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Anosmia: la pérdida total del sentido del olfato

Anosmia: la pérdida total del sentido del olfato

La anosmia se define como la pérdida total del sentido del olfato y puede deberse a múltiples causas. Si bien es uno de los síntomas en pacientes con COVID-19, sobre todo en jóvenes, mujeres y no hospitalizados, otras infecciones respiratorias, como la del resfriado o la gripe, también pueden hacer perder la capacidad de oler. Así mismo, algunos traumatismos, enfermedades nasales como la rinitis alérgica o la rinosinusitis crónica con o sin poliposis, cirugías nasales previas, determinados fármacos o enfermedades neurodegenerativas como el Párkinson o el Alzheimer pueden causar pérdida de la capacidad olfatoria.

El olfato desempeña un papel clave para la vida diaria de las personas, es considerado, como el gusto, un sentido químico que aporta información esencial del entorno. Influye en la selección de alimentos e ingesta de nutrientes al estar implicado en la regulación del apetito, en las relaciones interpersonales y en la detección de sustancias potencialmente tóxicas y peligrosas, por lo que sirve para alertar sobre determinados riesgos. Por ello, su pérdida puede suponer una frustración para la persona que la sufre al afectar, entre otras, a su capacidad para disfrutar de la comida, para identificar su propio olor personal, etc; lo que se traduce en un impacto significativo en la calidad de vida.

Patologías con alteración del olfato

El sentido del olfato se asocia a la edad, de tal forma que a media que se cumplen años va disminuyendo la capacidad olfatoria. Así, se calcula que esa disfunción está presente en el 20-30% de los individuos mayores de 65 años y puede aumentar hasta el 75% en mayores de 80 años, con mayor incidencia en los hombres. Además se estima que afecta casi el 90% de los pacientes diagnosticados de enfermedad de Alzheimer, Parkinson o algún tipo de demencia.

Más de la mitad de los pacientes con rinitis alérgica manifiestan algún grado de alteración del olfato, mientras la incidencia llega al 80% en los que sufren rinosinusitis crónica. Por su parte, el 7% de los traumatismos craneales se acompañan también de algún tipo de disfunción olfatoria.

A raíz de la pandemia de COVID-19 causada por el virus SARS-CoV-2 se ha visto como un gran número de pacientes sufre pérdida de olfato  y gusto debido a que el virus se sitúa en las vías respiratorias afectando al neuroepitelio olfativo. Además, se ha observado que puede causar manifestaciones neurológicas a través de mecanismos directos o indirectos, incluida la pérdida de olfato por daño del nervio olfatorio.

Tipos de alteraciones del olfato

Se llama normosmia al sentido normal del olfato y entre sus diferentes alteraciones se distinguen:

  • Hiposmia: es la disminución del sentido de olfato
  • Anosmia: es la pérdida total del sentido del olfato. La congénita supone el 3% de los casos y suele detectarse de forma aislada.
  • Parosmia: es cuando se realizan interpretaciones erróneas de la realidad en las que un olor agradable es percibido como desagradable.
  • Cacosmia: es la percepción de un olor desagradable ocasionado por estímulos originados en el organismo sin existencia de moléculas olorosas en el ambiente.
  • Fantosmia: es la percepción de un olor que no existe o que no está presente en el ambiente, como si fuera un olor fantasma de ahí su definición.

Diagnóstico y tratamiento de la anosmia

El otorrinolaringólogo realizará una serie de pruebas para valorar la afectación del sentido del olfato en los pacientes con sospecha. En primer lugar, desarrollará una historia clínica detallada para evaluar los antecedentes posibles de cirugías nasales, traumatismos, intoxicaciones o accidentes laborales.  Así mismo, serán necesarias pruebas de imagen y una endoscopia nasal.

Además, se realizará una olfatometría, un conjunto de pruebas que sirven para medir la capacidad olfativa y que consisten en exponer al paciente a una serie de olores con puntuaciones a distintas escalas para realizar un mapa sensorial. De esta manera el especialista puede evaluar la detección, identificación, discriminación y umbral del olfato. Para que funcione es necesaria la colaboración activa del paciente.

Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento dependerá del origen del problema. Así, se aplicarán glucocorticoides, tanto intranasales tópicos como sistémicos, para pacientes con rinosinusitis crónica. Por su parte, se emplearán antihistamínicos o corticoides tópicos en los afectados por la rinitis alérgica. También puede ser útil la vitamina A intranasal en la pérdida del olfato post infecciosa.

En pacientes con anosmia tras un proceso infeccioso o traumatismo en los que el problema persiste, la capacidad olfativa puede mejroar con la exposición repetida a diferentes odorantes.  A esta técnica se le  llama entrenamiento olfativo, un procedimiento seguro, con evidencia científica contrastada que permite obtener buenos resultados en aquellas personas con anosmia post viral.

¿Cómo tratar una crisis de vértigo?

Las crisis de vértigo son descritas por los pacientes como ataques de mareo rotatorio de unos segundos de duración y que se producen ante movimientos o cambios de posición de la cabeza. Los más descritos son el giro de objetos al tumbarse o darse la vuelta en la cama, con la extensión del cuello o con la inclinación de la cabeza hacia adelante. Los pacientes suelen experimentar una sensación muy desagradable e incapacitante, acompañada a menudo de náuseas, vómitos o palidez, sin saber qué les está pasando. Ante esta situación, muchos son los pacientes que acuden a urgencias para descartar cualquier problema.

Las crisis de vértigo tienen una duración variable. Algunas suelen durar entre 10 y 20 segundos, aunque algunos pacientes pueden llegar a describir episodios de varios minutos, muchas veces influidos por la sobrevaloración que hacen de la duración de la misma. Además, muchos de ellos pueden sufrir ansiedad y desarrollar conductas de evitación del movimiento para evitar una nueva crisis. En otros casos, las crisis de vértigo duran horas, y obligan al paciente a permanecer en la cama.

Manejo de una crisis de vértigo

Una vez en urgencias, el otorrinolaringólogo que atienda a este paciente deberá descartar un daño neurológico en primer lugar. Así lo explica el doctor Eduardo Martín Sanz, presidente de la Comisión de Otoneurología de la SEORL-CCC en este vídeo. Lo siguiente será tratar la sintomatología que presente el paciente. Por un lado, se aplicarán fármacos para sedar el oído interno y disminuir la sensación de vértigo, así como aquellos destinados a calmar el vómito. También se le procurará una correcta hidratación.

