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Pruebas y maniobras necesarias para el diagnóstico y tratamiento del vértigo paroxístico benigno

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) es un síndrome vestibular episódico secundario a un trastorno causado por la movilización de otoconias que se desprenden de la membrana otolítica del utrículo y se desplazan hacia los conductos semicirculares. Es un trastorno muy frecuente que provoca un nistagmo característico dependiendo del conducto que presenta el acúmulo de otoconias y que produce un síndrome vestibular episódico de breve duración, por lo general, inferior a un minuto. Suele ocurrir al acostarse, cuando el paciente se gira en la cama o al agachar la cabeza. El sujeto percibe un giro de objetos con los cambios de posición, aunque los de avanzada edad describen inestabilidad. Todo ello puede ir acompañado de náuseas o vómitos.

El diagnóstico del VPPB se basa en la detección de los síntomas característicos descritos y en las pruebas exploratorias. Entre ellas se encuentran la prueba de Dix-Hallpike y la prueba de rotación cefálica o de McClure.  Con ellas se puede determinar el canal afecto y la presencia del problema en uno o dos oídos. A continuación se explica de forma breve cada una de ellas:

  • Prueba de Dix-Hallpike: puede realizarse con las gafas de Frenzel o con un videonistagmógrafo para conseguir ver el nistagmo con más facilidad. Consiste en sentar al paciente en la camilla con las piernas sobre ella, girar su cabeza 45º hacia un lado y tumbarle rápidamente sobre la camilla, de manera que quede colgando por debajo de esta. Se esperarán 30 segundos para ver si aparece crisis de vértigo y nistagmo, y se hará la misma maniobra hacia el lado contrario.
  • Prueba de Mc Clure: si en la maniobra anterior aparece nistagmo en los dos lados o bien hay sospecha de afectación del canal horizontal, se realizará esta maniobra que consiste en poner al paciente en posición de decúbito supino, elevar su cabeza 30º, girar hacia un lado y esperar la aparición de nistagmo. Después se girará hacia el otro lado. Será positiva cuando aparezca nistagmo y vértigo con la rotación hacia ambos lados.

 

Tratamiento del vértigo posicional paroxístico benigno

A la hora de tratar el VPPB el tratamiento médico con sedantes vestibulares no resulta útil. Así, la forma más efectiva de tratamiento son las maniobras de reposición. Además, se puede complementar con una serie de ejercicios de habituación en casa. En aquellas personas en las que no resulten efectivos los tratamientos habituales se contemplará la cirugía.

El tratamiento o maniobra terapéutica dependerá del conducto y canal implicados, siendo necesario indicar el conducto sobre el que se aplica un tratamiento. Las maniobras de reposición se basan en exponer el conducto a la gravedad para provocar el desplazamiento de las partículas hacia el utrículo. Hay que tener en cuenta que no todas las maniobras son eficaces para todos los pacientes, pues va a depender de las características del paciente como la movilidad, la edad, el peso, etc. Entre las maniobras utilizadas se encuentran:

  • Maniobra de Epley: es una maniobra de reposición para el canal posterior de carácter canicular, basada en la canalitiasis, es decir, la aparición de nistagmo en la maniobra hacia ambos lados. El objetivo es conseguir la movilización de las otoconias desde el canal semicircular afecto hasta el utrículo. Para ello el paciente está sentado en la camilla, con las piernas sobre ella, y se le gira la cabeza 45º sobre el lado que se sabe ya que tiene enfermo. Después se le tumba en decúbito supino con la cabeza girada y se le rota 90º hacia el lado sano. A continuación se rotará también el cuerpo hacia el mismo lado, manteniendo el giro de la cabeza (hacia el suelo). Se termina sentando al paciente con la cabeza en la misma posición y después enderezándola.
  • Maniobra de Semont: tiene como objetivo conseguir un desplazamiento brusco de las otoconias desde el conducto semicircular posterior hasta el utrículo. El paciente se sienta en la camilla con las piernas colgando y se le gira la cabeza hacia el lado sano para después tumbarle bruscamente hacia el lado lesionado. Después, sin cambiar la posición de la cabeza se realiza un giro brusco de 180º y se vuelve a la posición inicial.
  • Maniobra de Gufoni: es una maniobra para el canal horizontal. En esta el paciente está sentado en el borde de la camilla y se le tumba sobre el lado sano. Una vez que desaparece el nistagmo o tras 60-90 segundos, se gira la cabeza 45 grados hacia el lado sano. Una vez que cesa el nistagmo o pasado el mismo tiempo, se incorpora al paciente.
  • Maniobra de Lempert: el paciente está en decúbito supino, se gira su cabeza 90º hacia el lado sano, y se van haciendo giros de 90º, acompañando el cuerpo al giro de la cabeza de forma progresiva, en distintas fases marcadas por la aparición de nistagmo o por períodos de 60-90 segundos. Se acabará cuando el paciente está sobre el lado afecto, con un giro de 270º y luego se incorpora.
  • Maniobra de Yacovino: se utiliza cuando está afecto el canal superior. Así, se comienza con el paciente sentado en la camilla, se le tumba con la cabeza suspendida fuera de la camilla, se esperan 30 segundos o la aparición de nistagmo y se flexiona la cabeza hacia adelante hasta que la barbilla toque el pecho. Después, tras 30 segundos o aparición de nistagmo se incorpora al paciente.

 

El VPPB se considera resuelto cuando no se observa nistagmo en la prueba de provocación correspondiente.

Más información en: https://seorl.net/wp-content/uploads/2016/05/Gu%C3%ADa-VPPB.pdf

Vértigo posicional paroxístico benigno: causas y síntomas

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se produce por el desplazamiento de unas partículas llamadas otoconias. Estas partículas flotan libremente por los canales semicirculares del oído y son responsables de la rotación y movimientos de la cabeza. Es por eso que, ante determinados movimientos o giros, aparece la sensación de mareo. El VPPB es el vértigo más frecuente y tiene una incidencia de en torno al 2 y 3% de la población, sobre todo en mujeres de entre 40 y 60 años. Es el trastorno más frecuentemente diagnosticado en la consulta de Otoneurología.

Un estudio español reciente realizado con más de 7.800 pacientes y publicado en Acta Otorrinolaringológica Española concluye que la incidencia anual de trastornos de equilibrio en Atención Primaria es del 2,2%. Además, más de la mitad de esos pacientes fueron diagnosticados con algún tipo de vértigo posicional.

