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Recomiendan no dar uvas en Nochevieja a los menores de 5 años por riesgo de asfixia

Recomiendan no dar uvas en Nochevieja a los menores de 5 años por riesgo de asfixia

Los niños menores de cinco años son los que más riesgo tienen de atragantamiento o asfixia por comer uvas por lo que la SEORL-CCC aconseja no darles en Nochevieja este alimento durante las campanadas. Se trata de una fruta que por su forma o textura puede obstruir las vías respiratorias y provocar una situación de peligro que puede llevar incluso a la muerte si no se actúa a tiempo. Para reducir el riesgo de aspiración lo aconsejable es quitarles la piel y las pepitas y cortarlas en varios trozos, de forma que sean más fáciles de digerir

Además, también pueden resultar peligrosas para las personas mayores de 65 años, sobre todo si sufren trastornos de deglución, como la disfagia. Por estos motivos, se ha lanzado una campaña en change.org para solicitar que el tiempo entre campanada y campanada se amplíe de tres a cinco segundos. De esta forma se podría realizar una masticación previa y se minimizarían los riesgos de aspiración. Además, se cubriría el primer minuto del año coincidiendo con la última de las campanadas.  

Otra opción es que los niños y las personas mayores sigan la tradición tomando otro tipo de alimentos sin riesgo. En este sentido, advierten, tampoco son buenos los frutos secos, uno de los alimentos que más atragantamientos causan en España. Aunque no sean alimentos de gran tamaño, los fragmentos duros que se desprenden al morderlos pueden obstruir las vías respiratorias, sobre todo en el caso de los niños menores de dos años, que no son capaces de masticarlos adecuadamente y no han desarrollado suficientes reflejos defensivos como la tos o el estornudo. Por eso se aconseja no dar cualquier tipo de fruto seco sin moler a los niños menores de tres años y recomiendan no hacerlo hasta los cinco o seis años, por el alto riesgo que existe de atragantamiento y asfixia.

Los datos muestran también que la incidencia de asfixia en personas mayores de 65 años es siete veces mayor que en niños de 1 a 4 años, según una revisión publicada en la revista Geriatrics.  La pérdida de la dentadura, la disminución de la salivación o el debilitamiento de los músculos responsables de la masticación asociado a la edad, puede provocar problemas de deglución en las personas mayores, sobre todo si padecen enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Esto aumenta las posibilidades de sufrir aspiraciones a la hora de consumir alimentos sólidos o líquidos.

La disfagia supone una dificultad para masticar o tragar y empujar los alimentos hacia el tracto digestivo superior, lo que propicia que algunas secreciones y sustancias lleguen a las vías aéreas y provoquen una asfixia por aspiración. En este sentido, la textura y forma de algunos alimentos que se consumen en Nochevieja dificultan una correcta  deglución.

Para reducir el riesgo de asfixia es importante seguir determinadas pautas: no hay que mezclar consistencias líquidas y sólidas; es fundamental evitar comer de forma apresurada y se recomienda mantener una postura erguida durante las comidas. La aspiración por alimentos puede acabar derivando en problemas más graves como la neumonía por aspiración, una afección que provoca más de 40.000 hospitalizaciones al año en España.

En caso de detectar que un menor o un adulto se está atragantando es importante llamar a los servicios de emergencias o acudir de forma inmediata a un servicio de urgencias. Si es una obstrucción completa, y el menor sea mayor de un año, se procederá a realizar la maniobra de Heimlich: con el paciente consciente, el reanimador se situará de pie sujetándolo por detrás, pasando los brazos por debajo de las axilas y rodeando el tórax del paciente. Después colocará las manos sobre el abdomen y efectuará cinco compresiones hacia arriba y hacia atrás. Tras la maniobra, será necesario comprobar si hay un cuerpo extraño en la boca del menor y si es posible extraerlo.

Los pacientes laringectomizados necesitan una rehabilitación integral

La laringectomía es una intervención que se reserva para tumores avanzados de laringe e hipofaringe y que consiste en extirpar completamente la laringe. Esta cirugía tiene como consecuencia inmediata la necesidad de respirar a través de un orificio, llamado traqueostoma, situado en el cuello y la pérdida de las cuerdas vocales y, por consiguiente, la voz.

