sus pequeños hijos Anne y Dani, para quienes el futuro próximo será difícil de explicar. Todos los acompañamos en su desconsuelo.

Me comenta su compañero de Residencia el Dr. Vaca que Dani siempre tuvo en su padre a un referente y fuente de inspiración personal y profesional, y que sus hijos sentirán lo mismo el día de mañana, aunque sea retratado por los que hemos compartido parte de nuestra vida con él.

Un día de primavera, en su segundo año de Residencia, fuimos casi todo el Servicio con Dani a celebrar unos días la Fiesta de la Verdura a Tudela. En esos días vimos la unión de Dani con su familia y con su tierra, entendimos su alegría, la ilusión de volver un día para asumir un destino largamente soñado. Me cuesta creer sin desgarro que todo pudo acabarse en el punto kilométrico 334 de la carretera nacional N-232.

Estas palabras son un intento para que Dani siga con nosotros hasta que el último de los que disfrutamos de su alegría lo pueda seguir contando.