El paciente que sufre este tipo de vértigo lo describe como un vértigo súbito y de aparición brusca y corta duración (por eso es paroxístico) y tiene un componente postural (posicional). Se considera benigno porque no hay una causa neurológica. El paciente nota una sensación muy desagradable al levantar o agachar la cabeza, o incluso al darse la vuelta en la cama, pues nota un vértigo rotatorio, como si el entorno se moviera de forma brusca en un tiempo de entre 10 y 30 segundos. Además, se puede acompañar de náuseas, vómitos, palidez y sudoración, con una percepción muy incapacitante. No es un problema grave, salvo en personas mayores en las que puede aumentar el riesgo de caídas.

Los episodios de VPPB pueden aparecer durante algún tiempo y luego volver a aparecer. Si se sufren de forma recurrente y con aparición brusca, es importante consultar con el especialista cualquier signo de vértigo o mareo.

Diagnóstico del VPPB

El concepto de vértigo se define como una alucinación de movimiento, ya que este no existe. Su principal problema a la hora de identificarlo radica en la dificultad del paciente para explicar esa sensación. Por ello, tiende a evitar la postura que desencadena estos episodios. Su diagnóstico, realizado por el otorrinolaringólogo, consiste en una exploración oculomotora, con maniobras de provocación para detectar el canal del oído que provoca estos síntomas. De esta forma se analiza la respuesta oculomotora del paciente junto con la respuesta clínica.

En el diagnóstico se emplean maniobras como la de Dix-Hallpike, por la cual se realizan movimientos de la cabeza del paciente. En ocasiones es recomendable apoyarse del uso de unas gafas o de un videonistagmógrafo para observar con mayor facilidad el nistagmo (movimiento involuntario de los ojos). También se realizan las pruebas de rotación cefálica o de McClure y la maniobra del decúbito lateral.

En cuanto al tratamiento, el otorrinolaringólogo empleará una serie de maniobras encaminadas a la reposición que han demostrado ser un efectivas  para el VPPB, así como ejercicios de habituación para que el paciente realice en casa.

La mayoría de los fármacos empleados para tratar la COVID-19 no son ototóxicos

La mayoría de los fármacos empleados para tratar la COVID-19 no son ototóxicos

La mayoría de los medicamentos empleados en el tratamiento de la infección del virus SARS-CoV2, causante de la COVID-19, no son ototóxicos, tal y como indica un informe de la Comisión de Otología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Los medicamentos ototóxicos son aquellos que pueden causar daños en el oído. Por lo general, estos suelen aparecer por la administración de dosis elevadas de los mismos, durante periodos de tiempo prolongados. Estos fármacos se emplean en el tratamiento de infecciones graves o enfermedades del corazón y cáncer.

Hasta el momento, en los antivirales utilizados no se ha descrito ototoxicidad in vivo a excepción de lopinavir y ritonavir, de forma transitoria. Por su parte, tanto la azitromicina como la hidroxicloroquina pueden ser ototóxicas. El paracetamol, la metilprednisolona, el metamizol, el remdesivir, el ribavirin, la heparina y el tocilizumad, utilizados también para tratar la COVID-19 no son ototóxicos.

Fármacos habitualmente empleados en el tratamiento de la infección por SARS-CoV2

NO OTOTÓXICOS

PRECAUCIÓN

OTOTÓXICOS

Metilprednisolona

Paracetamol

Metamizol

Remdesivir

Ribavirin

Heparina

Tocilizumab

Paracetamol+Opiode

Lopinavir/Ritonavir

Hidroxicloroquina

Azitromicina

Azitromicina: se trata de un antibiótico de amplio espectro utilizado para tratar infecciones bacterianas como bronquitis, neumonía, otitis media o infecciones de la piel, entre otras. Durante la pandemia actual de COVID-19 se está utilizando en algunos pacientes en combinación con la hidroxicloroquina.

Pertenece al grupo de los macrólidos, los cuáles, en general, pueden producir ototoxicidad por afectación de la cóclea (el nervio auditivo y complejo olivar superior). Además, se piensa que factores como la edad, el deterioro cognitivo previo o alteraciones sistémicas concomitantes como la insuficiencia renal crónica, pueden incrementar la susceptibilidad del oído interno a la penetración de este fármaco. Este efecto es dosis y tiempo dependiente, lo que quiere decir que depende de cuánto y durante cuando se tome, aunque puede aparecer incluso tras tres días de tratamiento. En la mayoría de los casos, la pérdida de audición que produce es transitoria y esta suele recuperarse hasta alcanzar los niveles normales tras finalizar el tratamiento.

Hidroxicloroquina: se trata de un medicamento, con una estructura molecular similar a la quinina, que se utiliza para tratar la malaria, así como para reducir la inflamación en pacientes con artritis reumatoide y lupus. Como se ha señalado antes se está utilizando, por separado o en combinación con la azitromicina, para tratar la infección causada por el virus SARS-CoV2.

A partir del uso de hidroxicloroquina, se han descrito casos de hipoacusia, unilateral y bilateral, tanto reversible como irreversible, sobre todo tras tratamientos prolongados. La cloroquina ejerce unos mecanismos de ototoxicidad que incluyen daño de las células ciliadas, las neuronas, las células de soporte y atrofia de la estría vascular, ubicada en la parte externa del conducto coclear.

Tal y como destaca la Comisión de Otología de la SEORL-CCC en su informe, en el contexto actual de pandemia no es conveniente plantear una exploración audiométrica. Además, según los datos que se manejan, parece poco probable que un paciente presente hipoacusia con el tratamiento que se está administrando (200-400 mg/12h durante 5-10 días). Si esto ocurriera, se recomienda interrumpir el tratamiento y valorar la administración de corticoides. En cualquier caso, parece que la relación riesgo beneficio apoya la administración de hidroxicloroquina en la situación actual, incluso si el paciente tiene hipoacusia previa.

En cuanto al uso del paracetamol en altas dosis, no se ha descrito ototoxicidad en humanos con la utilización del paracetamol de manera aislada pero sí en combinación con opioides. Se piensa que estos fármacos podrían potenciar la toxicidad coclear de paracetamol, ya que estos no han demostrado ototoxicidad como única terapia.