Aunque continúa siendo un tratamiento muy eficaz para el cáncer avanzado de laringe e hipofaringe, esta cirugía tiene un importante impacto en la calidad de vida de los pacientes, ya que deja importantes secuelas físicas y afecta tanto a las relaciones sociales como las laborales. La laringectomía total supone un importante impacto personal y social y un elevado coste personal, sanitario y  social. La Dra. Christine Gourin, otorrinolaringóloga del hospital Johns Hopkins sentenció: “Te arrebata la dignidad, tu capacidad de hacer cosas sencillas, como por ejemplo, el no  poder salir a cenar. Nos quita cosas que damos por sentadas: la comida, el habla y la apariencia”. De hecho, el 47% de los pacientes laringectomizados no regresan a su actividad laboral después de la cirugía, según un estudio publicado en la revista Acta Otorrinolaringológica Española, de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

Por esta razón, es importante que los pacientes que van a ser sometidos a una laringectomía total tengan una preparación previa sobre los cambios que supone dicha intervención. Así lo explica el doctor Pablo Parente, presidente de Relaciones Internacionales de la SEORL. Para el experto, dosificar la información sobre este procedimiento es fundamental para que los pacientes “estén, por un lado, preparados para los cambios que van a tener y, por otro lado, disminuyan la ansiedad que puede suponer la intervención”. Tras la cirugía, es fundamental realizar una rehabilitación integral que abarque la rehabilitación la voz, la deglución, la nutrición, la respiración, el olfato y la esfera psicológica. En este sentido, el otorrinolaringólogo ha de coordinarse con el logopeda, el trabajador social y el psicólogo, para actuar en equipo a la hora de transmitir al paciente los cambios físicos y psicosociales que conlleva la laringectomía total. Esta información, según el doctor Parente, ha de trasladarse de forma progresiva y no de golpe. “Tiene que habilitarse un tiempo para que el paciente pueda ir asumiendo su situación y para que pueda ir tomando decisiones, cuando sea necesario, con la finalidad de ir avanzando en la asimilación de todos los datos que van a suponer un cambio en su vida”, añade el experto.

Documento de consenso para una rehabilitación integral

Puesto que la laringectomía influye en el paciente en su conjunto, la rehabilitación tras la operación también tiene que ser integral. “No podemos hacer una intervención quirúrgica y dejar al paciente solo. Desde la Comisión de Cabeza y Cuello y Base de Cráneo de la SEORL-CCC lo que se pretende es fomentar que el paciente sea rehabilitado de forma completa, es decir, que sea rehabilitada la voz, la deglución, que tenga una rehabilitación pulmonar, y que se aborden también los aspectos emocionales y sociales que van a suponer para el paciente un problema añadido al problema principal, que es el tumor que estamos tratando”, asegura el doctor Parente.

Con esta finalidad se ha desarrollado, junto a un grupo de expertos, un documento, publicado en el Acta Otorrinolaringológica Española, en el  que consensua los mínimos que debe tener la rehabilitación del paciente laringectomizado, desde el material que tiene que estar a su disposición, hasta el personal que tiene que involucrarse o los protocolos que han de seguirse a lo largo de la recuperación.

Este documento, según el doctor Parente, servirá de base para poder hacer una guía de rehabilitación del paciente laringectomizado. La idea es que esta guía se diseñe “en común con los pacientes y el resto de los profesionales que están involucrados en la rehabilitación del paciente tras una laringectomia total”.

La disfagia, un trastorno de la deglución muy común pero poco diagnosticado

La disfagia es un trastorno de la deglución, es decir, consiste en la dificultad en el transporte de  alimentos o sustancias hacia el tracto digestivo. Según las últimas estimaciones, lo sufren más de dos millones de personas en España pero cerca del 90% de los pacientes no están diagnosticados ni tienen tratamiento. Esto, según señalan desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), con motivo del Día Mundial de la Disfagia que se celebra el 12 de diciembre, puede hacer que aparezcan otros problemas como los relacionados con la alimentación.

La disfagia puede derivarse de diferentes causas. Por lo general, cuando se produce con  líquidos  y  con  volúmenes  pequeños  se debe a alteraciones  neurológicas, y para sólidos y con volúmenes grandes a alteraciones orgánicas obstructivas de la deglución.

Entre las causas de la disfagia, además, se encuentran las alteraciones estructurales, como malformaciones, tumores, traumatismos o cirugías que pueden alterar la vía digestiva superior. Además, pueden existir trastornos funcionales debidos a alteraciones neuromusculares que pueden afectar la ejecución y coordinación de los distintos movimientos de deglución, como puede ser el caso de pacientes con problemas neurológicos, como los que han sufrido infarto cerebral o ictus. Así lo explica el doctor Raimundo Gutiérrez Fonseca, secretario general de la SEORL-CCC en este vídeo. Además, un problema determinante de la gravedad de la disfagia es la aspiración que se produce por la entrada de líquidos o alimentos a la vía aérea, y que puede causar una neumonía con una alta tasa de mortalidad.

Dado que es un problema que puede pasar desapercibido para quien lo sufre, conviene sobre todo observar y prestar atención a una serie de signos de alarma entre los que se encuentran: alteraciones del nivel de consciencia, alteraciones motoras o sensitivas; alteraciones de la articulación del lenguaje, disfonía en forma de voz soplada, ronca o voz nasal; atragantamientos o episodios de tos durante la ingesta; aumento del tiempo empleado para la ingesta, pérdida de peso inexplicable, dificultad o lentitud en la masticación; y dolor o sensación de obstrucción durante la deglución.

