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La otosclerosis es una alteración ósea que afecta al hueso temporal y que consiste en una remodelación y resorción ósea progresiva con proliferación vascular, que puede provocar pérdida de audición. Todo ello puede producir un gran impacto en la calidad de vida, siendo más frecuente entre los 20 y los 40 años sobre todo en mujeres y con una prevalencia estimada de entre el 0.3 y el 0.4%.

Los depósitos óseos que genera alteran la transmisión del sonido al impedir la vibración de los huesecitos del oído, lo que conduce a una hipoacusia de transmisión. Entre los distintos factores que pueden estar implicados en el desarrollo de esta alteración ósea de los huesos del oído se encuentran los genéticos, que involucran a varias vías moleculares, incluyendo factores inmunológicos, inflamatorios y endocrinos. Además, se estima que el 60% de los casos tienen antecedentes familiares.

También se ha estudiado la implicación del virus del sarampión en el desarrollo de otosclerosis y se cree que puede ser un desencadenante de los episodios inflamatorios que tienen lugar en la fase activa de la enfermedad.

Por otro lado, en cuanto a los factores de riesgo, los cambios hormonales que suceden en etapas como la pubertad, el embarazo o la menopausia, parecen asociarse a una exacerbación de la pérdida auditiva en los pacientes que tienen otosclerosis.

¿Cómo se manifiesta la otosclerosis?

Los pacientes con otosclerosis tienen hipoacusia progresiva más acentuada en frecuencias graves, de ahí su mayor dificultad para entender las vocales o las voces masculinas. Además, cerca del 50% presenta acúfenos y solo el 10% afirma tener vértigo. Este último síntoma se manifiesta cuando la enfermedad se extiende al oído interno y afecta al órgano vestibular. En el 80% de los casos la pérdida de audición es bilateral, siendo unilateral en los inicios de la enfermedad.

¿Cómo se diagnostica la otosclerosis?

En el diagnóstico de la otosclerosis es clave la realización de un estudio auditivo por parte del otorrinolaringólogo que incluirá una audiometría tonal liminar, una acumetría, una audiometría vocal y una impedanciometría con reflejos estapediales.

Además, también serán necesarios estudios complementarios como la tomografía computarizada (TC) para poder tomar decisiones sobre el tratamiento a seguir.

En la exploración física es esencial descartar otras enfermedades del conducto auditivo externo o membrana timpánica que puedan cursar con hipoacusia de transmisión. En la otosclerosis la otoscopia es normal.

Tratamiento de la otosclerosis

El tratamiento de esta patología puede variar en función del grado y el tipo de afectación auditiva, su localización, la profesión del paciente y las complicaciones derivadas de tratamientos previos. En los pacientes que presenten escasa pérdida auditiva el objetivo será tratar de prevenir el deterioro auditivo y en los casos avanzados, devolver la audición perdida.

La primera opción de tratamiento es la cirugía y se deja como segunda opción el empleo de audioprótesis o medicamentos. El objetivo de la cirugía será paliar la hipoacusia generada por la enfermedad. En pacientes que no quieran someterse a cirugía o en las que esta esté contraindicada se planteará la colocación de audioprótesis. En los últimos años estas intervenciones quirúrgicas han incorporado el uso del láser, que permite una mayor precisión y mejor hemostasia intraoperatoria.

Una de las técnicas más empleadas es la estapedotomía que consiste en conservar la platina del estribo, que es perforada para introducir una prótesis fina en contacto con el yunque y la ventana oval. También se emplea la  estapedectomía para extirpar parte del estribo y sustituirlo por una prótesis sujeta al yunque que se introduce en la ventana oval.

El tratamiento farmacológico tiene como objetivo evitar la progresión de la enfermedad e incluye el empleo de fluoruro de sodio y bisfosfonatos.  El uso de estos medicamentos es controvertido, ya que presentan efectos secundarios y los estudios realizados tienen una baja evidencia científica.