Las hipoacusias profundas y el 40% de las hipoacusias severas, candidatas a implante coclear

Las hipoacusias profundas y el 40% de las hipoacusias severas, candidatas a implante coclear

La mayoría de las personas que sufren hipoacusia profunda y hasta el 40% de las que sufren hipoacusia severa son candidatas a implante coclear, un dispositivo que se inserta en la cóclea y que capta y transforma la señal acústica del ambiente en señal eléctrica, transmitiéndola hasta el nervio auditivo. De esta forma las personas que sufren este tipo de pérdida auditiva pueden recuperar su audición. El 25 de febrero se celebra el Día Internacional del Implante Coclear para conmemorar la primera implantación realizada ese día del año 1957 por los doctores franceses Djourno y Eyres.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 466 millones de personas en todo el mundo padecen pérdida de audición discapacitante, de las cuales 34 millones son niños. La capacidad auditiva de estas personas y su calidad de vida puede verse mejorada con el uso de diferentes soluciones auditivas, entre las que figura el implante coclear.

El implante coclear tiene una parte externa y otra interna. La parte externa, conocida como procesador de voz, dispone de un micrófono para captar el sonido, una bobina, una instalación electrónica necesaria para procesar la señal acústica, y las baterías para alimentar el dispositivo. La parte interna comprende el receptor-estimulador, compuesto por una carcasa que se coloca en el cráneo del paciente mediante una intervención quirúrgica y una guía de electrodos que inserta en la rampa timpánica de la cóclea. Tanto la bobina de la parte externa como el receptor-estimulador contienen unos imanes que mantienen unidas ambas partes.

Programa de implantes cocleares

La colocación del implante coclear no consiste solo en una intervención quirúrgica, sino que esta debe formar parte del llamado programa de implantes cocleares, que debe asegurar: una selección correcta del candidato, una efectiva ejecución de la cirugía y de la programación, una adecuada y suficiente rehabilitación y una coordinación por parte de todos los especialistas que intervienen. Tanto la implantación quirúrgica del dispositivo como la coordinación son realizadas por un otorrinolaringólogo cirujano de cabeza y cuello, y en el proceso participan programadores, audioprotesistas, logopedas, psiquiatras o psicólogos y enfermería,  entre otros.

La cirugía tiene una duración de entre 2 y 3 horas durante la cual se insertarán los electrodos en la cóclea y se alojará el receptor-estimulador en el hueso de la calota craneal. Dependiendo del centro implantador, el paciente puede permanecer uno o varios días ingresado. En general, pasado 1 mes desde la cirugía, y una vez cicatrizada la zona, se procederá a hacer una primera programación del dispositivo que deberá ajustar los parámetros de funcionamiento del equipo a las particularidades del paciente, con el fin de obtener el máximo rendimiento del dispositivo. Las siguientes programaciones se realizan, de forma habitual, a los 3, 6 y 12 meses de la primera. A partir de ese momento, los parámetros tienden a estabilizarse y suele ser suficiente con una revisión anual para pequeñas modificaciones.

Rehabilitación tras la colocación del implante coclear

Una vez que se realiza la programación del implante coclear la persona implantada es capaz de oír sonidos desde que se activa el procesador de voz, pero esto no significa que entienda, pues recibirá un mensaje distorsionado, por ello tiene que pasar por un entrenamiento, conocido como rehabilitación logopédica, que le ayudará a aprender a interpretar los sonidos de nuevo.

Esta rehabilitación será distinta si el paciente padece hipoacusia prelocutiva o postlocutiva, es decir, si ha sufrido la pérdida auditiva antes o después del período de adquisición del lenguaje, alrededor de los 2-3 años de edad.   En los pacientes postlocutivos el proceso será más sencillo porque la persona solo tendrá que aprender a correlacionar la nueva información que recibe con la memoria auditiva que posee. Aunque ello dependerá de factores como el tiempo de sordera, la existencia de restos auditivos previos a la implantación, la capacidad intelectual, la edad, etc. En general, si el seguimiento y la evolución son los adecuados, se pueden conseguir buenos resultados con estas personas en menos de un año.

En cuanto a los niños con hipoacusia pre y perilocutiva es imprescindible realizar un tratamiento logopédico y de estimulación auditiva específico para conseguir unos resultados óptimos. Esto puede durar entre dos y tres años. Este proceso debe incluso iniciarse antes de la implantación para iniciar un sistema de comunicación, oral o signado, que no paralice el desarrollo del niño y que ayude en las primeras fases de la rehabilitación.

Resultados de los implantes cocleares

La mayoría de los pacientes muestran mejoras en la percepción del sonido con el implante coclear respecto a su situación preimplante con audífonos. La mayoría de los pacientes postlocutivos muestran mejoras significativas en las pruebas de reconocimiento del lenguaje en campo libre, con frecuencia desde el primer mes tras la implantación. Sin embargo, el resultado del implante coclear en pacientes adolescentes y adultos con hipoacusia prelocutiva es mucho más limitado.

Muchos de los pacientes implantados pueden hablar por teléfono y algunos incluso apreciar la música. En este sentido, también cabe la posibilidad de entrenar a las personas implantadas en el uso del teléfono. Así, un trabajo realizado en Francia y publicado recientemente en la revista European annals of Otorhinolaryngology, Head and Neck Diseases concluye como un programa de entrenamiento progresivo por teléfono mejoró el uso del teléfono en la vida diaria de los adultos con implantes cocleares. Durante el mismo se evaluó la comprensión de palabras monosilábicas antes y después del entrenamiento.

Además, algunos estudios recientes muestran una mejoría en las habilidades cognitivas, vida social y calidad de vida tras la implantación coclear en pacientes de edad avanzada.

En niños la percepción lograda del lenguaje oral es muy variable, para lo que resultan fundamentales la implantación a edad temprana, el uso de comunicación oral y el soporte familiar. En este sentido, la colocación del implante coclear en los primeros años de vida es crucial para el desarrollo del lenguaje hablado. Los resultados globales a largo plazo en población infantil prelocutiva indican que la mayoría de los niños son capaces de reconocer la palabra hablada en pruebas en contexto abierto sin apoyo visual, es decir, sin leer los labios y sin apoyo en gesticulación. Además, cuanto antes se realice la implantación, especialmente antes del periodo crítico de desarrollo del habla, mejores serán los resultados.

El implante coclear no sólo influirá en las habilidades audiológicas del individuo, sino que afecta a todos los aspectos de la vida de la persona, como el aprendizaje, habilidades sociales, rendimiento escolar, calidad de vida, etc, por lo que la detección e implantación precoz de los niños con hipoacusia es fundamental para garantizar su correcto desarrollo.