Una vez controlada la situación de crisis aguda, el otorrinolaringólogo deberá evaluar cuál es la causa del vértigo. No solo habrá que averiguar cuál es el oído afectado o si se trata de un daño en el oído interno o un daño neurológico, sino también el origen exacto: el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), la neuritis vestibular, el síndrome de Meniérè, un equivalente migrañoso, etc.

Para ello, indagar en la historia clínica del paciente es uno de los pasos más importantes. Será preciso preguntarle cómo comenzaron los síntomas, si fueron de forma brusca o progresiva; si es la primera vez que ha sufrido un episodio de este tipo y en caso de que no, desde cuando los tiene y cómo ha evolucionado desde entonces (si ha sido en forma de crisis, si ha ido empeorando, etc). También son importantes datos como la duración de la crisis, la frecuencia, las causas a las que el paciente atribuye estos episodios (movimientos de la cabeza, traumatismos, cambios de presión, etc.), síntomas asociados (hipoacusia, otorrea, vómitos, náuseas, cefaleas, etc.) y su duración, así como antecedentes de otras enfermedades, como vasculares, neurológicas, alérgicas, cirugías, etc.

A continuación, en la exploración el otorrinolaringólogo se fijará en los ojos del paciente y sus movimientos, junto con la estabilidad y coordinación de los movimientos del cuerpo y de las extremidades. De esta forma se podrá distinguir entre un origen periférico o central de las alteraciones. También se debe realizar una otoscopia para descartar una patología del oído externo y/o medio.

Una de las exploraciones oculares que se realizan para hacer un diagnóstico relacionado con el vértigo es la exploración del nistagmo. Se trata de un movimiento involuntario y rítmico de los ojos. La exploración permite evaluar las características de este movimiento, si es disociado, horizontal, vertical o rotatorio; la dirección del mismo y la velocidad, entre otros. El nistagmo puede estar presente de forma espontánea o provocarse mediante una serie de pruebas y maniobras.

Además de una historia clínica detallada, el otorrinolaringólogo realizará una exploración otoneurológica completa así como una serie de pruebas y maniobras con el paciente para llegar a un diagnóstico. En el caso del VPPB, las más maniobras más comunes son la prueba de Dix-Hallpike y la prueba de rotación cefálica o de McClure. En cuanto al síndrome de Ménière, destacan las pruebas calóricas con videonistagmografía.

¿Cómo actuar en caso de atragantamiento?

Un atragantamiento es la obstrucción, generalmente accidental, de las vías respiratorias, al fallar la deglución de alimentos, y que puede llegar a provocar la asfixia del sujeto e incluso la muerte, si la obstrucción es completa y prolongada. Se debe a un funcionamiento incorrecto del mecanismo de la deglución  como consecuencia de enfermedades neurológicas o aquellas que afectan la vía aerodigestiva superior, entre otras. También se encuentran entre los grupos de riesgo los niños y las personas mayores, ya que suelen tener más problemas en la deglución. En Navidad, el riesgo de atragantamiento se incrementa y suelen ser comunes las noticias de muertes por asfixia durante estas fiestas, debido al mayor consumo de ciertos alimentos de riesgo como los frutos secos, turrones, polvorones, exceso de alcohol o las uvas de nochevieja, así como las habituales conversaciones con el alimento en la boca.

Las muertes por aspiración en España son muy frecuentes. De hecho, la última estadística, de 2017, apunta a 2.100 fallecimientos por esta causa, sumando más personas fallecidas por este motivo que por accidente de tráfico. Sin embargo, es una cifra muy difícil de cuantificar puesto que hay fallecimientos derivados de una aspiración (paso de contenido digestivo a la vía respiratoria), por ejemplo por una neumonía, que no se incluyen en este recuento. El doctor Raimundo Gutiérrez Fonseca, secretario general de la SEORL-CCC explica en este vídeo las precauciones a seguir para evitar un atragantamiento y cómo actuar en caso de que se produzca.

La deglución es un proceso muy complejo que se divide en tres fases: oral (adquisición del alimento, masticación y formación del bolo alimenticio), faríngea y esofágica. Mientras que la primera fase es voluntaria, las 2 últimas son reflejas o involuntarias. La coordinación entre la respiración y la deglución es compleja y parece estar coordinada por interneuronas dorsales y ventrales del tronco encefálico. Para que se produzca una deglución eficaz y segura es preciso que las diversas estructuras neuromusculares de la vía aerodigestiva superior funcionen de modo preciso y coordinado, favoreciendo el paso del contenido alimenticio desde la boca al esófago y evitando su paso a la vía aérea.

En niños, el riesgo de atragantamiento viene determinado por unas características anatómicas y funcionales particulares de las estructuras de la vía aerodigestiva superior como consecuencia del crecimiento y de la maduración. La fase oral en niños pequeños se caracteriza por una secuencia repetitiva de succión-deglución, sin actividad voluntaria masticatoria. El desarrollo motor de la deglución se producirá de forma progresiva y es un reflejo de la maduración del sistema nervioso central. Además, en los niños la vía respiratoria es más pequeña y, por tanto, en caso de entrar un cuerpo extraño en ella, es más frecuente una obstrucción total sin posibilidad de que pase el aire. Por su parte, en las personas mayores el riesgo está asociado a las enfermedades neurodegenerativas y a los fenómenos propios del envejecimiento, que incrementan la incidencia de trastornos de la deglución. Así, según datos de la SEORL-CCC, la disfagia está presente en el 93% de pacientes con demencias; el 80% de los pacientes con ictus y en el 81% de los pacientes con enfermedad de Parkinson.

¿Qué precauciones deben seguirse para evitar un atragantamiento?

