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El diagnóstico precoz de la hipoacusia consiste en una serie de pruebas que deben realizarse a todos los recién nacidos para diagnosticar problemas de audición. Es universal y obligatorio por ley en todo el territorio nacional. Así lo explica el doctor Javier Cervera, vocal de la Comisión de Otorrinolaringología Pediátrica de la SEORL-CCC, en este vídeo.

Una de las pruebas que se realizan son las otoemisiones acústicas (OEA). Es una prueba muy sencilla que consiste en medir los ruidos generados por las células del oído interno ante el estímulo sonoro. Su medición se realiza colocando un pequeño dispositivo en el oído del recién nacido. Para su realización se requiere que el niño esté dormido y debe hacerse en un ambiente silencioso para que, tanto el  ruido ambiental como el propio ruido biológico del bebé, interfieran lo mínimo posible.  También influye el estado del oído externo y medio por lo que es recomendable realizar la prueba al tercer día de vida, antes del alta hospitalaria, ya que en los dos primeros días el conducto auditivo externo puede estar ocupado por detritus.

Una alternativa a las OEA son los potenciales evocados auditivos del tronco cerebral automatizados (PEATC-A). También se realizan en los primeros días de vida y consisten en medir la actividad cerebral ante un estímulo sonoro a 35 dB. Para su realización se requiere, al igual que en las OEA, un ambiente silencioso y que el bebé esté preferiblemente dormido.

En los casos en los que las OEA o los PEATC-A estén alterados, se realiza una segunda prueba: los potenciales evocados auditivos del tronco cerebral (PEATC). Es también una prueba sencilla y consiste en poner unos cascos al niño, que estará dormido, para que emitan unos sonidos y se registra la respuesta cerebral. Con esta prueba es posible  determinar el umbral de audición del niño y en algunos casos localizar el sitio de la vía auditiva donde se encuentra la alteración.

Entre los 6 meses y los 4 años, se pueden realizar una serie de pruebas basadas en el juego y en el comportamiento del niño ante los sonidos, con el objetivo de determinar si la audición está alterada. Entre estas pruebas se encuentran la audiometría por observación del comportamiento, la audiometría con juguetes sonoros o la audiometría con refuerzo visual.

Cuando son más mayores, a partir de los 3 o 4 años, se puede realizar una audiometría convencional, como las del adulto, donde se exploran las frecuencias y las intensidades y se realiza un diagnóstico exacto.

Otra prueba que se puede realizar desde el nacimiento es la impedanciometría para medir la presión del oído. Ésta ofrece información sobre el estado del oído medio y de la integridad del complejo tímpano osicular. Resulta imprescindible en aquellos niños con OEA negativas para descartar una otitis secretora. Siempre debe ser precedida por una otoscopia para descartar acúmulo de detritus, un tapón de cerumen o una atresia del conducto auditivo externo. Si la timpanometría sale plana significará que probablemente el oído medio se encuentra ocupado por secreciones, lo que justifica una pequeña pérdida de audición. Si sale normal significará que el oído medio tiene un buen estado de ventilación, lo cual no descarta que exista una alteración de la audición.

La calidad de un programa de detección precoz de la hipoacusia en recién nacidos va más allá de la propia detección y debe incluir y garantizar las fases de diagnóstico e intervención a los 3 y 6 meses. Más allá de los problemas y recursos sanitarios, todo programa de detección debe tener en cuenta los recursos sociales y educativos a los que ha de hacer frente (provisión de prótesis auditivas, profesionales especializados en el diagnóstico y en el tratamiento de la hipoacusia, además de integración escolar adecuada con apoyo a las familias).

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