¿Qué pruebas se realizan para diagnosticar el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière es la asociación de 3 grandes síntomas: episodios de vértigo espontáneo, hipoacusia neurosensorial de frecuencias bajas y medias y síntomas auditivos fluctuantes, como hipoacusia, acúfenos o plenitud ótica. Supone el tercer diagnóstico más frecuente en las consultas de otoneurología y requiere de una especialización en las pruebas diagnósticas y del conocimiento exhaustivo del oído interno para ser abordado de forma adecuada, por lo que el otorrinolaringólogo juega un papel muy importante en la valoración de los pacientes con este trastorno.

La presencia de estos 3 síntomas en pacientes con síndrome de Ménière puede acompañarse de fuertes dolores de cabeza y, náuseas y vómitos, lo que genera malestar y puede conducir a situaciones de ansiedad o estrés. De hecho, un trabajo reciente de Ahmadzai et al.  publicado en Systematic reviews confirma que la depresión afecta a entre el 40 y el 60% de pacientes con este trastorno.

Estos síntomas pueden aparecer de forma aguda en lo que se conoce como crisis. Ante esta situación, se recomienda que el paciente esté en reposo, a ser posible, tumbado en la cama, en silencio y sin realizar ningún tipo de movimiento ni cambio brusco de postura. Estas crisis pueden aparecer a raíz de situaciones de estrés, fatiga, problemas laborales o familiares, que generan en el paciente una serie de estímulos que le conducen a padecer este tipo de episodios.

Diagnóstico del síndrome de Ménière

El diagnóstico del síndrome de Ménière puede ser sencillo ya que se basa en la descripción por parte del paciente de los síntomas mencionados; pérdida auditiva con aumento de acúfeno, taponamiento ótico y crisis de vértigo espontáneo. Sin embargo, muchos pacientes no presentan esta triada completa por lo que será necesario que el otorrinolaringólogo preste atención a las pruebas auditivas y vestibulares, tal y como comenta el doctor Eduardo Martín, presidente de la Comisión de Otoneurología en este vídeo.

En primer lugar, será necesaria una audiometría. Se trata de una herramienta sencilla que va a mostrar un perfil característico auditivo del paciente. Generalmente mostrará una hipoacusia neurosensorial de predominio en frecuencias graves.

En aquellos casos en los que el diagnóstico no esté claro son necesarias las pruebas vestibulares. Entre ellas las más importantes son:

  • VHIT (Video head impulse test): consiste en una gafa que contiene un acelerómetro y una cámara de alta velocidad. Mientras el otorrinolaringólogo hace impulsos en la cabeza del paciente, de baja amplitud, pero con alta velocidad, el sistema registra la velocidad de esos movimientos de la cabeza en relación con la de los ojos. De esta forma se mide el reflejo oculovestibular.
  • Pruebas calóricas con videonistagmografía: se mide el nistagmo o movimiento ocular involuntario ante la irrigación del oído externo con agua a distintas temperaturas.. El sistema informático calculará la cantidad y amplitud del movimiento para comparar la respuesta de los 2 oídos. El oído enfermo tiene menor respuesta ocular que el oído sano. Es una prueba importante porque el síndrome de Ménière avanzado se caracteriza por un daño moderado-grave del oído según la respuesta calórica.
  • Electrococleografía: es una prueba que mide el grado de hidrops del oído interno para valorar si hay una afectación unilateral, o bilateral, así como monitorizar el tratamiento.
  • Posturografía dinámica computarizada: mide el centro de gravedad del paciente ante distintas situaciones de dificultad variable, desde estar solo de pie, hasta permanecer en un entorno visual móvil, etc. De esta forma se detecta el desequilibrio y su origen en un problema vestibular, ocular o somatosensorial.
  • VEMPs (potenciales evocados miogénicos vestibulares): mediante una estimulación auditiva se estimula el músculo esternocleidomastoideo del paciente. El síndrome de Ménière se caracteriza por una afectación de este órgano en estadios iniciales, resulta de ayuda en diagnósticos precoces.

Las consultas de otoneurología deberían disponer de todas las herramientas necesarias para el diagnóstico y tratamiento del Síndrome de Ménière, de ahí la importancia de buscar ayuda de profesionales especializados, como los otorrinolaringólogos.

El ruido, el principal enemigo para la salud de los oídos

El ruido constituye el principal factor que puede dañar los oídos a diario, tal y como explica el doctor Luis Lassaletta, presidente de la Comisión de Otología de la SEORL-CCC, en este vídeo. La exposición continua a ruidos en el trabajo, la calle o las zonas de ocio, puede ser determinante para la salud auditiva y puede condicionar la capacidad de audición en el futuro. Incluso puede generar otros problemas de salud. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la exposición al ruido del tráfico es la responsable de la pérdida de 1,5 millones de años de vida saludable por año solo en Europa Occidental, sobre todo en lo relacionado con el deterioro cognitivo y los trastornos del sueño.

De forma especial preocupa la salud auditiva de los jóvenes en relación al ruido, pues, según datos de la OMS, el 50% de las personas entre los 12 y 35 años están expuestos a niveles de ruido perjudiciales a consecuencia del uso de dispositivos de audio y teléfonos inteligentes, y el 40% a ruidos potencialmente nocivos en bares, discotecas y clubes.

La exposición continuada al ruido puede ocasionar pérdida de audición progresiva dependiendo de cada persona, ya que habrá algunas que por diversos factores sean más propensas. Los factores genéticos, las enfermedades crónicas, la toma de determinados medicamentos y la exposición al humo del tabaco pueden incrementar ese riesgo de pérdida auditiva causada por el ruido. Por ello, uno de los consejos para cuidar los oídos a diario es la protección frente a la exposición continuada a ruidos fuertes. En este sentido, en ciertas profesiones será necesario el uso de cascos o tapones para disminuir el impacto del ruido. Además, también es conveniente su uso en conciertos o discotecas.

La exposición a la contaminación, que suele aumentar en épocas de aire seco y frío, ante la ausencia de lluvias, también puede ser un riesgo indirecto para la salud de los oídos, según el doctor Lassaletta. El aire contaminado propicia que la exposición a determinados alérgenos sea mayor por lo que puede afectar a los oídos.