En primer lugar, es necesario que aquellas personas que reúnen unas determinadas características que las puedan hacer más vulnerables a sufrir un atragantamiento sepan qué alimentos pueden o no ingerir. En general, se recomienda no dar frutos secos a los niños menores de cinco o seis años, por el alto riesgo que existe de atragantamiento y asfixia. Tampoco es aconsejable darles uvas, zanahoria cruda, palomitas de maíz, caramelos duros y otras frutas como la manzana antes de los cinco años. Además se advierte de la importancia de extremar los cuidados con el manejo de juguetes o piezas pequeñas de estos, así como los globos.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta de que en caso de que haya un accidente el mecanismo protector de la vía aérea y el que reduce el riesgo de aspiración es la tos. Por lo tanto, si todavía la obstrucción respiratoria es parcial y hay una vía para la entrada de aire, lo mejor es incitar a la persona a toser para facilitar la expulsión de aquello que esté provocando la obstrucción y evitar que pase a vías respiratorias inferiores y por tanto cause la asfixia y la muerte del paciente.

¿Cómo se realiza la maniobra de Heimlich?

En caso de que la obstrucción sea completa y no permita la entrada de aire se realizará la maniobra de Heimlich. Se trata de un procedimiento de primeros auxilios cuyo objetivo es sustituir el mecanismo fisiológico de la tos mediante una hiperpresión brusca realizada de forma externa para facilitar la expulsión del cuerpo extraño hacia el exterior.

  • La maniobra de Heimlich en el adulto: la persona que vaya a realizar la maniobra se coloca por detrás del paciente, y le sujeta con el puño cerrado colocado entre su tórax y el abdomen; a su vez apoyará la otra mano sobre el puño cerrado, y le presionará  contra él hacia arriba. De esta forma se aumenta la presión desde el abdomen hacia el tórax y se propicia que el aire residual que queda en los pulmones consiga expulsar el cuerpo extraño. En la mayoría de los casos resulta efectiva. Si no se obtiene resultado, el paciente perderá el conocimiento y será preciso realizar maniobras de resucitación cardiopulmonar.
  • La maniobra de Heimlich en el niño: es muy similar, con la diferencia de que al tener una estatura más baja no podrá hacerse de forma semejante. Será necesario, o bien ponerse de rodillas detrás de él o bien incorporarle sobre una mesa para realizar la maniobra. En caso de ser un lactante la maniobra varía bastante ya que su anatomía es distinta: se le coge con un brazo y con el otro se le sujeta por el abdomen, abriendo las manos en torno a su cuello para sujetarle la cabeza, se le pondrá boca abajo y se le darán cinco golpes con la mano entre las escápulas, con una ligera presión para no hacerle daño. De esta manera se le incitará el mecanismo de la tos y, si no expulsa el cuerpo extraño, se le dará la vuelta y con dos dedos se le presionará en la zona media del pecho dándole cinco masajes, para después repetir de nuevo la maniobra boca abajo. Si tras realizarla varias veces, no se consigue que expulse el cuerpo extraño y el lactante pierde el conocimiento, se deberá realizar maniobra de resucitación cardiopulmonar.
Tumores de oído: síntomas y tratamiento

Tumores de oído: síntomas y tratamiento

Los tumores de oído y hueso temporal se clasifican en función de su localización (oído externo, medio, etc), por lo que en cada región del oído y del hueso temporal pueden haber neoplasias con distintas características clínicas. La localización de estos tumores tiene importancia en la medida en que va a influir tanto en el tratamiento como en el pronóstico, debido la compleja anatomía del oído y del hueso temporal. Los tumores del oído y del hueso temporal son sobre todo los malignos pudiendo invadir regiones contiguas, como la base del cráneo. El papel del otorrinolaringólogo es clave por sus amplios conocimientos del hueso temporal y de sus estructuras adyacentes que permitirán un correcto manejo de este tipo de lesiones.

El hueso temporal forma parte de la base del cráneo y es una región relativamente inaccesible, por lo que a menudo los síntomas de los tumores malignos de oído se manifiestan solo después de alcanzar dimensiones significativas o afectar estructuras contiguas como el nervio facial, la parótida o erosionar la base del cráneo. Por su parte, las lesiones benignas que afectan al oído y al hueso temporal, las más frecuentes, dan lugar a hipoacusia, clínica  vestibular y afectación de los pares craneales en forma de disfagia, disfonía, aspiración, paresia del nervio facial y problemas oculares.

Diagnóstico de los tumores de oído

Los tumores de oído tienen a menudo una localización inaccesible a la exploración directa del otorrinolaringólogo, lo que hace que, unido a los síntomas inespecíficos, la exploración radiológica sea una herramienta imprescindible para el diagnóstico, la planificación y el tratamiento. Mediante los estudios radiológicos se puede comprobar la extensión de la neoplasia y la relación de la tumoración con las estructuras vecinas como la base del cráneo o la arteria carótida. Al mismo tiempo, una vez realizada la cirugía, esta prueba deberá realizarse de forma periódica para hacer un seguimiento a medio y largo plazo que permita detectar posibles recidivas.

El estudio radiológico incluirá el uso de técnicas como son la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC es la más accesible, de corta duración, por lo que suele hacerse en primer lugar, y permite la valoración de estructuras óseas. Por su parte, la RM permite una valoración más precisa porque incluye las partes blandas.  Lo correcto es hacer una combinación de ambas pruebas para afinar con el diagnóstico.

Tumores malignos

El carcinoma epidermoide o de células escamosas del conducto auditivo externo (CAE) puede llegar a representar el 80% de los tumores. Tiene una incidencia de 1 a 6 pacientes por cada millón de habitantes al año y es más común en personas entre la quinta y sexta década de vida, con un ligero predominio masculino. Entre los principales factores de riesgo se han identificado la exposición a los rayos ultravioleta, la otorrea crónica de larga evolución, sustancias químicas como los desinfectantes clorados, la predisposición genética o la radioterapia previa.

El primer síntoma suele ser la otorrea o la otorragia y su diagnóstico suele retrasarse porque su sintomatología es similar a la de otros procesos otológicos benignos como las otitis crónicas, el colesteatoma, etc. Este tipo de tumores tienen un crecimiento agresivo y las metástasis regionales son relativamente frecuentes, con una incidencia del 6-20%. Algunos factores asociados a un peor pronóstico son la extensión tumoral a la base del cráneo, la presencia de ganglios positivos, los márgenes positivos y la parálisis facial. Su tratamiento consiste en combinar cirugía y radioterapia, siendo la primera de ellas fundamental y debe ser lo suficientemente radical para eliminar el tumor.

