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Alrededor del 8% de la población española padece algún grado de hipoacusia, cuyo tratamiento puede ser médico, quirúrgico y/o audioprotésico. Las audioprótesis externas, audífonos o prótesis auditivas, son aparatos electrónicos que tienen como función amplificar, procesar y conducir el sonido hacia el oído para que llegue de manera eficiente, ajustándose al rango auditivo de la persona que lo necesita. El otorrinolaringólogo será quien se ocupe de estudiar esta discapacidad auditiva, prescribir el mejor tratamiento para cada persona, realizar un seguimiento de los pacientes y evaluar los resultados. En el caso de los niños, se encargará además de coordinar una atención integral y una valoración multidisciplinar. Si la opción de tratamiento es una prótesis auditiva, su prescripción deberá hacerse bajo la responsabilidad de un otorrinolaringólogo, quien además deberá facilitar la información clínica necesaria a los encargados de la adaptación y rehabilitación protésica.

Existen una serie de condiciones que deben cumplirse para poder prescribir una prótesis auditiva. Entre ellas se encuentran:

  • El hecho de que la hipoacusia no pueda solucionarse con tratamiento médico y/o quirúrgico;
  • Que exista contraindicación para la cirugía o que la adaptación de la prótesis sea tan válida como la cirugía;
  • Que la hipoacusia conlleve un déficit auditivo, social y/o profesional.
  • Elección o preferencia del paciente.

Por lo general, se recomienda en aquellos casos en los que los umbrales auditivos por vía aérea durante una conversación se encuentren por encima de los 30-40 dB, en pérdidas de moderadas a profundas y, en ocasiones, en algunos casos de pérdida leve. Aunque siempre debe tratarse cada caso de forma individual.

La hipoacusia puede aparecer a cualquier edad, aunque su aparición es crítica en la infancia pues es cuando se desarrolla el lenguaje. Además, también puede comprometer las limitaciones de las personas mayores y conducir a un aislamiento social. Por ello, es importante prestar atención a los signos de sospecha de una discapacidad auditiva, que permitirán hacer un diagnóstico precoz y determinar el tratamiento más adecuado para cada caso.

El profesional que realiza la adaptación de prótesis auditivas es el audioprotesista, que interviene también en su venta, soporte técnico y mantenimiento. En el proceso de adaptación se incluyen una otoscopia, pruebas audiológicas, la realización de moldes, así como el cálculo  de  la  ganancia  del  audífono, que determinará la amplificación necesaria en función de la pérdida auditiva. Durante el proceso deberá también explicar y ofrecer unos conocimientos básicos sobre el dispositivo para facilitar la adaptación de los mismos y permitir solucionar pequeños problemas, como limpiar los filtros, comprobar la batería, etc.

Tipos de audífonos

En general, una prótesis auditiva se compone de un micrófono, que recoge la señal acústica y la convierte en eléctrica; un amplificador, que procesa la señal eléctrica; y un auricular que es donde llega esa señal eléctrica y es transformada en energía acústica, para ser transmitida al oído de forma amplificada. Además, posee una batería.

Las prótesis auditivas se clasifican en función de la vía de amplificación del sonido, el tipo de prótesis y de la tecnología de análisis y transformación de la señal acústica empleada. En el primero de los casos, según la vía de amplificación del sonido, se distinguen los de conducción por vía área, los más utilizados, y por vía ósea. Los de vía área convierten la energía eléctrica amplificada en energía acústica de forma directa en el conducto auditivo externo. Por su parte, los de vía ósea convierten la energía eléctrica amplificada en una vibración mecánica que estimula al oído interno a través del cráneo.

En función del tipo de prótesis, se distinguen varios tipos según su diseño, forma y capacidad de amplificación. Entre ellas están las convencionales, de bolsillo o de petaca; las gafas auditivas o varillas; las retroauriculares; intra-aurales o endoaurales; intracanal; de inserción profunda o de adaptación abierta.

En cuanto al tipo de tecnología, las innovaciones incorporadas en los últimos años han posibilitado el perfeccionamiento de estos dispositivos lo que ha permitido su evolución desde los analógicos hasta los digitales. La diferencia entre los mismos se encuentra en la forma de procesar las señales acústicas. Los digitales tienen un procesador digital que, mediante un algoritmo, procesa la señal acústica adaptándose de forma automática para elaborar la mejor respuesta según el ambiente acústico en el que se encuentre la persona. Entre las ventajas de los audífonos digitales están la mejor audición en ambientes ruidosos, una voz más clara y natural, mayor facilidad de adaptación, menor consumo de batería y la incorporación de mejores micrófonos.

A la hora de elegir o seleccionar un audífono también deberán tenerse en cuenta las características electroacústicas. Entre ellas destacan la potencia acústica de entrada, la máxima ganancia, el nivel de saturación de la presión sonora, la respuesta en frecuencia, la distorsión, el nivel de ruido o el consumo de batería.

Una vez adaptada la prótesis auditiva, se deberá llevar a cabo una rehabilitación tanto en niños como en adultos con el objetivo de que puedan alcanzar una audición funcional. El proceso es similar al del paciente con implante coclear e incluye entrenamiento auditivo de la detección, discriminación, identificación, reconocimiento y comprensión de la palabra, así como la lectura labial.

 

 

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