Mitos sobre el cuidado de los oídos

Los otorrinolaringólogos insisten en que lo mejor que se puede hacer para cuidar la salud de los oídos es seguir una serie de medidas de prevención, sobre todo en cuanto a la exposición al ruido, donde señalan la importancia de estar protegidos.

Entre los mitos más extendidos en el cuidado de los oídos es la relación entre la higiene y la producción de cera o cerumen. Esta es una cuestión fisiológica que, por tanto, no está asociada a la limpieza de los oídos. Por ello, los especialistas en otorrinolaringología recomiendan a los pacientes no preocuparse en exceso por la presencia de cera en los oídos y la limpieza de los mismos, pues es el propio oído el que expulsa la cera. Así, en ningún caso deben usarse bastoncillos óticos ni ningún otro objeto para retirarla ya que pueden resultar muy peligrosos, pues al introducirlos en el oído se puede empujar la cera hacia el tímpano y causar lesiones graves. En caso de tapón o acumulo de cera deberá ser un profesional cualificado el que la retire con el instrumental adecuado.

Consejos para cuidar los oídos a diario

Los otorrinolaringólogos recomiendan tomar una serie de medidas para cuidar los oídos a diario y conseguir así mantener una buena salud auditiva:

  • Evitar la exposición continuada al ruido excesivo y protegerse: es importante mantenerse alejados de las fuentes de ruido, intentar disminuir el ruido que se genera de forma individual y reducir el tiempo de exposición a grandes intensidades de ruido o a ruidos fuertes (altavoces, taladros, cohetes o petardos, etc). En caso de que no sea posible evitarlo, será necesario el uso de protectores auditivos mediante cascos o tapones.
  • No limpiar los oídos en exceso: es recomendable tenerlos limpios, pero basta con el agua de la ducha para mantener una buena higiene. No deben usarse bastoncillos ni ningún otro objeto para extraer la cera o suciedad.
  • Prestar atención a los signos de pérdida auditiva: aunque suele ser más manifiesta conforme avanza la edad, puede aparecer en personas más jóvenes también. De hecho, el uso de auriculares para escuchar música está adelantando la edad de aparición de la presbiacusia o pérdida de audición debida a la edad. La dificultad para oír la televisión o entender conversaciones grupales o a distancia, por ejemplo, así como la presencia de acúfenos, entre otros, pueden ser indicadores de pérdida auditiva. En estos casos es imprescindible acudir a un otorrinolaringólogo para que determine la mejor solución para mejorar la calidad de vida de la persona.
  • Evitar la toma excesiva de medicamentos que favorecen la pérdida auditiva: determinados fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos o analgésicos como el paracetamol son ototóxicos y su consumo habitual puede inducir pérdida de audición.
  • Prevenir las infecciones de las vías respiratorias: sobre todo en el caso de los niños, los catarros y las infecciones de las vías altas, son el principal factor de riesgo de las otitis, por lo que es fundamental seguir unas adecuadas medidas higiénico-dietéticas que eviten el contagio de estas patologías.
  • Acudir al especialista y no automedicarse: es conveniente que ante cualquier problema en el oído se acuda a un otorrinolaringólogo para que realice una exploración y determine el origen del problema y la solución a seguir. No es conveniente automedicarse ante alguna infección o dolor y en ningún caso tomar antibióticos no recetados por el médico.
Los tumores de rinofaringe son de difícil diagnóstico y tratamiento

Los tumores de rinofaringe son de difícil diagnóstico y tratamiento

La nasofaringe, rinofaringe o cavum es la región más superior de la faringe y está situada detrás de las fosas nasales y en íntima relación con la base del cráneo. Los tumores primarios de la nasofaringe tienen una baja incidencia en la población. Su profunda localización en el macizo facial y su relación con la base del cráneo y estructuras vasculares y nerviosas críticas hacen que el diagnóstico y el tratamiento de estos tumores sea complejo.

De todos los tumores originados en el cavum, el tumor benigno más frecuente es el angiofibroma juvenil, mientras que el carcinoma nasofaríngeo constituye el tumor maligno más frecuente.

Angiofibroma juvenil (AJ)

Se trata de un tumor benigno de naturaleza vascular, que afecta casi exclusivamente a varones adolescentes, sobre todo entre los 10 y los 18 años. Representa el 0.5% de todos los tumores de cabeza y cuello.

Los AJ muestran un patrón de crecimiento expansivo y destructivo y se pueden extender hacia estructuras adyacentes como las fosas nasales, los senos paranasales, la órbita y la base del cráneo, y en ocasiones, hacerse intracraneal.

La clínica de los AJ está en función de la localización, del tamaño y de la extensión de la tumoración  Sus síntomas más habituales, y que suceden en más del 80% de los pacientes, son las hemorragias nasales y la obstrucción nasal unilateral progresiva.  Otros síntomas que se pueden presentar, aunque menos habituales, son la cefalea, rinorrea, hipoacusia, rinolalia (una alteración de la fonación), desplazamiento del paladar, diplopia (visión doble) o deformidad facial, entre otros.

Para su diagnóstico, además de la endoscopia nasal, se debe realizar una tomografía computarizada y una resonancia magnética nuclear, para valorar la extensión del tumor y planificar la cirugía y las técnicas a emplear. La biopsia de la tumoración está contraindicada para evitar una hemorragia incoercible.

En cuanto al tratamiento de elección en la actualidad, consiste en la resección quirúrgica del tumor, previa angiografía y embolización selectiva dirigida a las arterias que nutren al tumor. El objetivo primordial es la erradicación completa de la masa tumoral, con la menor morbilidad posible para el paciente. La técnica más utilizada en la actualidad es el abordaje endoscópico endonasal que permite extirpar el tumor de un modo seguro y eficaz en la mayoría de los casos. No obstante, los abordajes abiertos, como el degloving, siguen teniendo sus indicaciones. La resección subtotal de la tumoración junto con radiocirugía postoperatoria u observación es una estrategia válida para casos con afectación de estructuras críticas. El tratamiento de estos tumores requiere mucha destreza quirúrgica por lo que únicamente debe hacerse en centros especializados y con profesionales con mucha experiencia.

Carcinoma nasofaríngeo

Los tumores malignos de rinofaringe pueden aparecer a cualquier edad y se caracterizan por un diagnóstico tardío debido a que produce signos y síntomas de naturaleza inespecífica y a la difícil interpretación de las imágenes de la zona nasofaríngea. Como factores que predisponen a padecer este tipo de tumores se han señalado los ambientales, genéticos y virales, en especial el virus Epstein-Barr. Suele ser más frecuente en varones y sus picos de edad se sitúan en los 20 y los 50 años.