Los tumores malignos que afectan al oído medio son poco frecuentes presentando una incidencia de 6 casos por millón de personas en la población general. Al igual que ocurre en el oído externo, el carcinoma epidermoide es más frecuente en esta localización. La mayor parte de estos pacientes presentan una supuración crónica del oído acompañada de hipoacusia, por lo que al principio es complicado sospechar la presencia de un tumor. En estos casos habrá que tener en cuenta signos de alarma como la otorrea con sangre o la aparición de dolor, lo que suele suceder de forma tardía. La parálisis facial puede llegar a afectar al 50% de los pacientes cuando la enfermedad está avanzada. Se trata de un tumor agresivo con mal pronóstico, ya que su supervivencia global a los 5 años se sitúa alrededor del 30% con una mediana de supervivencia de 18 meses. El tratamiento también se basa en combinar cirugía y radioterapia.

El carcinoma basocelular  es el tumor más frecuente en el oído externo. Suele afecta al pabellón auricular, no al CAE. Su tratamiento consiste en la resección local, haciendo la cirugía lo más agresiva posible para evitar recidivas, ya que a pesar de ser de lento crecimiento y no dar metástasis, conllevan una importante morbilidad. Cuando los tumores no se pueden resecar se empleará radioterapia.

El rabdomiosarcoma de oído medio es un tumor raro que afecta sobre todo a los niños, con más del 50% de los casos diagnosticados en menores de 10 años. También tiene síntomas iniciales poco específicos como la hipoacusia y la otitis media recurrente, lo que hace que se diagnostiquen en etapas tardías. Las metástasis a distancia pueden encontrarse en el 14% de los pacientes, siendo la localización más habitual el pulmón. Suele ser controlable en la mayoría de los niños con enfermedad localizada, con una supervivencia a los 5 años de más del 70%. Las recaídas son frecuentes en pacientes con extensión intracraneal o que tienen enfermedad metastásica en el momento del diagnóstico.

Tratamiento de los tumores de oído

El tratamiento en la mayor parte de los tumores de oído y hueso temporal es quirúrgico y va a depender de sus características histopatológicas, de su localización y de las estructuras afectadas. Por eso el estudio previo y el diagnóstico son claves para tomar una decisión adecuada. Además, el empleo de radioterapia y quimioterapia pueden ser útiles para mejorar el pronóstico.

En el tratamiento es importante contar con técnicas de reconstrucción adecuadas para cada defecto y características del paciente. En este sentido, se emplearan colgajos regionales para pequeños defectos, mientras que para defectos más extensos o casos en los que es necesaria una cirugía previa o radiación se utilizan colgajos libres. La indicación del tipo de colgajo para reconstruir los defectos que ocasionan las cirugías radicales de resecación del tumor deberá ser individualizada para cada paciente y tendrá que estar planificada previamente. Para todo ello es fundamental que el cirujano conozca bien las distintas técnicas de reconstrucción.

Pruebas y maniobras necesarias para el diagnóstico y tratamiento del vértigo paroxístico benigno

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) es un síndrome vestibular episódico secundario a un trastorno causado por la movilización de otoconias que se desprenden de la membrana otolítica del utrículo y se desplazan hacia los conductos semicirculares. Es un trastorno muy frecuente que provoca un nistagmo característico dependiendo del conducto que presenta el acúmulo de otoconias y que produce un síndrome vestibular episódico de breve duración, por lo general, inferior a un minuto. Suele ocurrir al acostarse, cuando el paciente se gira en la cama o al agachar la cabeza. El sujeto percibe un giro de objetos con los cambios de posición, aunque los de avanzada edad describen inestabilidad. Todo ello puede ir acompañado de náuseas o vómitos.

El diagnóstico del VPPB se basa en la detección de los síntomas característicos descritos y en las pruebas exploratorias. Entre ellas se encuentran la prueba de Dix-Hallpike y la prueba de rotación cefálica o de McClure.  Con ellas se puede determinar el canal afecto y la presencia del problema en uno o dos oídos. A continuación se explica de forma breve cada una de ellas:

  • Prueba de Dix-Hallpike: puede realizarse con las gafas de Frenzel o con un videonistagmógrafo para conseguir ver el nistagmo con más facilidad. Consiste en sentar al paciente en la camilla con las piernas sobre ella, girar su cabeza 45º hacia un lado y tumbarle rápidamente sobre la camilla, de manera que quede colgando por debajo de esta. Se esperarán 30 segundos para ver si aparece crisis de vértigo y nistagmo, y se hará la misma maniobra hacia el lado contrario.
  • Prueba de Mc Clure: si en la maniobra anterior aparece nistagmo en los dos lados o bien hay sospecha de afectación del canal horizontal, se realizará esta maniobra que consiste en poner al paciente en posición de decúbito supino, elevar su cabeza 30º, girar hacia un lado y esperar la aparición de nistagmo. Después se girará hacia el otro lado. Será positiva cuando aparezca nistagmo y vértigo con la rotación hacia ambos lados.

 

Tratamiento del vértigo posicional paroxístico benigno

A la hora de tratar el VPPB el tratamiento médico con sedantes vestibulares no resulta útil. Así, la forma más efectiva de tratamiento son las maniobras de reposición. Además, se puede complementar con una serie de ejercicios de habituación en casa. En aquellas personas en las que no resulten efectivos los tratamientos habituales se contemplará la cirugía.

El tratamiento o maniobra terapéutica dependerá del conducto y canal implicados, siendo necesario indicar el conducto sobre el que se aplica un tratamiento. Las maniobras de reposición se basan en exponer el conducto a la gravedad para provocar el desplazamiento de las partículas hacia el utrículo. Hay que tener en cuenta que no todas las maniobras son eficaces para todos los pacientes, pues va a depender de las características del paciente como la movilidad, la edad, el peso, etc. Entre las maniobras utilizadas se encuentran:

