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En el año 2019, según  la Sociedad Americana contra el Cáncer,  se diagnosticarán alrededor de 52.070 nuevos casos de cáncer de tiroides (14.260 en hombres y 37.810 en mujeres) en Estados Unidos. Además, alrededor de 2170 personas morirán debido a este tumor (1.020 hombres y 1.150 mujeres). La tasa de mortalidad del cáncer de tiroides ha estado bastante estable durante muchos años, y continua siendo muy baja en comparación con otros cánceres.

A pesar de su baja incidencia con respecto a otros tumores malignos –afecta al 1% de la población adulta, sobre todo a mujeres–, la probabilidad de ser diagnosticado de un cáncer de tiroides ha aumentado en los últimos años, tal y como apuntan desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Un incremento que, por suerte, no se relaciona con una mayor mortalidad gracias, en parte, a una detección precoz de la enfermedad. En este vídeo, el doctor Mario Fernández, de la SEORL, explica cómo se realiza el diagnóstico del cáncer de tiroides. “Estamos enfrentando una epidemia internacional de cáncer de tiroides”, según afirma el Dr. Robert Udelsman, jefe de cirugía endocrina del Miami Cancer Institute

El incremento  en el número de pacientes diagnosticados de cáncer de tiroides se atribuye a un aumento en el uso de tecnología de diagnóstico de la más alta calidad, así como al uso rutinario de la ecografía y de la punción aspiración con aguja fina (PAAF) ante cualquier lesión nodular que se detecta en  la región tiroidea.  Muchos de los cánceres de tiroides se diagnostican incidentalmente cuando un paciente se hace una prueba de imagen (tomografía computarizada, una resonancia magnética, una  tomografía por emisión de positrones  o una ecografía del cuello) por un motivo no relacionado con la tiroides. Esto permite, a día de hoy, identificar casos que anteriormente pasaban desapercibidos por tratarse de tumores de pequeño tamaño.

Por tanto, una detección temprana de esta afección supone la posibilidad de contar con más opciones para su tratamiento. Una de las primeras pruebas que realiza el especialista para explorar la glándula tiroides es la exploración manual, con el objetivo de notar alguna masa anormal. Este tipo de examen suele evidenciar un porcentaje elevado de bultos, aunque todo depende de las condiciones de cada persona o de su complexión. Por ejemplo, en los pacientes con problemas de obesidad es más difícil acceder a la glándula a través de la palpación. Otras veces, los nódulos son pequeños o están más ocultos. En estos casos, para identificar los nódulos se llevan a cabo otros estudios.

La prueba de imagen más importante que se emplea en el cuello es la ecografía en alta definición, tanto por su accesibilidad y economía del equipamiento como por su inocuidad, dado que no existe una exposición a ningún tipo de radiación. Se trata de un sistema rápido y sencillo, además de uno de los más efectivos para confirmar o descartar si una persona tiene tumores tiroideos, gracias a su mayor precisión.

Una vez identificados los nódulos –ya sea porque el médico ha notado una masa en la palpación manual o a través de una ecografía–, el siguiente paso es averiguar la naturaleza de esa lesión. Para ello, se utiliza la PAAF. Esta técnica es sencilla, indolora, segura y de alta fiabilidad, que suele orientar al experto sobre si es un nódulo es benigno o maligno. El procedimiento consiste en pinchar el quiste y extraer una muestra de células para analizarlas.

El 95% de los tumores tiroideos son benignos y, sin embargo, el diagnóstico a veces no resulta ni fácil ni evidente. De hecho, existen casos donde los rasgos malignos de las células no están definidos. No obstante, los especialistas tienen, por norma general, una serie de pautas para identificar si se trata o no de una lesión que pueda afectar a la salud del paciente.

En definitiva, es importante acudir al médico al menor indicio o sospecha, para que este pueda realizar las pruebas necesarias, vigilar los nódulos o, en su defecto, iniciar el tratamiento o la extirpación de la glándula tiroides.

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