¿En qué consiste una audiometría?

¿En qué consiste una audiometría?

La exploración funcional de la audición es la base fundamental de una consulta de otorrinolaringología y en ella se realizan diferentes pruebas diagnósticas, como la audiometría. Esta prueba puede ser de dos tipos, la tonal consiste en una valoración de la capacidad de una persona para percibir tonos puros de intensidad variable. Mientras que la audiometría verbal consiste en la cuantificación de los umbrales de reconocimiento de los sonidos del habla.

Audiometría tonal liminar

Para llevarla a cabo el paciente debe entrar en una cabina insonorizada en la que la vía aérea se explorará mediante la colocación de unos auriculares. En primer lugar se medirá el umbral de audición del oído más sano. La primera frecuencia estudiada debe ser 1.000 Hz, para proseguir hacia las más agudas y posteriormente hacia las más graves. Primero se estimula el oído con intensidades débiles que se van incrementando en intervalos de 5 dB con un máximo de 120 dB, hasta  que la persona responda.

Después se hará la estimulación de la vía ósea, sustituyendo los auriculares por un vibrador que se coloca sobre la piel retroauricular.

Para la detección de la hipoacusia habrá que tener en cuenta que ésta se clasifica en función de su gravedad:

La audiometría tonal supraliminar utiliza estímulos sonoros de mayor intensidad que el umbral auditivo del paciente calculado previamente. Con ellas se valoran las distorsiones sonoras y se determina la zona lesionada en los trastornos auditivos neurosensoriales.

Audiometría verbal

Durante esta prueba se presentan listados de palabras, equilibradas fonéticamente y a diferentes intensidades. El paciente deberá repetirlas y mientras se va trazando una curva de inteligibilidad representada en una gráfica con el porcentaje de palabras o fonemas comprendidos y la intensidad a la que se han presentado.

Esta exploración dura entre 15 y 20 minutos, dependiendo de la colaboración del paciente. Para realizarla se necesita que la persona tenga más de cuatro años, un coeficiente intelectual normal, que colabore y que no tenga trastornos del lenguaje. Se puede hacer a viva voz  o con medios electrónicos. En el primero de los casos de irán diciendo listas de palabras a diferentes distancias o con la incorporación de un sonómetro. En el segundo, el paciente será introducido en una cabina insonorizada y, a través de unos auriculares, se le presentarán listas de palabras que el sujeto deberá repetir aunque no comprenda su significado.

Al pronunciar palabras a intensidades crecientes, el paciente pasará por tres fases:

  • Umbral de detectabilidad: oye pero no alcanza a reconocerlo
  • Umbral de audibilidad: oye el sonido, pero no capta el significado
  • Umbral de inteligibilidad: es el que interesa medir, oye y comprende

 

Nota necrológica Dr. Carlos Ramírez Calvo

Queridos compañeros,

Hoy hemos amanecido con la triste noticia del fallecimiento del Dr. Carlos Ramírez, nuestro Presidente de Congresos y Reuniones Científicas. Como algunos sabéis, a pesar de su juventud, llevaba 5 años peleando con una enfermedad que nunca logró doblegar su voluntad y su entereza para continuar empujando en la vida. De hecho es posible que la mayoría de vosotros no supieseis de ello hasta ahora. Hace casi 5 años, cuando se le diagnosticó su enfermedad, me dijo que no tenía miedo a morir. Solamente me pidió que le ayudase a tener una vida normal, llena de proyectos que ocupasen este tiempo que él sabía que estaba contado.
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¿Cómo se diagnostica un cáncer de tiroides?

El 91% de las personas que padecen cáncer de tiroides se recuperan, según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). A pesar de su baja incidencia con respecto a otros tumores malignos –afecta al 1% de la población adulta, sobre todo a mujeres–, los médicos vienen observando desde hace algún tiempo un aumento en el número de casos, tal y como apuntan desde la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC). Un incremento que, por suerte, no se relaciona con una mayor mortalidad gracias, en parte, a una detección precoz de la enfermedad. En este vídeo, el doctor Mario Fernández, secretario general de la SEORL, explica cómo se realiza el diagnóstico del cáncer de tiroides.

Entre otras causas, el mayor número de pacientes con cáncer de tiroides puede deberse a los avances tecnológicos en el diagnóstico de esta patología. Estos, a día de hoy, permiten localizar casos que anteriormente no se encontraban con métodos más simples o rudimentarios, por tratarse de tumores de un tamaño menor o que no han progresado.

Por tanto, una detección temprana de esta afección supone la posibilidad de contar con más opciones para su tratamiento. Una de las primeras pruebas que realiza el especialista para explorar la glándula tiroides es la exploración manual, con el objetivo de notar alguna masa anormal. Este tipo de examen suele evidenciar un porcentaje elevado de bultos, aunque todo depende de las condiciones de cada persona o de su complexión. Por ejemplo, en los pacientes con problemas de obesidad es más difícil acceder a la glándula a través de la palpación. Otras veces, los nódulos son pequeños o están más ocultos. En estos casos, se llevan a cabo otros estudios.

La prueba de imagen más importante que se emplea en el cuello es la ecografía en Alta Definición, tanto por su accesibilidad y economía del equipamiento como por su inocuidad, dado que no existe una exposición a ningún tipo de radiación. Se trata de un sistema rápido y sencillo, además de uno de los más efectivos para confirmar o descartar si una persona tiene tumores tiroideos, gracias a su mayor precisión.

