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¿Cuál es la relación entre vértigo y migraña?

¿Cuál es la relación entre vértigo y migraña?

Aunque la relación causal entre el vértigo y la migraña no está descrita, si es cierto que se ha observado con frecuencia que los pacientes con vértigo tienen frecuentes episodios de migraña y viceversa. Ambos son dos cuadros clínicos muy comunes en la población general por lo que es posible que se solapen. Así la migraña tiene una prevalencia que varía entre un 11.2-18.2% en las mujeres y un 4-6.5% en los hombres. Por su parte, un 23%  de la población general sufre algún episodio de mareo a lo largo de su vida. Además, está comprobado que la prevalencia de migrañas es mayor en aquellos pacientes que tienen cuadros de vértigo.

El inicio de la sintomatología asociada a ambas patologías se sitúa en torno a la cuarta década de vida en el caso de los hombres y entre los 30 y 50 años en el caso de las mujeres. En el caso de la migraña los criterios aprobados para su diagnóstico, comprenden sufrir al menos cinco episodios con cefalea de duración entre 4 y 72 horas; que ésta se manifieste con al menos dos de estas formas: unilateral, pulsátil, de intensidad moderada/severa o que empeore con la actividad; y que se acompañe de náuseas y/o vómitos o fotofobia o sonofobia. Además, se añade la exclusión de otros diagnósticos.

Entre los distintos tipos de migraña se sitúan la clásica que se inicia con un aura (visual, vértigo, acúfenos, hipoacusia, diplopía, ataxia, parestesias y/o paresias bilaterales e incluso disminución del nivel de conciencia). Estos síntomas duran entre 15 minutos y una hora y suelen aparecer de forma gradual, si bien en algunos casos aparecen de forma abrupta. La cefalea es generalmente unilateral, y comienza a medida que los síntomas del aura van desapareciendo. Su intensidad puede crecer de forma progresiva hasta llegar a un pico que suele producirse a la hora del inicio. A partir de ahí la intensidad va disminuyendo de forma progresiva en un plazo de entre 4 y 8 horas.

La migraña de fosa posterior es similar a la anterior pero en este caso los síntomas, como vértigo, ataxia, disartria o acúfenos, se sitúan en la fosa posterior, responsable del equilibrio, el movimiento y la coordinación, por lo que se asocia con cuadros de afectación motora y sensitiva. El vértigo de este tipo de migrañas suele ser de inicio brusco y suele durar entre 5 y 60 minutos. La cefalea típica es occipital unilateral pero puede aparecer en cualquier zona.

Dentro de los tipos de migraña también están los equivalentes migrañosos, como el vértigo benigno paroxístico de la infancia y el vértigo benigno recurrente. En el primer caso, aparece antes de los 4 años y tras 2 o 3 años los brotes van haciéndose más infrecuentes hasta desaparecer. Éstos se identifican cuando el niño presenta un comportamiento extraño, asustado, grita, se agarra a sus padres o camina tambaleándose, y puede tener nauseas, vómitos o sudoración. Pasados unos minutos vuelven a su vida normal. En estos casos se ha demostrado que más de la mitad de estos pacientes desarrollarán migrañas.

Por su parte el vértigo benigno recurrente, más frecuente en mujeres, y que puede durar hasta 3 o 4 días, se da con más frecuencia en pacientes migrañosos o con antecedentes importantes de migrañas. Al igual que éstas, se desarrollan por falta de sueño, consumo de alcohol, estrés, etc.

Por último, el vértigo migrañoso es muy variable en síntomas, aunque suele presentarse como cuadro de giro de objetos. Su duración puede durar desde unos segundos a varios días, aunque lo más frecuente es que dure unos minutos o unas horas. Pueden pasar años hasta llegar a vincular los mareos del vértigo con las cefaleas de la migraña. Cuando están asociados, las crisis pueden empezar con cualquiera de los dos síntomas. El mareo en estos pacientes suele ser descrito generalmente como vértigo, con sensación de giro de objetos o bien como cinetosis. Con frecuencia suele ser suficiente el movimiento ocular para desencadenar la sensación de mareo.