  • Maniobra de Epley: es una maniobra de reposición para el canal posterior de carácter canicular, basada en la canalitiasis, es decir, la aparición de nistagmo en la maniobra hacia ambos lados. El objetivo es conseguir la movilización de las otoconias desde el canal semicircular afecto hasta el utrículo. Para ello el paciente está sentado en la camilla, con las piernas sobre ella, y se le gira la cabeza 45º sobre el lado que se sabe ya que tiene enfermo. Después se le tumba en decúbito supino con la cabeza girada y se le rota 90º hacia el lado sano. A continuación se rotará también el cuerpo hacia el mismo lado, manteniendo el giro de la cabeza (hacia el suelo). Se termina sentando al paciente con la cabeza en la misma posición y después enderezándola.
  • Maniobra de Semont: tiene como objetivo conseguir un desplazamiento brusco de las otoconias desde el conducto semicircular posterior hasta el utrículo. El paciente se sienta en la camilla con las piernas colgando y se le gira la cabeza hacia el lado sano para después tumbarle bruscamente hacia el lado lesionado. Después, sin cambiar la posición de la cabeza se realiza un giro brusco de 180º y se vuelve a la posición inicial.
  • Maniobra de Gufoni: es una maniobra para el canal horizontal. En esta el paciente está sentado en el borde de la camilla y se le tumba sobre el lado sano. Una vez que desaparece el nistagmo o tras 60-90 segundos, se gira la cabeza 45 grados hacia el lado sano. Una vez que cesa el nistagmo o pasado el mismo tiempo, se incorpora al paciente.
  • Maniobra de Lempert: el paciente está en decúbito supino, se gira su cabeza 90º hacia el lado sano, y se van haciendo giros de 90º, acompañando el cuerpo al giro de la cabeza de forma progresiva, en distintas fases marcadas por la aparición de nistagmo o por períodos de 60-90 segundos. Se acabará cuando el paciente está sobre el lado afecto, con un giro de 270º y luego se incorpora.
  • Maniobra de Yacovino: se utiliza cuando está afecto el canal superior. Así, se comienza con el paciente sentado en la camilla, se le tumba con la cabeza suspendida fuera de la camilla, se esperan 30 segundos o la aparición de nistagmo y se flexiona la cabeza hacia adelante hasta que la barbilla toque el pecho. Después, tras 30 segundos o aparición de nistagmo se incorpora al paciente.

 

El VPPB se considera resuelto cuando no se observa nistagmo en la prueba de provocación correspondiente.

Más información en: https://seorl.net/wp-content/uploads/2016/05/Gu%C3%ADa-VPPB.pdf

Vértigo posicional paroxístico benigno: causas y síntomas

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se produce por el desplazamiento de unas partículas llamadas otoconias. Estas partículas flotan libremente por los canales semicirculares del oído y son responsables de la rotación y movimientos de la cabeza. Es por eso que, ante determinados movimientos o giros, aparece la sensación de mareo. El VPPB es el vértigo más frecuente y tiene una incidencia de en torno al 2 y 3% de la población, sobre todo en mujeres de entre 40 y 60 años. Es el trastorno más frecuentemente diagnosticado en la consulta de Otoneurología.

Un estudio español reciente realizado con más de 7.800 pacientes y publicado en Acta Otorrinolaringológica Española concluye que la incidencia anual de trastornos de equilibrio en Atención Primaria es del 2,2%. Además, más de la mitad de esos pacientes fueron diagnosticados con algún tipo de vértigo posicional.

El paciente que sufre este tipo de vértigo lo describe como un vértigo súbito y de aparición brusca y corta duración (por eso es paroxístico) y tiene un componente postural (posicional). Se considera benigno porque no hay una causa neurológica. El paciente nota una sensación muy desagradable al levantar o agachar la cabeza, o incluso al darse la vuelta en la cama, pues nota un vértigo rotatorio, como si el entorno se moviera de forma brusca en un tiempo de entre 10 y 30 segundos. Además, se puede acompañar de náuseas, vómitos, palidez y sudoración, con una percepción muy incapacitante. No es un problema grave, salvo en personas mayores en las que puede aumentar el riesgo de caídas.

Los episodios de VPPB pueden aparecer durante algún tiempo y luego volver a aparecer. Si se sufren de forma recurrente y con aparición brusca, es importante consultar con el especialista cualquier signo de vértigo o mareo.

Diagnóstico del VPPB

El concepto de vértigo se define como una alucinación de movimiento, ya que este no existe. Su principal problema a la hora de identificarlo radica en la dificultad del paciente para explicar esa sensación. Por ello, tiende a evitar la postura que desencadena estos episodios. Su diagnóstico, realizado por el otorrinolaringólogo, consiste en una exploración oculomotora, con maniobras de provocación para detectar el canal del oído que provoca estos síntomas. De esta forma se analiza la respuesta oculomotora del paciente junto con la respuesta clínica.

En el diagnóstico se emplean maniobras como la de Dix-Hallpike, por la cual se realizan movimientos de la cabeza del paciente. En ocasiones es recomendable apoyarse del uso de unas gafas o de un videonistagmógrafo para observar con mayor facilidad el nistagmo (movimiento involuntario de los ojos). También se realizan las pruebas de rotación cefálica o de McClure y la maniobra del decúbito lateral.

En cuanto al tratamiento, el otorrinolaringólogo empleará una serie de maniobras encaminadas a la reposición que han demostrado ser un efectivas  para el VPPB, así como ejercicios de habituación para que el paciente realice en casa.

La mayoría de los fármacos empleados para tratar la COVID-19 no son ototóxicos

La mayoría de los fármacos empleados para tratar la COVID-19 no son ototóxicos

La mayoría de los medicamentos empleados en el tratamiento de la infección del virus SARS-CoV2, causante de la COVID-19, no son ototóxicos, tal y como indica un informe de la Comisión de Otología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Los medicamentos ototóxicos son aquellos que pueden causar daños en el oído. Por lo general, estos suelen aparecer por la administración de dosis elevadas de los mismos, durante periodos de tiempo prolongados. Estos fármacos se emplean en el tratamiento de infecciones graves o enfermedades del corazón y cáncer.

Hasta el momento, en los antivirales utilizados no se ha descrito ototoxicidad in vivo a excepción de lopinavir y ritonavir, de forma transitoria. Por su parte, tanto la azitromicina como la hidroxicloroquina pueden ser ototóxicas. El paracetamol, la metilprednisolona, el metamizol, el remdesivir, el ribavirin, la heparina y el tocilizumad, utilizados también para tratar la COVID-19 no son ototóxicos.

