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El síndrome de Ménière es la asociación de 3 grandes síntomas: episodios de vértigo espontáneo, hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias y síntomas auditivos fluctuantes, como hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica. Supone el tercer diagnóstico más frecuente en las consultas de otoneurología y requiere de una especialización en las pruebas diagnósticas y del conocimiento exhaustivo del oído interno para ser abordado de forma adecuada, por lo que el otorrinolaringólogo juega un papel muy importante en la valoración de los pacientes con este trastorno.

La presencia de estos 3 síntomas en pacientes con síndrome de Ménière puede acompañarse de fuertes dolores de cabeza y, náuseas y vómitos, lo que genera malestar y puede conducir a situaciones de ansiedad o estrés. De hecho, un trabajo reciente de Ahmadzai et al.  publicado en Systematic reviews confirma que la depresión afecta a entre el 40 y el 60% de pacientes con este trastorno.

Estos síntomas pueden aparecer de forma aguda en lo que se conoce como crisis. Ante esta situación, se recomienda que el paciente esté en reposo, a ser posible, tumbado en la cama, en silencio y sin realizar ningún tipo de movimiento ni cambio brusco de postura. Estas crisis pueden aparecer a raíz de situaciones de estrés, fatiga, problemas laborales o familiares, que generan en el paciente una serie de estímulos que le conducen a padecer este tipo de episodios.

Diagnóstico del síndrome de Ménière

El diagnóstico del síndrome de Ménière puede ser sencillo ya que se basa en la descripción por parte del paciente de los síntomas mencionados; pérdida auditiva con aumento de acúfeno, taponamiento ótico y crisis de vértigo espontáneo. Sin embargo, muchos pacientes no presentan esta triada completa por lo que será necesario que el otorrinolaringólogo preste atención a las pruebas auditivas y vestibulares, tal y como comenta el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

En primer lugar, será necesaria una audiometría. Se trata de una herramienta sencilla que va a mostrar un perfil característico auditivo del paciente. Generalmente mostrará una hipoacusia neurosensorial de predominio en frecuencias graves.

En aquellos casos en los que el diagnóstico no esté claro son necesarias las pruebas vestibulares. Entre ellas las más importantes son:

  • VHIT (Video head impulse test): consiste en una gafa que contiene un acelerómetro y una cámara de alta velocidad. Mientras el otorrinolaringólogo hace impulsos en la cabeza del paciente, de baja amplitud, pero con alta velocidad, el sistema registra la velocidad de esos movimientos de la cabeza en relación con la de los ojos. De esta forma se mide el reflejo oculovestibular.
  • Pruebas calóricas con videonistagmografía: se mide el nistagmo o movimiento ocular involuntario ante la irrigación del oído externo con agua a distintas temperaturas.. El sistema informático calculará la cantidad y amplitud del movimiento para comparar la respuesta de los 2 oídos. El oído enfermo tiene menor respuesta ocular que el oído sano. Es una prueba importante porque el síndrome de Ménière avanzado se caracteriza por un daño moderado-grave del oído según la respuesta calórica.
  • Electrococleografía: es una prueba que mide el grado de hidrops del oído interno para valorar si hay una afectación unilateral, o bilateral, así como monitorizar el tratamiento.
  • Posturografía dinámica computarizada: mide el centro de gravedad del paciente ante distintas situaciones de dificultad variable, desde estar solo de pie, hasta permanecer en un entorno visual móvil, etc. De esta forma se detecta el desequilibrio y su origen en un problema vestibular, ocular o somatosensorial.
  • VEMPs (potenciales evocados miogénicos vestibulares): mediante una estimulación auditiva se estimula el músculo esternocleidomastoideo del paciente. El síndrome de Ménière se caracteriza por una afectación de este órgano en estadios iniciales, resulta de ayuda en diagnósticos precoces.

Las consultas de otoneurología deberían disponer de todas las herramientas necesarias para el diagnóstico y tratamiento del Síndrome de Ménière, de ahí la importancia de buscar ayuda de profesionales especializados, como los otorrinolaringólogos.

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