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El último miércoles de abril se celebra el Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido. Por este motivo, la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), quiere incidir sobre el daño que las principales fuentes de ruido intenso pueden causar en la audición. En la actualidad, esas fuentes proceden del hábito de escuchar música con auriculares, junto con la asistencia a conciertos y lugares de ocio, así como el tráfico rodado en las grandes ciudades. Así, en bares, conciertos y discotecas se pueden superar los 110 dB lo que supera bastante el límite seguro de 65 dB recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La doctora Lavilla explica en el vídeo que mostramos a continuación cómo influyen estos ruidos en la salud auditiva de los jóvenes.

El daño que pueden provocar en el oído puede ser irreversible. La pérdida auditiva que aparece de manera inmediata ante un sonido intenso e impulsivo, como por ejemplo un petardo, se conoce como trauma acústico agudo. La que sucede por exposición continua a sonidos fuertes, se llama trauma acústico crónico y se desarrolla de manera gradual.

La OMS estima que la mitad de las personas de entre 12 y 35 años escuchan dispositivos electrónicos (MP3, teléfonos móviles y otros) a niveles inseguros en países de ingresos medios y altos. Un estudio alemán reciente publicado en International Journal of Audiology concluye que el 85% de los estudiantes utiliza reproductores de música, de los cuales un tercio supera el nivel de exposición de 80dB y uno de cada cuatro los 85db, lo que puede ser un factor de riesgo para desarrollar pérdida auditiva inducida por el ruido. La SEORL quiere concienciar sobre la importancia de instaurar medidas que protejan a los jóvenes frente al ruido pues constituye uno de los grupos de riesgo más vulnerables.

Según la OMS, para garantizar una buena salud se recomienda no superar los 65 dB. Una exposición a un sonido superior a 85 dB supone un riesgo de pérdida auditiva si se repite en el tiempo. Se admite que una exposición a 80 dB durante más de 8 horas al día, en el entorno laboral, requiere uso de protección auditiva para no ser lesiva. Por encima de 100 dB existe un riesgo de pérdida inmediata. En concreto, si hay una exposición a 100 dB de escucha, no se debería hacer por más de un cuarto de hora al día para evitar el daño, y si se hace a  110 dB, no se debería permanecer más de 1 minuto. Por último, el ruido llega al umbral del dolor cuando se sobrepasan los 125 dB y puede ser insoportable a los 140 dB.

La Comisión de Audiología de la SEORL ha elaborado el siguiente listado de ruidos con sus correspondientes niveles en dB:

  • Pájaros trinando: 10 dB
  • Rumor de hojas de árboles: 20 dB
  • Murmullo oleaje suave en la costa: 30 dB
  • Zonas residenciales: 40 dB
  • Conversación normal: 50- 60 dB
  • Lavavajillas: 60 dB
  • Aspiradora: 65 dB
  • Conversación acalorada (oficina): pueden ser 80 dB
  • Tráfico rodado en la ciudad: 80-85 dB
  • Claxon de un automóvil: 90 dB
  • Motocicleta: 90 dB (riesgo de lesión auditiva si la exposición se prolonga durante 4 horas)
  • Sierra eléctrica, cascos de música: 95 dB (riesgo de lesión si la exposición se prolonga 2 horas)
  • Discoteca, petardos pirotecnia: 110 dB (riesgo de daño inmediato)
  • Concierto de rock, taladro: 120 dB (riesgo de lesión auditiva si la exposición se prolonga 7 minutos)
  • Sirena de tren, alarma de incendio: 125 dB
  • Martillo neumático: 130 dB
  • Avión despegando: 140 dB

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