Fármacos habitualmente empleados en el tratamiento de la infección por SARS-CoV2

NO OTOTÓXICOS

PRECAUCIÓN

OTOTÓXICOS

Metilprednisolona

Paracetamol

Metamizol

Remdesivir

Ribavirin

Heparina

Tocilizumab

Paracetamol+Opiode

Lopinavir/Ritonavir

Hidroxicloroquina

Azitromicina

Azitromicina: se trata de un antibiótico de amplio espectro utilizado para tratar infecciones bacterianas como bronquitis, neumonía, otitis media o infecciones de la piel, entre otras. Durante la pandemia actual de COVID-19 se está utilizando en algunos pacientes en combinación con la hidroxicloroquina.

Pertenece al grupo de los macrólidos, los cuáles, en general, pueden producir ototoxicidad por afectación de la cóclea (el nervio auditivo y complejo olivar superior). Además, se piensa que factores como la edad, el deterioro cognitivo previo o alteraciones sistémicas concomitantes como la insuficiencia renal crónica, pueden incrementar la susceptibilidad del oído interno a la penetración de este fármaco. Este efecto es dosis y tiempo dependiente, lo que quiere decir que depende de cuánto y durante cuando se tome, aunque puede aparecer incluso tras tres días de tratamiento. En la mayoría de los casos, la pérdida de audición que produce es transitoria y esta suele recuperarse hasta alcanzar los niveles normales tras finalizar el tratamiento.

Hidroxicloroquina: se trata de un medicamento, con una estructura molecular similar a la quinina, que se utiliza para tratar la malaria, así como para reducir la inflamación en pacientes con artritis reumatoide y lupus. Como se ha señalado antes se está utilizando, por separado o en combinación con la azitromicina, para tratar la infección causada por el virus SARS-CoV2.

A partir del uso de hidroxicloroquina, se han descrito casos de hipoacusia, unilateral y bilateral, tanto reversible como irreversible, sobre todo tras tratamientos prolongados. La cloroquina ejerce unos mecanismos de ototoxicidad que incluyen daño de las células ciliadas, las neuronas, las células de soporte y atrofia de la estría vascular, ubicada en la parte externa del conducto coclear.

Tal y como destaca la Comisión de Otología de la SEORL-CCC en su informe, en el contexto actual de pandemia no es conveniente plantear una exploración audiométrica. Además, según los datos que se manejan, parece poco probable que un paciente presente hipoacusia con el tratamiento que se está administrando (200-400 mg/12h durante 5-10 días). Si esto ocurriera, se recomienda interrumpir el tratamiento y valorar la administración de corticoides. En cualquier caso, parece que la relación riesgo beneficio apoya la administración de hidroxicloroquina en la situación actual, incluso si el paciente tiene hipoacusia previa.

En cuanto al uso del paracetamol en altas dosis, no se ha descrito ototoxicidad en humanos con la utilización del paracetamol de manera aislada pero sí en combinación con opioides. Se piensa que estos fármacos podrían potenciar la toxicidad coclear de paracetamol, ya que estos no han demostrado ototoxicidad como única terapia.

Las hipoacusias profundas y el 40% de las hipoacusias severas, candidatas a implante coclear

Las hipoacusias profundas y el 40% de las hipoacusias severas, candidatas a implante coclear

La mayoría de las personas que sufren hipoacusia profunda y hasta el 40% de las que sufren hipoacusia severa son candidatas a implante coclear, un dispositivo que se inserta en la cóclea y que capta y transforma la señal acústica del ambiente en señal eléctrica, transmitiéndola hasta el nervio auditivo. De esta forma las personas que sufren este tipo de pérdida auditiva pueden recuperar su audición. El 25 de febrero se celebra el Día Internacional del Implante Coclear para conmemorar la primera implantación realizada ese día del año 1957 por los doctores franceses Djourno y Eyres.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 466 millones de personas en todo el mundo padecen pérdida de audición discapacitante, de las cuales 34 millones son niños. La capacidad auditiva de estas personas y su calidad de vida puede verse mejorada con el uso de diferentes soluciones auditivas, entre las que figura el implante coclear.

El implante coclear tiene una parte externa y otra interna. La parte externa, conocida como procesador de voz, dispone de un micrófono para captar el sonido, una bobina, una instalación electrónica necesaria para procesar la señal acústica, y las baterías para alimentar el dispositivo. La parte interna comprende el receptor-estimulador, compuesto por una carcasa que se coloca en el cráneo del paciente mediante una intervención quirúrgica y una guía de electrodos que inserta en la rampa timpánica de la cóclea. Tanto la bobina de la parte externa como el receptor-estimulador contienen unos imanes que mantienen unidas ambas partes.

Programa de implantes cocleares

La colocación del implante coclear no consiste solo en una intervención quirúrgica, sino que esta debe formar parte del llamado programa de implantes cocleares, que debe asegurar: una selección correcta del candidato, una efectiva ejecución de la cirugía y de la programación, una adecuada y suficiente rehabilitación y una coordinación por parte de todos los especialistas que intervienen. Tanto la implantación quirúrgica del dispositivo como la coordinación son realizadas por un otorrinolaringólogo cirujano de cabeza y cuello, y en el proceso participan programadores, audioprotesistas, logopedas, psiquiatras o psicólogos y enfermería,  entre otros.

La cirugía tiene una duración de entre 2 y 3 horas durante la cual se insertarán los electrodos en la cóclea y se alojará el receptor-estimulador en el hueso de la calota craneal. Dependiendo del centro implantador, el paciente puede permanecer uno o varios días ingresado. En general, pasado 1 mes desde la cirugía, y una vez cicatrizada la zona, se procederá a hacer una primera programación del dispositivo que deberá ajustar los parámetros de funcionamiento del equipo a las particularidades del paciente, con el fin de obtener el máximo rendimiento del dispositivo. Las siguientes programaciones se realizan, de forma habitual, a los 3, 6 y 12 meses de la primera. A partir de ese momento, los parámetros tienden a estabilizarse y suele ser suficiente con una revisión anual para pequeñas modificaciones.

Rehabilitación tras la colocación del implante coclear

Una vez que se realiza la programación del implante coclear la persona implantada es capaz de oír sonidos desde que se activa el procesador de voz, pero esto no significa que entienda, pues recibirá un mensaje distorsionado, por ello tiene que pasar por un entrenamiento, conocido como rehabilitación logopédica, que le ayudará a aprender a interpretar los sonidos de nuevo.

