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La laringectomía es una intervención que se reserva para tumores avanzados de laringe e hipofaringe y que consiste en extirpar completamente la laringe. Esta cirugía tiene como consecuencia inmediata la necesidad de respirar a través de un orificio, llamado traqueostoma, situado en el cuello y la pérdida de las cuerdas vocales y, por consiguiente, la voz.

Aunque continúa siendo un tratamiento muy eficaz para el cáncer avanzado de laringe e hipofaringe, esta cirugía tiene un importante impacto en la calidad de vida de los pacientes, ya que deja importantes secuelas físicas y afecta tanto a las relaciones sociales como las laborales. La laringectomía total supone un importante impacto personal y social y un elevado coste personal, sanitario y  social. La Dra. Christine Gourin, otorrinolaringóloga del hospital Johns Hopkins sentenció: “Te arrebata la dignidad, tu capacidad de hacer cosas sencillas, como por ejemplo, el no  poder salir a cenar. Nos quita cosas que damos por sentadas: la comida, el habla y la apariencia”. De hecho, el 47% de los pacientes laringectomizados no regresan a su actividad laboral después de la cirugía, según un estudio publicado en la revista Acta Otorrinolaringológica Española, de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

Por esta razón, es importante que los pacientes que van a ser sometidos a una laringectomía total tengan una preparación previa sobre los cambios que supone dicha intervención. Así lo explica el doctor Pablo Parente, presidente de Relaciones Internacionales de la SEORL. Para el experto, dosificar la información sobre este procedimiento es fundamental para que los pacientes “estén, por un lado, preparados para los cambios que van a tener y, por otro lado, disminuyan la ansiedad que puede suponer la intervención”. Tras la cirugía, es fundamental realizar una rehabilitación integral que abarque la rehabilitación la voz, la deglución, la nutrición, la respiración, el olfato y la esfera psicológica. En este sentido, el otorrinolaringólogo ha de coordinarse con el logopeda, el trabajador social y el psicólogo, para actuar en equipo a la hora de transmitir al paciente los cambios físicos y psicosociales que conlleva la laringectomía total. Esta información, según el doctor Parente, ha de trasladarse de forma progresiva y no de golpe. “Tiene que habilitarse un tiempo para que el paciente pueda ir asumiendo su situación y para que pueda ir tomando decisiones, cuando sea necesario, con la finalidad de ir avanzando en la asimilación de todos los datos que van a suponer un cambio en su vida”, añade el experto.

Documento de consenso para una rehabilitación integral

Puesto que la laringectomía influye en el paciente en su conjunto, la rehabilitación tras la operación también tiene que ser integral. “No podemos hacer una intervención quirúrgica y dejar al paciente solo. Desde la Comisión de Cabeza y Cuello y Base de Cráneo de la SEORL-CCC lo que se pretende es fomentar que el paciente sea rehabilitado de forma completa, es decir, que sea rehabilitada la voz, la deglución, que tenga una rehabilitación pulmonar, y que se aborden también los aspectos emocionales y sociales que van a suponer para el paciente un problema añadido al problema principal, que es el tumor que estamos tratando”, asegura el doctor Parente.

Con esta finalidad se ha desarrollado, junto a un grupo de expertos, un documento, publicado en el Acta Otorrinolaringológica Española, en el  que consensua los mínimos que debe tener la rehabilitación del paciente laringectomizado, desde el material que tiene que estar a su disposición, hasta el personal que tiene que involucrarse o los protocolos que han de seguirse a lo largo de la recuperación.

Este documento, según el doctor Parente, servirá de base para poder hacer una guía de rehabilitación del paciente laringectomizado. La idea es que esta guía se diseñe “en común con los pacientes y el resto de los profesionales que están involucrados en la rehabilitación del paciente tras una laringectomia total”.

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