• Visit Us On TwitterVisit Us On FacebookVisit Us On YoutubeVisit Us On Linkedin

La disfagia es un trastorno de la deglución, es decir, consiste en la dificultad en el transporte de  alimentos o sustancias hacia el tracto digestivo. Según las últimas estimaciones, lo sufren más de dos millones de personas en España pero cerca del 90% de los pacientes no están diagnosticados ni tienen tratamiento. Esto, según señalan desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), puede hacer que aparezcan otros problemas como los relacionados con la alimentación.

La disfagia puede derivarse de diferentes causas. Por lo general, cuando se produce con  líquidos  y  con  volúmenes  pequeños  se debe a alteraciones  neurológicas, y para sólidos y con volúmenes grandes a alteraciones orgánicas obstructivas de la deglución.

Entre las causas de la disfagia, además, se encuentran las alteraciones estructurales, como malformaciones, tumores, traumatismos o cirugías que pueden alterar la vía digestiva superior. Además, pueden existir trastornos funcionales debidos a alteraciones neuromusculares que pueden afectar la ejecución y coordinación de los distintos movimientos de deglución, como puede ser el caso de pacientes con problemas neurológicos, como los que han sufrido infarto cerebral o ictus. Así lo explica el doctor Raimundo Gutiérrez Fonseca, secretario general de la SEORL-CCC en este vídeo. Además, un problema determinante de la gravedad de la disfagia es la aspiración que se produce por la entrada de líquidos o alimentos a la vía aérea, y que puede causar una neumonía con una alta tasa de mortalidad.

Dado que es un problema que puede pasar desapercibido para quien lo sufre, conviene sobre todo observar y prestar atención a una serie de signos de alarma entre los que se encuentran: alteraciones del nivel de consciencia, alteraciones motoras o sensitivas; alteraciones de la articulación del lenguaje, disfonía en forma de voz soplada, ronca o voz nasal; atragantamientos o episodios de tos durante la ingesta; aumento del tiempo empleado para la ingesta, pérdida de peso inexplicable, dificultad o lentitud en la masticación; y dolor o sensación de obstrucción durante la deglución.

Para el diagnóstico de la disfagia Una de las técnicas más empleadas es la videoendoscopia de la deglución que permite conocer si la alimentación por vía oral es segura, las medidas necesarias para facilitarla y si es preciso o no contraindicarla. También se pueden emplear técnicas de radiología para lo que se requiere un instrumental  más especial.

En cuanto al tratamiento, en primer lugar se pondrá especial cuidado a la dieta y a la evitación de aquellos alimentos y bebidas que puedan resultar incluso peligrosos porque puedan comprometer la seguridad del paciente y causarles la muerte. También conviene observar si la forma en la que se administran determinados alimentos puede ser la causante, por lo que se tiende a espesar los líquidos y a modificar la textura de ciertos sólidos. Además, si después de unos días de cambiar la alimentación no ha habido ninguna modificación, se procederá a hacer rehabilitación con un logopeda que consiste en ejercicios para fortalecer la musculatura, favorecer el reflejo deglutorio y el mecanismo de cierre glótico, sin la presencia de alimentos; o en distintas estrategias posturales y otras maniobras con la presencia de alimentos o líquidos para favorecer la deglución. La cirugía estará indicada en casos muy concretos. Cuando no se logra una alimentación adecuada por vía oral, se plantean vías alternativas de alimentación para mantener el paciente con buen estado nutricional.

 

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*