Esta rehabilitación será distinta si el paciente padece hipoacusia prelocutiva o postlocutiva, es decir, si ha sufrido la pérdida auditiva antes o después del período de adquisición del lenguaje, alrededor de los 2-3 años de edad.   En los pacientes postlocutivos el proceso será más sencillo porque la persona solo tendrá que aprender a correlacionar la nueva información que recibe con la memoria auditiva que posee. Aunque ello dependerá de factores como el tiempo de sordera, la existencia de restos auditivos previos a la implantación, la capacidad intelectual, la edad, etc. En general, si el seguimiento y la evolución son los adecuados, se pueden conseguir buenos resultados con estas personas en menos de un año.

En cuanto a los niños con hipoacusia pre y perilocutiva es imprescindible realizar un tratamiento logopédico y de estimulación auditiva específico para conseguir unos resultados óptimos. Esto puede durar entre dos y tres años. Este proceso debe incluso iniciarse antes de la implantación para iniciar un sistema de comunicación, oral o signado, que no paralice el desarrollo del niño y que ayude en las primeras fases de la rehabilitación.

Resultados de los implantes cocleares

La mayoría de los pacientes muestran mejoras en la percepción del sonido con el implante coclear respecto a su situación preimplante con audífonos. La mayoría de los pacientes postlocutivos muestran mejoras significativas en las pruebas de reconocimiento del lenguaje en campo libre, con frecuencia desde el primer mes tras la implantación. Sin embargo, el resultado del implante coclear en pacientes adolescentes y adultos con hipoacusia prelocutiva es mucho más limitado.

Muchos de los pacientes implantados pueden hablar por teléfono y algunos incluso apreciar la música. En este sentido, también cabe la posibilidad de entrenar a las personas implantadas en el uso del teléfono. Así, un trabajo realizado en Francia y publicado recientemente en la revista European annals of Otorhinolaryngology, Head and Neck Diseases concluye como un programa de entrenamiento progresivo por teléfono mejoró el uso del teléfono en la vida diaria de los adultos con implantes cocleares. Durante el mismo se evaluó la comprensión de palabras monosilábicas antes y después del entrenamiento.

Además, algunos estudios recientes muestran una mejoría en las habilidades cognitivas, vida social y calidad de vida tras la implantación coclear en pacientes de edad avanzada.

En niños la percepción lograda del lenguaje oral es muy variable, para lo que resultan fundamentales la implantación a edad temprana, el uso de comunicación oral y el soporte familiar. En este sentido, la colocación del implante coclear en los primeros años de vida es crucial para el desarrollo del lenguaje hablado. Los resultados globales a largo plazo en población infantil prelocutiva indican que la mayoría de los niños son capaces de reconocer la palabra hablada en pruebas en contexto abierto sin apoyo visual, es decir, sin leer los labios y sin apoyo en gesticulación. Además, cuanto antes se realice la implantación, especialmente antes del periodo crítico de desarrollo del habla, mejores serán los resultados.

El implante coclear no sólo influirá en las habilidades audiológicas del individuo, sino que afecta a todos los aspectos de la vida de la persona, como el aprendizaje, habilidades sociales, rendimiento escolar, calidad de vida, etc, por lo que la detección e implantación precoz de los niños con hipoacusia es fundamental para garantizar su correcto desarrollo.

¿Qué pruebas se realizan para diagnosticar el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière es la asociación de 3 grandes síntomas: episodios de vértigo espontáneo, hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias y síntomas auditivos fluctuantes, como hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica. Supone el tercer diagnóstico más frecuente en las consultas de otoneurología y requiere de una especialización en las pruebas diagnósticas y del conocimiento exhaustivo del oído interno para ser abordado de forma adecuada, por lo que el otorrinolaringólogo juega un papel muy importante en la valoración de los pacientes con este trastorno.

La presencia de estos 3 síntomas en pacientes con síndrome de Ménière puede acompañarse de fuertes dolores de cabeza y, náuseas y vómitos, lo que genera malestar y puede conducir a situaciones de ansiedad o estrés. De hecho, un trabajo reciente de Ahmadzai et al.  publicado en Systematic reviews confirma que la depresión afecta a entre el 40 y el 60% de pacientes con este trastorno.

Estos síntomas pueden aparecer de forma aguda en lo que se conoce como crisis. Ante esta situación, se recomienda que el paciente esté en reposo, a ser posible, tumbado en la cama, en silencio y sin realizar ningún tipo de movimiento ni cambio brusco de postura. Estas crisis pueden aparecer a raíz de situaciones de estrés, fatiga, problemas laborales o familiares, que generan en el paciente una serie de estímulos que le conducen a padecer este tipo de episodios.

Diagnóstico del síndrome de Ménière

El diagnóstico del síndrome de Ménière puede ser sencillo ya que se basa en la descripción por parte del paciente de los síntomas mencionados; pérdida auditiva con aumento de acúfeno, taponamiento ótico y crisis de vértigo espontáneo. Sin embargo, muchos pacientes no presentan esta triada completa por lo que será necesario que el otorrinolaringólogo preste atención a las pruebas auditivas y vestibulares, tal y como comenta el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

En primer lugar, será necesaria una audiometría. Se trata de una herramienta sencilla que va a mostrar un perfil característico auditivo del paciente. Generalmente mostrará una hipoacusia neurosensorial de predominio en frecuencias graves.

En aquellos casos en los que el diagnóstico no esté claro son necesarias las pruebas vestibulares. Entre ellas las más importantes son:

  • VHIT (Video head impulse test): consiste en una gafa que contiene un acelerómetro y una cámara de alta velocidad. Mientras el otorrinolaringólogo hace impulsos en la cabeza del paciente, de baja amplitud, pero con alta velocidad, el sistema registra la velocidad de esos movimientos de la cabeza en relación con la de los ojos. De esta forma se mide el reflejo oculovestibular.
  • Pruebas calóricas con videonistagmografía: se mide el nistagmo o movimiento ocular involuntario ante la irrigación del oído externo con agua a distintas temperaturas.. El sistema informático calculará la cantidad y amplitud del movimiento para comparar la respuesta de los 2 oídos. El oído enfermo tiene menor respuesta ocular que el oído sano. Es una prueba importante porque el síndrome de Ménière avanzado se caracteriza por un daño moderado-grave del oído según la respuesta calórica.
  • Electrococleografía: es una prueba que mide el grado de hidrops del oído interno para valorar si hay una afectación unilateral, o bilateral, así como monitorizar el tratamiento.
  • Posturografía dinámica computarizada: mide el centro de gravedad del paciente ante distintas situaciones de dificultad variable, desde estar solo de pie, hasta permanecer en un entorno visual móvil, etc. De esta forma se detecta el desequilibrio y su origen en un problema vestibular, ocular o somatosensorial.
  • VEMPs (potenciales evocados miogénicos vestibulares): mediante una estimulación auditiva se estimula el músculo esternocleidomastoideo del paciente. El síndrome de Ménière se caracteriza por una afectación de este órgano en estadios iniciales, resulta de ayuda en diagnósticos precoces.