Los carcinomas de nasofaringe se originan en la llamada fosita de Rosenmüller, situada por detrás y por encima de la desembocadura de la trompa de Eustaquio. Estos tumores pueden subdividirse en 3 subtipos histológicos, De todos ellos, el más frecuente en países occidentales es el carcinoma epidermoide queratinizante o diferenciado, y se presenta en gente de mayor edad. El carcinoma indiferenciado o linfoepitelioma, por su parte, representa la mayoría de estos tumores, y es el más frecuente en zonas endémicas. Un tercer tipo es el carcinoma epidermoide no queratinizante.

Algunos signos que pueden hacer sospechar la presencia de este tipo de cáncer son:

  • Adenopatía cervical: esta inflamación de los ganglios linfáticos que se encuentran alrededor de la cabeza y el cuello afecta en el 80% de los casos.
  • Signos otológicos: suceden en el 40-60% de los casos y la más frecuente es la hipoacusia de transmisión unilateral.
  • Signos rinológicos: puede haber obstrucción, insuficiencia respiratoria nasal o, en ocasiones, sangrados nasales.
  • Signos oftalmológicos: en el 5% de los casos y por lo general son la parálisis de la motilidad ocular y la exoftalmia (propulsión o prominencia presente en el globo ocular).
  • Signos neurológicos: aparecen en el 10-20% de los casos y suelen ser los más frecuentes, por este orden, la diplopía o visión doble, el dolor hemifacial o faríngeo o las cefaleas.

En su diagnóstico, el otorrinolaringólogo tendrá en cuenta todos estos signos descritos, así como los antecedentes familiares. Además, realizará una exploración exhaustiva, que incluya palpación cervical, otoscopia y exploración neurológica. Además, utilizará el fibroendoscopio para localizar y delimitar la extensión de la lesión, así como distintas pruebas de imagen. La confirmación del diagnóstico se realizará mediante una biopsia.

El tratamiento de elección del cáncer nasofaríngeo es la radioterapia, ya que se trata de un tumor muy radiosensible y, además, se localiza en una zona de difícil acceso para su extirpación quirúrgica. En algunos casos se complementará con quimioterapia, para mejorar el control local y regional de la enfermedad. La cirugía es menos empleada y se utilizará sobre todo en caso de recurrencias locales, donde no es posible la reirradiación.

La supervivencia dependerá del estadio en el que se detecten estos tumores.

¿A qué se deben los dolores en la cabeza o la cara?

¿A qué se deben los dolores en la cabeza o la cara?

Las algias craneofaciales se definen como dolores de la cabeza o el cráneo y de la cara debidos a múltiples causas. Son una patología muy frecuente en la que se ve implicada la inervación sensitiva de ambas regiones llevada a cabo por los nervios craneales trigémino, glosofaríngeo y vago así como por las 3 primeras raíces cervicales. Su diagnóstico se fundamenta sobre todo en una completa anamnesis y en un exhaustivo examen clínico por parte del otorrinolaringólogo y cirujano de cabeza y cuello.

Los dolores craneofaciales pueden ser debidos a neuralgias de los nervios sensitivos mencionados anteriormente, dolores asociados a afecciones otorrinolaringológicas, oftalmológicas, estomatológicas o motivados por uno de las diversos subtipos de cefaleas.

Es preciso conocer las áreas inervadas por los nervios craneales que se ocupan de la inervación sensitiva del cráneo y de la cara. El nervio trigémino es el que recoge la sensibilidad de la cara, el tercio anterior del cuero cabelludo y las cavidades de la cara. En cuanto a los nervios glosofaríngeo y vago, estos inervan la faringe, cara posterior de la laringe y las cavidades del oído. Por último, las 3 primeras raíces cervicales reciben la sensibilidad del tercio posterior del cuero cabelludo, las articulaciones y la musculatura cervical.

Diagnóstico de las algias craneofaciales

Durante el diagnóstico de las algias faciales el otorrinolaringólogo tendrá que examinar la forma de presentación y características del dolor, es decir, su localización, intensidad y repercusión en la vida diaria del paciente, el tipo de dolor y su duración, la presencia de síntomas acompañantes, así como la edad y el sexo. También se deberán tener en cuenta los factores desencadenantes.

Por otro lado, el otorrinolaringólogo realizará un examen clínico en el que estudiará la sensibilidad facial, se hará una palpación de la cara, una otoscopia, una rinoscopia y una faringoscopia. Es importante también hacer, un examen neurológico de los pares craneales.

Algunas algias craneofaciales

1. Las neuralgias faciales afectan sobre todo al trigémino, el nervio glosofaríngeo y la zona occipital:

  • Neuralgia del trigémino: suele ser de origen desconocido. Cursa  con un dolor lanzinante (eléctrico) que suele afectara al tercio medio de la cara por afectación de la segunda rama del nervio. Suele repetirse a modo de crisis  y el principal factor desencadenante es la palpación en zonas gatillo. Su tratamiento es farmacológico, sobre todo a base de antiepiléticos. En caso de ser muy grave e incapacitante se puede realizar un tratamiento quirúrgico. En ocasiones puiede ser debida a una causa conocida: es la llamada neuralgia sintomática del trigémino: Puede deberse a diversas causas: esclerosis múltiple, tumores en el  ángulo pontocerebeloso, causas infecciosas, tumorales o inflamatorias.
  • Neuralgia del glosofaríngeo: cursa con dolor lancinante, breve pero de gran intensidad, localizado en la base de la lengua y amígdala, pudiendo irradiarse hacia la mandíbula y el oído. Además, suele asociarse a carraspera en la garganta. Su factor desencadenante es la deglución. El tratamiento es farmacológico o quirúrgico cuando no resulte eficaz.
  • Neuralgia occipital de Arnold: cursa con dolor de tipo punzante que suele acompañarse de movilidad cervical limitada y tiene como principal factor desencadenante la hiperextensión de la cabeza,. Puede deberse a artritis inflamatorias, microtraumatismos y sobrecargas de articulaciones. En ocasiones se confunde con una cefalea o una contractura cervical.

2. Las neuralgias asociadas a afecciones de ORL están vinculadas a patologías como la sinusitis, tanto aguda como crónica, otitis o patologías tumorales de la zona de cabeza y cuello (tumores de orofaringe, supraglotis, hipofaringe). Es muy importante descartar un tumor de cabeza y cuello ante un dolor persistente a nivel faríngeo con irradiación al oído.

