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En la actualidad el uso de la inmunoterapia para el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello está aprobado para pacientes con tumores recurrentes o metastásicos tras la aplicación de quimioterapia basada en platino o durante la misma. Su objetivo es favorecer la acción del sistema inmunitario para conseguir que este pueda destruir las células cancerosas.

En el cáncer de cabeza y cuello se emplean los anticuerpos monoclonales que inhiben uno de los puntos de control de detención de la señal inmune, sobre todo inhibiendo las vías PD1/PDL-1. Desde 2016 está aprobado el uso de nivolumab y desde 2019 el de pembrolizumab en el caso de tumores recurrentes/metastásicos. En la mayor parte de los casos son fármacos bien tolerados, pero hay un 15% de los casos en los que la toxicidad propia de la inmunoterapia es severa, y causa inflamación, lo que obliga a la suspensión del tratamiento o al uso de corticoesteroides u otros tratamientos antiinflamatorios potentes.

En 2016, con la publicación del ensayo Chekmate-141, se observó que entre los pacientes con carcinomas de cabeza y cuello recurrente refractario al platino, el tratamiento con nivolumab resultó en una supervivencia general más prolongada que el tratamiento con la terapia estándar. En 2019, el ensayo Keynote-048 mostró que pembrolizumab + quimioterapia o el prembrolizumab en monoterapia fueron superior en supervivencia global frente al esquema estándar EXTREME (cisplatino + 5-fluouracilo + cetuximab) en primera línea para pacientes con cáncer de cabeza y cuello. El pembrolizumab como tratamiento de primera línea en tumores recurrentes/metastásicos, aún no está concedido en España. Los ensayos realizados demuestran así que hasta el momento la inmunoterapia puede ser utilizada tanto en monoterapia como junto a quimioterapia.

Actualmente se están realizando ensayos fase II y fase III en  pacientes con cáncer de orofaringe por virus de papiloma humano (VPH) que suelen tener mejor pronóstico. En ellos se está viendo su utilidad en combinación con radioterapia o quimioterapia o como adyuvante después de la cirugía robótica transoral (TORS). También se está estudiando el uso de otros fármacos como  atezolizumab.

El principal objetivo es encontrar una combinación de terapias que permita un efecto duradero para la mayor parte de pacientes. De esta forma se verán los efectos que tienen de forma independiente y se podrá también determinar la mejor secuenciación y el mejor tipo de quimioterapia.

Por último, los investigadores trabajan en cómo aprovechar las  propiedades inmunogénicas de la radiación para sinergizar con la inmunoterapia y mejorar los resultados de los pacientes. Pero aún queda camino por hacer en cuanto a la optimización de la dosificación inmunogénica de la radioterapia, el efecto de la quimioterapia concurrente y la consecución de la mejor secuencia de inmunoterapia.