La parálisis facial: tipos, diagnóstico y tratamiento

La parálisis facial (PF) consiste en la incapacidad parcial o total de realizar movimientos musculares voluntarios en un lado de la cara. Se produce por una alteración en el nervio facial, que no transmite las órdenes nerviosas a la musculatura facial afectada.

Hay dos nervios faciales; uno a cada lado de la cara. El nervio facial sale de la base del cráneo, atraviesa el oído medio y la glándula parótida, donde se divide en  sus cinco ramas, (temporal, cigomática, bucal, mandibular y cervical).  Estas ramas permiten la función motora de  los diferentes músculos faciales. Según la localización de la lesión nos encontraremos con dos tipos de parálisis faciales:

La PF puede ser central (PFC) o periférica (PFP). La primera se produce por una afectación del sistema nervioso central y suele aparecer en pacientes con factores de riesgo cardiovasculares o edad avanzada. Provocará dificultades del movimiento solo a la mitad inferior de la cara (sin alterar la movilidad del ojo ni la ceja) por afectación del  núcleo facial inferior del sistema nervioso central en el lado contrario de la lesión, quedando respetados o con una mínima afectación los músculos frontales y orbiculares de los párpados.

Mientras que la parálisis facial periférica, más conocida como parálisis de Bell, altera el movimiento de los músculos faciales en toda la hemicara, constituyendo un cuadro clínico característico en el que se produce un borramiento del surco nasolabial del lado patológico, una desviación de la comisura labial hacia el lado sano, una alteración en el cierre del ojo del lado afectado y una caída del párpado inferior.

Además, se pueden añadir consecuencias psicológicas, ya que el cambio de la expresión facial origina en el paciente una sensación de pérdida de personalidad, frustración y en ocasiones angustia y depresión. Por todo ello es fundamental un conocimiento adecuado de esta patología y de su tratamiento.

El origen de la parálisis, en la mayoría de los casos, es desconocido. El más común parece ser el de una infección vírica, por ejemplo, el herpes simple o el virus herpes zoster. En estos casos, se cree que el nervio facial se inflama como reacción a la infección. Otras causas que pueden derivar en esta patología son los tumores, infarto, malformaciones vasculares cerebrales, al igual que los traumatismos craneales con fractura del hueso temporal.

Diagnóstico

La exploración física comienza por la inspección del lado afectado, que va a indicar el grado de PF, fijándose en la movilidad de la musculatura asociada a cada rama del nervio facial. Además, permite valorar el nivel de cierre ocular y si existe signo de Bell.

Siguiendo con la exploración física, se debe incluir la palpación parotídea bilateral y una otoscopia que indique si existen vesículas en el pabellón auricular o en el conducto auditivo externoo si hay patología en el oído medio. Si en la otoscopia aparecen vesículas, se considerará el caso como un síndrome de Ramsay-Hunt, causado por el virus herpes zoster. Si en la otoscopia existe una patología del oído medio, se ingresará al paciente y se ampliará el estudio para conocer la causa y aplicar el tratamiento correspondiente. Si la otoscopia es normal y la evolución es compatible, se considerará una parálisis de Bell.

En algunos de parálisis facial se deben realizar pruebas complementarias, como electroneurografia, electromiografía o estudios radiológicos. Estas pruebas permiten valorar la gravedad de la lesión, el pronótico de recuperación, y descartar la presencia de tumores o lesiones en el trayecto del nervio.

Tratamiento

El tratamiento inicial de la parálisis facial dependerá de la causa que la origine. El más común es pautar corticoides lo antes posible, idealmente dentro de las primeras 72 horas, ya que reducen la inflamación en torno al nervio facial y evitan su mal funcionamiento, del mismo modo que también ayudan a disminuir la intensidad del dolor.

En otros casos, como lesiones por cirugía o tumores, puede ser necesario el tratamiento quirúrgico. El objetivo de la cirugía es la reanimación de la función facial consiguiendo simetría en reposo y en movimiento, con una expresión facial lo más natural posible. Las tres técnicas quirúrgicas más utilizadas son: reconstrucción directa, técnicas de reinervación e injertos microvascularizados.

La reconstrucción directa: En esta técnica el éxito dependerá de la ausencia de tensión entre los cabos del nervio facial que se va a reconstruir. Si se pueden aproximar los dos cabos del nervio sin tensión, se realizará una sutura término-terminal. Si hay tensión entre los cabos, se colocará un injerto nervioso entre ellos.

Técnicas de reinervación: Consiste en la transferencia de nervios. Los principales nervios donantes son el nervio hipogloso, el maseterino y el nervio facial contralateral.

Injertos microvascularizados: El más utilizado es el músculo gracilis, que se asocia con un injerto facial cruzado de nervio sural.

Una vez que se ha decidido la necesidad de reparación quirúrgica del nervio, las opciones se determinarán según el tiempo de evolución de la parálisis.

  • Horas o días tras sección del nervio: reconstrucción del nervio mediante sutura directa o con interposición de un injerto. Si no se puede hacer reparación directa, se debe recurrir a técnicas de reinervación.

 

  • Menos de 1 año de evolución (incluso menos de 2 años): técnicas de reinervación con diferentes nervios donantes (facial contralateral, hipogloso, maseterino)

 

  • Más de 2 años de evolución: se produce una atrofia muscular facial, por lo que se realizan injertos microvascularizados o transposiciones musculares.
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