3. Las neuralgias asociadas a afecciones oftalmológicas, pueden deberse al glaucoma agudo o alteraciones de la refracción, como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo también pueden provocar dolores frontales y oculares.

4. Otro grupo de algias craneofaciales es el que comprende las cefaleas. Dentro de ellas las migrañas son muy frecuentes. Su prevalencia oscila entre el 8 y el 12% de la población, sobre todo en mujeres, siendo su mayor incidencia entre los 30 y 40 años. La migraña puede ser de varios tipos, siendo la migraña sin aura, que es la migraña común, la más frecuente. El tratameinto es fundamentalmente médico. Las cefaleas tensionales son tan frecuentes como la migraña. Son episódicas, cuando duran menos de 15 días al mes, o crónicas cuando superan esta duración durante al menos 6 meses. Conviene aplicar medidas higiénico-dietéticas para su tratamiento y fisioterapia. La cefalea en racimos o cefalea histamínica de Horton. es menos frecuente que la migraña y afectan en mayor medida a hombres de entre 10 y 30 años. En el 90% de casos, las apariciones de dolor son episódicas y se producen de forma cotidiana a lo largo de 3-15 semanas.. El dolor es unilateral siendo predominante en la región periocular, y se irradia a menudo hacia la región frontal, la sien, la mejilla y la encía superior. EL tratamiento de las cefaleas corresponde al neurólogo.

¿Cuáles son las enfermedades más comunes de la garganta?

Las enfermedades más comunes de la garganta comprenden las infecciones virales como la faringitis o la laringitis. En la mayor parte de las ocasiones estos cuadros se enmarcan dentro del término catarro común, en el que también está presente una rinosinusitis vírica. También son habituales las infecciones bacterianas como las faringoamigdalitis. De todo ello habla el doctor Pedro Cabrera, presidente de la Comisión de Laringología, Voz, Foniatría y Deglución de la SEORL-CCC.

Entre las patologías más habituales que afectan a la garganta se encuentran la laringitis y la faringitis. La principal diferencia entre ellas es la localización anatómica de la infección que, de forma habitual, suele ser vírica. La principal vía de contagio es a través de la inoculación de gérmenes a través de las llamadas gotitas de Pflügge (son aquellas que se desprenden al toser, hablar o estornudar). A continuación, se detallan los principales síntomas, factores de riesgo y tratamiento de cada una de ellas:

Laringitis

Se trata de una inflamación de la mucosa laríngea, afectándose las cuerdas vocales. A menudo forma parte de un proceso inflamatorio agudo de las vías respiratorias altas con síntomas en la voz, (disfonía), dolor al tragar (odinofagia), o, en algunas ocasiones, dificultad para respirar (disnea). Las más frecuentes son de causa infecciosa y, dentro de ellas, las más habituales son las víricas, siendo la laringitis catarral la más común de todas. En estos casos el tratamiento es sintomático a base de reposo vocal, antitérmicos, analgésicos e hidratación. Entre los factores que pueden predisponer a padecer este tipo de patología se encuentran el tabaco, el alcohol, el sobreesfuerzo vocal, el reflujo gastroesofágico, y factores del entorno como la contaminación. En el caso de las laringitis de causa bacteriana, poco frecuentes, será necesario el uso de antibióticos.

Faringitis

Se trata de la inflamación de la faringe debido a una infección, principalmente, aunque también puede ser por causa alérgica, química o traumática. Las faringitis agudas constituyen una causa frecuente de consulta médica. La faringitis catarral es la causa del dolor de garganta común, siendo debida a un virus en la mayor parte de las ocasiones. Entre los factores que pueden predisponer a esta patología se encuentran el frío, la polución, el ambiente seco o el estrés. Suele ser de inicio brusco, con predominio de sequedad y constricción faríngea, y, en ocasiones, sensación de quemazón, además de carraspeo. En casos graves puede haber fiebre o cefalea. El tratamiento más habitual, en el caso de ser vírica, es el reposo relativo con antiinflamatorios. Si se confirma la presencia bacteriana, se administrará antibiótico.

La amigdalitis aguda, patología común en la infancia

Otra patología común que afecta a la garganta es la amigdalitis aguda, una inflamación aguda de las amígdalas palatinas cuyo origen habitual es infeccioso. Se trata de un proceso muy frecuente, sobre todo en la infancia, con un mayor pico de incidencia entre los 3 y los 15 años. Entre el 30 y el 40% de los casos son debidos a microorganismos bacterianos y más del 50% se deben a virus, que pueden, a su vez, favorecer una infección bacteriana. Entre los síntomas más importantes se encuentran la odinofagia, el malestar general, fiebre, cefalea, mialgias, artralgias, náuseas o vómitos, entre otros. El tratamiento será sintomático al igual que en las anteriores y, en caso de que exista origen bacteriano, antibióticos.

Cuando consultar con un otorrinolaringólogo

Si una vez pasado el periodo habitual de duración de un proceso infeccioso, unas 2 semanas, se mantienen síntomas como el dolor o la dificultad para respirar, hablar o tragar o existe un crecimiento de los ganglios linfáticos del cuello, es importante consultar con el otorrinolaringólogo.

Por otro lado, es importante visitar a este especialista siempre que exista una disfonía que dure más de 2 semanas para que pueda determinar el origen del problema mediante distintas exploraciones de la laringe, más allá de los cuadros infecciosos mencionados.

Cómo prevenir las infecciones de garganta

Existen una serie de cuidados que pueden contribuir a reducir los factores de riesgo que predisponen a sufrir algunas de las patologías más habituales de la garganta y que, por tanto, sirven como medidas de prevención. Entre ellas se encuentran:

  • Seguimiento de una dieta sana y equilibrada: el aporte de nutrientes ricos en vitaminas y minerales ayudará al sistema inmunológico a estar fortalecido frente al ataque de virus y bacterias causantes de infecciones de garganta.
  • No fumar: el tabaco es un agente irritante de la faringe y la laringe y, por tanto, debilita sus mucosas y las deja más desprotegidas frente a la acción de agentes infecciosos.
  • Abundante hidratación: es importante mantener hidratada la garganta para facilitar la eliminación de gérmenes, además de proteger la mucosa frente a los mismos.
  • Medidas de higiene adecuadas: se recomienda taparse la boca con un pañuelo desechable al estornudar o toser, lavar las manos con frecuencia y no compartir ciertos útiles para evitar el contagio.
  • Evitar el alcohol: al igual que sucede con el tabaco, el alcohol también actúa como irritante de las mucosas de la garganta y por tanto estas son más vulnerables al ataque de virus y bacterias.
  • Procurar un buen descanso: cuando la garganta y las cuerdas vocales descansan y no se fuerza la voz, están protegidas frente a las infecciones.
  • No automedicarse: se debe consultar con un profesional sanitario la conveniencia del tratamiento a seguir en función del origen de la infección.
  • Evitar el estrés: el estrés puede debilitar la garganta y hacerla vulnerable ante procesos infecciosos, por lo que hay que procurar una cierta relajación al organismo. 

