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Signos para valorar la pérdida auditiva en cada etapa de crecimiento

La pérdida auditiva bilateral significativa es un trastorno que ocurre en 5 de cada 1.000 recién nacidos en España. Alrededor del 80% de las sorderas infantiles permanentes están presentes en el momento del nacimiento (congénitas) y aproximadamente el 60% tiene origen genético. Existe un periodo crítico en los 3-4 primeros años de vida, de una mayor plasticidad cerebral, en el cual la información auditiva es esencial para el desarrollo normal de las regiones auditivas del cerebro, y permite la adquisición del lenguaje y del habla.

La pérdida auditiva en bebés y niños pequeños puede provocar retraso del aprendizaje y problemas en el desarrollo del lenguaje, por lo que es importante saber identificar los signos que delatan la existencia de algún problema auditivo. Cuando son muy pequeños, puede costar identificar déficits auditivos, pero existen ciertas señales o signos que son indicativos. Al nacer, lo primero es hacer el “diagnóstico precoz de la hipoacusia”, tal y como explica el doctor Javier Cervera, miembro de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). En España existe un programa de cribado auditivo neonatal universal, es decir, todos los recién nacidos son examinados en los primeros días de vida, para detectar una posible pérdida auditiva y ofrecer atención temprana en caso necesario.

Pero además, hay que tener en cuenta que en aproximadamente un 20% de los casos, la pérdida auditiva no esta presente en el momento del nacimiento, y puede producirse más tarde, a cualquier edad, por eso se debe estar atento a la salud auditiva del niño a lo largo de su desarrollo.

En la revisiones del “Programa del Niño Sano” en los centros de salud, el pediatra se encarga de evaluar el correcto desarrollo comunicativo y del lenguaje del niño. Ante la sospecha de pérdida auditiva o alteración en el desarrollo del lenguaje, el niño debe ser remitido al Otorrinolaringólogo quien confirmará el diagnóstico de cualquier problema.

“Hay una serie de signos a lo largo de la primera infancia que se pueden explorar muy fácilmente a nivel doméstico”, señala el doctor Cervera. Cuando todavía es un bebé, uno de esos signos es el ‘reflejo de Moro’ o de sobresalto. Este acto reflejo se produce ante un sonido fuerte, de intensidad elevada, ante el cual el niño reacciona con sobresalto y levantando los brazos hacia arriba. Si esto ocurre, es indicativo de que el niño oye, por lo que los padres no deben preocuparse. Lo habitual es que a los dos meses ya se pierda este acto instintivo. Si persiste, habría que consultar  con el especialista al igual que si después del nacimiento no se produce.

A medida que va creciendo, se le puede ir haciendo otro tipo de exploraciones. Cuando ya es algo mayor y es capaz de hablar, puede haber signos indicativos de pérdida auditiva, como que no responda a su nombre, o que pregunte de manera repetida ¿qué? cuando se le habla. Es importante hacer este tipo de comprobaciones, sobre todo porque a partir de los 12 o 14 meses es muy común el acúmulo de moco en el oído medio (otitis mucosa) y puede producir hipoacusia. Muchas veces pasa desapercibida porque no es una enfermedad infecciosa, por lo que no causa dolor y el único síntoma que genera es una pequeña pérdida de audición.

Otro síntoma por el que se debe consultar, es cuando se observa un retraso en el lenguaje, ya que podría estar producido por una pérdida auditiva. La estimulación auditiva en los primeros años de vida es esencial, ya que poder escuchar y oír es lo que permite a los niños aprender a hablar. A los niños que tengan serias dificultades o no hayan adquirido el lenguaje, hay que hacerles, de manera urgente, un estudio auditivo, para que en caso de tener alguna afección auditiva, se comience con el tratamiento necesario cuanto antes.

 

¿Cuáles son los principales riesgos para el oído y la audición de los niños?

Las otitis son uno de los principales problemas de salud que sufre la población infantil, según explica en este vídeo el doctor Javier Cervera, miembro de la Comisión de Otorrinolaringología Pediátrica de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Las otitis son la causa más frecuente de visitas de lactantes y niños pequeños a las consultas de los otorrinolaringólogos. Su incidencia es mayor en invierno, como consecuencia de los catarros, y en niños que desde asisten a guardería desde antes de cumplir el año. Hasta el 90% de los que acuden a guardería sufren algún episodio.

La otitis media aguda es un proceso inflamatorio que afecta al oído medio, debido sobre todo a la infección de la vía aérea superior. Su alta incidencia en la población infantil es debida, entre otros factores, a la inmadurez de la Trompa de Eustaquio en los niños siendo más ancha, más corta y más horizontal que en los adultos,  por lo que su mecanismo de apertura es menos eficiente y facilita la llegada de gérmenes desde la nariz.

La otitis, a pesar de ser muy frecuente y habitual, no es una enfermedad grave que deba asustar y su incidencia se puede reducir si se evitan ciertos factores de riesgo. Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran: el tabaquismo familiar, el abandono temprano de la lactancia materna La leche materna contiene inmunoglobulinas que se absorben en el tubo digestivo del lactante, reforzando sus sistema inmune y protegiéndole frente a infecciones intestinales y respiratorios. Por tanto, cuanto más tiempo se prolongue la lactancia materna, más tiempo estará protegido el niño frente a este tipo de infecciones.

Otra patología menos frecuente que puede afectar al oído del niño es la hipoacusia congénita, o pérdida auditiva que ya está presente en el momento del nacimiento. En estos casos  lo más importante es llevar a cabo una detección precoz de la hipoacusia. Por este motivo, en el momento actual en España se evalúa la audición de todos los niños en los primeros días de vida mediante el cribado auditivo neonatal universal. Cuando el cribado detecta algún problema en la audición, se ponen en marcha los mecanismos necesarios para el diagnóstico y tratamiento precoz de la hipoacusia.