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La forma alérgica es la más común de la rinitis crónica y tiene una prevalencia global estimada de 20 a 40%. Se trata de una enfermedad crónica que provoca un importante deterioro de la calidad de vida de los pacientes y, por tanto, se considera un problema de salud pública. Está causada por una respuesta IgE mediada a alergenos ambientales como pólenes, ácaros, hongos, epitelios de animales o alergenos ocupacionales. En su diagnóstico y tratamiento el otorrinolaringólogo juega un papel colaborador junto con el alergólogo, tanto para la realización de pruebas como para la cirugía en caso de ser necesaria.

Los síntomas más característicos de la rinitis alérgica son el prurito nasal, estornudos, rinorrea acuosa y congestión nasal. De forma frecuente se puede asociar con otras patologías como la rinosinusitis crónica polipoidea, la conjuntivitis, la otitis y puede ser un predictor de aparición de asma.

Diagnóstico de la rinitis alérgica

Para realizar el diagnóstico de la rinitis alérgica se debe tener en cuenta la presencia de dos o más de esos síntomas nasales de manera recurrente o permanente. Es importante además hacer una historia clínica cuidadosa y evaluar la posibilidad de exposición a desencadenantes ambientales, tanto en el entorno laboral como en el domicilio. También se estudiarán los antecedentes familiares y personales, con especial atención a enfermedades como asma, alergias alimentarias y dermatitis atópica.

Además de las pruebas alergológicas, también pueden ser necesarias una serie de pruebas para valorar posibles alteraciones anatómicas que pueden estar empeorando los síntomas de una rinitis alérgica. Es ahí donde entra en juego el otorrinolaringólogo que mediante rinoscopia o endoscopia podrá visualizar el color de la mucosa (que será pálido en caso de alergia), las estructuras del tabique nasal, los cornetes, una posible presencia de pólipos y el aspecto del moco.

En ocasiones puede ser necesario realizar un TAC de senos paranasales de baja radiación para ver si hay afectación sinusal. También pueden solicitarse pruebas funcionales como la rinomanometría del flujo del aire a través las fosas nasales para detectar la resistencia o no de su paso. Tras estos resultados, el otorrinolaringólogo valorará la necesidad o no de un tratamiento quirúrgico asociado al médico.

En algunos centros existen los comités multidisciplinares de la vía aérea única en los que el otorrinolaringólogo colabora con el alergólogo en el estudio de la rinitis alérgica local. Esta se produce cuando existen unas pruebas cutáneas de alergia negativas y son necesarios estudios con citología para analizar la mucosidad, estudios rinomanométricos de flujo pre provocación y pruebas de provocación con alérgeno. Si son positivas se realizará una Rinomanometría de flujo tras vasoconstricción.

Tratamiento de la rinitis alérgica

Es importante tratar de forma eficaz la rinitis alérgica, ya que un mal control de la misma puede afectar a las actividades diarias, la calidad de vida y otras áreas de las vías respiratorias. Un tratamiento óptimo incluye medidas de control ambiental, limpieza nasal mediante lavados nasales con suero o agua de mar, la evitación de los alérgenos y el tratamiento farmacológico.

El tratamiento de primera línea son los antihistamínicos y actúan de forma directa sobre todos los síntomas a excepción de la congestión nasal. Por ello, los corticoides intranasales acaban siendo el tratamiento de elección en muchos pacientes ya que actúan sobre todos los síntomas nasales. En ocasiones también se utiliza una combinación de ambos.