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La mayoría de los medicamentos empleados en el tratamiento de la infección del virus SARS-CoV2, causante de la COVID-19, no son ototóxicos, tal y como indica un informe de la Comisión de Otología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Los medicamentos ototóxicos son aquellos que pueden causar daños en el oído. Por lo general, estos suelen aparecer por la administración de dosis elevadas de los mismos, durante periodos de tiempo prolongados. Estos fármacos se emplean en el tratamiento de infecciones graves o enfermedades del corazón y cáncer.

Hasta el momento, en los antivirales utilizados no se ha descrito ototoxicidad in vivo a excepción de lopinavir y ritonavir, de forma transitoria. Por su parte, tanto la azitromicina como la hidroxicloroquina pueden ser ototóxicas. El paracetamol, la metilprednisolona, el metamizol, el remdesivir, el ribavirin, la heparina y el tocilizumad, utilizados también para tratar la COVID-19 no son ototóxicos.

Fármacos habitualmente empleados en el tratamiento de la infección por SARS-CoV2

NO OTOTÓXICOS

PRECAUCIÓN

OTOTÓXICOS

Metilprednisolona

Paracetamol

Metamizol

Remdesivir

Ribavirin

Heparina

Tocilizumab

Paracetamol+Opiode

Lopinavir/Ritonavir

Hidroxicloroquina

Azitromicina

Azitromicina: se trata de un antibiótico de amplio espectro utilizado para tratar infecciones bacterianas como bronquitis, neumonía, otitis media o infecciones de la piel, entre otras. Durante la pandemia actual de COVID-19 se está utilizando en algunos pacientes en combinación con la hidroxicloroquina.

Pertenece al grupo de los macrólidos, los cuáles, en general, pueden producir ototoxicidad por afectación de la cóclea (el nervio auditivo y complejo olivar superior). Además, se piensa que factores como la edad, el deterioro cognitivo previo o alteraciones sistémicas concomitantes como la insuficiencia renal crónica, pueden incrementar la susceptibilidad del oído interno a la penetración de este fármaco. Este efecto es dosis y tiempo dependiente, lo que quiere decir que depende de cuánto y durante cuando se tome, aunque puede aparecer incluso tras tres días de tratamiento. En la mayoría de los casos, la pérdida de audición que produce es transitoria y esta suele recuperarse hasta alcanzar los niveles normales tras finalizar el tratamiento.

Hidroxicloroquina: se trata de un medicamento, con una estructura molecular similar a la quinina, que se utiliza para tratar la malaria, así como para reducir la inflamación en pacientes con artritis reumatoide y lupus. Como se ha señalado antes se está utilizando, por separado o en combinación con la azitromicina, para tratar la infección causada por el virus SARS-CoV2.

A partir del uso de hidroxicloroquina, se han descrito casos de hipoacusia, unilateral y bilateral, tanto reversible como irreversible, sobre todo tras tratamientos prolongados. La cloroquina ejerce unos mecanismos de ototoxicidad que incluyen daño de las células ciliadas, las neuronas, las células de soporte y atrofia de la estría vascular, ubicada en la parte externa del conducto coclear.

Tal y como destaca la Comisión de Otología de la SEORL-CCC en su informe, en el contexto actual de pandemia no es conveniente plantear una exploración audiométrica. Además, según los datos que se manejan, parece poco probable que un paciente presente hipoacusia con el tratamiento que se está administrando (200-400 mg/12h durante 5-10 días). Si esto ocurriera, se recomienda interrumpir el tratamiento y valorar la administración de corticoides. En cualquier caso, parece que la relación riesgo beneficio apoya la administración de hidroxicloroquina en la situación actual, incluso si el paciente tiene hipoacusia previa.

En cuanto al uso del paracetamol en altas dosis, no se ha descrito ototoxicidad en humanos con la utilización del paracetamol de manera aislada pero sí en combinación con opioides. Se piensa que estos fármacos podrían potenciar la toxicidad coclear de paracetamol, ya que estos no han demostrado ototoxicidad como única terapia.

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