Solo el 5% de las personas con Síndrome de Apnea del Sueño son tratadas

Solo el 5% de las personas con Síndrome de Apnea del Sueño son tratadas

Diferentes estudios evidencian que en España existen entre 1.200.000 y 2.150.000 personas portadoras y subsidiarias de ser tratadas del Síndrome de Apnea e Hipopnea del Sueño (SAHS). Sin embargo, según la Comisión de Roncopatía y Trastornos del Sueño de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), tan solo entre el 5 y el 9% están diagnosticadas y reciben tratamiento. Los otorrinolaringólogos inciden  en la importancia de prestar atención a los posibles signos de alarma para acudir al especialista y poder poner la solución más adecuada para mejorar la calidad del sueño.

La apnea implica el cese completo del flujo respiratorio de al menos 10 segundos de duración. El Síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS) se define como un cuadro de somnolencia excesiva, trastornos cognitivo conductuales, respiratorios, cardíacos, metabólicos o inflamatorios secundarios a episodios repetidos de obstrucción de la vía respiratoria superior durante el sueño. Afecta en mayor medida a los hombres y va asociado a factores como la obesidad, la edad y la hipertensión arterial. Supone una reducción de la señal respiratoria (>30% y <90%)  de más de 10 segundos de duración.

El tratamiento de primera línea, especialmente en los casos graves, y el más efectivo es el CPAP, que consiste en un compresor que proporciona aire a una presión determinada a través de una mascarilla y que se ajusta herméticamente sobre la nariz del paciente. Con este dispositivo se mantiene constante la presión en la vía aérea durante el ciclo respiratorio. Como resultado, se disminuyen los despertares bruscos, lo que mejora la calidad del sueño y la actividad cognitiva diurna de los pacientes con SAHS. También pueden emplearse Dispositivos orales que evitan el colapso de la vía aérea y diferentes técnicas quirúrgicas en aquellas personas que tengan alterada la vía aérea superior. Dichas técnicas son cada vez más funcionales, más dirigidas y menos agresivas. Las técnicas y experiencia en la selección de los candidatos a cirugía han mejorado significativamente en los últimos años.

Todos estos tratamientos han de ir siempre acompañados de reducción de peso, evitación de ingesta de alcohol y fármacos sedantes y una vida saludable en cuanto a horas de sueño y ejercicio regular durante el día.

Síntomas principales que hacen sospechar el SAHS

Existen diversos síntomas y signos que pueden hacer sospechar la existencia del SAHS y que deben ponerse en conocimiento del otorrinolaringólogo para que pueda hacer un diagnóstico preciso y adecuado e indicar el tratamiento a seguir:

  • Excesiva somnolencia diurna lo que hace que el paciente tenga tendencia a dormirse de manera involuntaria en situaciones inapropiadas. Si no se detecta y pone remedio a tiempo, puede ser una causa importante de incapacidad laboral y accidente de tráfico.
  • Cefaleas: suelen ser matutinas, de predominio frontoparietal y desaparecer a lo largo de la mañana.
  • Sensación de sueño no reparador: se traduce en un cansancio crónico. Los microdespertares dan lugar a una desestructuración del sueño fisiológico.
  • Trastornos de la conducta y personalidad como depresión o irritabilidad, así como deterioro intelectual por disminución de la atención y el deterioro de la memoria a sucesos recientes y reducción de la habilidad motora.
  • Alteraciones sexuales: puede conllevar una disminución de la líbido.
  • Ronquidos: están presentes en todos los pacientes con trastornos respiratorios del sueño y es el motivo de consulta más frecuente. Suelen ser de intensidad creciente según avanza el sueño, se interrumpen con las apneas y suelen acompañarse de sonidos entrecortados.
  • Pausas respiratorias: se trata de apneas o hipopneas que suelen terminar con sonidos asfixicos, ronquido fuerte o incluso movimientos de todo el cuerpo. El paciente no suele ser consciente de sufrirlas.
  • Actividad motora anormal durante la noche: es una consecuencia de la agitación y el esfuerzo del paciente por tratar de suspender las crisis de apnea. Con frecuencia presentan hipersudoración nocturna por falta de descanso o el aumento de la actividad motora. Pueden tener también pesadillas, terrores nocturnos, somniloquia y sonambulismo.
  • Despertares frecuentes
  • Poliuria nocturna
  • Insomnio: ocurre en algunos pacientes y suelen referirlo al inicio del sueño
  • Pirosis