¿Cómo diagnosticar y tratar la disfagia?

La disfagia es un trastorno de la deglución. La deglución se define como el conjunto de mecanismos que intervienen en el transporte de alimentos, o de secreciones como la saliva, desde la cavidad oral hasta el estómago. Se divide en tres fases: fase oral, fase faríngea y fase esofágica. Uno de los factores que determinan su gravedad es la aspiración, esta sucede cuando algunas de esas sustancias entran en la vía aérea superior. La disfagia es un trastorno más común de lo que parece, de hecho, afecta a dos millones de personas en España, aunque se estima que el 90% está sin diagnosticar y, por tanto, sin tratar.

Diagnóstico

Signos de alarma de la disfagia

En primer lugar, para la detección de la disfagia, se deben tener en cuenta una serie de signos de alarma. Por ello, es importante prestar atención a las alteraciones del nivel de consciencia, las alteraciones motoras o sensitivas; las alteraciones de la articulación del lenguaje, la disfonía en forma de voz soplada, ronca o voz nasal; los atragantamientos o episodios de tos durante la ingesta; el aumento del tiempo empleado para la ingesta, una pérdida de peso inexplicable, la dificultad o lentitud en la masticación; y el dolor o la sensación de obstrucción durante la deglución. Ante la presencia de alguno de estos síntomas, se debe acudir a un especialista otorrinolaringólogo para que realice una evaluación clínica e instrumental. En este sentido, será necesario evaluar los síntomas y los alimentos con los que el paciente los presenta, así como la causa de la disfagia, para después determinar la seguridad en la deglución y el tipo de alimentación a seguir. Además, se deberán tener en cuenta los antecedentes y el historial clínico del paciente.

Diagnóstico de la disfagia

El otorrinolaringólogo realizará también una exploración física del estado general del paciente y de la anatomía de la cavidad oral, estado de la dentadura, lengua, paladar, faringe y laringe, así como la funcionalidad de la musculatura facial, masticatoria, etc; y su sensibilidad. Por otro lado, será necesario valorar la voz y el lenguaje en cuanto al tono, intensidad o cualidad.

En cuanto a las pruebas técnicas diagnósticas, una de las más utilizadas es la videonedoscopia de deglución, que consiste en valorar de forma directa, mediante un nasofibroscopio, la capacidad de deglución del paciente. Además, permitirá al otorrinolaringólogo determinar si la alimentación oral es segura, las medidas necesarias para facilitarla o si es preciso contraindicarla. Consta de dos partes, la valoración anatómica y la valoración de la deglución. En la primera se evalúan, mediante el fibroscopio, las respuestas de la lengua, la faringe o la laringe ante acciones como deglutir o producir determinadas palabras. Además, se analizarán la respiración,  la fonación o el manejo de las secreciones.

Por su parte, la valoración de la deglución consiste en administrar alimentos de distintas consistencias y volúmenes, coloreados con azul de metileno, para ver cómo responde el paciente y si se produce aspiración o retención de esos alimentos y en qué fases de la deglución, oral o faríngea.

Otra prueba realizada para el diagnóstico de la disfagia es la videofluroscopia de la deglución, que consiste en la administración por vía oral de un contraste radiopaco y la visualización mediante radioscopia de la capacidad de deglución, quedando las imágenes registradas en vídeo de alta resolución.

Además, se puede emplear una esofagoscopia transnasal que consiste en la valoración de manera directa del esófago, mediante la utilización de un esofagoscopio que se introduce a través de la fosa nasal hasta la hipofaringe y el esófago. Por ello, permite valorar alteraciones estructurales del esófago y estudiar la fase esofágica de la deglución.

Por otro lado, también se pueden realizar manometrías, que estudian la presión basal y durante la deglución de la faringe y el esófago mediante una sonda introducida por las fosas nasales.

Tratamiento de la disfagia

Una vez realizado el diagnóstico de la disfagia, el otorrinolaringólogo deberá decidir el tipo de alimentación más segura en función de las características del paciente, con el fin de mantener un buen estado de nutrición e hidratación a la vez de evitar complicaciones. Para ello puede ser necesario realizar una serie de modificaciones en la dieta y se valorará la posibilidad de seguir unas medidas de adaptación y rehabilitación, y, en algunos casos, la realización de procedimientos quirúrgicos o la nutrición enteral . Lo cierto es que la mayoría de los pacientes con disfagia mejoran con el seguimiento de un plan terapéutico adecuado e individualizado. 

Uno de los aspectos más importantes a la hora de tratar trastornos de la deglución como la disfagia es la necesidad de adaptar la dieta para que el paciente no presente alteraciones nutricionales. De hecho, un estudio realizado con pacientes hospitalizados en un centro español publicado en Clinical Nutrition ESPEN confirma la prevalencia global de disfagia de un 28.5%, sobre todo en pacientes ortogeriátricos y neurológicos, y la presencia de desnutrición en el 50% de ellos. El análisis demuestra también que más de un tercio de los pacientes no tiene adaptada su dieta correctamente.

En la dieta del paciente con disfagia es importante adaptar los volúmenes y la consistencia de los alimentos a cada caso. Por lo general, deben tener una consistencia homogénea y se deben evitar las dobles texturas. En pacientes con riesgo de aspiración, será necesario el uso de espesantes para aumentar la densidad de los líquidos.

Por su parte, la rehabilitación, en caso de ser necesaria, consiste en la puesta en práctica de ejercicios para fortalecer la musculatura, favorecer el reflejo deglutorio y el mecanismo de cierre glótico. Por otro lado, también se aprenden técnicas y maniobras con alimentos o líquidos para favorecer su deglución.