Las consultas de otoneurología deberían disponer de todas las herramientas necesarias para el diagnóstico y tratamiento del Síndrome de Ménière, de ahí la importancia de buscar ayuda de profesionales especializados, como los otorrinolaringólogos.

El ruido, el principal enemigo para la salud de los oídos

El ruido constituye el principal factor que puede dañar los oídos a diario, tal y como explica el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología de la SEORL-CCC, en este vídeo. La exposición continua a ruidos en el trabajo, la calle o las zonas de ocio, puede ser determinante para la salud auditiva y puede condicionar la capacidad de audición en el futuro. Incluso puede generar otros problemas de salud. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la exposición al ruido del tráfico es la responsable de la pérdida de 1,5 millones de años de vida saludable por año solo en Europa Occidental, sobre todo en lo relacionado con el deterioro cognitivo y los trastornos del sueño.

De forma especial preocupa la salud auditiva de los jóvenes en relación al ruido, pues, según datos de la OMS, el 50% de las personas entre los 12 y 35 años están expuestos a niveles de ruido perjudiciales a consecuencia del uso de dispositivos de audio y teléfonos inteligentes, y el 40% a ruidos potencialmente nocivos en bares, discotecas y clubes.

La exposición continuada al ruido puede ocasionar pérdida de audición progresiva dependiendo de cada persona, ya que habrá algunas que por diversos factores sean más propensas. Los factores genéticos, las enfermedades crónicas, la toma de determinados medicamentos y la exposición al humo del tabaco pueden incrementar ese riesgo de pérdida auditiva causada por el ruido. Por ello, uno de los consejos para cuidar los oídos a diario es la protección frente a la exposición continuada a ruidos fuertes. En este sentido, en ciertas profesiones será necesario el uso de cascos o tapones para disminuir el impacto del ruido. Además, también es conveniente su uso en conciertos o discotecas.

La exposición a la contaminación, que suele aumentar en épocas de aire seco y frío, ante la ausencia de lluvias, también puede ser un riesgo indirecto para la salud de los oídos, según el doctor Lassaletta. El aire contaminado propicia que la exposición a determinados alérgenos sea mayor por lo que puede afectar a los oídos.

Mitos sobre el cuidado de los oídos

Los otorrinolaringólogos insisten en que lo mejor que se puede hacer para cuidar la salud de los oídos es seguir una serie de medidas de prevención, sobre todo en cuanto a la exposición al ruido, donde señalan la importancia de estar protegidos.

Entre los mitos más extendidos en el cuidado de los oídos es la relación entre la higiene y la producción de cera o cerumen. Esta es una cuestión fisiológica que, por tanto, no está asociada a la limpieza de los oídos. Por ello, los especialistas en otorrinolaringología recomiendan a los pacientes no preocuparse en exceso por la presencia de cera en los oídos y la limpieza de los mismos, pues es el propio oído el que expulsa la cera. Así, en ningún caso deben usarse bastoncillos óticos ni ningún otro objeto para retirarla ya que pueden resultar muy peligrosos, pues al introducirlos en el oído se puede empujar la cera hacia el tímpano y causar lesiones graves. En caso de tapón o acumulo de cera deberá ser un profesional cualificado el que la retire con el instrumental adecuado.

Consejos para cuidar los oídos a diario

Los otorrinolaringólogos recomiendan tomar una serie de medidas para cuidar los oídos a diario y conseguir así mantener una buena salud auditiva:

  • Evitar la exposición continuada al ruido excesivo y protegerse: es importante mantenerse alejados de las fuentes de ruido, intentar disminuir el ruido que se genera de forma individual y reducir el tiempo de exposición a grandes intensidades de ruido o a ruidos fuertes (altavoces, taladros, cohetes o petardos, etc). En caso de que no sea posible evitarlo, será necesario el uso de protectores auditivos mediante cascos o tapones.
  • No limpiar los oídos en exceso: es recomendable tenerlos limpios, pero basta con el agua de la ducha para mantener una buena higiene. No deben usarse bastoncillos ni ningún otro objeto para extraer la cera o suciedad.
  • Prestar atención a los signos de pérdida auditiva: aunque suele ser más manifiesta conforme avanza la edad, puede aparecer en personas más jóvenes también. De hecho, el uso de auriculares para escuchar música está adelantando la edad de aparición de la presbiacusia o pérdida de audición debida a la edad. La dificultad para oír la televisión o entender conversaciones grupales o a distancia, por ejemplo, así como la presencia de acúfenos, entre otros, pueden ser indicadores de pérdida auditiva. En estos casos es imprescindible acudir a un otorrinolaringólogo para que determine la mejor solución para mejorar la calidad de vida de la persona.
  • Evitar la toma excesiva de medicamentos que favorecen la pérdida auditiva: determinados fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos o analgésicos como el paracetamol son ototóxicos y su consumo habitual puede inducir pérdida de audición.
  • Prevenir las infecciones de las vías respiratorias: sobre todo en el caso de los niños, los catarros y las infecciones de las vías altas, son el principal factor de riesgo de las otitis, por lo que es fundamental seguir unas adecuadas medidas higiénico-dietéticas que eviten el contagio de estas patologías.
  • Acudir al especialista y no automedicarse: es conveniente que ante cualquier problema en el oído se acuda a un otorrinolaringólogo para que realice una exploración y determine el origen del problema y la solución a seguir. No es conveniente automedicarse ante alguna infección o dolor y en ningún caso tomar antibióticos no recetados por el médico.