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El aumento de la obesidad multiplica los casos de apnea del sueño en todo el mundo, así lo advierte la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) con motivo del Día Nacional de la Apnea del Sueño que se celebra el 21 de septiembre. A nivel mundial hay 936 millones de personas de entre 30 y 69 años tienen apnea obstructiva del sueño de intensidad leve a moderada y 425 millones de intensidad moderada a severa. Así lo confirman las estimaciones publicadas este verano en The Lancet Respiratory Medicine. En España, la prevalencia de la apnea del sueño con un índice de apnea-hipopnea (IAH) >15/h (considerado moderado-grave) es del 14% en hombres y 7% en mujeres de las edades antes señaladas.

La obesidad conlleva un estrechamiento de la vía aérea y un exceso de carga mecánica debido al aumento de la grasa depositada en las paredes faríngeas y en la lengua, lo cual hace disminuir el volumen de la luz. Además, hay una compresión externa de la grasa localizada superficialmente que sobrecarga la función de los músculos. Por otro lado, el depósito graso localizado entre las fibras musculares de la faringe contribuye a reducir su capacidad de contracción.  También hay que tener en cuenta que, el volumen pulmonar, uno de los factores importantes que favorecen la tensión de los músculos faríngeos, está disminuido en los pacientes obesos, especialmente en la posición de supino. Todo esto hace que la vía aérea se cierre durante el sueño y baje la saturación de oxígeno en sangre porque el aire no puede llegar a los pulmones.

Otros factores de riesgo generales que aumentan las posibilidades de sufrir esta patología son el alcohol, el tabaco y la toma de determinados fármacos. También ser varón incrementa las posibilidades, al igual que la edad.

Signos de la apnea del sueño

El síndrome de apnea obstructiva del sueño se define por la aparición repetitiva de apneas o hipopneas durante el sueño de tipo obstructivo por colapso de la vía aérea superior. Se mide con un índice, el IAH, que se calcula dividiendo el número total de apneas e hipopneas registradas por el tiempo en minutos y multiplicado por 60. Si obtenemos un valor entre 5 y 15 será leve, por encima de 15 y hasta 30 moderado, y por encima de 30 grave. El diagnóstico precoz de la apnea del sueño es de suma importancia, según destacan en la SEORL-CCC, ya que los pacientes con SAHS grave tienen mucho mayor riesgo de morbimortalidad cardiovascular que el resto. Esto significa que si no reciben tratamiento en 10 o 15 años hasta el 40% pueden tener un desastre fatal y morir. Sin embargo, el riesgo de los pacientes que se tratan con CPAP y cumplen con el tratamiento, es mucho menor.

En los adultos, el signo más determinante es la somnolencia diurna excesiva, que puede medirse con la Escala de Epworth que nos dará una aproximación a la repercusión que el  trastorno del sueño tiene para el paciente en función de los valores obtenidos. También pueden aparecer otros síntomas como cefalea matutina, sensación de sueño no reparador, trastornos de la conducta y de la personalidad, como depresión o irritabilidad, y hasta alteraciones sexuales con impotencia. Además, como consecuencia del cansancio diurno, puede haber un aumento de la siniestralidad laboral y en carretera, y disminución de la concentración en el trabajo.

Por la noche, el síntoma más frecuente es el ronquido que se suele acompañar de paradas de la respiración. Hay que olvidar la falsa creencia de que cuando alguien ronca está durmiendo bien. Si alguien ronca es porque tiene dificultad para que pase el aire por la vía aérea superior y eso debe ser estudiado porque las personas con SAHS grave tienen un mayor riesgo de mortalidad y de enfermar que las personas sin SAHS.

En la población infantil, el síntoma más característico es la hiperactividad. Son niños que no paran por lo que puede confundirse con el TDAH. Además, roncan fuerte, cuando un niño no debe roncar, y no duermen la noche completa porque se despiertan mucho.

El síndrome de apnea obstructiva del sueño afecta al 10% de los niños, porcentaje que se eleva al 15% en los menores de siete años. El problema de la obesidad también puede elevar esas cifras. Por otro lado, la mayoría de los niños no están diagnosticados de forma correcta porque en ellos no suelen hacerse pruebas de sueño, por un lado, debido a que las poligrafías cardiorrespiratorias no están validadas; y por otro, por las listas de espera para las polisomnografías.

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