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Los cambios de presión que se sufren al volar en un avión, en la práctica de buceo o paracaidismo, y en descensos rápidos de puertos y montañas, pueden afectar a las vísceras y cavidades del organismo que contienen aire, como son los oídos, los senos paranasales y los pulmones. Las variaciones de presión ambiental determinan una serie de cambios físicos en el organismo que se conocen en su conjunto como disbarismos o barotraumatismos.

El oído es un órgano que, al estar constituido por una cavidad no compresible con un orificio de drenaje colapsable (trompa de Eustaquio), es muy sensible a los cambios de presión y, por tanto, muy susceptible a sufrir barotraumatismos. Los síntomas principales pueden ser sensación de plenitud ótica, seguida de crisis de dolor intensa, acúfenos, autofonía, ruidos al movilizar la articulación temporomandibular e hipoacusia de transmisión. En algunos casos pueden aparecer alteraciones vestibulares.

El volumen de aire en el oído se expande al subir la presión y se contrae cuando esta desciende. En un vuelo la presión es constante, manteniéndose  entre 1.500 y 2.500 metros de altitud. Durante el ascenso, la presión atmosférica disminuye y el aire del oído se expande y aumenta su volumen. Este exceso de aire sale de manera pasiva a través de la trompa de Eustaquio, por lo que generalmente en el ascenso no se suelen producir batrotraumatismos, siempre que la trompa de Eustaquio funcione de forma correcta. El barotrauma se suele sufrir sobre todo al aterrizar ya que supone un cambio muy brusco en la presión, produciendo la compresión del aire dentro del oído. Para equilibrar las presiones a ambos lados de la membrana timpánica debe pasar aire desde las fosas nasales al oído medio a través de la trompa de Eustaquio. En este caso el aire no entra pasivamente, sino que se requiere un mecanismo activo de apertura de dicha trompa. Si no se equilibran las presiones, el tímpano se desplaza hacia adentro, produciendo sensación de taponamiento ótico y dolor. Además, si no se corrigen las presiones, se produce un derrame seroso o hemático en el oído, pudiendo llegar a perforarse la membrana timpánica o sufrir daños en el oído interno.

Para prevenir los barotraumatismos hay que evitar viajar en avión con infecciones respiratorias y efectuar maniobras que posibiliten la permeabilidad de la trompa, como son la deglución, el bostezo y la masticación. También puede ser útil la maniobra de Valsalva, que consiste en tomar aire, tapar la nariz y la boca y soplar aumentando la presión en la faringe, que ayuda a ventilar el oído, produciendo el paso del aire desde las fosas nasales al oído. Además, es importante mantenerse despiertos pues durante el sueño el mecanismo de deglución se ralentiza, lo que impide regular la presión a ambos lados de la membrana timpánica.

¿Cómo se produce?

La función de la trompa de Eustaquio consiste en equilibrar la presión entre la caja timpánica y la rinofaringe (presión atmosférica del entorno). Cuando existe una hiperpresión en el oído medio, la trompa se abre pasivamente dejando escapar el aire, mientras que en una hipopresión se necesita la acción de los músculos periestafilinos para abrirse activamente dejando entrar aire del cavum.

La Ley de Boyle Mariotte establece que en condiciones de temperatura constante, el volumen de los gases guarda una relación inversa con la presión a la que son sometidos. Así, al ascender a grandes alturas rápidamente la presión atmosférica desciende por lo que según Boyle, produce un aumento del volumen del aire contenido en la caja timpánica proyectándose la membrana timpánica hacia fuera. En condiciones normales, la apertura pasiva de la trompa compensaría esta situación. Por el contrario al descender, la presión aumenta con lo que el aire de la caja timpánica tiende a reducir su volumen, produciéndose una retracción del tímpano hacia la caja. Esta situación precisa de la apertura activa muscular de la trompa para equilibrarse.