Una vez identificados los nódulos –ya sea porque el médico ha notado una masa en la palpación manual o a través de una ecografía–, el siguiente paso es averiguar la naturaleza de esa lesión. Para ello, se utiliza la Punción Aspiración con Aguja Fina. Esta técnica es sencilla, indolora, segura y de alta fiabilidad, que suele orientar al experto sobre si es un bulto benigno o maligno. El procedimiento consiste en pinchar el quiste y extraer una muestra de células para analizarlas.

El 95% de los tumores tiroideos son benignos y, sin embargo, el diagnóstico a veces no resulta ni fácil ni evidente. De hecho, existen casos donde los rasgos malignos de las células no están definidos. No obstante, los especialistas tienen, por norma general, una serie de pautas para identificar si se trata o no de una lesión que pueda afectar a la salud del paciente. En definitiva, es importante acudir al médico al menor indicio o sospecha, para que este pueda realizar las pruebas necesarias, vigilar los nódulos o, en su defecto, iniciar el tratamiento o la extirpación de la glándula tiroides.

La pérdida de olfato se relaciona con la demencia, según un estudio

La pérdida de olfato se relaciona con la demencia, según un estudio

Las personas con pérdida de olfato tienen más del doble de probabilidades de desarrollar demencia. Así se desprende de un estudio, publicado en Journal of American Geriatrics Society, en el que siguieron la evolución durante cinco años de casi 3.000 adultos de entre 57 y 85 años de EE.UU a los que se sometió a un test para evaluar su capacidad olfativa. De todos ellos, la gran mayoría de los que no habían logrado reconocer ningún olor fueron diagnosticados con esta afección cinco años después de realizarse la prueba inicial. Asimismo, el 80% de los que aportaron hasta dos respuestas correctas también desarrolló la enfermedad, advirtiéndose una relación entre el grado de disminución del sentido del olfato y la incidencia de esta patología.

Esta publicación, titulada “La disfunción olfativa predice la demencia subsecuente en adultos mayores de EE.UU.”, es la continuación de un artículo publicado en 2014, en el que se señalaba que la pérdida del olfato estaba relacionada con un mayor riesgo de muerte. En ambas investigaciones, el examen consistió en un reconocimiento sensorial, con una herramienta conocida como ‘Sniffin’ Sticks’. Se trata de un dispositivo similar a un bolígrafo con punta de fieltro que, en lugar de tinta, se carga con aromas. En esta prueba, se utilizaron cinco: menta, pescado, naranja, rosa y cuero. Tras el test, el 78% de los examinados identificaron al menos cuatro de los cinco olores, el 14% solo pudo nombrar tres, el 5% identificó solo dos perfumes, el 2% tenía habilidad para reconocer uno y el 1% no acertó ninguno.

Según el autor principal del estudio, el profesor Jayant M. Pinto, de la Universidad de Chicago, estos resultados demuestran que el olfato está relacionado con la función cerebral y la salud. De hecho, el deterioro de este sentido es una señal significativa de que algo no marcha bien en el organismo y de que se ha producido un daño sustancial.

Los expertos creen que la capacidad específica de oler y su función sensorial podría ser un importante signo temprano de esta afección. Marta K. McClintock, coautora de la investigación y profesora de Psicología del Servicio David Lee Shillinglaw de la Universidad de Chicago, señala que el sistema olfativo cuenta además con células madre que se autorregeneran. Por ello, un descenso en esta facultad sensorial puede indicar una pérdida en la habilidad del cerebro para reconstruir algunos componentes clave que están mermando con la edad, dando lugar a los cambios patológicos de diferentes tipos de demencia.

Por tanto, esta prueba de olores podría ser una técnica rápida y económica para identificar a aquellos que son propensos a padecer esta enfermedad. Algo que supondría un gran avance en el esfuerzo por frenar el deterioro cognitivo progresivo y diagnosticar de forma precoz a los afectados.

Lo cierto es que a la pérdida de este sentido no se le ha dado tanta importancia como ocurre con la vista o el oído, pero el hecho de que las células detectoras de los olores se conecten con el bulbo olfatorio en la base del cerebro hacen que este sea el único nervio craneal que está expuesto al medio ambiente de forma directa. Esto indica una exposición potencial del sistema nervioso central a peligros ambientales como la contaminación o los patógenos.

Y no sólo eso, existe la posibilidad de que perder el olfato tenga un impacto sustancial en el estilo de vida y el bienestar, ya que influye en la nutrición y la salud mental. Es decir, no poder oler supone no saber si un alimento está o no estropeado o no detectar el humo de un incendio, entre otros problemas del día a día. Incluso, puede llevar a padecer trastornos como la depresión.

El futuro de la otorrinolaringología en imágenes

El futuro de la otorrinolaringología en imágenes

La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) ha organizado este fin de semana el I Curso de Introducción a la Otorrinolaringología con el que ha dado la bienvenida a los nuevos residentes en otorrinolaringología que durante los próximos cuatro años harán el MIR en los hospitales españoles. El curso ha servido para que estos futuros otorrinolaringólogos conozcan lo que les va a deparar la especialidad con temas destacados en audiología e implantescirugía de cabeza y cuello y oncología,  otología y otoneurología, con énfasis a las alteraciones del equilibrio y los vértigosestética facialpatología del sueñorinologíaalergia, entre otros. Sin duda, fueron unas jornadas muy productivas e interesantes que mostramos en imágenes: