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El rostro supone la carta de presentación del individuo y define su identidad, por lo que resulta muy importante en todas las culturas del mundo. Así, a la hora de realizar una intervención quirúrgica en la cara, hay que tener en cuenta que hay una serie de factores que influyen en la belleza, concepto definido por el orden, la simetría y la armonía. En el caso de la cara los principios de belleza vienen determinados por las dimensiones y proporciones faciales, que el cirujano debe conocer. En este sentido, el otorrinolaringólogo, por su formación, cumple los requisitos necesarios para realizar intervenciones quirúrgicas estéticas faciales al tener conocimientos, no solo acerca de la funcionalidad de las estructuras faciales, sino de los principios de la estética.

Aunque la belleza no es un concepto absoluto, será preciso atender a aquellos principios que resultan similares y constantes en todas las personas. Para ello y, de alguna forma, el cirujano busca en sus intervenciones que el rostro cambie de acuerdo a los estándares del momento.

En el pasado, artistas como Leonardo Da Vinci basaban sus retratos en las llamadas “divinas proporciones”, cuyas medidas y divisiones son utilizadas hoy en día en muchas escuelas de arte. Alguna de ellas, por ejemplo, es que la distancia entre los ojos debe ser igual al ancho de un ojo. La división de la cara en proporciones ha permitido una aproximación al análisis facial y se ha utilizado de forma clásica en la cirugía plástica. De esta manera se llega al empleo de los cánones, que intentan aplicar relaciones matemáticas para alcanzar el equilibrio facial y la belleza.

Hoy en día, la evolución de la cirugía ha permitido incrementar la capacidad del cirujano para reconstruir o alterar los rostros en base a las proporciones faciales. Así, el otorrinolaringólogo utiliza herramientas como la antropometría, que estudia las dimensiones y relaciones de la cara y toma como referencia puntos situados en las partes blandas. Además, emplea el análisis cefalométrico que utiliza puntos de referencia óseos en radiografías determinadas. En la actualidad, también se pueden usar una serie de programas informáticos que permiten el análisis estético facial previo en 3D, orientado a la modificación de las facciones de la cara para valorar con antelación cuáles serán los resultados de las intervenciones quirúrgicas. De esta manera, el paciente puede saber cómo quedará su rostro tras la operación y el otorrinolaringólogo puede conocer y acertar mejor con sus pretensiones.

Las proporciones de la cara

Hoy en día se siguen distintos modelos de proporciones faciales en función de si se toman las medidas verticales u horizontales. Para las proporciones horizontales se puede dividir el rostro por mitades, por tres tercios o por cuatro cuartos. Mientras que las proporciones verticales dividen la cara en cinco quintos.

La división por mitades establece que la mayor parte de los sujetos tienen la parte superior mayor que la inferior y que los hombres presentan caras más largas que las mujeres. Por su parte, la división en 3 secciones o tercios establece que la altura de la nariz es igual a la de la frente o a la de la cara inferior, tanto en hombres como en mujeres, y que la mitad de la población tiene el tercio inferior mayor que el superior. Por último, la división en cuartos establece que la altura desde las cejas hasta la base de la nariz debe ser igual que la altura de la frente y de la parte inferior facial. En este sentido, los hombres tienden a tercios faciales progresivamente mayores de superior a inferior y las mujeres a poseer el tercio medio y el inferior de igual tamaño.

Las proporciones faciales

  • Frente: es considerada como una unidad estética y comprende desde el nacimiento del pelo hasta la glabela, prominencia ósea situada a la altura del entrecejo. Por lo general, la altura de la frente en hombres es de entre 6 y 7 cm y en mujeres de 5 a 6 cm.
  • Cejas: su posición ideal está sujeta a numerosas variaciones. Por lo general, el límite lateral es 2-3 mm, superior al medial, y el límite superior se encuentra 2,5 cm por encima de la pupila y 1,5 cm sobre el pliegue del párpado superior.
  • Ojos: se establece que la distancia entre los cantos mediales es igual que el ancho entre el canto medial y el canto lateral. En hombres es de es de 30-33 mm y en mujeres de 29-32 mm.
  • Nariz: constituye también una unidad estética facial y se divide en 3 regiones: el rádix (raíz de la nariz, la parte más estrecha y menos proyectada), el dorso (desde el límite del rádix hasta la punta) y la nariz blanda o cartilaginosa, que comprende la punta nasal, la columela y el ala. Las proporciones se establecen en relación a la cara, la frente, la órbita, la zona aural, la punta nasal o los labios. Existen múltiples formas de nariz y se suelen distinguir 3 tipos agrupados por etnias: la caucásica, la asiática o mestiza y la negroide. En líneas generales, la amplitud de la nariz es como el ancho de un ojo. Además, la proyección de la punta nasal es igual a la del labio superior, según establece el método Simons.
  • Labios y dientes: el labio superior mide 22 +/- 2mm en los hombres y 20 +/- 2 mm en las mujeres. Además, la altura del bermellón del labio superior en individuos de raza blanca es de 8 +/- 1,4 mm en hombres y de 8,7 +/- 1,3 mm en mujeres. La altura del bermellón del labio inferior es de 9,3 +/- 1,6 mm en hombres y de 9,4 +/- 1,4 mm en mujeres. Por su parte, los incisivos superiores deben ser visibles bajo el labio superior de 1 a 4 mm.
  • Barbilla: la barbilla se evalúa desde el punto de vista lateral. Es importante considerar la totalidad de la cara a la hora de realizar una evaluación facial. Cada rasgo afecta al equilibrio del resto. Al bajar el dorso nasal o estrechar el rádix puede producir la ilusión de ensanchar los ojos. Una barbilla hipoproyectada potenciará la percepción de un dorso nasal sobreproyectado.
  • Pabellones auriculares: se establece que su anchura equivaldría al 55% de su longitud, y su eje largo debe ser paralelo al eje del dorso nasal.

 

 

 

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