Para el diagnóstico de la disfagia Una de las técnicas más empleadas es la videoendoscopia de la deglución que permite conocer si la alimentación por vía oral es segura, las medidas necesarias para facilitarla y si es preciso o no contraindicarla. También se pueden emplear técnicas de radiología para lo que se requiere un instrumental  más especial.

En cuanto al tratamiento, en primer lugar se pondrá especial cuidado a la dieta y a la evitación de aquellos alimentos y bebidas que puedan resultar incluso peligrosos porque puedan comprometer la seguridad del paciente y causarles la muerte. También conviene observar si la forma en la que se administran determinados alimentos puede ser la causante, por lo que se tiende a espesar los líquidos y a modificar la textura de ciertos sólidos. Además, si después de unos días de cambiar la alimentación no ha habido ninguna modificación, se procederá a hacer rehabilitación con un logopeda que consiste en ejercicios para fortalecer la musculatura, favorecer el reflejo deglutorio y el mecanismo de cierre glótico, sin la presencia de alimentos; o en distintas estrategias posturales y otras maniobras con la presencia de alimentos o líquidos para favorecer la deglución. La cirugía estará indicada en casos muy concretos. Cuando no se logra una alimentación adecuada por vía oral, se plantean vías alternativas de alimentación para mantener el paciente con buen estado nutricional.

 

Signos para valorar la pérdida auditiva en cada etapa de crecimiento

La pérdida auditiva bilateral significativa es un trastorno que ocurre en 5 de cada 1.000 recién nacidos en España. Alrededor del 80% de las sorderas infantiles permanentes están presentes en el momento del nacimiento (congénitas) y aproximadamente el 60% tiene origen genético. Existe un periodo crítico en los 3-4 primeros años de vida, de una mayor plasticidad cerebral, en el cual la información auditiva es esencial para el desarrollo normal de las regiones auditivas del cerebro, y permite la adquisición del lenguaje y del habla.

La pérdida auditiva en bebés y niños pequeños puede provocar retraso del aprendizaje y problemas en el desarrollo del lenguaje, por lo que es importante saber identificar los signos que delatan la existencia de algún problema auditivo. Cuando son muy pequeños, puede costar identificar déficits auditivos, pero existen ciertas señales o signos que son indicativos. Al nacer, lo primero es hacer el “diagnóstico precoz de la hipoacusia”, tal y como explica el doctor Javier Cervera, miembro de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). En España existe un programa de cribado auditivo neonatal universal, es decir, todos los recién nacidos son examinados en los primeros días de vida, para detectar una posible pérdida auditiva y ofrecer atención temprana en caso necesario.

Pero además, hay que tener en cuenta que en aproximadamente un 20% de los casos, la pérdida auditiva no esta presente en el momento del nacimiento, y puede producirse más tarde, a cualquier edad, por eso se debe estar atento a la salud auditiva del niño a lo largo de su desarrollo.

En la revisiones del “Programa del Niño Sano” en los centros de salud, el pediatra se encarga de evaluar el correcto desarrollo comunicativo y del lenguaje del niño. Ante la sospecha de pérdida auditiva o alteración en el desarrollo del lenguaje, el niño debe ser remitido al Otorrinolaringólogo quien confirmará el diagnóstico de cualquier problema.

“Hay una serie de signos a lo largo de la primera infancia que se pueden explorar muy fácilmente a nivel doméstico”, señala el doctor Cervera. Cuando todavía es un bebé, uno de esos signos es el ‘reflejo de Moro’ o de sobresalto. Este acto reflejo se produce ante un sonido fuerte, de intensidad elevada, ante el cual el niño reacciona con sobresalto y levantando los brazos hacia arriba. Si esto ocurre, es indicativo de que el niño oye, por lo que los padres no deben preocuparse. Lo habitual es que a los dos meses ya se pierda este acto instintivo. Si persiste, habría que consultar  con el especialista al igual que si después del nacimiento no se produce.

A medida que va creciendo, se le puede ir haciendo otro tipo de exploraciones. Cuando ya es algo mayor y es capaz de hablar, puede haber signos indicativos de pérdida auditiva, como que no responda a su nombre, o que pregunte de manera repetida ¿qué? cuando se le habla. Es importante hacer este tipo de comprobaciones, sobre todo porque a partir de los 12 o 14 meses es muy común el acúmulo de moco en el oído medio (otitis mucosa) y puede producir hipoacusia. Muchas veces pasa desapercibida porque no es una enfermedad infecciosa, por lo que no causa dolor y el único síntoma que genera es una pequeña pérdida de audición.

Otro síntoma por el que se debe consultar, es cuando se observa un retraso en el lenguaje, ya que podría estar producido por una pérdida auditiva. La estimulación auditiva en los primeros años de vida es esencial, ya que poder escuchar y oír es lo que permite a los niños aprender a hablar. A los niños que tengan serias dificultades o no hayan adquirido el lenguaje, hay que hacerles, de manera urgente, un estudio auditivo, para que en caso de tener alguna afección auditiva, se comience con el tratamiento necesario cuanto antes.